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Reforma o Apostasía - José María Iraburu

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2022-01-23T00:08:12Z
Atualizado: 43 minutos 56 segundos atrás

(669) Adoremos con los Reyes Magos al Niño-Dios

qua, 2022-01-05 07:24

–Aunque se moleste Bulman.

Rudolf Karl Bultmann (1884-1976), el  teólogo protestante alemán que más influyó en la “desmitologización” de los Evangelios, negando la historicidad de todo lo que tuviera signos de sobrenaturalidad. 

Resumo en este artículo otro mío anterior (528) como ayuda para celebrar la solemnidad litúrgica de la Adoración de los Reyes Magos. Me apoyo sobre todo en el cardenal Ratzinger-Benedicto XVI y en René Laurentin.

* * *

–Historicidad de los Evangelios de la Infancia de Jesús

De los cuatro evangelistas, son dos los que refieren datos sobre la infancia de Jesús, San Mateo (1-2) y San Lucas (1-2). La Iglesia siempre creyó en la historicidad de los Evangelios, y esa fe se mantuvo firme hasta la aparición del protestantismo liberal y de su filial modernismo, que pusieron en duda la historicidad de los Evangelios, o al menos de muchos de sus relatos, milagros y de cualquier lugar de ellos que estimaban increíbles.

Una degradación de la exégesis era previsible desde Lutero. El principio del libre examen de las Escrituras conduce al protestantismo liberal, eclosionado sobre todo en el siglo XIX, cuando la exégesis se vio dominada por el pensamiento filosófico y teológico iniciado en el siglo XVIII, en el marco de la Ilustración.

Fue entonces cuando la Sagrada Escritura dejó de ser sagrada para aquellos exegetas que comenzaron a corroerla desde dentro como termitas

* * *

–Card. Ratzinger-Benedicto XVI

Los dos volúmenes del “Jesús de Nazaret” de Joseph Ratzinger, están publicados cuando ya era el papa Benedicto XVI (Jesús de Nazaret. I parte. Desde el Bautismo hasta la Transfiguración, La Esfera de los Libros, Madrid 2007: y Jesús de Nazaret. II parte. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, Encuentro, Madrid 2011). Mientras leía yo esta obra excelente, no dejaba de lamentar que comenzara en el Bautismo del Jordán. Manía que se puso de moda cuando se generalizó la negativa de la historicidad de los Evangelios de la Infancia.

Pero, gracias a Dios, poco después publicó Ratzinger La Infancia de Jesús (Planeta, Barcelona 2012), advirtiendo que «no se trata de un tercer volumen, sino de algo así como una antesala a los dos volúmenes precedentes sobre la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret» (proemio).

Bendigamos al Señor. En este precioso estudio, admirable en erudición, argumentación y teología, confiesa el Autor su fe en la historicidad de los Evangelios de la Infancia. Confirma la realidad de los «Reyes Magos», que por supuesto ni eran reyes ni eran magos, sino hombres procedentes del Oriente, seguramente de Babilonia, centro de astronomía y religiosidad, como hombre cultos y religiosos, filósofos y astrónomos. Confirma también la realidad sobrehumana de «la estrella» conductora de sus pasos hasta el portal de Belén. Y lo hace con numerosos argumentos, alegados sobre todo en los últimos cincuenta años, por escrituristas y científicos.

«¿Es verdaderamente historia acaecida, o es sólo una meditación teológica expresada en forma de historia? A este respecto [el cardenal] Jean Daniélou… llega a la convicción de que se trata de acontecimientos históricos, cuyo significado ha sido teológicamente interpretado por la comunidad judeocristiana y por Mateo… Ésta es también mi convicción» (pg. 123).

Cita Ratzinger también, entre otros, a Klaus Berger en su Kommentar zum Neuen Testament (Gütersloher Verlagshaus, 2011):

«Aun en el caso de un único testimonio [el de Mateo]… hay que suponer, mientras no haya prueba en contra, que los evangelistas no pretenden engañar a sus lectores, sino narrarles los hechos históricos… Rechazar por mera sospecha la historicidad de esta narración va más allá de toda competencia imaginable de los historiadores» (pg. 124; pg. 20 del Kommentar).

 

–René Laurentin

De este teólogo (1917-2017), especializado en mariología, cito un interesante testimonio publicado en su obra Les Évangiles de l’Enfance du Christ. Vérité de Noël au-delà des mythes (Desclée, París 1982).

«Me he pasado medio siglo estudiando los Evangelios de la infancia (Mt 1-2 y Lc 1-2, y el resto). Siempre he entrevisto la riqueza de estos Evangelios, nutridos de todo el A. T. … Y, sin embargo, seguía yo seducido por la actitud iconoclasta cultural del ambiente, una actitud procedente del racionalismo liberal: estos primeros capítulos eran leyendas tardías, theologumena, es decir, relatos ficticios fabricados para expresar ideas teológicas entrañables a los creyentes, se repetía. Mis primeros trabajos, que manifestaban la riqueza bíblica de estos Evangelios, consiguieron una amplia estima en el mundo exegético a escala ecuménica. Caracterizaba yo estos Evangelios como midrashim. De ahí se inducía que yo los tenía por fábulas, lo que se ponía en mi activo de progresista. De hecho, yo no me atrevía demasiado a plantear el problema de la historicidad, ampliamente puesto en duda…

«Fue en 1980 cuando me atreví a abordar el estudio específicamente histórico de estos Evangelios. Con él se disiparon las dudas nocivas… Este retorno a la evidencia ha sido un perjuicio para mi reputación. Me encontré etiquetado de fundamentalista: como autor a desaconsejar». Después de innumerables viajes e investigaciones, Laurentin descubrió el Mediterráneo: las narraciones del Evangelio son verdaderas, son históricas, también las de la Infancia de Jesús. Bendigamos al Señor que le abrió los ojos del alma.

 * * *

Quiera el Señor, en este día de la Epifanía, abrir también la mente, el corazón y los labios de todos los predicadores y de todos los fieles de la Iglesia, para que confiesen la fe católica en la historicidad de la adoración de aquellos Reyes Magos, quizá ilustres personajes astrónomos, que procedentes del Oriente, fueron guiados por una estrella misteriosa hasta el portal de Belén, donde, postrándose y ofreciendo sus regalos, adoraron a Jesús recién nacido, mostrado humildemente en el regazo-trono de su santísima Madre, la Virgen María.

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

(623) Espiritualidad, 5. -Santa María, «la Gloriosa» (I)

sab, 2022-01-01 05:06

–En muchas parroquias la mayor asistencia de feligreses suele darse en fiestas de la Virgen..

–Así es. Por Ella nos vino Cristo Salvador, y por Ella nos sigue viniendo especialmente.

Dignare me laudare te Virgo sacrata. – Da mihi virtutem contra hostes tuos

Comienzo a escribir sobre la Virgen María, rezándole el versículo final del himno litúrgico Ave Regina cæ­lorum. En esa oración le pido que me consiga de Dios la gracia de saber alabarla, y que me dé fuerza contra sus enemigos. En algunos casos, enunciaré un tema, sin desarrollarlo, limitándome a remitir a artículos que ya publiqué en este mismo blog.Leer más... »

(668) Traditionis Custodes. Obediencia o resistencia

seg, 2021-12-27 16:01

–Es mucho tema. Diga conmigo: Dios mío, ven en mi auxilio.

–Señor, apresúrate a socorrerme.

La Traditionis Custodes. ¿Obediencia o resistencia?

El papa Francisco publicó la Carta Apostólica, como motu proprio, Traditionis Custodes (16-07-2021) sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, en la que puso fin a la Summorum Pontificum de Benedicto XVI, afirmando la Misa nueva postconciliar como la única «lex orandi del Rito Romano».Leer más... »

(667) El Papa en Atenas. Jóvenes y dudas

ter, 2021-12-07 04:40

 –¿Dicen que dijo?

–No. Está publicado en vatican.va.

En el Viaje Apostólico reciente del papa Francisco a Chipre y Grecia (2-6 diciembre 2021), tuvo en Atenas un Encuentro con los Jóvenes, que se celebró en  la Escuela San Dionisio, de las Hermanas Ursulinas de Marusi (6 diciembre). Por parte de los jóvenes intervinieron el responsable griego de la pastoral juvenil, una joven  filipina, otra griega y un joven sirio. Vatican.va nos da completo informe de las palabras del Papa, al parecer escritas, que responden a las cuestiones que le habían presentado los jóvenes intervinientes aludidos. Comentaré sólo unas palabras de la primera de las contestaciones del Papa, que me han llamado la atención –y a otros también–.

* * *Leer más... »

(666) TikTok no

sab, 2021-11-20 03:54

–Encuentro el título un tanto negativo.

–Más que un tanto. Es totalmente negativo, como conviene a mi artículo 666.

Me escriben consultando mi opinión sobre la presencia de católicos en TikTok. Y antes de contestarles, me documento más sobre el tema. Yo asomé a TikTok hace tiempo, pero apenas lo exploré, porque ya a primera vista entendí que era pura vanidad maliciosa. Pero estos días, para dar respuesta a la consulta aludida, he realizado un par de exploraciones en la selva TikTokiana. Más aún, he buscado por internet buenos análisis de TikTok, que me ayudaran a conocerlo y evaluarlo. Hay muchos, y son numerosos los reprobatorios. Comenzaré dando fragmentos de tres artículos que me han parecido fidedignos. Y al final, opino yo.Leer más... »

(665) Noviembre, el mes de los difuntos

qui, 2021-11-11 05:52

 

–¿Noviembre es el mes de los difuntos porque el día 2 se conmemoran?

–En esta ocasión acierta usted, cosa rara.

–La Sagrada Escritura

Dios no hizo la muerte, pues lo hizo todo bueno (Sab 1,13-16; Gen 1,31). Por el pecado entró la muerte en el mundo, cuando Adán y Eva cedieron a la tentación del diablo (Gen 3; Rm 5,12.17; 1Cor 15,21). La naturaleza humana queda entonces en sí misma  herida por el pecado: «pecador me concibió mi madre» (Sal 50,7). Y «el espíritu que actúa en los hijos rebeldes» (Ef 3,2), el diablo, procura que pequen los hombres, para que sigan bajo su influjo y se pierdan eternamente.

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos dio vida por Cristo –de gracia habéis sido salvados–, y nos resucitó y nos sentó en los cielos por Cristo Jesús» (Ef 2,4-5). 

+ Antiguo Testamento

Israel no recibe de Yahvé una clara revelación acerca del misterio de la muerte y de la realidad de una vida eterna. Le habían sido revelados con claridad muy altos misterios sobre la unicidad omnipotente de Dios, la Creación, la Providencia, el pecado como origen de la muerte, etc. Pero la realidad de la muerte y de una posible vida posterior permanecía en la oscuridad. Y no sólo en Israel, sino en todas las religiones, que a lo más llegaban a unos atisbos sin fundamentos ciertos, o como algunos filósofos griegos, que alcanzaron a conocer la inmortalidad del alma (Platón en el Fedon; Aristóteles, menos claramente), pero de ningún modo la del cuerpo. Cuando San Pablo les habló de la resurrección a los atenienses, «se rieron de él» y lo despidieron cortesmente (Hch 17,32)… Volviendo a considerar el A.T.:

«El hombre no dura más que un soplo, pasa como pura sombra… [Señor], «aplácate, dame respiro, antes de que pase y ya no exista» (Sal 38,7.14). «Pronto me dormiré en el polvo, y si me buscas, ya no me hallarás» (Job 7,21). «Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano» (Sal 87,6). Son pensamientos desoladores, que en buena parte reflejan las convicciones de muchas religiones primitivas ante la proximidad de una muerte inexorable.

Sin embargo, la esperanza de una vida posterior a la muerte se apunta ya en algunos lugares de la Revelación antigua: «No me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el camino de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha» (Sal 15,11; cf. 48,16). Hallamos sobre todo estos destellos de luz en textos proféticos: «el Señor destruirá la muerte para siempre, y enjugará las lágrimas de todos los rostros» (Is 25,8; cf. Ap 21,4). «La muchedumbre de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para eterna vergüenza y confusión» (Dan 12,2).

Esas mínimas pero fulgurantes luces impulsan en algunos la oración y los sacrificios por los difuntos. Como es el caso de Judas Macabeo, unos 125 años antes de Jesús.

Después de una batalla, colecta dos mil dracmas, «que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el pecado» de aquellos combatientes difuntos, que habían escondido en sus ropas amuletos prohibidos. Realizó así «una obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección. Pues si no hubiera esperado que los muertos resucitarían, vano y superfluo sería orar por ellos» (2Mac 12,43-44).

De todos  modos, Israel permanece en la oscuridad o en la penumbra sobre estos temas tan importantes para la vida religiosa de los hombres y sus esperanzas. De hecho, en tiempo de Jesús, «los saduceos niegan la resurrección y la existencia de ángeles y espíritus, mientras que los fariseos profesaban lo uno  y  lo otro» (Hch 23,6-9; cf. Mt 22,23.29-32). Y los saduceos, como Caifás, predominaban en el Sanedrín, y por supuesto eran considerados ortodoxos.

 

+ Nuevo Testamento

Es Cristo quien, con su predicación, su muerte y su resurrección, revela por primera vez a Israel y a todos los pueblos, con divina certeza, el misterio de la muerte y de la vida eterna posterior. Es Cristo, «la luz del mundo» (Jn 8,12), «la luz verdadera, que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9), el que vino de la alto, para iluminar a los que están en tinieblas y sombras de muerte (cf. Lc 1,19).

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, cuando nadie sabía nada cierto sobre la muerte y una posible pervivencia posterior, es el que «hace desaparecer el velo que vela a todos los pueblos, la cortina que cubre todas las naciones» (Is 25,7). Es Él quien abre los ojos de la humanidad a una vida eterna posterior a la muerte. Es Él quien con su muerte vence la de los hombres. Y su Esposa, la Iglesia, iluminará con el Evangelio a todos los creyentes con esta luz que vence la oscuridad del mundo de los difuntos. Recordaré las vías por las que la Iglesia comunica y recuerda esa grandiosa revelación, aparte de la vía fundamental: la predicación del Evangelio.

 

+En los epitafios de los sepulcros antiguos

Dios justo y misericordioso, con justicia y misericordia juzga a los hombres cuando mueren. «Saldrán los que han obrado el bien para la resurrección de la vida, y los que han obrado el mal para la resurrección del juicio» (Jn 5,29; +Rm 2,6-8; Apoc 22,12).

Los epitafios sepulcrales de los primeros siglos de la Iglesia, en griego o en latín, como se comprueba en las Catacumbas, manifiestan que los cristianos conocían y creían estas verdades fundamentales de la fe: muerte, juicio, purgatorio, cielo o infierno, así como la oración por los difuntos. Y perduró esa tradición en la Edad Media y el Renacimiento, y en menor grado hasta nuestro tiempo.

En las Catacumbas descansaban los restos de los que morían en amistad con Dios, no de pecadores públicos. Eran acogidos en columbarios y sepulcros, cuyas lápidas a veces se adornaban con símbolos cristianos y con epitafios que daban junto a sus nombres mínimos datos biográficos y textos piadosos. En ocasiones se incluían varios epitafios en la misma losa sepulcral, por ejemplo, cuando habían sufrido juntos el martirio: dormiunt in somno pacis; praecesserunt in signo Christi...

En el lenguaje epigráfico eran frecuentes las abreviaturas. –Gregorius vir ill[us]tris fam(u)l(us) Dei vixit annis, etc. –In Chr(isti) n(omin)e, orate pro anima Trasemiri cuius corpus iacet in hoc túmulo. Vibat cu(m) Chr(ist)o in eternu(m). Ame(n). Orad por el alma de Trasemiri.

 

+En la liturgia de la Misa y de las Horas

La Iglesia es Madre que ama a todos sus hijos, sean vivos o difuntos, con un amor «católico», universal. Suscita y mantiene viva en su liturgia ese amor, en forma de oración, todos los días del Año litúrgico, tanto en la Eucaristía, en el memento de difuntos y frecuentemente en la última de las Preces de los fieles, como en la Liturgia de las Horas, en la última de las preces de Vísperas.

 

+El memento de los difuntos. –Aunque la Iglesia desde el principio fomentó y practicó la oración por los difuntos, no integró esa intercesión como pieza permanente en la Plegarias aucarísticas de los primeros  tiempos. Si existían, por supuesto, esas oraciones en las Misas de Difuntos. Pero, por ejemplo, en el sacramentario que el papa Adriano (+795) envió a Carlomagno (+814) no se incluía en la Eucaristía la intercesión por los difuntos. En cambio, en la edición realizada por Alcuino, sabio monje inglés, +804, que desde el 782 vivió en la corte carolingia de Aquisgrán, ya se incluye el memento etiam en el canon de la Misa romana.

Por el contrario en el Oriente cristiano, excepto Egipto, la conmemoración de los fieles difuntos se realizaba después de la consagración con las demás oraciones de intercesión. San Cirilo de Alejandría (370-444), explica esa decisión en sus Catequesis mistagógicas:

«… luego nos acordamos también de lo que durmieron en el Señor, empezando por los patriarcas y profetas… y de todos los que murieron entre nosotros, porque creemos que es de gran provecho para sus almas el orar por ellas mientras tenemos presente el santo y tremendo sacrificio». La misma explicación da San Juan Crisóstomo (349-407, In Phil. hom. 3,4).

La comunión eucarística, como sacramento de la comunidad, parece ser la razón de fondo para que los vivientes recuerden a los difuntos, que ya no pueden comulgar, justamente después de la consagración y antes de la comunión. Aunque ellos no pueden comer el pan del cielo, sin embsrgo nos han precedido al otro mundo sellados por la fe: «praecesserunt cum signo fidei».

El memento de difuntos en el Canon Romano tradicional

«Memento etiam, Domine, famulorum, famularumque tuarum N. et N., qui nos praeceserunt cum signo fidei, et dormiunt in somno pacis.[Orat aliquantulum pro iis defunctis]. Ipsis, Domine, et omnibus in Christo quiescentibus, locum refrigerii, lucis et pacis, ut indulgeas, deprecamur, Per eundem  Christum Dominum nostrum. Amen».

En las cuatro Plegarias eucarísticas de la Liturgia renovada

La primera es la del Canon Romano en versión algo abreviada:

I) «Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuandos descansan en Cristo, concédeles el lugar de la  luz y de la paz». No incluye el Amen, que se reserva para la doxología final de la Plegaria eucarística: «Per ipsum, et cum ipso… omnis honor et gloria» – «Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Veamos la oración por los difuntos en las otras tres Plegarias eucarísticas.

II) «Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro».

III) «A nuestros hermanos difunttos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria».

IV) «Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste».

 

La oración por los difuntos se hace siempre en la Misa en referencia a los fieles que murieron in signo fidei, no por aquellos que abandonaron la fe en su mente y en su vida, ni por quienes ya están en el cielo, sino por los difuntos que aún padecen la purificación del Purgatorio (purificatorio).

Praecessit nos in pace, requiescat in pace, in Christo, in signo fidei, in somno pacis, in Christo quiescentes, etc. y otras oraciones por los difuntos, son expresiones muy tradicionales, que se hallan ya en no pocos epitafios de las Catacumbas. Pasados ya los años de las persecuciones, en el cementerio romano de Santa Práxedes, se halla este epitafio del año 397: «Dulcis et innocens hic dormit Severianus XP in somno pacis. Qui vixit [etc.]… cuis spiritus in luce Domini susceptus est»…

Estas preciosas y venerables expresiones funerales, usadas tanto en epitafios como en la liturgia, también en  la Liturgia renovada, tienen con frecuencia su origen en la Biblia: «los muertos en Cristo resucitarán» (1Tes 4,17); «Bienaventurados los que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, para que descansen de sus trabajos, pues sus obras los siguen» (Apoc 14,13). Incluso fueron usadas por Cristo: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero yo voy a despertarle» (Jn 11,11; +Mc 9,24).

 

+En la fiesta de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, del 2 de noviembre, la  santa Madre Iglesia ruega por las «bienaventuradas almas del purgatorio». «Bienaventuradas», sí, porque aunque todavía necesiten, antes de ingresar en la visión beatífica, una purificación en el purgatorio (purificatorio), que consuma la obrada por la gracia en el tiempo de su vida terrenal,  ya han sido salvadas por Dios.

 

+En las indulgencias plenarias o parciales. El Manual de Indulgencias, aprobado por el Episcopado español en su LXII Asamblea plenaria (14/18-XI-1994) y confirmado por la Penitenciaría Apostólica (7-II-1995), se reitera la fe de la Iglesia (Coeditores Litúrgicos, Madrid 1995).

«1). La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya borrados en cuanto a la culpa», etc. 2) La indulgencia es parcial o plenaria», etc. 3) Nadie que gane indulgencias puede aplicarlas a otras personas que aún viven. 4) Las indulgencias, parciales o plenarias, pueden aplicarse siempre a los difuntos como sufragio» (pg. 23).

En el Manual se regulan diversos modos: Visitas al cementerio (n. 13), Oficio de difuntos (18), Requiem aeternam (46). Y se reproduce la Constitución apostólica de Pablo VI Indulgentiarum doctrina  (1-I-1967) (pgs. 81-109).

 

+En las devociones populares

La Iglesia, al paso de los siglos, ha animado y bendecido diversas formas devocionales de ayuda espiritual a los difuntos. Son innumerables. Y habré de limitarme a recordar algunas someramente.

–al final del Rosario. Muchos millones de voces cristianas cada día, fieles a una constante tradición, ayudan a los difuntos, pues somos muchos quienes rezamos por ellos al terminar el Rosario.

–en las Cofradías y Hermandades que veneran y oran especialmente por las benditas almas del purgatorio. Un ejemplo:

La Cofradía de la Muerte, Hermandad romana fundada en 1538, comienza a partir de 1551 a impulsar la celebración de las Cuarenta Horas. En 1551, Julio III aprueba sus Estatutos, dándoles el nuevo nombre de Cofradía de la Oración y de la Muerte, por su especial orientación en favor de los fieles difuntos. Y Pío IV, en una Bula de 1560, la aprueba y le concede indulgencias.

–El Toque de Difuntos, en las campanas de la parroquia. A veces sonaban éstas todos los días a cierta hora. En casi todas, al menos en las de pueblo, sonaban también anunciando el fallecimiento de uno de sus feligreses. Las campanas doblaban de forma pausada e intercalada, y en modos diferentes  anunciaban la muerte de un hombre, de una mujer o de un niño. La madre Iglesia parroquial estimulaba así en sus hijos la oración por sus hermanos difuntos, la esperanza en la vida eterna, y al mismo tiempo expresaba su condolencia a los familiares. Perfecto.

Visitas al «cementerio» (= dormitorio), lugar sagrado, para rezar en el sepulcro de los familiares,  y por cuantos «duermen en Cristo» a la espera de su resurrección. Esta piadosa costumbre se desarrollaba antiguamente de modo especial en las parroquias que enterraban en su propio templo los feligreses difuntos, o cuando la parroquia tenía junto a su iglesia su cementerio propio.

Congregaciones religiosas, como las Hermanas Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio, una congregación religiosa femenina de vida apostólica y de derecho pontificio, fundada en Polonia por la religiosa Wanda Oledzka en 1890.

 

Los protestantes no creen en el purgatorio. Es una de las graves pérdidas que su cisma implica. Martín Lutero aceptó al principo el dogma del purgatorio, pero pronto, en 1519, pasó a rechazarlo. Hoy no pocos «católicos» ilustrados actualizan «su fe», no la católica, siguiendo el mismo camino. Su atrevimiento espiritual es pura miseria. «Ecclesia doctrinam fidei relate ad purgatorium formulavit» (Catecismo 1031, citando los Concilios de Florencia y de Trento: Denz 1304 y 1580).

Y «el justo vive de la fe» (Rm 1,17).

José María Iraburu, sacerdote

 

Post post.En noviembre de 2017 comencé la serie de artículos «La muerte cristiana», que pueden interesar al lector.

(403) 1. La muerte cristiana, –hoy silenciada; (404) 2. –doctrina católica, I; (406) 3. –doctrina católica, y II; (408) 4. –en el Antiguo Testamento; (417) 5. –en el Nuevo Testamento; (419) 6. –en la Liturgia, I; (421) 7. –en la Liturgia, y II; (422) 7b. –en el Año litúrgico; en la Cuaresma; (423) 8. –en nuestro Señor Jesucristo; (424) 9. –en San Esteban; (425) 10. –en Beatriz de la Encarnación; (426) 11. –en Frédéric Chopin; (427) 12. –en Perpetua y mártires de Cartago: martirio y alegría; (428) 13. –en San Juan Crisóstomo; (430) 14. –en San Luis Gonzaga; (436) 15. –en San Francisco de Asís; (446) 16. –en Napoleón Bonaparte

Índice de Reforma o apostasía

(665) La llamada universal a la santidad en las Constituciones Apostólicas (380)

dom, 2021-10-31 12:05

 –Perdone, pero ese tema ya lo trató usted en su artículo (89).

–Así es. Hace once (11) años (15-06-2010). Lo re-escribo ahora abreviándolo y agregándolo. He escrito en mi blog muchos artículos sobre la vocación de todos los cristianos a la santidad. Pero en vísperas de la solemnidad litúrgica de Todos los Santos, me parece especialmente conveniente recordar una de las verdades más importantes del Cristianismo.Leer más... »

(663) «Corre por el DOMUND» y otras extrañas creatividades pastorales

seg, 2021-10-25 07:21

–Lema y acción más bien chocantes ¿no?

–Ciertamente. «Todo lo que no es tradición es plagio». Frase de Eugenio D’Ors, escrita en catalán. Significa que, sin contar con la tradición, no cabe la verdadera originalidad.. En este caso, se plagia una moda secular.

* * *

Leyendo propaganda que nos enviaron desde las Obras Misionales Pontificias para celebrar este año el DOMUND [Jornada Mundial de las Misiones, 24-X-2021], vi un conjunto acostumbrado de «materiales» –lecturas, oraciones, vídeos, carteles, etc.– santo y bueno. Pero me chocó que el esquema programático incluía «la segunda edición de una carrera virtual del Domund», con camisetas propias, y el lema «Corre por el DOMUND». Y me extrañó, porque éstos de las OMP son buena gente, que fomentan y realizan con gran entrega la ayuda a las Misiones.Leer más... »

(662) 15-X. –Santa Teresa de Jesús

qui, 2021-10-14 11:46

–El cuadro de Salaverría es muy bueno, pero la imagen no se parece a Santa Teresa, según los más antiguos retratos.

–Cierto, pero no importa. Representa más su alma que su cuerpo. Y «el hombre ve la figura, pero el Señor mira el corazón» (1Sam 16,7). 

 

–Biografía mínima cronológica

–1515: Nace Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada en Gotarrendura, Ávila, de familia bien cristiana y numerosa. –1522: Se escapa con un hermanito caminando hacia los moros en busca del martirio. Ese precoz fervor religioso se va perdiendo en su adolescencia, cuando se aficiona a las novelas de caballería (por su madre), y a las artes de la vanidad femenina (por una parienta y una doméstica). –1531: Su padre acaba por internarla en las Agustinas para enderezarla. Una de las monjas le ayudó mucho. –1532: Ha de salir por enfermedad, y su tío Pedro Sánchez de Cepeda la aficiona a las buenas lecturas de autores cristianos. –1533: Declara su vocación religiosa a su padre, que se la frena. –1535: Huye y entra en el Carmelo de la Encarnación, Ávila. –1538: Ha de salir por enfermedad grave. –1539: Regresa tullida a la Encarnación muy mal de salud. –1542: Es curada por intercesión de San José. “Casi veinte años” vive precariamente su condición de religiosa (Vida 4,3). –1554: Conversión profunda y definitiva ante un Cristo muy llagado. Inicia una vida espiritual muy intensa. –1559: Primera visión de Cristo. –1562 y ss: Escritora: Concluye su primer libro, la Vida, al que seguirán otros: Camino de perfección, Meditaciones sobre los Cantares, Moradas del Castillo Interior, Fundaciones, Visitas, Constituciones, 8 Poesías maravillosas, etc. Escribió también un gran número de cartas, unas 450 fueron halladas y reunidas en el Epistolario, como también sus Cuentas de conciencia. Fundadora: En esos años forma o reforma 17 Carmelos, el primero de ellos el de San José, 1562, en Ávila, y el último el de Burgos, el año de su muerte. Las fundaciones, estando casi siempre mal de salud, le exigieron muchos viajes y gestiones, llevando por eso una vida muy penitente. –1582:Muere en el Carmelo de Alba de Tormes, Salamanca, fundado  1570. –1614: beatificada por Paulo V. –1622: canonizada  por Gregorio XV. –1970: Declarada por Pablo VI Doctora de la Iglesia.    Leer más... »

(661) 4-X. San Francisco de Asís

dom, 2021-10-03 11:50

 –Qué serios aparecen. Y de los dos consta que eran deslumbrantes de alegría.

–Enamorados de Cristo Crucificado, se mostraban serios en los momentos solemnes.

 

No es fácil para el hombre actual imaginar siquiera cómo la Edad Media tuvo su alma en los miles y miles de monasterios que había en ella. Aquella inmensa red de monasterios fue durante siglos el alma de Europa, formando no sólo la trama religiosa, sino también física y cultural de la Cristiandad. No es fácil por eso imaginar lo que fue el nacimiento de los religiosos mendicantes: franciscanos y dominicos, que no vivían como los monjes fuera del mundo. Intentaré estimular su conocimiento y estima en el día de San Francisco de Asís.

 

Las Órdenes mendicantes

Derivadas del viejo tronco monástico, nacen a comienzos del siglo XIII y se caracterizan por su devoción a la pobreza y a la vita apostolica (Hch 2,42). Recordaré principalmente a los franciscanos, aunque también aludiré a los dominicos, fijándome especialmente en cómo los nuevos frailes no realizan la renuncia al mundo, clave bautismal, en la clausura del marco monástico, sino más bien mediante la pobreza y el recogimiento. Perfecta fórmula de vida, pobreza y recogimiento. Viven como los monjes, pero dentro del mundo.

Y no olvidemos que franciscanos y dominicos, por medio de las Órdenes de Terciarios, suscitaron en muchos laicos e incluso sacerdotes la participación en los dones que ellos habían recibido, y que florecieron en su  misma santidad: como Santa Catalina de Siena, Beata Angela de Foligno, Santa Rosa de Lima y tantos más.

 

–San Francisco de Asís (1182-1226)

San Francisco establece una Regla (1209) para vivirla dentro del mundo, no fuera de él, como los monjes. Con sus nuevos hermanos «quiere vivir según la forma del santo Evangelio y guardar en todo la perfección evangélica» (Leyenda de los tres compañeros 48; + Tomás de Celano, 1 Vida, 84). La Regla de San Francisco está, por tanto, compuesta simplemente por normas tomadas directamente de los Evangelios o de las Epístolas apostólicas.

Santo Domingo de Guzmán (1170-1221) comunica a sus discípulos, los dominicos, un espíritu semejante en la Orden de predicadores (1216), centrada en la oración-estudio y la predicación: «contemplata aliis tradere».

Señalaré las líneas principales de la espiritualidad de los franciscanos, ateniéndome a las fuentes primitivas que pueden hallarse en San Francisco de Asís. Escritos, biografías, documentos (BAC 399, Madrid 1978).

 

Amor a las criaturas

«Y vio Dios que era muy bueno cuanto había hecho» (Gen 1, 31)… Nunca la renuncia al mundo en el cristianismo vino impulsada por un dualismo ontológico maniqueo, que ve las criaturas como de suyo malas. Los movimientos mendicantes, que «lo dejan todo» en formas tan extremas, aman tan profundamente a las criaturas como San Francisco lo expresa en el Himno al hermano Sol. En él se considera hermano de «la hermana madre tierra». Nadie, en efecto, ama al mundo con un amor tan grande como quien renuncia totalmente a él por el amor a Dios y al prójimo.

Francisco «en cualquier objeto admiraba al Autor, en las criaturas reconocía al Creador, se gozaba en todas las obras de las manos del Señor. Y cuanto hay de bueno le gritaba: “Aquel que nos ha hecho es mucho mejor”… [Cita implícita de San Agustín, Confesiones I,4; II,6,12; III,6,10]. Abrazaba todas las cosas con indecible devoción afectuosa, les hablaba del Señor y les exhortaba a alabarlo. Dejaba sin apagar las luces, lámparas y velas, no queriendo extinguir con su mano la claridad que le era símbolo de la luz eterna. Caminaba con reverencia sobre las piedras, en atención a Aquél que a sí mismo se llamó Roca… Pero ¿cómo decirlo todo? Aquel que es la Fuente de toda bondad, el que será todo en todas las cosas [1Cor 15,28], se comunicaba a nuestro Santo también en todas las cosas» (Vida 2, Tomás de Celano 165).

«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mt 19,27). En el Evangelio, el que deja el mundo, lo hace para mejor seguir a Cristo. La conversión de San Francisco es el paso de un amor desordenado al mundo a un enamoramiento de Dios, en el que se centra totalmente su corazón. «Si quieres ser perfecto, déjalo todo y sigue a Cristo» (19,21). Francisco, joven rico, alegre y con muchos amigos, inicia el camino de la perfección cuando el Señor le llama para venderlo todo y así mejor seguirle.

En consecuencia segura sucedió que «en tanto que crecía en él muy viva la llama de los deseos celestiales, por el frecuente ejercicio de la oración, y que reputaba en nada las cosas todas de la tierra –llevado de su amor a la patria del cielo– , creía haber encontrado el tesoro escondido, y, cual prudente mercader, se decidía a vender todas las cosas para hacerse con la preciosa margarita [Mt 13,44-46]. Pero todavía ignoraba cómo hacerlo; lo único que vislumbraba era que el negocio espiritual exige desde el principio el desprecio del mundo, y que la milicia de Cristo debe iniciarse por la victoria de sí mismo» (Leyenda mayor 1,4).

Francisco, viviendo todavía en el mundo y trabajando en el comercio familiar, «buscaba despreciar la gloria mundana y ascender gradualmente a la perfección evangélica» (1,6). Y muy pronto Dios dispone su vida de tal modo que le es dado dejar totalmente el mundo para seguir totalmente al Señor. «Desembarazado ya el despreciador del mundo de la atracción de los deseos terrenos, abandona la ciudad», y sale al bosque, cantando al Señor (Leyenda menor 1,8).

 

–Muchos compañeros le da Dios en seguida

Francisco, con la palabra y el ejemplo, anima a renunciarlo todo para seguir del todo a Cristo. Y muchos se hacen hermanos suyos, queriendo compartir este camino. Bernardo es el primero que decide «renunciar por completo al mundo», y consulta a Francisco cómo hacerlo. Abren tres veces el Evangelio, y leen: –1º, si quieres ser perfecto, vende todo… –2º, no toméis nada para el camino… –3º, el que quiera venirse conmigo, que cargue con su cruz y me siga… «Tal es –dijo el Santo– nuestra vida y regla, y la de todos aquellos que quieran unirse a nuestra compañía. Por tanto, si quieres ser perfecto, vete y cumple lo que has oído» (Leyenda mayor 3,3).

El mismo camino toma el sacerdote Silvestre, que «abandonó el mundo», y siguió a Cristo (2 Celano 3,5). Y muy pronto «muchísimos hombres buenos e idóneos, clérigos y laicos, huyendo del mundo y rompiendo virilmente con el diablo, por gracia y voluntad del Altísimo, le siguieron devotamente en su vida e ideales» (1 Celano 56). El éxito de esta pastoral vocacional fue realmente fulgurante. A poco de la fundación de la Orden, en el Capítulo de las esteras (1221) eran ya unos 5.000 frailes.

 

–Extranjeros, pobres y peregrinos en la tierra:

«ciudadanos del cielo»

«Como extranjeros y peregrinos» (1Pe 2,11)… Francisco es visto ya por sus contemporáneos como un «hombre celestial» (1Cor 15,48; Flp 3,20): «A los que lo contemplaban, les parecía ver en él a un hombre de otro mundo, ya que, con la mente y el rostro siempre vueltos al cielo, se esforzaba por elevarlos a todos hacia arriba [Col 1,1-3]» (San Buenaventura, Leyenda mayor 4,5).

El mayor gozo de Francisco es la oración, que por unas horas le saca de este mundo oscuro y engañoso, y lo introduce en el mundo celestial, luminoso y verdadero. Así, «ausente del Señor en el cuerpo [2Cor 5,6], se esforzaba por estar presente en el espíritu en el cielo; y al que se había hecho ya conciudadano de los ángeles, le separaba [del Señor y del cielo] sólo el muro de la carne» (2 Celano 94).

 

–La pobreza evangélica

 La pobreza voluntaria es el paso primero de los frailes mendicantes en el camino de la perfección, de la perfección propia y de la ajena: «dejarlo todo». En efecto, los que por amor de Cristo «nada tienen» enseñan a vivir cristianamente a «los que tienen», por vocación divina, familia, trabajo, casa, posesiones. Los frailes viven una pobreza absoluta y un celibato perfecto para que los que tienen bienes de este mundo y también cónyuge y familia, posean todo lo que Dios les ha dado «como si no los tuvieran» (1Cor 7,29-31). Por eso estos frailes son para todos los laicos verdaderos espejos evangélicos. Como hombres celestiales, en efecto, salvan el mundo exiliándose de él por la pobreza, el recogimiento y la mortificación. Y los fieles que viven en el mundo ven a estos frailes tan metidos ya en el cielo, que no tratan con ellos si no es de las cosas que conducen a la vida eterna.

Si leemos el Evangelio, procurando enterarnos de lo que dice el Maestro y Salvador, tendremos que entender que siempre será la pobreza el primer tramo del camino de la perfección. Aquellos frailes mendicantes, «tan animosamente despreciaban lo terreno, que apenas consentían en aceptar lo necesario para la vida, y, habituados a negarse toda comodidad, no se asustaban ante las más ásperas privaciones» (1 Celano 41).

Eran, pues, realmente exiliados del mundo, al tiempo que eran los hermanos más próximos a todos los hombres, especialmente a los más necesitados. Quería Francisco que la pobreza evangélica pusiera su huella en todo, expresando continuamente que los frailes «no eran de este mundo». Y por eso «detestaba profundamente que hubiese muchos y exquisitos enseres. Nada quería, en las mesas y en las vasijas, que recordase el mundo, para que todas las cosas que se usaban hablaran de peregrinación, de destierro» (2 Celano 60).

 

Recogimiento de los sentidos

Los nuevos frailes viven una perfecta renuncia al mundo por medio de un gran recogimiento de los sentidos y de la mente. Y logran así viviendo en el siglo una libertad del mundo tan perfecta como la de los monjes, que en el claustro viven separados de él. La vida de franciscanos y dominicos, al menos en buena parte, transcurre en compañía de los hombres seculares. Pues bien, como si estuvieran viviendo en el más alejado monasterio, ellos están llamados a vivir un perfecto recogimiento en el hablar, en el oír, en el mirar. Así es como los frailes consuman lo que todo cristiano profesa al ser bautizado: «la renuncia al mundo», y prolongan de un modo nuevo la renuncia monástica.

 

–Pobreza en el hablar

Moderar el uso de las palabras… Estando con sus hermanos en la Porciúncula, dispuso Francisco: «Cualquier religioso que pronuncie una palabra ociosa o inútil, confesará al instante su culpa, y por cada una de ellas rezará un padrenuestro» (2 Celano 17). Una vez más, hace regla de lo enseñado por Cristo: «Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablaren los hombres habrán de dar cuenta el día del juicio» (Mt 12,36). Nunca Francisco se avergonzaba y silenciaba las palabra y mandatos de Cristo. Ésta es nota propia de todos los santos.

San Ignacio, por ejemplo: «No decir palabra ociosa, la qual entiendo, quando ni a mí ni a otro aprovecha, ni a tal intención se ordena» (Exercicios 40). El siervo de la cultura liberal está acostumbrado a las palabras ociosas , tiende a la incontinencia verbal por su propia naturaleza, a una especie de verborrea que incluye con frecuencia murmuraciones y hablar de lo que no se sabe.

Y ésa era, igualmente, la norma de Santo Domingo: los frailes predicadores, «como varones que desean su salvación y la de los demás, pórtense honesta y religiosamente como hombre evangélicos, siguiendo las huellas de su Salvador, hablando consigo y con los prójimos, con Dios o de Dios, y evitarán la familiaridad de toda compañía sospechosa» (Libro de las costumbres, dist. 2ª, 31).

 

–Pobreza en las miradas

Moderar el uso de la vista… San Juan evangelista habla de «la concupiscencia de los ojos» (1Jn 2,16). San Francisco enseñó a sus hermanos a librarse en absoluto de ella, pues por ella el alma se dispersa, se debilita y se pierde.

Un día iba a pasar el emperador Otón, con su espectacular y elegante comitiva, por el camino en que estaba la choza de Francisco y sus compañeros; pero éste «ni salió a verlo ni permitió que saliera sino aquél que valientemente le había de anunciar lo efímero de aquella gloria». Aborrecía Francisco tanto la vana curiosidad como la adulación a los grandes: «Él estaba investido de la autoridad apostólica, y por eso se resistía en absoluto a adular a reyes y príncipes» (1 Celano 43)

Queriendo evitar toda tentación de mirar a una mujer con mal deseo (cf. Mt 5,28), San Francisco, con gran humildad, y prefiriendo no tener a tener como si no se tuviera, era sumamente recogido en la mirada, especialmente hacia las mujeres, hasta el punto que pudo decir a un compañero: «te confieso la verdad, si las mirase, no las conocería por la cara, si no es a dos» (2 Celano 112), quizá su madre y Santa Clara. Y este mismo cuidado humilde recomendaba a los suyos que guardaran: «os doy ejemplo para que vosotros hagáis también como yo hago» (205).

También Santo Domingo, en ese mismo tiempo, incluye en el elenco de culpas graves la costumbre de «fijar la mirada donde hay mujeres» (Libro de las costumbres, dist. 1ª, 21; cf. la misma norma en las Constituciones de las monjas 11, sobre mirar a los hombres). Esta gran modestia de los ojos, prudente y penitencial, es enseñada en la Biblia (Eclo 9,5; Mt 5,28). Y es también doctrina de los maestros cristianos antiguos  y los modernos. Por ejemplo, S. Ignacio, Regla 2ª de modestia, 1555; S. Pablo de la Cruz, +1775, en Cartas y Diario espiritual; S. Antonio Mª Claret, +1870, Autobiografía n. 394-395; A. Tanquerey +1932, Compendio 776; A. Royo-Marín, Teología de la perfección cristiana 238).

Esta gran modestia de los religiosos en el hablar y el mirar es, sin duda, un gran ejemplo para los laicos, que en otros modos conformes a su condición, han de guardar también en el mundo un prudente y mortificado recogimiento de su mente y de sus sentidos.

 

–Negarse para amar

Para muchos cristianos modernos esta espiritualidad resulta incomprensible; les parece escandalosamente negativa y próxima al maniqueísmo y al ridículo. Están tan alejados de la Cruz y de toda forma de ab-negación ascética de sí mismos, que no entienden nada del Evangelio, y cebándose en las criaturas quedan inapetentes de Dios: “Adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador… Por eso Dios los entregó a las pasiones vergonzosas” (Rm 1,25-26)..

Llegan así a escandalizarse del ejemplo de los santos. Y por eso los desfiguran muchas veces cuando escriben sus vidas, como sucede a veces en las biografías de San Francisco de Asís. Su retrato apenas tiene nada que ver con su fisonomía real. Todas esas negaciones, obradas por tan gran recogimiento y pobreza, están motivadas por la más grande caridad a Dios y al prójimo, y nada hay tan positivo como el amor sobrenatural. Negarse para amar:

por amor a Dios. La renuncia evangélica al mundo está hecha, como siempre, del santo temor a la fascinante peligrosidad del siglo presente, pero es mucho más todavía un enamoramiento de Dios y de su Cristo. No es otra actitud que la de San Pablo: «por amor de Cristo… todo lo sacrifiqué, y lo tengo por estiércol, con tal de gozar de Cristo» (Flp 3,7-8). Recogimiento y pobreza de criaturas son bienaventuranzas, para más agradar a Dios y más gozar de Él: «los limpios de corazón verán a Dios» (Mt 5,8)

Nadie suele discutir la positividad de Francisco de Asís, que tan atractivo es para cristianos y paganos; pero casi nadie recuerda el rigor extremo de su mortificación en ayunos y penitencias, y la condición extrema de su recogimiento.

«Si sobrevenían visitas de seglares u otros quehaceres, corría de nuevo al recogimiento, interrumpiéndolos sin esperar a que terminasen. El mundo ya no tenía goces para él, sustentado con las dulzuras del cielo. Los placeres de Dios lo habían hecho demasiado delicado para gozar con los groseros placeres de los hombres» (2 Celano 94). Por eso tendía siempre a recogerse en lugares solitarios, y el final de su vida fue en la soledad.

Por amor a «Jesucristo, y éste crucificado» (1Cor 2,2). El enamoramiento de Francisco por Jesús Crucificado llegó a expresarse en los estigmas de la Pasión. Para él «los placeres del mundo le eran cruz, porque llevaba arraigada en el corazón la cruz de Cristo. Y por eso le brillaban las llagas al exterior –en la carne–, porque la cruz había echado muy hondas raíces dentro –en el alma–» (2 Celano 211).

por amor a los hombres, para procurar su salvación. La renuncia al mundo de los mendicantes medievales está hecha, como siempre, de santo temor a su fas­cinante peligrosidad. Pero es para ellos, que aman al mundo más y mejor que todos, penitencia expiatoria, con-crucifixión con Cristo para la redención del mundo. Ejemplo imprescindible de los que no tienen en favor de los que tienen, para ayudarles a tener santamente, como si no tuvieran (cf. 1Cor 7,29-31). Y con este espíritu, vestidos de saco, descalzos, con una cuerda por cinturón, viviendo de lismosnas, «ostentaban vileza, para dar así a entender que estaban completamente “crucificados para el mundo”» (1 Celano 39), al modo de San Pablo (Gál 6,14).

 

La perfecta alegría

La alegría franciscana es marca de la Orden. Como toda alegría evangélica, está en querer y hacer la voluntad de Dios providente, sea ésta la que sea, grata o ingrata. Es la alegría de San Pablo: «Alegráos, alegráos siempre en el Señor» (Flp 4,4); «vivid alegres en la esperanza» (Rm 12,12); «estad siempre alegres y orad sin cesar. Dad en todo gracias a Dios, porque tal es su voluntad en Cristo Jesús» (1Tes 5,16-18). Todas las vocaciones cristianas han de vivir esta norma, también por supuesto la de los laicos. Pero esa alegría se manifiesta con especial profundidad en la vida monástica. Y es lógico: los que más han dejado por Dios, son los que más se alegran en Dios. Y siendo máximo el dejarlo todo en el franciscanismo, se comprende que la alegría sea una nota predominante de la espiritualidad franciscana. He aquí una anécdota que la expresa:

Caminando San Francisco de Asís un frío invierno con el hermano León a Santa María de los Ángeles, le dijo: «Figúrate que al llegar ahora, empapados de lluvia, helados de frío, desfallecidos de hambre… llamamos a la puerta del convento», nos pregunta el portero quiénes somos, y habiéndoselo dicho, responde: «Mentira. Sois dos bribones que andáis engañando y robando las limosnas de los pobres. Marchaos de aquí». Y cuando le insistimos, el hermano portero de nuevo nos insulta y nos echa con violencia… «Si todo eso lo sufrimos nosotros pacientemente, sin alterarnos, pensando humilde y caritativamente que aquel portero conoce realmente nuestra indignidad y que Dios le hace hablar así contra nosotros, escribe, ¡oh hermano León! que en esto está “la perfecta alegría”» (Florecillas VII).

No está loco, no, Francisco de Asís. Nuestro Francisco de Javier, como los demás santos, manifiesta la misma experiencia. En una carta a sus hermanos de la Compañía en Roma escrita desde una isla de Malaca, después de describir la situación totalmente desastrosa en la que se encuentra, les dice: «Nunca me acuerdo haber tenido tantas y tan continuas consolaciones espirituales como en estas islas» de Malaca (Cochín, 20-I-1548, 4 y 21).

 

Muerte dichosa

Estos frailes, que han pasado toda su vida tan muertos al mundo, tan «escondidos con Cristo en Dios» (cf. Col 3,3), no habrán de sufrir mucho a la hora de morir, cuando el Padre les llame a dejar la vida del mundo presente. Así San Francisco, que «tuvo por deshonra vivir para el mundo, amó a los suyos en extremo, y recibió a la muerte cantando… Ya nada tenía de común con el mundo… “He concluído mi tarea; Cristo os enseñe la vuestra”» (2 Celano 214; cf. Gerardo de Frachet, OP, Vidas de los frailes predicadores, V parte, 2: De la dichosa muerte de los frailes).

 

Comentario final

–La imagen de San Francisco creada modernamente por cristianos y paganos apenas tiene nada que ver con lo que él fue realmente. –Cuanto más han renunciado al mundo los monjes y los frailes, tienen más alegría, más vocaciones, y más fuerza atractiva y persuasiva ante los hombres para evangelizar sus vidas y para promover la transformación cristiana del mundo. –Y es que cuanto más se toma la Cruz de Cristo más se participa en su Resurrección; más se glorifica al Señor, y más salvación temporal y eterna se comunica a los hombres. –Todo esto, aunque en modos concretos muy diversos, es la verdad en laicos, sacerdotes y religiosos. –La espiritualidad de San Francisco es tan diferente, más aún, tan contraria a la hoy imperante, que para no pocos lectores será «escándalo y locura… pero es poder y sabiduría de Dios para los llamados» (1Cor 1,23-24). En fin, San Francisco está plenamente identificado con Jesucristo, nuestro Señorr y Salvador, en el Evangelio, y hoy estamos muy distanciados de San Francisco… Ergo?… 

 

José María Iraburu, sacerdote

Post post. –Muy distantes de San Francisco, sí, pero igualmente distantes de Cristo y de los santos, como Pablo, Ignacio de Antioquía, el Crisóstomo, Agustín, Tomás, Loyola, Teresa, Juan de la Cruz, Claret, Foucauld, etc., que enseñaron y vivieron lo mismo que él, cada uno al modo que Dios le concedió. 

 

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