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Mera defensa de la fe - Eleuterio Fernández Guzmán

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2022-05-18T16:42:57Z
Atualizado: 8 horas 43 minutos atrás

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Un sentido del humor increíble

dom, 2022-05-15 17:15

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Un sentido del humor increíble

 

Francamente, nos van a perdonar ustedes que traigamos un texto, digamos, muy extenso porque no suele ser lo común. Es más, perdónennos si ni siquiera hacemos comentario alguno a lo que aquí escribe Lolo. De todas formas, nunca es mucho leer mucho de lo escrito por el Beato de Linares (Jaén, España) pero es que, en este caso, lo que traemos, digamos, se las trae… pero por lo bueno que es. 

Digamos, antes de esto, que las palabras que aquí vamos a poner están dichas por alguien que, sin duda, es un santo de la alegría a todas luces. Y es que, si después de llevar veinte años enfermo (esta parte del diario pertenece al día 20 de septiembre de 1961) alguien es capaz de escribir con un sentido del humor tan claro y bueno para el corazón esto que escribe… en fin… como que demuestra, una vez más, que su alegría era verdaderamente sobrenatural… 

Les dejamos, pues, con el texto que rezuma gracia y tiene una sustancia alegre muy a tener en cuenta:

 

“20.- Una chica, que hemos tenido durante siete años, se marchó para casarse. En mi casa, y con Lucy tener que irse a la oficina, la ayuda de alguien nos es imprescindible. Antes de partir le dijimos a una prima que a ver si nos preparaba una mujer para el regreso, pero que, de preferencia, fuese mayor. Ahora nos trae una, entrada en años, con cara de buena persona, que a todo dice que sí con la cabeza. Es apacible y trabaja a la antigua, sin prisas, con el desprecio a las horas de los tiempos de Mari Castaña; su debilidad radica en sacarle brillo al aluminio. Los cacharros de la cocina están como una patena. El tiempo, con eso, se le va en un santiamén y se le escamotea para las cosas fundamentales. 

- “Eso está bien, mujer -le insiste mi hermana- pero el día viene cojo y hay que pasar esos detalles”.  

Ella, erre que erre, el aluminio y hasta el cobre, pero es buena y eso basta. Lo peor es lo del oído. Sorda, lo es como una muralla. No de esas que se les dice “un vaso” y entienden “un cazo”, sino de las que estalla un proyectil en la cocina y dicen: “¡Qué pesados están hoy los mosquitos, Dios santo!”. Lo peor es que, como a todo dice sí, a renglón seguido, da la espalda, le pido el pañuelo y se va y abre la puerta de la calle. Mientras Lucy ha estado aquí, no hubo problema, pero ahora sé que el diálogo de un sordo con alguien que no hace uso de sus manos es como pintar el aire de una habitación a oscuras. 

El timbre, para ella, es como la señal de un marciano. He dado la consigna de que no llamen a la puerta y le hagan señas por la ventana que da a la cocina. El médico viene y ya pide la llave al lado. Lo malo, así son los sustos que se lleva. 

Lo peor fue el primer día que tuvo que darme de comer, la pobre. Mientras lo hago, leo, y así engaño la inapetencia. Me embebí en un reportaje de “La Gaceta”, cuando voy y noto unos redondeles húmedos en mitad de la página. 

No caía, pero, al rato, el papel estaba como una camisa espurreada para la plancha. Entonces la miro y la veo que llora.

- “Es que -me dice hipando- me acuerdo de mi hermano, que se murió de un ‘paralí”.

 ¡La pobre! Más pobre aún por sus dolores de muelas. Deben de ser terribles y lo soporta en silencio. Una noche que Lucy se levantó a algo mío, vio luz en su cuarto y la encontró sentada en la cama, sujetándose la mandíbula. Le puso una hila, le dio un calmante y nada. Al rato vino y me dijo:

  - “¿Y si le diera un somnífero?”.

-”Buena idea. Así duerme”. 

- Este, que son gotas. ¿Cuántas le echo?”. 

-”Mujer, yo me tomo diez, pero a ella, como está así, le pones doce”. 

Un cuarto de hora después, dormía, profunda y beatíficamente. Lucy vino con susto. 

-“Si parece que no respira. Si será por las gotas, que le di quince".

 - “¡Mira que si te la has cargado!” -le digo, asustándola en broma. En las misas le pasa como a mi abuelo, que se iba los domingos y, al regresar, ya tenía el arroz reposando sobre la mesa. Si se le dice algo del tiempo, abre mucho los ojos, dice que sí y luego viene con el recogedor y la escoba. No sé las migas que vamos a hacer en el futuro, porque somos como dos planetas de distinta órbita, aunque yo no sea, precisamente, Júpiter, ni ella tampoco Venus.”

Nada, pues, podemos añadir a esto. Bueno, sí, gracias Lolo por alegrarnos el día.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

La Palabra para el Domingo – 15 de mayo de 2022

sab, 2022-05-14 00:39

Como es obvio, hoy no es domingo 15 sino sábado 14 de mayo de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

 

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario. 


Jn 13, 31-33a. 34-35

“31 Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre  y Dios ha sido glorificado en él. 32  Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.’ 33 ‘Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. 34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.  35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.’”

COMENTARIO

Un mandamiento muy difícil de cumplir 

En la Última Cena Jesús dijo muchas cosas de importancia e hizo otras tantas de no poca relevancia. Así, por ejemplo, fue el momento en el que se celebró la primera Eucaristía y, también, cuando estableció el sacerdocio. 

El momento que traemos aquí hoy corresponde al momento en el que Judas sale del Cenáculo para cumplir con la traición hacia el Maestro. Y habla, Cristo, de lo que ha de ser su glorificación… en la Cruz. 

Todo lo dicho, sin embargo, tiene un punto álgido. Y es cuando el Hijo de Dios establece lo que él mismo llama mandamiento nuevo. Y es que, en verdad, no es sólo nuevo sino que sirve de cauce a muchos de los ya conocidos. 
Jesús da un mandamiento nuevo. Si el resto de mandamientos habían sido establecidos por su Padre y entregados a Moisés en su camino por el desierto hacia la tierra prometida, era ahora el Hijo quien establecía un nuevo. 

En realidad, lo mismo que el resto de Mandamientos (10) podía ser seguido y cumplido… o no seguido y no cumplido. Esto caía del lado de cada hijo de Dios. 

El mandato es: amarse unos a otros. Y esto parece fácil de entender porque cualquiera sabe lo que eso significa. 

Sin embargo, Jesús añade algo que es crucial en este caso y, como suele suceder, en todo lo que hace y dice: hay que amarse de una forma muy especial que consiste, en esencia y básicamente, en hacerlo como Él lo había hecho con ellos. 

Antes que nada, decimos que el Amor de Dios no tiene condición a cambió. Es decir, el Creador ama a su descendencia aunque la misma tenga por costumbre y vicio olvidarlo y darle la espalda, esconderlo lo más lejos posible de su vida y, por si eso no fuera ya suficiente, zaherirlo en cuanto algo le sale mal. 

En cambio Cristo, diciendo eso que dice se pone de ejemplo. 

Sabemos, ellos también lo sabían, cómo los había amado. Lo que aún no sabían es cómo los iba a acabar de amar al entregar su vida en una cruz. 

Nosotros, sin embargo, tenemos ventaja al respecto de aquellos Apóstoles que cenaban con Él aquel día de la Pascua judía. Y es que nosotros sí sabemos, a ciencia y corazón ciertos, cómo fue su muerte y cómo se comportó ante ella: perdonando, intercediendo por sus verdugos y, en suma, amando. 

Aquella forma de amar era muy especial. Y es que lo era hasta el extremo de dar su vida a cambio del perdón de Dios hacia sus hermanos los hombres. Y aquella forma de amar, entregada, sin mirar  a sí mismo sino el interés de su prójimo…. era la forma de amar que quería se viese entre sus discípulos. 

El caso es que Jesús quiere que se vea. Es decir, no quiere que el amor entre los suyos sea algo íntimo, de casa para dentro. No. Lo que quiere es que, viendo los demás no creyentes cómo se aman sus discípulos sabrán, por tal amor, que eran sus discípulos. Y así servir de ejemplo y que se pudiera decir de ellos, como se dijo, “mirad cómo se aman”. 

Tal amor, el Amor, en definitiva de Dios, era el que quería Jesucristo para todos los que, de una manera o de otra, se decían ser seguidores suyos. 

El caso es que tal amor no siempre es fácil de poner en práctica. Y es que son muchos los egoísmos en los que nos movemos, muchas las incomprensiones que atesoramos en nuestro corazón y, en fin, muchas las ocasiones en las que no somos capaces de amar cuando deberíamos amar o  perdonar cuando deberíamos perdonar. Y tal es la gran prueba que debemos superar para que, en efecto, puedan decir de nosotros el “mirad como se aman”.

 
PRECES

Por todos aquellos que no creen en el Amor de Dios por sus criaturas.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no son capaces de amar como Cristo amó.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a amar como tu Hijo nos amó a nosotros.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Glorificar a Dios es nuestro deber. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Sentirse pequeño y ser grande

dom, 2022-05-08 18:00

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Sentirse pequeño y ser grande

  

“Tú, detrás de la tapia un día y otro, ¿hasta el último? Si es así, que, al menos, mi nostalgia te venga a valer como un estampido de fe Mi fe enana, abismada en tu fuego colosal y gigante.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 48)

  

Es más que cierto y verdad que cuando el Hijo de Dios dijo aquello de que debíamos ser humildes como Él lo era no andaba nada equivocado sino que sembraba en nuestros corazones una semilla con la que, espiritualmente hablando, se llega muy lejos.

Nosotros, sin embargo, no hay pocas veces que somos soberbios… Es decir, que no nos tomamos muy en serio aquellas santas palabras que, por salir de la boca de Cristo eran, exactamente, Palabra de Dios.

En este texto del Beato de Linares (Jaén, España) vemos cómo se siente nuestro amigo Lolo y, a la vez, vemos cómo es, para nosotros y seguramente para Dios mismo, este hombre “inútil” como él mismo se llamaba… 

Lolo cree que Dios está, algo así, como detrás de una tapia que es como decir que sí, que está ahí pero que no puede acometerlo como le gustaría acometerlo. Sin embargo, no duda para nada de la presencia de su Creador que está ahí, justo ahí, detrás de una tapia. Y lo está para siempre cree Lolo porque se pregunta si ahí va a estar hasta el último de sus días entre los vivos. 

Que alguien esté detrás de una tapia no supone, por eso mismo, que no sea posible comunicarse con tal persona. Es más, Lolo mismo escribió un libro en que el que dirigía cartas a religiosas de clausura que estaban, precisamente, detrás de una tapia y él les escribía “Al pie de la tapia”. Por eso estamos más que seguros que el linarense universal sentía más que cerca a Aquel que, habiéndolo creado y mantenido (¡mantenido!) en el mundo según sus personales circunstancias, allí estaba. 

Bien. Sabemos que Lolo era un ser inmensamente humilde. Y eso lo demuestra, una vez más, en las palabras que aquí traemos y que muestran hasta qué punto se conoce aunque, para nosotros, no sea del todo cierto eso que dice.

Veamos.

Lolo dice que tiene una fe “enana”. Y, entonces, ¿qué fe tenemos los demás?… Y esto lo decimos, al menos, por nosotros, pues es seguro que hay quien tiene infinitamente más que fe que quien junta estas cuatro letras. Pero queremos decir que, conociendo a Lolo y sabiendo cómo fue su vida, cuál su comportamiento y cuánta su convicción y su confianza en Dios… En fin… como que se nos queda pequeña la tierra para pedir que nos trague… 

Pero bien. Lolo siente que su fe es muy pequeña. Y, sin embargo quiere que la misma tenga en Dios una, digamos, pegada grande (si se nos entiende esto) pues quiere que sea un “ruido muy intenso y seco” que es lo que, en definitiva, significa la palabra “estampido” que es como querer decir que Dios escuche en grande lo que es su fe. Y que la misma se “abisme” en el fuego de Dios. 

A esto debemos dedicar, aunque sea, algunas palabras. 

Lolo dice muy bien lo que dice. Y es que manifiesta que él está inmerso en la contemplación de tal forma que permanece ajeno a lo demás. Y esto no es cosecha de quien esto escribe sino simplemente el significado del verbo “abismar”. Es decir, que nuestro buen amigo Manuel se sabía inmerso de tal forma en la contemplación de Dios que en la misma manifestaba su fe que, como vemos, no era para nada enana sino gigante y más que gigante. 

Por eso último decimos que no estamos de acuerdo con el sentir de Lolo. No. Su fe no era enana (aunque él, como su especial percepción de las cosas del alma, creyese que sí) sino que, en su “pequeñez” (por sostener lo que él dice) nos sirve de ejemplo para que la nuestra deje, en algo, de serlo. 

Sentirse pequeño y ser grande. Tal es la convicción que nosotros tenemos. Y nos basta y nos sobra para creer más y, si es posible y Dios quiere, mejor; creer a lo Lolo: saberse poco para creer mejor.  

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

La Palabra para el Domingo - 8 de mayo de 2022

sab, 2022-05-07 03:20

Como es obvio, hoy no es domingo 8 sino sábado 7 de mayo de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

  

Jn 10, 27-30

27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno.

COMENTARIO

Seguir a Cristo tiene gran regalo

El texto que se nos presenta hoy para reflexión no es muy extenso. Sin embargo, sí es muy denso si nos referimos al sentido espiritual
 que tiene el mismo y, en fin, en lo que supone para nosotros, hijos de Dios.

Jesús habla de ovejas porque pertenecemos al redil del Creador.
 Dice algo que es muy importante: conoce una a una por su nombre. Esto quiere decir que el Hijo de Dios sabe de nosotros, que sabe lo que hacemos y que sabe hacia dónde vamos según qué hacemos.

Pero también dice que las ovejas que creen en él siguen a quien saben que es su Buen Pastor.

En cuanto al seguimiento de Cristo, una cosa es decir que se le sigue y otra, muy distinta, hacer su voluntad que es, en definitiva, la de Dios
. Por eso el Enviado de Dios tiene un mensaje que transmitir que es el que debemos escuchar y, luego, aplicar a nuestras vidas. Así seguimos a Jesús y somos, en efecto, ovejas que conocemos, también, Quién es nuestro pastor.

Pero en estas escasas palabras que dice Jesús hay algo que es muy importante y que va referido a lo que queremos para siempre
: la eternidad. Dice, por eso mismo, Jesucristo, que al conocer y seguir a Cristo, Él nos da la vida eterna que es, como sabemos, para siempre, siempre, siempre.

Por eso no morirá jamás quien sigue a Cristo y hace lo que debe hacer. Así nos ganamos la vida eterna. Es más, nadie ni nada nos arrebatará de las manos de Jesucristo porque es Dios y contra Dios nada ni nada puede y siempre prevalece.

Dice Jesús que su Padre, que le ha entregado a las ovejas para que las cuide
, es más grande que nada y que nadie. Por eso está por encima de todo (lo ha creado todo y lo mantiene todo) y por eso mismo su voluntad ha de ser cumplida por cada uno de sus hijos. Otra cosa no se espera de nosotros aunque no siempre sea fácil hacer tal cosa.

Es más, nadie puede arrebatar de las manos de Dios a su creación. Contra Dios, Todopoderoso, no hay poder en el universo que pueda y, aunque se manifieste en su contra (ahí está el Maligno para demostrar esto) siempre saldrá vencedor de tal lucha Quién todo lo puede.

Termina, Jesús, diciendo algo que no deberíamos olvidar nunca
: Dios y Él mismo son uno y, por eso, seguir a Cristo es seguir, exactamente (sin disminuciones ni detracciones) a Dios.

PRECES

Por todos los que no quieren conocer a Cristo.

Roguemos al Señor.

Por todos los que no quieren formar parte del redil de Dios.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a no querer nunca salir del redil de Cristo.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.



El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Siempre debemos seguir al Buen Pastor. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Ser luz y querer serlo

seg, 2022-05-02 09:50

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Ser luz y querer serlo

 

“A mi luz, tan pequeña, ¿por qué se le ha dado una exigencia de repartirse? Porque ha de ser necesaria para otros. Una misión de sentido comunitario tira de ella desde todos los horizontes. Se me va, se me va, y yo estoy siempre como en una habitación de cortinajes echados.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 47)

  

Si leemos estas palabras del Beato de Linares (Jaén, España) muy despacio encontraremos en ellas mucho de lo que fue la vida de Manuel Lozano Garrido. Y es que el buen amigo nuestro sabía el qué de su vida y eso, se diga lo que se diga, es más importante que el más importante de los tesoros. 

Lolo se sentía poca cosa. Y no es que no creyera que su ser fuera importante para Dios sino que creía que, en efecto, no era alguien que iluminara a lo grande. Y tal conocimiento de sí mismo o, al menos, la percepción que tenía de sí, era expresión pura de humildad pero de humildad verdadera porque Lolo creía que era, eso, una luz “tan pequeña”. 

Nosotros, claro está, en la distancia que hay entre estas palabras escritas en los años 60 del siglo pasado y el ahora mismo… en fin, como que sabemos que no, que Lolo no era una luz pequeña sino, al contrario, una verdadera luminaria y un faro más que importante para los que conocemos lo que hizo y lo que dijo. Pero para él, en aquel momento en el que su vida era tan sufriente y se sentía así poca cosa… era lógico que creyese que la luz que podía salir de su mismo ser y de su vida era… pequeña. 

De todas formas, a pesar de eso sabía Manuel que se le exigía algo muy importante, que Dios había puesto en su vida algo más que su mirada. Y eso lo comprendía más que bien y así hacía y así actuaba: exigencia de Dios… respuesta de Lolo con un sí grande, como aquel de María diciendo que era la “esclava del Señor” (aunque, claro, con las distancias que se deban salvar en este caso… pero es para tratar de explicarnos…) 

Lógicamente, Lolo sabía que había muchos enfermos (y los que no lo estaban) que podían tomar como ejemplo su ejemplar vida. Y por eso aquella luz era grande y no pequeña… 

Lolo sabía, también, que lo que hiciese o dijese era escuchado por muchas personas que lo veían como alguien en quien poner su mirada y su corazón. Y eso entonces cuando, podemos decir, a lo mejor no era tan conocido como lo pueda ser ahora… 

Se da cuenta Lolo, veinte años (luego más cuando acabó este diario) después de caer irremediablemente enfermo que sí hay quien necesita su luz. Por eso se siente algo así como atraído por todos aquellos que lo necesitan. Porque sí, necesitan el testimonio de alguien que tanto había sufrido hasta entonces y tanto sufriría hasta su subida al Cielo, apenas unos años después de “Las golondrinas…”. 

Lolo, de todas formas, no es ciego en cuanto a no saber cómo se encuentra sino que, al contrario, lo tiene muy claro: se siente como “en una habitación con cortinajes echados” donde, por tanto, nada del exterior puede ver o percibir. Y eso es como decir que sí, que sabe que su labor puede ser importante pero que él, él mismo… siempre se siente así, triste pero alegremente así si se nos permite presumir… 

¡Qué gozo tan grande siente uno cuando se da cuenta de que alguien se da al prójimo de una manera tan completa, acertada y perfecta! 

Por cierto, tengo que reconocer que al terminar de escribir estas cuatro letras se me han humedecido los ojos… de agradecimiento a Lolo, por ser tan así. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

La Palabra para el Domingo – 1 de mayo de 2022

sab, 2022-04-30 03:22

Como es obvio, hoy no es domingo 1 de mayo sino sábado 30 de abril de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

 

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

Juan 21, 1-14

“1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar.’ Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo.’ Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’ Le contestaron: ‘No.’
6 Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.’ La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’, se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.

8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
10 Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.’
11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les dice: ‘Venid y comed.’ Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor.
13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


COMENTARIO

Confiar en Cristo

Dice Juan en su evangelio que era, ya, la tercera vez que se les había aparecido Jesús después de la resurrección de entre los muertos. Por lo tanto, fue después, segunda ocasión que sucedió tal cosa, de que le dijera a Tomás, por su incredulidad, aquello de “Feliz el que crea sin haber visto” y tener tal definición como la perfecta de la palabra “Fe”.

Los apóstoles habían vuelto a sus labores. Habían dejado la vida de seguimiento de Jesús que, tras su muerte, resultaba imposible y eran, de nuevo, algunos de ellos, pescadores.

Pero, con la resurrección las cosas habían cambiado un poco y eso les venía a decir Jesús.

Entre los discípulos había uno que debía estar bastante preocupado. Había pasado del gozo de querer entregarse a Cristo a negarle tres veces. Me refiero, claro, a Pedro, que será, precisamente, quien reciba, digamos, una atención especial de parte de Jesucristo.

Como ya había pasado en alguna que otra ocasión, Jesús, ante la falta de pesca, les indica hacia dónde tienen que echar las redes. Encuentran, como era de esperar, pescado, en una cantidad exacta: 153 que era, según tenemos entendido, el número de especies piscícolas que, en aquel entonces se conocía y que, por decirlo así, podría significar que iban a ser pescadores, de hombres como ya les dijo pero de toda la humanidad.

De todas formas, no deja de ser extraño que, siendo la tercera vez que se aparece a sus discípulos más allegados, a alguno de ellos les resulte difícil reconocerlo y tenga que ser Juan, el más joven de entre aquellos, de nuevo, pescadores, quien sepa que se trata de su Maestro.

Es verdad que, una vez que está cerca de ellos ya nos dice San Juan que no querían preguntarle quién era porque ya lo habían reconocido. Tenían, por tanto, algo de miedo de que les dijera que si aún no eran capaces de reconocer a Quien tantas horas habían acompañado.

Pero Jesucristo quería disipar todas las dudas que podían albergar sus corazones. Y por eso les pide algo de comer por si alguno creía que se trataba de un fantasma…

Jesús, como podemos imaginar, come el pescado y les demuestra, así, que su resurrección ha sido, por decirlo para que se entienda, de “cuerpo y alma” pero, sobre todo, de cuerpo que es la única manera de que comprendiesen que todo lo que les había dicho era verdad.

Confiar en Cristo. En eso se resumía todo aquello.

 

PRECES

Por aquellas personas que se alejan de Dios negándolo.

Roguemos al Señor.

Por aquellos discípulos no quieren confiar en Cristo.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios: ayúdanos a confiar siempre en Ti.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 


El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Siempre es bueno confiar en Cristo. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – Esto no es un hasta nunca pero…

qui, 2022-04-28 12:13

Es cierto y verdad que cuando se empieza a escribir sobre determinado tema todo lo que ante uno se tiene es, en fin, como una hoja en blanco en la que todo es posible que suceda. 

Esto lo decimos porque, cuando el que esto escribe empezó a escribir sobre J.R.R. Tolkien hace más de tres años, también es cierto y verdad que todo estaba por descubrir pues el conocimiento que tenía de nuestro autor era, más bien, limitado… 

A lo largo de estos más de 36 meses se han suscitado muchos temas y muchos de los personajes de Tolkien padre han ido desfilando por estas páginas digitales. Y, a la vez, podemos decir que ha sido algo muy placentero descubrir que era el propio autor de “El Hobbit”, etc., quien sugería temas para tratar. 

Por otra parte, la ventana que entonces se abrió y que dejó ver lo que la Tierra Media podía ofrecer, ha permanecido abierta los meses de los aquí hablamos y ha dejado ver mucho y mucho más, seguramente, hay escondido que no hemos sido capaces de descubrir. Pero, de todas formas, hemos gozado y estamos alegres, como se dice en las Sagradas Escrituras cuando sabemos que Dios ha estado bueno con nosotros como lo ha estado con quien esto escribe en ejercicio de su santa Providencia. 

Debemos, por tanto, dar gracias a Eru que ha permitido que juntemos unas cuantas letras y hayamos dado algo que leer a quien se haya querido acercar a estas páginas de InfoCatólica que, con mucha paciencia, ha sabido soportar a quien esto escribe en lo tocante al subcreador de la Tierra Media. 

De todas formas, y como es lógico, a todo le llega su final y, al menos, en la forma aquí traída (una vez a la semana y mes tras mes) también le ha llegado a esta Ventana a la Tierra Media

(Juan M. Villa, autor de este maravilloso mapa de la Tierra Media: gracias miles)

Estamos más que seguros que habrá alguien que se alegre de esto, de este final, así, tan inesperado (como son tantas cosas en la existencia y ser de la misma Tierra Media…) pero para alguien, al menos queremos que una persona (como San Pablo, que también predicaba para que, al menos, una persona se convirtiera) haga gozado en su medida adecuada con lo aquí escrito. 

Por nuestra parte, echamos el telón y que sea lo que tenga que ser o, lo que es lo mismo, lo que Dios quiera, que a Él nos debemos y a Él todo se lo debemos. 

Terminemos, por decirlo así, imitando a Bilbo Bolsón en sus últimas palabras, en su Última Canción, diciendo las que son nuestras, no con tristeza sino con esperanza:

 

Miro hacia atrás

y nada de lo que veo me disgusta

y comprendo que todo es gozo,

porque todo ha podido ser dicho.

 

Miro hacia atrás

y dejo pasar lo que fue

pues su semilla fructificó

y abundante fruto dio.

 

Amén. 

Y, por cierto, en lo sucesivo pueden buscarnos en cualquier bosque amable de la Tierra Media, allí donde, precisamente, los árboles no dejan ver a quien en él se esconde.

Adiós. Quiera Eru que nos veamos en las Tierras Imperecederas que, para nosotros, son el Cielo. 

   

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Tierra Media: otra Tierra, esta Tierra. 

Para leer Fe y Obras.

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In Memoriam: P. José Antonio Sayés

ter, 2022-04-26 17:15

Ayer mismo, 26 de abril de 2022, nos llegó, a través de las tan presentes redes sociales, una terrible noticia. El caso es que, tras sufrir enfermedad, había fallecido el eminente teólogo, profesor, etc., el P. José Antonio Sayés.

 

La noticia nos conmocionó bastante pues, aunque no lo hayamos conocido personalmente, son muchos los libros, conferencias, charlas, etc. que nos hemos llevado al corazón y que habían salido del suyo. Y es que el P. Sayés ha sido siempre, y lo será por lo mucho que ha dejado, un firme defensor de la ortodoxia católica y nada de lo que suponga desviación de la misma…

Nosotros, en memoria de su persona y obra, vamos a reproducir un artículo que, dentro de la serie de libros que la Fundación GRATIS DATE ha dado y da al mundo, publicamos el 10 de agosto de 2013. Valga esto como merecido homenaje a tan gran hermano en la fe católica, la de verdad.

 El artículo decía, y dice, lo que sigue:


“Escribir de la Fundación GRATIS DATE es algo, además de muy personal muy relacionado con lo bueno que supone reconocer que hay hermanos en la fe que tienen de la misma un sentido que ya quisiéramos otros muchos.

No soy nada original si digo qué es GRATIS DATE porque cualquiera puede verlo en su página web (www.gratisdate.org). Sin embargo no siempre lo obvio puede ser dejado de lado por obvio sino que, por su bondad, hay que hacer explícito y generalizar su conocimiento.

Seguramente, todas las personas que lean estas cuatro letras que estoy juntando ya saben a qué me refiero pero como considero de especial importancia poner las cosas en su sitio y los puntos sobre todas las letras “i” que deben llevarlos, pues me permito decir lo que sigue.

Sin duda alguna GRATIS DATE es un regalo que Dios ha hecho al mundo católico y que, sirviéndose de algunas personas (tienen nombres y apellidos cada una de ellas) han hecho, hacen y, Dios mediante, harán posible que los creyentes en el Todopoderoso que nos consideramos miembros de la Iglesia católica podamos llevarnos a nuestros corazones muchas palabras sin las cuales no seríamos los mismos.

No quiero, tampoco, que se crean muy especiales las citadas personas porque, en su humildad y modestia a lo mejor no les gusta la coba excesiva o el poner el mérito que tienen sobre la mesa. Pero, ¡qué diantre!, un día es un día y ¡a cada uno lo suyo!

Por eso, el que esto escribe agradece mucho a José Rivera (+1991), José María Iraburu, Carmen Bellido y a los matrimonios Jaurrieta-Galdiano y Iraburu-Allegue que decidieran fundar GRATIS DATE como Fundación benéfica, privada, no lucrativa. Lo hicieron el 7 de junio de 1988 y, hasta ahora mismo, julio de 2013 han conseguido publicar una serie de títulos que son muy importantes para la formación del católico.

Como tal fundación, sin ánimo de lucro, difunden las obras de una forma original que consiste, sobre todo, en enviar a Hispanoamérica los ejemplares que, desde aquellas tierras se les piden y hacerlo de forma gratuita. Si, hasta 2011 habían sido 277.698 los ejemplares publicados es fácil pensar que a día de la fecha estén casi cerca de los 300.000. De tales ejemplares, un tanto por ciento muy alto (80% en 2011) eran enviados, como decimos, a Hispanoamérica.

De tal forma hacen efectivo aquel “gratis lo recibisteis, dadlo gratis” (Mt 10,8) y, también, “dad y se os dará” (Lc 6,38) pues, como es de imaginar no son contrarios a las donaciones que se puedan hacer a favor de la Fundación. Además, claro, se venden ejemplares a precios muy, pero que muy, económicos, a quien quiera comprarlos.

Es fácil pensar que la labor evangelizadora de la Fundación GRATIS DATE ha está siendo muy grande y que Dios pagará ampliamente la dedicación que desde la misma se hace a favor de tantos hermanos y hermanas en la fe.

Por tanto, esta serie va a estar dedicada a los libros que de la Fundación GD a los que no he hecho referencia en este blog. Esto lo digo porque ya he dedicado dos series a algunos de ellos como son, por ejemplo, al P. José María Iraburu y al P. Julio Alonso Ampuero. Y, como podrán imaginar, no voy a traer aquí el listado completo de los libros porque esto se haría interminable. Es más, es mejor ir descubriéndolos uno a uno, como Dios me dé a entender que debo tratarlos.

El tema del alma en el Catecismo de la Iglesia católica

El P. José Antonio Sayés sabe que el tema del alma es muy importante, su conocimiento y comprensión, en la vida de un cristiano. Por eso antes de dar a entender las causas que provocan la crisis que, sobre el mismo, existe, dice que (p. 2) que 

“Probablemente ningún concepto de la tradición filosófica de inspiración cristiana ha sufrido más en los últimos años que el concepto del alma espiritual e inmortal, afectando así no sólo al tema antropológico sino al tema escatológico del alma separada después de la muerte en la escatología intermedia, y en consecuencia, como veremos, a la misma resurrección de la carne y del mismo Cristo”.


Por eso dedica este libro a este tema, y lo hace, precisamente, porque tiene por importante el mismo y porque, como teólogo que es, sabe que, a veces, muchos otros lo han malbaratado.

Existen, por lo tanto, unas causas de la minusvaloración concepto del alma. Son, a saber (así lo indica en la página 2): “el influjo protestante, la filosofía trascendental y la llama antropología unitaria”.

Sin embargo, a pesar de los embates procurados por las causas citadas, lo bien cierto es que el Catecismo de la Iglesia Católica trata el tema del alma con la importancia que tiene para cada creyente.

El caso es que el ser humano haya sido creado por Dios tiene implicaciones no pequeñas para el mismo. Es semejanza suya e imagen, también, suya. Por eso mismo (p. 9)

“el hombre, por ser imagen de Dios, tiene la dignidad de persona, de modo que no es algo, sino alguien; alguien ‘capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y de entrar en comunión con otras personas’”. Y es que el hombre no posee sólo cuerpo sino que, por gracia de Dios, es, también, un ser espiritual pues (p. 10) “alma significa el principio espiritual del hombre (CEC 363)”.

Tal forma de entender al ser humano queda perfectamente reflejada en el Catecismo católico donde dice que “cada alma espiritual es directamente creada por Dios (cf. Pío XII, enc. Humani Generis, 195: DS 3896; Pablo VI, SPF 8) -no es “producida” por los padres-, y que es inmortal (cf. Cc. de Letrán V, año 1513: Ds 1440): no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final» (CEC 366)”.

“No perece”. Nuestra alma no desaparece cuando el cuerpo sí lo haga tras la muerte. Al contrario es la verdad pues, como bien dice el Catecismo cuando llegue el momento en el que se produzca la resurrección de los muertos, se unirá al cuerpo y vivirá para siempre, siempre, siempre.

Tiene, como es de suponer y de creer, la existencia del alma mucha relación con el conocimiento de Dios. Por eso, el P. José Antonio Sayés, en unos párrafos que traemos aquí (aunque pueda considerarse algo extensa la cita, de verdad que vale la pena), dice que

“A propósito del conocimiento racional de Dios, creemos que el Catecismo realiza un progreso respecto de la Tradición. Ha presentado, junto a la vía del mundo para llegar a Dios, la vía del hombre, pero purificándola de toda connotación propia del postulado y confiriéndole una base ontológica.

Efectivamente, en la redacción del Catecismo enviada a los obispos en 1990, se leía lo siguiente: ‘A partir del hombre, con su apertura a la verdad, su sentido moral, la voz de su conciencia, su aspiración al infinito y a la felicidad, se puede conocer a Dios como Verdad suprema y Bien supremo’ (nº 129).

Ahora, en cambio, en la redacción definitiva, leemos lo siguiente: «con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. ‘Semilla de eternidad que en sí lleva, irreductible a la sola materia’ (GS 18,1; cf. 14,2), su alma no puede tener origen más que en Dios” (CEC 33).

Este párrafo es de una importancia incalculable. Con él se ha evitado el recurso a la vía del postulado, la de Kant o la que sigue la escuela de Maréchal, para llegar a Dios. En efecto, la tendencia al Infinito, la apertura a la Verdad y a la Belleza prueban que tendemos a ellas, no que de hecho existen. Esta tendencia del hombre al Infinito sirve, por supuesto, para plantear al problema de Dios desde dentro del hombre, pero nunca asegura una respuesta, pues la realidad no puede ser probada por el deseo (J. A. Sayés, Principios filosóficos… 60-61; 95,99,101; 150-156).

“Se ha preferido así en el Catecismo dar una base ontológica a la llamada prueba del hombre: la tendencia al Bien, a la Verdad y al Infinito, la libertad misma del hombre y su conciencia son signos de un alma espiritual, la cual, siendo irreductible a la materia, sólo en Dios puede tener su origen. De este modo, del postulado se ha pasado a una prueba de verdadero alcance ontológico: sencillamente, hay en el hombre un alma espiritual que no puede provenir de la materia y que, por tanto, sólo en Dios puede tener su origen inmediato. De la irreductibilidad del alma a la materia, deduce el Catecismo que su origen inmediato es Dios. Yo diría incluso que, con este procedimiento, se ha recuperado lo bueno de la Tradición agustiniana, apuntalándolo con una buena ontología del alma. Se da en este párrafo una constatación de la existencia del alma a partir de sus manifestaciones espirituales, y una prueba de la existencia de Dios en cuanto que el alma es irreductible a la materia y sólo puede provenir de Él.”Leer más... »

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – El misterio es lo que importa

seg, 2022-04-25 03:02

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

El misterio es lo que importa

 

“Pero no me contestes. Nuestra fe tiene una exigencia de silencio tuyo. El misterio es así y debe bastarnos.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 47)

  

Poco antes de estas palabras, Manuel Lozano Garrido le pregunta a Dios acerca de su luz, de cómo es posible que tenga que dar tanta siendo él, como así lo considera, tan poca cosa… 

Sin embargo, no se cree nada importante nuestro amigo y, acto seguido, comienza lo siguiente diciendo que no, que no hace falta que le conteste su Creador a la pregunta que antes le ha hecho. 

Lo que viene luego tiene que todo que ver con la fe y, así, con la confianza que el creyente, quien de verdad lo es, tiene en Quien lo ha creado y mantiene en el mundo. Y es que muy fácil, siempre lo es, dirigirse a Dios en modo exigencia y esperar, del Todopoderoso, la correspondiente respuesta manifestando de tal manera que se tiene muy justa la confianza en El Señor. Es decir, muchas veces no tenemos demasiada fe y se nos olvida que, precisamente, la fe supone, como decimos arriba, confianza y eso, se diga lo que se diga, es puro misterio. 

¿Misterio? Una palabra así nos lanza a lo desconocido pues, para eso lo es el misterio: algo que no comprendemos, algo que, en fin, no acabamos de tener claro pero ante lo cual sólo se puede manifestar lo que manifiesta el Beato de Linares (Jaén, España) en estas pocas pero enjundiosas palabras. 

Sabemos que tener fe, se lo dijo Cristo a Mateo cuando el mismo manifestó su duda ante Su Resurrección, es “creer sin ver” y eso tiene que ver más que mucho con la confianza. Y eso es, simplemente, el misterio. 

Que sea, eso, misterio, supone, para empezar, que no lo vamos a conocer así como así. Es más, que no lo vamos a conocer y ya está. Y entonces nos debe bastar con el silencio que Dios pueda tener al respecto de la fe que tenemos porque el Creador no se nos manifiesta así, de palabra y en acto como si se tratase de una persona más que tenemos delante o, como mucho, al otro lado de cualquiera de los muchos medios de comunicación que hay hoy en día. No. Dios espera de su descendencia que tenga la suficiente confianza en Él como para aceptar Su Voluntad sin ser tiquismiquis al respecto de que no lo vemos o no lo escuchamos con los ojos u oídos físicos… Ahí, pues, está el misterio y al mismo lo debemos aceptar porque es una manifestación evidente de Dios mismo. 

“Debe bastarnos”. ¿Verdad que en demasiadas ocasiones a nosotros no nos basta con saber que se trata del “misterio”? Sin embargo, a Lolo le basta porque sabe que más allá de lo que pueda ser su voluntad, sí, de poder escuchar o ver a Quien todo lo hace está lo que quiere Quien todo lo hace: que sus creaturas tengan tal confianza en Su Creador que les baste con saber que, en efecto, los escucha y los ama. Y eso, para Lolo, era más que suficiente.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

La Palabra para el Domingo - 24 de abril de 2022

sab, 2022-04-23 03:43

Como es obvio, hoy no es domingo 24 sino sábado 23 de abril de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

 

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

Jn 20, 19-31
 
“19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21      Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23  A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ 25  Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ 27 Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ 28 Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ 29 Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. 30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.
 

COMENTARIO


Todo se confirmó


Para que  todo lo que hizo tuviera sentido tuvo que aparecerse, Jesús, a sus discípulos que, con miedo, estaban escondidos.
Miedo que era, no podemos negarlo, plenamente justificado conociendo, como conocían, el pensar de sus hermanos en la fe judía. Sólo así comprendieron todos los, para ellos, extraños mensajes  que habían recibido de Él y que, en su tiempo, no entendieron. 

Y se presentó ante ellos con la paz por delante,
como deseándoles lo mejor, la tranquilidad del alma, la mejor forma de manifestarse, la expresión pura y simple de su ser. 

Para que acabaran de creer, les enseñó las marcas de su Pasión. Así, todo se cumplía, la comprensión de sus seguidores fue total. 

Pero no bastó con esto.
Era fundamental que, sobre ellos, exhalara el Espíritu Santo; que, como prometió, fuera conveniente, para ellos que Él se fuera, se marchara al Padre, porque enviaría otro paráclito, otro defensor, ese Espíritu que les iba a guiar, dirigir, marcar el camino hacia Dios. 

Y también llevó a cabo el primer envío después de darles a aquel. Una misión: predicar el Evangelio, esa buena noticia que debían de llevar a todos
,  con el poder de perdonar pecados, y de retener los que creyeran que debían ser retenidos. Todo un poder legítimo, significativo, creador de un nuevo mundo basado en su ejemplo, en su amor, en la Verdad que Él trajo, otros brazos para Dios. 

Y como era esencial llevar a cabo una definición,
el establecimiento de un concepto claro y diáfano de Fe, lo hace en cuanto Tomás, llamémosle el incrédulo, duda de su presencia ocho días antes, ante sus apóstoles, allí, entre ellos, ante sus hermanos de fe. 

Y como este Apóstol debía tocar para creer, ver para creer, mirar para creer, le conmina a lo que todos sabemos: trae tus dedos, mira mis manos, etc., ante lo cual no pudo salir otra cosa de su boca que la tan conocida expresión de Señor mío y Dios mío pues comprendió, en aquel justo momento, que el Maestro era no sólo Maestro sino Señor y Dios. 

Ante esta expresión de sumisión a Cristo, éste, define, de una manera radical (de raíz), básica, imperecedera, lo que es la Fe:
creer sin haber visto; sin haber visto, dijo. Ahí reside el elemento fundamental de nuestra expresión como cristianos y como hijos de Dios: asentimos ante unos hechos, unas realidades que no somos capaces de comprender. Sin embargo, creemos, tenemos Fe. Y otra cosa que no sea eso, el cuestionar estos hechos y estas realidades con el pretexto de no ser demostrables es, ciertamente, la mejor manera de permanecer alejados del Mesías y, por tanto, de Dios, al que no vemos, pero oramos, seguros, como estamos, de que nos escucha pues, para esto resucitó Cristo.

PRECES

Por todos aquellos que no confían en Dios y en su poder.

Roguemos al Señor.
 
Por todos aquellos que no tienen esperanza en Cristo.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener siempre en nuestro corazón  la salvación que nos has procurado.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.


El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La fe y tenerla es una gracia de Dios.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

Prime Video, de Amazon, se caga en Dios (con perdón)

qua, 2022-04-20 10:37

Realmente, y en honor a la verdad, no me extraña nada de nada esto que me ha pasado. Y es que según están las cosas en este mundo sin Dios tampoco es cosa ilógica que pase esto. Sin embargo, es seguro que no conviene callarse porque, de otra forma, podrían hablar las piedras.

Resulta que tengo por costumbre, porque me gusta más que mucho el cine, ver todas las noches una película de las muchas que están a mi alcance en las diversas plataformas que, a tal efecto, el mercado pone en la mano de cualquiera.

Pues bien, como llevaba varios días viendo una serie (de título Mr. Robot) dedicada al mundo de esos individuos que se dedican a ir por la parte más negra de la web para cumplir algún tipo de misión o para hacer daño, me pareció adecuado ver una película referida a tal tema.

Bien. El caso es que acudí a Prime Video, de Amazon, para ver una de  título “Dark Web” cuyo contenido ya podemos imaginar. Y, sin embargo, no sin sorpresa vi u oí (o al revés) lo que sigue.

En un momento determinado (entre los segundos del minuto 8 que van desde el 28 al 31) escuché esto que sigue.

Digamos que la escena es la siguiente: al protagonista le dicen en una pantalla algo así como que no puede seguir con esto que estaba haciendo porque no es lo “suficientemente inteligente”. Y, claro, dadas las circunstancias y la soberbia que acompaña al caso, el tal individuo coge un cabreo del 10 y tira todo al suelo con tan mala pata que un líquido que tenía sobre la mesa cae sobre un aparato y el mismo empieza a arder.

Entonces trata de apagar el fuego pero, al parecer, no le bastaba con eso, con intentar apagarlo y evitar el desastre informático que se le venía encima sino que acompaña a la cosa con estas palabras que también salen en los subtítulos:

“Mierda, me cago en Dios”

Así quedó la cosa. Es decir, el individuo decía que se cagaba en Dios como si el Creador tuviera culpa de su soberbia y de su ira…

Como puede imaginar cualquiera que lea esto lo primero que hice fue salirme de la película y quitarla de mi perfil para no verla más.

Sin embargo, al día siguiente se me ocurrió algo que, al final, es lo que ha sido. Resulta que pensé que decir eso, por ejemplo, en Estados Unidos y, a lo mejor, en algunos lugares piadosos donde no se pueden decir según qué cosas en una película o en el teatro no podía ser posible sin ser, inmediatamente, zaheridos cuando no denunciados por eso. Y, con toda seguridad el resultado para quien eso diga no sería nada bueno…

Y, claro, dada la técnica actual, se me ocurrió que como la cosa, en el original, no podía ser así, debía escuchar la versión, valga la redundancia, original. Y allí que fui.

El mismo minuto, el 8, y los mismos segundos, desde el 28 al 31. Es decir, se trataba del mismo instante en el que el individuo dijo, en castellano y escrito en los subtítulos (porque también quería ver si ponían lo mismo en ellos pues no siempre eso pasa en su totalidad exacta…) Entonces, pude comprobar que decía, exactamente, esto:

“God… dammit”.

Eso quería decir: “Dios… maldita sea” pues yo, que tengo un conocimiento muy limitado de tal lengua, entendí muy bien tales palabras…

Si haber escuchado eso, así dicho en castellano, me produjo no poco enfado, escuchar la versión original y ver que no decía eso de “Me cago en Dios” sino que se hacía todo lo contrario: primero, referirse a Dios, digamos, como a Alguien a quien se acude en una mala situación y, luego, maldecir tal situación pero nada de nada lo que se había escuchado y leído en la traducción de tan pocas palabras.

Como he dicho arriba que a mí me extrañaba que eso se pudiera decir en una película de América del Norte, he acudido a una página que trata estos temas del cine (en concreto https://www.filmaffinity.com/) y he comprobado que, en efecto, era de tal nación por la bandera que acompaña a la misma, que tal película es del año pasado, el 2021 y alguna que otra crítica que la ponen más o menos bien. De lo que, claro, no he encontrado referencia alguna es de que en la misma un actor se cagara en Dios ante una mala situación por la que pasaba.

Entonces, podemos decir que hay quien ha autorizado que en el doblaje un actor, en vez de decir “Dios… maldita sea” dijera eso de “Me cago en Dios” consiguiendo: primero, tergiversar la intención de lo que dice en origen y, luego, incurriendo en una ofensa a las creencias religiosas de órdago y más que gorda.

Alguien, a lo mejor, dice que eso no es cosa de importancia. Sin embargo, a mí me parece grave de toda gravedad que se pueda proceder de una tal manera tan desvergonzada y escasa de un mínimo sentido moral y ético.

Es verdad que estoy seguro de que nadie más va a protestar por esto o ha protestado. Pero no puedo negar que a mí me ha parecido un acto vil y, además, necio pues nadie puede hacer lo que dice tal frase malsonante y que dicho en una nación musulmana acarrearía, de inmediato, el linchamiento público o unos buenos años de cárcel. Sin embargo, eso dicho así en España jamás va a tener algún tipo de sanción porque los tribunales se amparan en la “libertad de expresión” para tapar tales palabras obscenas. Y eso es así pues ya, en una ocasión, fue denunciada una obra de teatro de título, precisamente, “Me cago en Dios” y que era vomitada en un teatro de Madrid con la anuencia del entonces Alcalde, Ruíz Gallardón que es otra persona a la que habría que darle de comer aparte por eso y otras cosas a las que ahora no vamos a referir y que, por cierto, son causa de la situación política que ahora pervive en España por haber dejado que los zarrapastrosos del 11M se quedaran en la Puerta del Sol de Madrid, al menos, 6 meses dando lugar a que un basuriento partido político como Podemos saliera, o algo así, de aquel lodazal intelectual y aquella pocilga pública.

Pero eso, como diría aquel, es harina de otro costal…

En fin… con esto queremos decir que Prime Video, de Amazon, ha permitido y permite que en una película el doblaje, por arte de birlibirloque, diga “Me cago en Dios” en vez de “Dios… maldita sea”. Y es que lo hace, por eso, por saber de antemano, que nada va a pasar. Y es que aquí no ha habido autocensura sino autoánimo, por decirlo así.

Por cierto, antes de escribir esto tenía intención de ponerme en contacto con Amazon para hacerles saber este sin Dios. Pero luego pensé que, a lo mejor, “subsanaban” la cosa como si eso no hubiera pasado. Y pensé, de inmediato, de que de eso nada y que, al menos, algunas personas se iban a enterar de esto.

Y sobre esto último, tengo que decir que este artículo lo escribí el pasado 4 de febrero. Sin embargo, después de esperar casi tres meses y haber comprobado que la citada expresión sigue estando en el mismo lugar, he decidido publicar este artículo. Y hoy mismo, 20 de abril y antes de publicar esto lo he vuelto a comprobar por si lo habían cambiado…

Y, otro por cierto, por si acaso se pretende decir que eso nunca ha pasado, digo que tengo grabaciones en vídeo de la escena en inglés y castellano.

Amos ya…

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

A veces es una pena que todo pueda salir gratis. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

Burri King y la falta de vergüenza, el desahogo, la mala sombra y la cobardía

dom, 2022-04-17 17:18

Estamos seguros de que el Beato Manuel Lozano Garrido, conocido por Lolo (de Linares, Jaén, España) se enfadará lo justo porque le haya quitado el día en el que, habitualmente, escribimos sobre sus escritos, para tocar un tema que es, como poco, sangrante.

Decimos eso de que se “enfadará lo justo” porque estamos, también, más que seguros de que él, este tema, lo habría encarado con mucho amor y mucha comprensión. Sin embargo, nosotros no vamos a hacer eso mal que nos pese (porque sabemos que es lo que debe hacer un discípulo de Cristo pero…)

Bueno, vayamos con la cosa.

El caso es que hay una empresa dedicada al mundo de la hamburguesa que es más que conocida por todos. Y vamos a decir su nombre para que se sepa a quién nos referimos: Burger King.

No. No hemos equivocado el titular del artículo-varapalo de hoy lunes. Y es que creemos, de verdad, que aquellas personas que se han encargado de esto lo han hecho (con perdón para tan abnegadas bestias) como verdaderos burros, zopencos, asnos, etc. Por eso lo de “Burri” y sentimos, la verdad que lo sentimos, que parezca un diminutivo algo así como cariñoso porque es todo lo contrario.

Esto está hecho, verdaderamente, con mala idea. Es decir, se trata de una campaña que, a lo mejor y dada su praxis burra y zopenca, la podían haber hecho en cualquier momento del año. Sin embargo, a alguna lumbrera que buscaba notoriedad (negra la misma) y oportunismo, ha tenido la (mala)idea de prepararla para Semana Santa pues la cosa trata de eso: de inmiscuirse en la fe de millones de españoles para hacer mofa de determinada verdad de nuestra fe católica.

La imagen que ensucia este artículo la vio el que esto escribe en alguna red social de las que tanto abundan ahora. Y es seguro que debió correr como la pólvora pues las cosas, hoy día, son así.

(Esperen un momento que la voy a poner en el móvil para que el texto sea el apropiado)

Pues bien. Aunque estamos seguros de que, a la altura en la que estamos de día y de hora todo el mundo sabe de qué hablamos, ponemos aquí el texto del anuncio que, al parecer, ha sido puesto en una marquesina de esas que hay en las paradas de autobús. Dice lo que dice:

“Tomad y comed todos de él. Que no lleva carne.”

Y estas letras tan mal puestas así, de tal forma y en tal contexto, vienen acompañadas con una hamburguesa que, al parecer, es 100% vegetariana que es, como sabemos, la antítesis de la verdadera hamburguesa aunque esto se lo podemos achacar a la modernidad de la cosa, a la voluntad de ser un borrego más en la masa de borregos adocenados y adoctrinados por el Nuevo Orden Mundial y sus simplezas e idioteces particulares. Y en eso no podemos hincar mucho el diente porque son lo que son y no les conviene, para nada, salirse del redil en el que pastan o, mejor, en la cochinera donde se refocilan en su basura.

¿Qué decir ante esto?

Hay quien sostiene, en redes sociales, que son muy “listos” porque no han utilizado palabras como “Cristo”, “Eucaristía”, etc. que, a lo mejor, los podría haber llevado ante los tribunales por hacer uso tan blasfemo de una frase dicha así y en su tiempo cuando fue dicha. Pero nosotros pensamos que es, justamente, lo contrario: ha habido una maquinación tal como para no hacer uso de tales palabras por si acaso…

A nosotros nos parece muy mal que se haga uso de una expresión así (“Tomad y comed todos de él”) en una situación que tan lejos está, precisamente, de lo que la misma significa. En realidad, no se trata más que de una ocasión más (más, más y más) en las que se ha preferido mofarse de una verdad grande como las palabras dichas así y en tal momento dichas y no usar el caletre y exprimirse las neuronas para hacer algo mejor y, además, en Semana Santa. Y, aunque, seguramente, es que no dan para más… en fin, como que a uno le molesta que se haga eso.

La verdad… al que esto escribe le importa un rábano que a la hora de publicar esto se haya quitado tal anuncio o que, debido a presiones del gentío se quite pronto de donde está puesto porque, además, la campaña debía estar pensada a tan corto plazo (la Semana Santa y ya está pues después deja de tener sentido la misma en su verdadera intención) como corto es el cerebro que la ha planteado.

Esto de arriba lo decimos porque hubo un personaje que dicho esto cuando le dijeron que hiciera el favor de quitar determinado cartel puesto en determinada Cruz en la que colgó quien dijo la frase que han utilizado aquí para zaherir y malmeter: Pilato. Sí, aquel que dijo, sobre el cartel puesto sobre la Cruz en la que murió Cristo, que “lo que está escrito, escrito está”. Y es que ¿saben ustedes que cuando se mancha algo con aceite resulta muy difícil hacer como si nada hubiera pasado?

Por cierto, en redes sociales siempre sale, ahora también, que eso no se atreverían a hacerlo con las personas de fe musulmana o con alguna de sus verdades y que por eso podríamos decir que son cobardes. Y al que esto escribe eso le parecería tan mal como esto que ahora denunciamos pues sería lo mismo pero con otra fe en Dios y eso, se diga lo que se diga, sería igual de impresentable, ruin, asqueroso e indecoroso…

Quede, pues, para manifestación de hasta dónde se puede llegar siendo necio y mala persona, lo que aquí ha pasado y para que nadie olvide en manos de quien ponen el estómago de sus hijos…

“Tomad y comed todos de él” lo dijo Aquel que había venido al mundo a entregar su cuerpo para la salvación del mundo y, como sabemos, para la que es de “muchos” pero no de “todos” pues eso hay que ganárselo y algunos, como es fácil ver por este ejemplo, tienen bastante ganada la fosa de la que tanto habla el salmista porque Dios tiene una memoria más que grande y por eso, esto, en verdad, lo dejamos en sus sabias y justas manos.

De todas formas, tampoco se preocupen mucho los que han pergeñado esta campaña porque eso, en España, sale casi siempre o siempre gratis. Ya pueden ir pensando en la otra porque seguro que han tenido la atención que han querido buscar con esta de la que pronto se dejará hablar. De todas formas, como decimos arriba, a nosotros nos basta con la justicia de Dios. A ustedes, a lo que se ve, no. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay cabezas que, en fin, lo justo para peinarse les de la cosa.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

La Palabra para el Domingo - 17 de abril de 2022

dom, 2022-04-17 02:40

Jn 20, 1-9


“El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

 

COMENTARIO

¡Resucitó!

No resulta demasiado difícil imaginar la situación en la que, en aquel primer domingo después de la muerte de Jesús, se encontraban sus discípulos más allegados e, incluso, su Madre María aunque la Virgen, en su corazón, siempre guardaba la esperanza…

Lo que había sucedido apenas unos días antes debía ser insoportable para ellos: habían visto entrar en gloria al Maestro en Jerusalén y apenas unos días después lo vieron maltrecho, colgado en una cruz como si se tratase de un malhechor y, para acabarlo de arreglar, muerto sin solución posible…

Eso era lo que pensarían muchos de ellos. Sin embargo, también podemos imaginar que otros creían en lo que les había dicho. Y lo creían porque se había cumplido todo lo que les dijo: lo apresarían y lo condenarían a muerte. ¿Había, pues, alguna razón para que, como les había dicho, no regresara del mundo de los muertos a los tres días?

Y así estarían con su congoja: unos pensando que todo estaba perdido; otros esperanzados.

Pero María de Magdala acudió al sepulcro para ver, quizá, al Maestro o, también, para acabar de arreglar su cuerpo porque es posible que pensara que, con las prisas del viernes, no había sido bien preparado. El caso es que aquella mujer, que tanto amaba al Maestro por lo que había hecho por ella, acude al sepulcro.

Si es fácil imaginar la situación por la que pasaban los discípulos en aquellos días, aun es más fácil el terror que debió sufrir María Magdalena cuando, primero, ve que la piedra estaba quitada y que la tumba estaba al descubierto; luego, al mirar dentro del sepulcro vio ¡qué allí no estaba Jesús! 

Casi la podemos ver corriendo rauda para avisar a sus amigos. Deben saber que el cuerpo de Jesús no está donde debía estar.

En este texto del evangelio de san Juan no se nos dice pero sabemos que, en un principio, no creyeron lo que decía. En realidad, debían pensar que esta, ella, muy afectada por todo lo que había pasado. Pero ¿y si sí? 

Por si aquello era cierto los dos discípulos más significativos de entre los que lo eran salen corriendo. Pedro y Juan corren pero, como es de imaginar el más joven de ellos, Juan, llega el primero.

De todas formas, Juan no iba a entrar primero. Y no lo iba a hacer porque no podía hacer eso ante quien debía respeto. Por eso cuando llega Pedro entra el primero. 

Pedro no duda lo más mínimo en entrar. Ya lo había pasado bastante mal negando al Maestro tres veces habiéndole dicho el mismo que, en efecto, eso iba a pasar, y ahora no se iba a quedar en la puerta. Y lo ve todo allí… dejado como bien puesto. No parecía que se hubieran llevado el cuerpo del Maestro, que lo hubieran robado. Y no lo parecía porque estaba todo demasiado ordenado.

Y entonces aquel discípulo, él mismo se llama el amado en este su evangelio, entra y lo ve todo. Y, como si se le hubiesen abierto los ojos, no sólo ve aquello sino que, entonces, cree.

Podemos suponer que a Pedro le pasó algo parecido porque el texto, quizá con mucha bondad por parte de su autor, atribuye a todos la creencia a partir de tal momento. Luego se podría ver que aún no lo tenían todo tan claro como ahora parecía. Por eso nos dice san Juan que “según la Escritura” Jesús debía resucitar al tercer día.

Y es que, en definitiva, todo estaba escrito y bien escrito. Sólo hacía falta saber leerlo y entenderlo y ellos, la gran mayoría, eran algo cortos de entenderás, tardos en comprender y, en fin, alejados muchas veces de las palabras del Maestro.


Pero ahora, justamente ahora, se colocaron bien todas las piezas del puzle espiritual de aquellos discípulos que escogió Cristo y que tanto enseñó y amó. Todo, pues, estaba claro. Bueno, al menos en principio porque ya sabemos qué pasará cuando se aparezca por primera vez a los que, por miedo a los judíos, se habían escondido… 

Muerte… ¿Dónde está tu victoria?

PRECES

Por todos aquellos que no creen en la Resurrección de Cristo.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que sólo creen cuando ven.

Roguemos al Señor.


ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a creer sin ver, a saber con total certeza que eres el Mesías resucitado.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.


El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

Para leer Fe y Obras. 

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Triduo Pascual: Sábado Santo

sab, 2022-04-16 03:19

El tercer paso que damos nos acerca mucho, ya, al domingo en el que se demuestra que Cristo venció a la muerte. En este sábado, Santo a más señas, parece como si reinase el silencio: han quedado lejos los ecos de las palabras de Cristo en la Última Cena, también apartados de nuestro corazón, los sufrimientos del Maestro en su Santa Pasión y, sobre todo, como olvidada aquella muerte en la cruz, su Cruz.

Pero las cosas no son tan fáciles como podemos imaginar. Y es que hoy tampoco podemos dejar de aprender lo que vale la pena de este día, en apariencia, tan neutro por ser de espera. Nosotros, como la Madre y los discípulos que estaban escondidos por miedo a los judíos, debieron orar mucho aquel día, especialmente aquel día en el que todo parecía quedar muy lejos.

Debemos, pues, orar. Y debemos hacerlo con perseverancia porque Dios espera de sus hijos que le pidan lo que necesitan y lo hagan así, insistiendo y siendo, así, “cabezones” espirituales. Y es que la blandenguería de nada nos sirve de cara al Todopoderoso. Vale, pues, la santa cabezonería como entendió, por ejemplo, San Josemaría a la que bien puede ser tenida por virtud.

Esperaban, pues, todos. Seguramente con más miedo que vergüenza la gran mayoría de ellos por la actitud espiritual que habían mostrado en los momentos más difíciles de la Pasión de su/nuestro Señor Jesucristo. Y, aunque el miedo es muy libre y humano, no podemos negar que aquellos hombres (también habría mujeres, suponemos, además de la Santísima Virgen María) no podían creer lo que había pasado. ¡Aun no podían creerlo después de las veces que el Maestro les había dicho que iba a pasar!

Pero también llorarían. Aquellos que estaban escondidos debieron llorar mucho por la muerte de Jesús. Lo harían por la propia persona del Maestro pero también, seguramente, como decimos, por la forma particular de proceder de cada uno de ellos. Es más, uno en especial, Pedro, lloraría más que el resto porque se había cumplido lo dicho por Cristo mientras cenaban: lo iba a negar tres veces, ¡tres! Y fue lo que pasó. Tan sólo luego sería capaz de limpiar aquella terrible mancha manifestando al mismo Cristo, tras su resurrección, que bien sabía que lo amaba y decírselo tres veces, las mismas que lo había negado.

Debemos, pues, nosotros, hacer lo mismo: llorar. Y hacerlo por nuestros pecados, por las veces que colaboramos en que  a Jesús lo vuelvan a crucificar y vuelva a ser sábado santo en nuestras vidas. Y es que con cada pecado volvemos a cargar el corazón del Hijo de Dios con un peso que no merece. Por eso debemos llorar, tan amargamente como graves sean nuestros pecados.

Por otra parte, por nuestra fe y su símbolo, el Credo, sabemos que Cristo ha bajado a los infiernos a liberar a las almas que en el libro de Abrahám se encontraban. Y que entonces, en aquella primera Semana Santa de la historia, muchas iban a subir al Cielo que había sido abierto con la muerte del Hijo y la benevolencia y misericordia del Padre.

Este, por tanto, es un tiempo de vigilia. Por eso la Vigilia Pascual abunda en lo que supone tener esperanza, en que nunca la pierda quien se considera hermano de Cristo e hijo de Dios. Y se fomenta una virtud teologal que es la que permite que nuestro corazón no se arrugue ante lo que nos acaece, que no nos vengamos abajo del todo cuando nos trastabillamos al caminar y nos salimos del camino que lleva al definitivo Reino de Dios. Entonces, la esperanza nos sirve y más que bien.

Ellos esperaban. Seguramente muy pocos de los que estaban escondidos creían que Cristo volvería a la vida a hablar con ellos. María, su Madre, que había guardado todo en su corazón, tenía la esperanza intacta; a lo mejor Juan, el llamado discípulo amado, también la tenía. Pero el resto… el resto no había caído en la cuenta de que todo se estaba cumpliendo, exactamente, como lo había dicho Jesús en más de una ocasión. ¡Es que, además, lo había dicho muchas veces!

Este sábado, también, bien puede ser tenido por uno que lo es de meditación y silencio: lo primero porque debemos tener muy en cuenta todo lo que ha pasado en estos últimos días; lo segundo por evitar el descrédito excesivo de nuestras malas acciones, para que no hablen mal de unos discípulos de Cristo que, año tras año, recuerdan esto mismo ¡porque no han sido capaces de comprenderla verdad del amor de Cristo por ellos! Y se hace necesario tal recuerdo.

Esperamos, pues, una victoria, la victoria Pascual que nos salve para siempre. Y mientras, en este tiempo de espera, podemos pedir a Dios para que su Hijo vuelva de su descenso a los infiernos. Es cierto, claro, que volvió porque es lo que pasó pero no es menos cierto que pedir eso a Dios es seguir teniendo confianza en su Amor y en su Misericordia. Entonces, ahora y ya para siempre, siempre, siempre. 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

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Triduo Pascual: Viernes Santo

sex, 2022-04-15 01:18

El siguiente paso que damos lo damos con Cristo que, como culminación a la misión para la que había sido enviado al mundo por Dios, muere por cada uno de aquellos que lo confiesen hijo del Todopoderoso.

Nosotros, por el mismo, que en este segundo paso quedamos mirando hacia el domingo de Resurrección, debemos tener en cuenta algunas cosas y aprender otras o, mejor, recordarlas todas y no dejarlas escondidas debajo de cualquier celemín.

Cristo se entrega por sus amigos.

Cristo perdona a sus enemigos.

Cristo muere para que nos salvemos.

Cristo muere porque cumple con la misión que tenía encomendada.

Cristo muere porque era fiel a Dios.

Cristo muerte porque sabía lo que le iba a pasar.

Cristo muere…

Cristo, en efecto, tras una horrible Pasión que hemos tenido tiempo más que suficiente como para asimilar cómo fue, muere en la cruz. Tal fue su Cruz, aquella que llevó cargando no sólo con la madera que la formaba sino con los pecados de la humanidad toda y entera. Por eso le pesaba tanto y por eso la santificó, limpiando los pecados que cargaba con las gotas de su divina y santa sangre.

Lo que aquí debemos tener muy en cuenta es que Cristo muere por nosotros. ¡Sí!, por cada uno de sus hermanos da su sangre porque somos sus amigos y no hay, como dijo Él, nada mejor que dar su vida por ellos.

Aquella Vía de la Cruz que se recuerda hoy mismo tuvo mucho de lo que deberíamos aprender. Así, por ejemplo, hubo muchos que se burlaron del Maestro, que hicieron mofa y escarnio de una su persona a la que tanto daño se le había inferido. Otros, sin embargo, lloraron. Y lloraron porque conocían a Quien llevaban atado como un animal y del cual tiraban como si lo fuera. Y, seguramente, pidieron a Dios que abreviara aquel camino de sangre y de luz.

Y  es que es cierto que entre la sede del Procurador y el monte de la Calavera apenas había un kilómetro de separación. Es decir, humanamente hablando apenas unos diez minutos podría haber invertido cualquier ser humano en llegar de un lado a otro. Sin embargo, para quien tanto había sido maltratado (ya se había producido la flagelación y la colocación de la corona de espinas) aquellos escasos mil metros supondrían, valga la expresión, un Calvario anticipado.

En efecto, entre Jerusalén y el Gólgota (aquel lugar de la Calavera donde crucificaron a Jesús junto a Dimas y Gestas) pasó mucho que muestra hasta dónde el ser humano puede ser cruel y hasta dónde puede ser misericordioso y dirigirse al Padre en busca de consuelo.

Y, al final de aquel camino, Jesús muere. Eso es lo que recordamos cada Viernes Santo que es aquel día en el que se recoge que el Hijo de Dios dio su vida en cumplimiento de su misión y que, por eso mismo, santificó a Dios y se santificó a sí mismo.

Por lo apenas aquí dicho pero por la importancia sublime que tiene la Cruz para los discípulos de Cristo, desde entonces la misma es símbolo de mucho. Es cierto que hay quien tiene por necedad o por locura una muerte así pero para aquellos que hemos asumido que es la manifestación suprema del amor (¡Y es Amor de Dios!) nada mejor que tener a la Cruz como instrumento espiritual para nuestra salvación, roca firme sobre la que construir una existencia bien humana y bien divina y, sobre todo, la mejor forma de mostrar y demostrar a Dios que, cargando cada uno la nuestra, vamos en pos de Cristo con intención de completar en nuestra carne lo que falta a las tribulaciones del Mesías (cf. Col 1, 24).

Su Cruz, por tanto, es nuestra Cruz y su sufrimiento es el nuestro. Por eso no podemos, sino, agradecer a Dios que permitiese aquella santa inmolación y que la sangre del Cordero sirviese para lavar nuestras culpas y pecados. 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

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Triduo Pascual: Jueves Santo

qua, 2022-04-13 17:02

Durante este mismo jueves, mañana viernes y el próximo sábado vamos a procurar vivir el Triduo Pascual como lo que es: una unidad. Es decir, no hablamos de Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo sino de Jueves Santo-Viernes Santo-Sábado Santo porque uno es el camino que lleva a Cristo a morir y a resucitar y uno ha de ser el camino que nosotros sigamos para lo mismo y por lo mismo.

Para eso, vamos a tomar el mismo como un camino en el que damos pasos, tres en concreto: el primero lo daremos hoy jueves, Santo a más señas; el segundo, mañana viernes, Santo día en el que Jesús entrega su vida; por fin, el tercero, lo daremos el sábado, Santo día de espera de la Iglesia de Cristo.

En realidad, lo que hacemos en el Triduo Pascual es dejar que el Creador pase por nuestra vida lo mismo que pasó por la vida del pueblo elegido (Ex 12,1-8.11-14) para poder ser salvados, para ser liberados de la esclavitud del mundo, del demonio y de la carne. Es decir, lo que hacemos es algo así como manifestar a Dios que queremos que pase por nuestra vida porque queremos que cambie, que nos ayude a cambiar, lo malo que hay en nosotros, la tendencia al pecado de la que parece no podemos librarnos.

El primero de estos días es hoy mismo, Jueves Santo, primer paso de este nuestro camino.

¿Qué debemos tener en cuenta de este día?

Las Sagradas Escrituras nos hablan de lo mucho que pasó en la Última Cena. De todas formas, algo nos queda meridianamente claro: Jesús se puso a lavar los pies a sus discípulos porque quería servirles. Era, además, un ejemplo de cómo ellos debían actuar. Así lo dice en un momento determinado después de haberles lavado los pies y decir, casi sin palabras, lo que era más importante: entregarse por el prójimo, echar una mano al prójimo, ser hermano del prójimo. Por eso a este jueves, Santo, se le llama del “amor fraterno” porque nada hay de más amoroso que dar la vida por amigos y aquella Cena, la Última era el principio de la entrega máxima, extrema, de parte del Hijo de  Dios.

Pero otras cosas debemos tener en cuenta en este primer paso. Y es que Cristo constituye sacerdotes a los apóstoles que cenaban con Él. Luego, como sabemos, el sacerdocio ha ido aumentando según las necesidades de la Esposa de Cristo. Por eso debemos tener a los que deciden entregarse  a Dios y a los hombres de una manera tan sagrada y especial como hermanos nuestros que nos hacen múltiples favores espirituales (nos llevan por el camino, nos perdonan los pecados en nombre de Jesucristo, nos administran los Sacramentos, etc.)

De todas formas, aquel jueves, Santo, Cristo perpetuó su memoria para siempre, siempre, siempre. Y es que constituyó la forma de recordarlo y que tal forma pasara de generación en generación. Constituyó, así, la Santa Misa, aquella Acción de Gracias con la cual Él mismo nos entregaba su Cuerpo y su Sangre para que lo trajéramos a la memoria, para que hiciéramos memoria suya. Y es que, eran, en verdad, su Cuerpo y su Sangre cuando bendijo aquellas especies de pan y de vino y las transformó, ya para toda la eternidad, en instrumento espiritual de salvación y de vida eterna. Y lo hizo porque quiso y porque podía hacerlo, con el poder de Dios, Él mismo hecho hombre pero, entonces, en cuerpo de ser humano mortal, se entregó en aquella misa a modo de altar sagrado donde se iba a inmolar el Cordero de Dios. Y se inmolaría, y moriría y nos salvaría.

 

Servicio, pues; sacerdocio, pues y, por fin, Santa Misa. Estas tres formas de manifestar la gloria de Dios en el Amor del Padre, son las que Jesucristo proclamó en aquella Última Cena.

Y nosotros, que tantos siglos después recordamos aquello en un momento en el que el mundo quiere olvidarse de Dios, no podemos, ¡qué menos!, que agradecer a Dios por haber hecho, con su descendencia, una merced tan grande como aquella. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

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De Ramos a Resurrección

dom, 2022-04-10 18:41

En el Plan de Dios existía un tiempo en el que su más perfecta creación iba a pasar por un mal momento. Y no es que el creador dispusiera que así sucediera sino que el don de la libertad podría conllevar la toma de decisiones en un sentido equivocado. Y, ciertamente, así aconteció. La buena voluntad de Dios se había manifestado con un hombre como abrám. Entre ídolos paganos vivía aquel que iba a ser amigo del creador. Y no vivió en malas condiciones: ni era pobre ni estaba en vías de serlo. Al contrario: disponía de muchos bienes y bien podemos decir que era un hombre de ciertos poderes económicos.

Decimos que era buena la voluntad de Dios porque cuando le propuso a abrám que lo dejase todo (incluso su propio nombre) y fuese allí donde le dijera, quería que el ser humano (con aquel pequeño grupo) iniciase el camino de salvación. Es fácil imaginar que muchos de los que vivían con abrahám (ya abrahám) no estaban de acuerdo con aquello de seguir lo dicho por un Dios al que no conocían, del que no tenían noticia y, por último, del que no sabían siquiera el nombre. Por eso algunos de ellos prefirieron seguir en aquel mundo de seguridad personal (con sus bienes a buen recaudo) y no andar por el desierto hacia no sabían dónde. Tal hizo, en aquel momento, su hermano Nacor. Otros, sin embargo, aceptaron el reto que no era otro que iniciar una existencia tan nueva como suponía dejarlo todo a cambio de una promesa. 

Aquellos hombres, mujeres y niños, de más o menos edad, fueron los primeros que siguieron, conscientemente, la voluntad de Dios. Quisieron hacer lo propio con abrahám, en quien confiaron para ser su pastor por aquellos lugares ciertamente inhóspitos. Y se propusieron ser fieles a la palabra de Quien, con él, había hablado como si de un amigo se tratase.

Tendrían, sin embargo, que pasar muchos siglos para que aquella historia de salvación llegara a su culminación. Y es que hubo un tiempo en el que Dios quiso enmendar los muchos errores en los que los hombres habíamos incurrido y optó por enviar a su Hijo al mundo. Y entonces, conforme estaba escrito, el cordero de Dios iba a ser llevado al matadero.

Jesús era consciente de que los últimos días de su vida, de su primera venida al mundo, no iban a ser muy agradables. Es decir, humanamente hablando lo iba a pasar muy mal: iba a ver, los demás también, cómo culminaba la persecución que había recaído sobre su persona desde que empezara a predicar tras su venida del desierto y haber vencido las tentaciones del maligno; se iba a comprobar cómo era posible torcer las cosas de tal forma que se le inculpara de lo que no tenía culpa y se le acusara, con falsedad, sobre lo que no era cierto. Muy a pesar de lo que cualquiera podría haber hecho en tales circunstancias (conocimiento de todo lo que tenía que pasar) el Hijo de Dios no se arredró ni quiso que pasara aquel cáliz que debía beber. Al contrario fue lo que hizo: entró en Jerusalén en loor de multitudes. Y aquella semana, que empezó el domingo que entrara en gloria en la ciudad santa, iba a tener un recorrido que culminaría con un humano fracaso pero con un espiritual triunfo.

De todas formas, la mayor victoria estaba aún por llegar. Vendría de su voluntad de cumplir la de Dios. Y sería como un espejo donde, en lo sucesivo, todo discípulo suyo debería mirarse para no errar en la forma de caminar hacia el definitivo Reino de Dios. El caso es que todo el recorrido espiritual que se había iniciado con su bautismo en el Jordán por parte de Juan el Bautista, debía tener un final. Los últimos tiempos, inaugurados con su nacimiento en Belén, iban a tener una rúbrica, un final, ciertamente glorioso. E iban a ser recordados como unos que lo serían de sangre y luz: de sangre por la que vertería el Hijo engendrado de Dios y con la que regaría, abundantemente, la tierra desde entonces santa; de luz porque iluminaría la vida del ser humano hasta la segunda venida de aquel que, en aquel escaso tiempo, iba a demostrar hasta dónde puede llegar alguien que ama a Dios Padre. En un modo más que cierto, si miramos con atención aquellos días nos daremos cuenta de que fueron muy pocos. En apenas una semana lo malo culminó su malicia y lo bueno, su bondad. Todo sucedió, digamos, de domingo a domingo, de Ramos a Resurrección.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

La Palabra para el Domingo – 10 de abril de 2022

sab, 2022-04-09 03:20

 

Como es obvio, hoy no es  domingo 10 sino sábado 9 de abril de 2022.  Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

 

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

  

Lc 23, 1-49

  

“Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato. Comenzaron a acusarle diciendo: ‘Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.’ Pilato le preguntó: ‘¿Eres tú el Rey de los judíos?’ El le respondió: ‘Sí, tú lo dices.’ Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: ‘Ningún delito encuentro en este hombre.’ Pero ellos insistían diciendo: ‘Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.’ Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo. Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén. Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera. Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia. Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato. Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les dijo: ‘Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le castigaré y le soltaré.’ Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: ‘¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!’ Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato. Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús, pero ellos seguían gritando: ‘¡Crucifícale, crucifícale!’ Por tercera vez les dijo: ‘Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.’ Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes. Pilato sentenció que se cumpliera su demanda. Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su voluntad. Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús. Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.

 

Jesús, volviéndose a ellas, dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?’ Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él. Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: ‘Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.’ Se repartieron sus vestidos, echando a suertes. Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: ‘A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.’ También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: ‘Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!’ Había encima de él una inscripción: ‘Este es el Rey de los judíos.’ Uno de los malhechores colgados le insultaba: ‘¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!’ Pero el otro le respondió diciendo: ‘¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.’ Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.’ Jesús le dijo: ‘Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.’ Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: ‘Padre,’ en tus manos pongo mi espíritu y, dicho esto, expiró. Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: ‘Ciertamente este hombre era justo.’ Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho. Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.”

 

 

COMENTARIO

 

Pasión de Cristo; una eterna Pasión

 

Es evidente que, aunque sea con humildad, corresponde, al que esto escribe, hacer, siquiera, mención de lo que al fin y al cabo supone esta semana que hoy, por decirlo así, comienza. La llamamos grande porque, para el cristiano, el tiempo que discurre entre la entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén, hoy mismo, hasta que fuera encausado de forma inicua, acusado, cumplida la sentencia de muerte en cruz y ocurrida su Resurrección es, en esencia, lo más importante que nos ha ocurrido como creyentes. Es más, somos creyentes al aceptar todo eso…

Es, por eso mismo, una Pasión eterna, una Eterna Pasión.

Muy a pesar de lo que pueda pensarse, Jesús no encuentra en Dios a un Padre que lo abandonaDecía el, entonces, Cardenal Joseph Ratzinger (1) que “Jesús no constata la ausencia de Dios, sino que la transforma en oración”. Y aquí radica la fuerza que podemos obtener también nosotros para cargar con nuestra cruz. Él lo hizo, el primero, con la suya.

Entonces bien podemos preguntarnos por qué hablamos de una Pasión que es eterna, la razón por la cual el camino que recorrió Jesucristo en aquellos escasos días es, exactamente, la misma senda que cada cual caminamos hasta que, en el Reino de su Padre, podamos reencontrarnos con el Amor de forma definitiva y, claro, eterna.

¿Cuántas veces no entramos triunfales por los quehaceres de nuestra vida y, a pesar de lo malo que pueda sucedernos nos sentimos algo más felices? Sin embargo, como dice S. Josemaría (2): “El cristiano no debe esperar, para iniciar o sostener esta contienda, manifestaciones exteriores o sentimientos favorables”. Por tanto, la interioridad de nuestra fe, muy a pesar del decir y entender del mundo ha de prevalecer por sobre el siglo.

Por tal causa padecemos, como lo hizo Cristo. Sin embargo, bien sabemos, como dijo el naví Ezequiel (3) (y bien podemos poner estas palabras en la boca santa de Cristo) “Yo mismo apacentará mis ovejas. Yo mismo las llevaré a la majada. Buscaré la oveja perdida, traeré la extraviada, vendaré a la que esté herida, curaré a las enfermas… Habitarán en su tierra en seguridad, y sabrán que yo soy Yavé, cuando rompa las coyundas de su yugo y las arranque de las manos de los que las esclavizaron”

He aquí, pues, remedio a nuestra pasión (pequeña frente a la Pasión de Cristo) porque ¿Cuántas veces no nos extraviamos por el mundo y sus llamadas y nos alejamos de Dios? Entonces enfermamos de fe, perdemos la savia que antes nos vivificaba, somos ovejas sin pastor, extraviados del redil del Padre.

Sin embargo, a sabiendas de ser atacados por causa de nuestra fe (hemos de ser, por eso, dichosos por bienaventurados), acusados de ser lo más retrógrado que en el mundo hay; habiendo visto zaherido a Dios, insultado a Cristo, hermano nuestro y Dios mismo; rememoradas las persecuciones antiguas con los métodos modernos; poniendo en lugar inmerecido al sucesor del depositario de las llaves de la Iglesia y viéndonos, esto hay que decirlo, caricaturizados como algo risible cuando no deplorable, “hoy, como ayer, del cristiano se espera heroísmo /…/ Cuando se pelea de continuo, con Amor y de este modo que parece insignificante, el Señor está siempre al lado de sus hijos, como pastor amoroso” (4).

Por eso, el hoy que vivimos, también es (aunque no sólo) semana de Pasión.

Sin embargo, al igual que siguieron a las palabras de Jesús en la cruz (últimos momentos de su vida de hombre) a aquel “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (5) Lo que, al fin y al cabo, siguió lo que tenía el destino mismo de su decir y sentir:

“Los confines de la tierra lo recordarán, y volverán al Señor” Contará su justicia al pueblo que ha de nacer: ¡Todo lo que hizo el Señor!” (6)

Y, como muy bien dice José Bortolini “la imagen más hermosa de Dios en este Salmo es, por tanto, la de Dios que escucha el clamor del pobre que padece injusticia y lo libera, haciéndole cantar himnos de alabanza…”(7).

De aquí que en la pasión nuestra, también eterna porque va con el ser humano, hemos de buscar consuelo en Dios, en la oración, en su cercanía; pensar, al fin y al cabo, “El Señor, en su misericordia, nos ha elegido, nos ha perdonado, nos ha abrazado una y otra vez. Ha cargado con todos nuestros pecados, hemos sido ya perdonados” (8). Con estas palabras, Luigi Guissani, quien fuera fundador de Comunión y Liberación, consuela nuestro corazón.

Vivimos, pues, en una eterna pasión pero, en consonancia con ella, tenemos una esperanza que nos vivifica. Cristo dará, dio, su vida por nosotros y gracias a él estamos, somos, salvados.

Y el Domingo de Resurrección también nosotros, en cierto modo, volvemos a la vida; dentro de una semana, pues.

Nunca hemos de olvidar la causa de tal realidad espiritual ni lo que supone que Cristo hoy entre en gloria y bendiciones en Jerusalém y en una semana cambien tanto las cosas y las circunstancias como para que acabe como acabó…

Tampoco el para qué debemos olvidar.

Notas:

1. En “Via Crucis”, de Editorial Encuentro. Introducción
2. En “Es Cristo que pasa”. Concretamente, en la homilía titulada “La lucha interior”, del Domingo de Ramos de 1971. Editorial Rialp, p. 176.
3. Ez. XXXIV, 15-17; 27.
4. S. Josemaría, ob.cit., p. 191.
5. Salmo 22.
6. Ídem anterior.
7. En “Conocer y rezar los Salmos” (Comentario popular para nuestros días). Editorial San Pablo, p. 120.
8. “Via Crucis”, ob.cit., p. 58.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

Para leer Fe y Obras. 

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Lo que está por venir

qua, 2022-04-06 10:04

Ahora, que estamos apenas a unos días de que, tras el domingo llamado de Ramos, empiece lo que, verdaderamente, es la Semana Santa (hasta el domingo llamado de Resurrección) es conveniente recapitular. 

Sí, ciertamente, se recapitula cuando se ha terminado algo. Sin embargo, nosotros tenemos muchas Semanas Santas a nuestras espirituales espaldas y no es, ésta, aquella primera en la que aún muchas cosas no se sabían y lo que sabía iba a quedar obsoleto en pocos días… Es decir, que ya sabemos el qué y el cómo y eso nos hace la labor más fácil pues no tenemos que tratar de comprender las razones por las cuales a nuestro Maestro lo pusieron en una cruz de madera, lo clavaron a ella y allí lo dejaron morir. No. Nosotros ya sabemos mucho acerca de eso o, al menos, eso es lo que creemos. 

El caso es que lo que está por venir es algo muy importante en la historia de la humanidad que acabó siendo la de salvación de la misma previa muerte del Hijo de Dios. 

¡En efecto! Todo lo que sucederá a partir de la triunfal entrada de Jesucristo en Jerusalén tiene todo que ver con la incontrovertible verdad según la cual Dios quería que su descendencia se salvara. Y por eso envió al Mesías al mundo. Y lo envió por eso y no para instaurar un Reino que sostuviera su poder en las armas del momento como algunos de sus contemporáneos esperaban… 

Por eso, desde el día siguiente al de Ramos, aquel primer domingo de Ramos, se van a ir sucediendo circunstancias que entonces sucedieron pues nosotros nos limitamos a repetir gozosamente lo que los pies de Jesucristo recorrieron, lo que su Palabra dijo y, en fin, lo que acabó siendo su victoria sobre la muerte (¿Dónde está muerte tu victoria?) 

Nada de lo que pasará la semana que viene, después de Ramos, tendrá poca importancia sino que, al contrario, todo ira in crescendo desde el segundo día, el lunes, hasta que el jueves se lleve a cabo la Última Cena y luego… y luego venga todo lo que vino. 

¿Qué significa o, mejor, qué sentido tiene para nosotros la llamada Semana Santa? 

En primer lugar, un momento en el que Dios salva al hombre en el que debemos agradecer un hacer sí y un actuar así pues es muy desprendido con Quien más quiere, su Hijo engendrado y no creado. Y lo hace en bien de cada uno de sus hijos, creados y no engendrados. 

En segundo lugar, un momento en el que podemos ver y admirar hasta dónde es capaz de llegar un hombre para cumplir la Voluntad de Dios. Y no nos vale con decir que sí, que era un hombre, pero que era Dios hecho hombre pues murió como hombre y como hombre entregó su Espíritu a su Padre del Cielo. Y eso debería decirnos algo tan importante como que no es imposible hacer lo que Dios quiere para nosotros y en nuestra vida. 

Y, ya, en tercer lugar, la Semana Santa tiene para nosotros un sentido profundo que llena los recovecos más recónditos de nuestro corazón. Y es así porque nos damos cuenta de algo fundamental: Jesucristo pudo haber hecho otra cosa aunque, en verdad, ni podía ni quería: primero, porque todo aquello ya estaba escrito pero, sobre todo, sobre todo, porque era lo que Dios quería. Y ya está. 

En resumidas cuentas: lo que está por venir es cosa tan nuestra como nuestra propia vida; es más, es, exactamente nuestra vida… eterna.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Está por venir la misma historia de la salvación.

Para leer Fe y Obras. 

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A menos de una semana de Ramos

dom, 2022-04-03 19:04

“Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre

que había llegado para la fiesta, de que Jesús se
dirigía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera
y salieron a su encuentro gritando:
‘¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del señor,
y el Rey de Israel!’ Jesús, habiendo encontrado
un borriquillo, se montó en él, según está escrito:
‘no temas, hija de Sión; mira que viene tu
Rey montado en un pollino de asna’.
esto no lo comprendieron sus discípulos
de momento; pero cuando Jesús fue glorificado,
cayeron en la cuenta de que esto
estaba escrito sobre él,
y que era lo que le habían hecho”
(Jn 12, 12-16)


Todo estaba escrito. Esto se dice muchas veces cuando nos queremos referir a lo que estaba pasando con Jesús. Es más, desde el propio nacimiento del Mesías (se decía en las sagradas escrituras que sería en Belén y así fue como se recoge en Mt 5, 1-3) hasta lo que estaba a punto de pasar, todo, en verdad, estaba escrito. El caso es que el pueblo elegido por Dios llevaba muchos siglos esperando que el mesías fuese enviado por el creador. Muchos habían sido los que habían dejado dicho, por inspiración divina, que en un momento determinado de la historia de la humanidad, llamado los “últimos tiempos”, el Todopoderoso enviaría a Quien salvaría a la humanidad de la dejación y el olvido al que habían sometido a Quien los había creado. Era, así, un intento de salvar lo que estaba perdido.

Y es que Zacarías ya había escrito cómo entraría en Jerusalén el rey de Sión. Entonces dijo que lo haría montado en un asno, “en una cría de asna” (Za 9, 9) y que no sería un rey inactivo sino que, por ejemplo, “proclamará la paz a las naciones” (Za 9, 10). Aquellos que, entonces, proclamaban su júbilo lo hacían de una forma muy concreta: gozaban de aquel momento diciendo “¡Hosanna!”. Además, acompañaban con ramas de palmera aquella expresión de alegría. En realidad, como hemos dicho arriba, todo lo que estaba pasando respondía a la expresión de la voluntad de Dios. Así, por ejemplo, lo expresa el salmo 118, 26 cuando dice “¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh! Desde la casa de Yahveh os bendecimos”. Aquel salmo se recitaba durante la fiesta de los tabernáculos y se sostenía sobre connotaciones mesiánicas que es, según puede apreciarse, el significado que quiso dar el autor del evangelio aquí traído y, también, el que escribiera el de San marcos (11,9-10).

Y, en cuanto al uso de las palmeras para tal menester se suele sostener, porque seguramente será verdad, que era lo que entonces tenían a mano aquellos que aclamaban a Jesús por ser la vegetación de la zona. Pero hay algo más que no debe concurrir aquí por casualidad:

“Entraron en ella el día veintitrés del segundo mes del año ciento setenta y uno con aclamaciones y ramos de palma, con liras, címbalos y arpas, porque un gran enemigo había sido vencido y expulsado de Israel”.

El Libro Primero de los Macabeos (13, 51) recoge, en un momento determinado, la victoria de Simón Macabeo sobre sus enemigos. Eso posibilitó la reconquista de la ciudadela de Jerusalén. Y, entonces, como dice el texto, se sirvieron de “ramos de palmera”. Y es por eso que, recordando aquella victoria y la entrada del Rey de Sión recogida en Zacarías, los entonces allí presentes hicieron patente lo que ya se había dicho.


Y sobre aquel “Hosanna” que se incorporó a la liturgia, ya, de los primeros cristianos, es palabra hebrea que quiere decir “salva, te suplicamos” y expresaba muy bien el sentir de aquellos que, dándose cuenta de que había llegado el Mesías a la vida del pueblo de Israel, no podían sino festejarlo diciendo aquello que, en palabra tan escasa, tanto quería decir. 

Todo esto dicho arriba ocurrió y ha de ocurrir el domingo que viene, 10 de abril, que será el llamado “De Ramos”. Y es que, como es verdad, todo estaba escrito y debía cumplirse palabra por palabra que es, como bien sabemos, lo que ocurrirá desde tal domingo al siguiente, en el que recordaremos y celebraremos la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. 

En realidad, todo esto ya lo vivimos cada año. Y lo hacemos porque el mismo Cristo nos dijo, en lo que sería su Última Cena, que lo recordáramos y que lo hiciéramos según Él lo estaba haciendo. Sin embargo, eso quería decir (a nuestro modesto entender) que también recordáramos todo lo que había pasado antes o, lo que es lo mismo, que no olvidáramos su triunfal entrada en Jerusalén y, luego, lo que fue pasando día a día pues todo forma parte de los Últimos Tiempos en los que se iba a constatar el triunfo de la Vida sobre la muerte.  

Y nosotros, como fieles discípulos suyos, no olvidamos ni olvidaremos que menos de una semana después de hoy (de aquel “hoy” de entonces) seguramente Jesucristo andaba por los caminos aleccionando a sus Apóstoles sobre lo que pronto iba a pasar. Y estamos seguros de que alguno de ellos no acabó de entender casi nada o, al menos, aún le faltaba mucho (en tan poco tiempo) para entender. Vamos, como a nosotros hoy mismo…

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

A menos de una semana de la Semana más crucial de la historia de la salvación deberíamos tener en cuenta qué significa eso para nosotros.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

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