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La Puerta de Damasco - Guillermo Juan Morado

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b2evolution 2020-03-30T13:20:42Z
Atualizado: 1 hora 59 minutos atrás

San Roque. El ancla de la esperanza

6 horas 52 minutos atrás

En la marina el ancla de la esperanza es un ancla muy grande que se utiliza en casos extremos. En el lenguaje de la fe, el ancla es símbolo de la esperanza; de la virtud que se apoya en la fidelidad de Dios y de sus promesas.

“La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo”, nos dice el Catecismo.

Dios no nos va a fallar. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es el punto firme sobre el que podemos apoyar nuestra vida para resistir en medio de las tempestades: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos”.

El Resucitado, vencedor de la muerte, sigue siendo para siempre el “Enmanuel”, el “Dios con nosotros”. Contemplándole a él, seguros del carácter irreversible del amor de Dios, podemos aferrarnos a la esperanza, que es para nosotros “como ancla del alma, segura y firme” (Heb 6,19).Leer más... »

San Roque. La buena muerte

dom, 2020-03-29 01:45

La gracia de Dios nos sorprende siempre. Junto a la cruz de Cristo, compartiendo el mismo suplicio, uno de los malhechores - así le llama el texto evangélico – nos da ejemplo de buen morir: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Este hombre apela confiado a la memoria del Señor.

Jesús nos acoge en su memoria; su recuerdo nos rescata del olvido de la muerte y nos permite abandonarnos con fe en el paso de esta vida a la vida futura. Su memoria es motivo de esperanza: El Señor del tiempo nos abrazará en su “hoy”, nos acogerá en su compañía, nos hará sitio en su casa.

Es un arte aprender a morir y, sobre todo, es un don que debemos implorar con humildad uniéndonos a la esperanza de la Iglesia, porque “la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”.

San Roque supo morir así, como un verdadero cristiano, como un santo. El sentido de la fe de los creyentes reconoce la presencia de Dios no solo en la vida de los santos, sino también en su muerte, en el tramo final de su existencia terrena. La veneración y el culto popular a los santos constituyen una especie de estela que nos habla del impacto que ellos han dejado en el recuerdo de la Iglesia.Leer más... »

San Roque. Vulnerables y mortales

sab, 2020-03-28 01:13

Los seres humanos somos vulnerables y mortales. Los sueños de omnipotencia que a veces nos invaden no son más que una ilusión, una fantasía sin base real. San Roque se encontró con la vulnerabilidad de los otros y con la propia vulnerabilidad: Asistió a los enfermos y él mismo experimentó la enfermedad. Sufrió la ingratitud de tantos y padeció la injusticia.

Los confines de nuestra limitación son tan vastos como los de la vida. Podemos herir a los demás y ser heridos de las maneras más variadas: queriendo y sin querer, de buena fe o con malicia, de modo intencionado o como resultado de los daños colaterales – digámoslo así- de la convivencia.

Jesús, perfecto hombre, no escapa a esta ley de nuestra historia. Se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. Se dejó herir y asumió la muerte. Pilato, quizá sin saberlo, dijo una gran verdad: “He aquí al hombre”. En la limitación de la debilidad se muestra lo que somos; sobre todo en la extrema debilidad de la muerte.

Apenas podemos salvar este obstáculo. La sabiduría radica en aceptarlo, reconciliándonos con nuestra finitud, con nuestra limitación, con nuestra muerte. La humildad de saber lo que somos puede conducirnos a estrechar el vínculo que nos une a todos; a vivir la solidaridad; más aún, la fraternidad.Leer más... »

San Roque. La Providencia de Dios

sex, 2020-03-27 02:45

En las diferentes circunstancias de su vida, incluso en las más difíciles, san Roque nunca fue abandonado por Dios: Ni en la etapa en la que padeció la enfermedad de la peste ni cuando, de su retorno a su ciudad natal, Montpellier, fue detenido y encarcelado injustamente.

Las palabras de Jesús: “no tengáis miedo” constituyen una invitación a creer, a depositar en Dios nuestra confianza, a saber que en él encontraremos la base estable, la roca firme sobre la que edificar nuestra existencia.

Dios cuida no solo de los gorriones, sino de todo lo creado, conduciéndolo hacia su perfección, hacia su fin último. Y lo hace con sabiduría y amor. Escaparán con frecuencia a nuestro conocimiento los cauces por los que discurre este proyecto divino, pero ha de estar viva en nuestra conciencia la certeza de que somos hijos suyos.

Jesús nos dice también: “no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia” (Mt 6,34). No se trata de cultivar la imprevisión en nuestra existencia cotidiana, sino de vivir desprendidos, con la libertad de los hijos, sin cargar sobre nuestros hombros pesadas cargas, a veces quiméricas, que nacen de nuestro miedo y de nuestra incertidumbre.Leer más... »

San Roque. El dinamismo de la caridad: consolar

qui, 2020-03-26 02:34

Los seres humanos necesitamos encontrar alivio para las penas y fatigas que nos afligen, que oprimen el ánimo, que encogen el corazón. El consuelo es como una bocanada de aire que permite oxigenar nuestro espíritu cuando nos sentimos a punto de desfallecer.

San Roque, haciendo concreta la caridad de la que brotan las obras de misericordia, supo consolar y dar sosiego a los enfermos. Se convirtió así en una imagen próxima, cercana, de Jesucristo, “manso y humilde de corazón”, en quien nuestras almas hallan el verdadero descanso.

Jesús es el Buen Pastor que nos guía con dulzura, que repara nuestras fuerzas: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan” (Sal 23).

Como San Roque, debemos ser generosos a la hora de dispensar consuelo: Con nuestra proximidad, con nuestro afecto, con nuestra palabra, con nuestro respeto. No se trata, la mayor parte de las veces, de decir muchas cosas, sino que se trata, ante todo, de saber estar con los que padecen.

El sufrimiento puede sacar lo peor y lo mejor de nosotros mismos. Puede replegarnos en el desencanto y en la amargura o puede, con la ayuda de la gracia, dilatar nuestro corazón para hacerlo semejante al corazón de Cristo. Cuando esto sucede, el que ha sido aquilatado por el sufrimiento se convierte en el más capacitado para el consuelo.Leer más... »

San Roque. El dinamismo de la caridad: curar

qua, 2020-03-25 02:32

San Roque, asistiendo a los contagiados por la peste, curó a muchos de ellos. Siguió así los pasos de Jesucristo, “que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (Hch 10,38).

El enfermo desea la curación, como el ciego de Jericó deseaba recobrar la vista, y Jesús, que hace presente el reino de Dios entre nosotros, obra el prodigio: “tu fe te ha salvado”. Los milagros son signos que Dios realiza para despertar y fortalecer en nosotros la fe; para hacernos capaces de ver la realidad desde una perspectiva nueva, que brota de la luz que viene de lo Alto.

San Roque dispensó todos los cuidados que estaban a su alcance para contribuir a la curación de los enfermos. En ocasiones, a través de él se manifestaba el poder de Dios, que hace nuevas todas las cosas y que, en los momentos de penumbra y de agobio, cuando ya nada bueno cabría esperar, hace posible lo (aparentemente) imposible.

Algunos apestados acudían a San Roque y él, milagrosamente, los libraba de su mal con solo trazar la señal de la cruz sobre su frente. También Jesús se había dejado conmover por el grito de aquellos diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros” (Lc 17,13).Leer más... »

San Roque, los gozos y las angustias

seg, 2020-03-23 03:46

A la hora de la verdad, cuando el Señor nos juzgue, el criterio decisivo será la actitud ante el prójimo necesitado. No caben las omisiones ni podremos escudarnos en una inconsciente y cómoda ignorancia del que no sabe nada ni ha visto nada, porque nada ha querido saber ni ver.

San Roque rompió la burbuja del egoísmo y de la indiferencia escuchando el clamor de los hombres, sus hermanos. La caridad y la misericordia brotan de un corazón abierto a Dios y que, por ello, sabe empatizar con el otro, ponerse en su lugar y, así, emprender la marcha para socorrerlo. San Roque es un peregrino, un romero, que se dirige a la Ciudad Eterna para atender la emergencia de la peste y para asistir a quienes se encuentra por el camino.

Todos somos compañeros de ruta, caminantes que recorren los itinerarios del mundo, los senderos de la existencia. Los cristianos hemos de sentirnos unidos a cada ser humano: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”, nos enseña el Concilio Vaticano II.Leer más... »

Jaque de aquí, peste cruel

sex, 2020-03-20 03:45

“Jaque de aquí con este santo Roque,/ peste cruel, que quiere Dios que aplaque/ este bordón con su divino jaque/ todo peligro que a los hombres toque”. Así comienza un poema de Lope de Vega en el que, sirviéndose de una comparación con el juego del ajedrez, celebra el poder del santo protector de la peste.

San Roque tuvo que lidiar con la terrible amenaza de la peste; baste pensar que vivió en el azotado siglo XIV. Como peregrino, se dirigió a Roma, asolada por la epidemia y desplegó una actividad taumatúrgica y caritativa: curar y consolar. Él mismo se contagió en Piacenza, siendo expulsado del hospital y de la ciudad. Se refugió en un bosque, camino de los Alpes, en una pequeña cabaña donde espera la visita de la muerte. Pero la providencia no le abandonó: un perro le llevaba el pan y le lamía las llagas, hasta que finalmente superó la enfermedad.

Tras su muerte, fue enseguida venerado como santo. Su iconografía nos resulta muy cercana: se le representa como un joven peregrino, con una pierna al descubierto que muestra una llaga y, a su lado, un perro con un pan en la boca; a menudo le acompaña un ángel.

San Roque y quienes lo invocaban como protector frente a la peste eran muy conscientes de su vulnerabilidad. Sabían muy bien que podían ser heridos o recibir lesión, física o moralmente. Se relacionaban, de modo cotidiano, con la muerte, encarándola, afrontándola.

Se dice que los jóvenes tienden a creerse invulnerables. No deja de ser una pretensión ilusoria. Les queda, previsiblemente, mucha vida por delante. Pero ese proyecto puede trucarse en cualquier momento, hoy mismo o mañana.

Pero no solo los jóvenes, sino también los que habitamos en países “avanzados”, sea cual sea nuestra edad, tendemos a cubrirnos, a refugiarnos, bajo una capa de protección que intenta ocultar o ignorar la amenaza de la muerte. Nos parapetamos tras nuestras perfectas (imperfectas) democracias, nos cobijamos en la tranquilidad de nuestros sistemas de salud, esperamos que el Estado impida o palíe los males mayores.Leer más... »

Resistiré

qua, 2020-03-18 16:06

Los poetas y los cantores tienen el don de llegar al núcleo de la realidad, a esa región donde el mero discurso puede resultar superfluo; es decir, a ese territorio inhóspito en el que, si se pretende decirlo todo, se termina por no decir nada.

Topamos con los límites y las posibilidades del lenguaje. Existe algo así como la “sacramentalidad” del lenguaje: Las palabras hacen presente, a veces, aquello que las excede. Estos días he podido leer algunas páginas de Newman, todas excelsas. Sobre la sacramentalidad de la Iglesia, sobre el vínculo, en ella, entre lo visible y lo invisible. Newman es Newman, ya antes de la “Lumen gentium”.

En uno de sus Sermones Parroquiales, “La celebración diaria del culto”, pronunciado el 2 de noviembre de 1834, el anglicano J.H. Newman, escribe cosas que, leídas hoy, muestran su actualidad, su validez más allá de lo que diga el último o el próximo sínodo (o equivalente, yendo de más a menos).

Para él, como anglicano, el culto no debería reducirse al domingo. No se trata de si solo en el domingo es obligatorio asistir al culto. Eso sería limitarse a un único aspecto relevante. La oración, y el culto, no es ante todo, aunque también lo sea, un precepto, sino un privilegio: “Yo no me dedico a decirle a la gente que tiene la obligación de venir a la Iglesia; yo anuncio la buena nueva de que pueden hacerlo” (Sermones Parroquiales 3, Encuentro, Madrid 2009, 284).

Ahora, en estos días, en los que estamos todos dispensados del precepto dominical, podremos apreciar esa dimensión: El culto es, sobre todo, un privilegio. Los antiguos cristianos, añade Newman, “encontraban una especie de placer en la oración que nosotros no tenemos”. Y debería preocuparnos que lo que era un gozo se haya convertido, tantas veces, en un sentimiento de tedio.

No se trata de obligar – un culto en los días de la semana, un culto en estos días de dispensa universal no obliga - : “Si no puedes venir, es algo importante lo que te pierdes”. Podremos estar o no en el culto durante estos días – muchos, la mayoría, no podrán estar - por razones de salud pública, de sentido común. Pero muchos, en los días en los que podrían estar, tampoco estaban.

Para los que podrían haber estado y para los que, hoy, pueden estar – hoy, casi solo los sacerdotes -: “Sentid de corazón algo que quizás la mayoría de los cristianos, después de todo, no capta: que ‘es bueno estar aquí’; sentid lo que sentían los primeros cristianos cuando las persecuciones les impedían reunirse, o como el santo David que clamaba ‘¡Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo! ¿Cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?’ (Sal 42,2). ¡Sentid esto!, y no me preocupará que vengáis o no: vendréis si podéis hacerlo”.

¡Sentid esto! Y haced lo que podáis. Los sacerdotes tendremos la responsabilidad de celebrar el culto, venga o deje de venir la gente. Hoy no podrá venir, en general, aunque quiera. Como escribe San Juan Enrique Newman: “Si hay que esperar a que todo el mundo venga a la iglesia a adorar a Dios, esperaremos hasta que el mundo sea creado de nuevo”.

Hay muchos modos de participar en el culto, sin estar presentes físicamente: “Con nosotros están los corazones de muchos. Aquellos que, mientras cumplen sus obligaciones, son conscientes de su ausencia, vuelven con naturalidad el pensamiento hacia la Iglesia a la hora señalada, y de ahí, a Dios. Se acordarán entonces de qué oraciones que se están rezando en ese momento, y parte de ellas les vendrá al pensamiento en medio de las ocupaciones temporales. Se acordarán de qué día es, y qué salmos tocan, y qué capítulos de las Escrituras se leen al pueblo. ¡Qué agradable es para el caminante pensar durante el viaje lo que ocurre en su Iglesia!” (Ibid., 292).Leer más... »

La Santa Misa y el coronavirus

sab, 2020-03-14 15:24

Estamos viendo que en las iglesias de Europa los obispos dan instrucciones acerca de la celebración de la Santa Misa, con la finalidad de contribuir al descenso de las infecciones por el coronavirus. Es un escenario inédito. No se recuerda que, en tiempos de paz, se restrinja de este modo la posibilidad de celebrar la Eucaristía con los fieles. Máxime en un tiempo tan sagrado como la Cuaresma y la Semana Santa.

Es muy comprensible que esta medida nos sorprenda. Asimismo, se entiende que muchas personas se sientan dolidas, pesarosas. La Santa Misa es fundamental para los católicos. No podemos privarnos de ella – no deberíamos, al menos – sin tristeza y sin dolor. Este forzoso “ayuno eucarístico” debería servirnos para anhelar con mayor intensidad que llegue el día en que podamos compartir, sin restricciones, el Pan que nos da la Vida.

Pienso ahora en la facilidad con la que tantos católicos descuidan (descuidamos) su (nuestra) participación en la Santa Misa. Está, de modo habitual, tan al alcance de la mano que damos casi por descontado que así ha de ser, olvidando que es un don que viene de lo Alto. “Tomad y comed”, “tomad y bebed”. No tenemos ningún derecho a esta ofrenda de Cristo, el Pan de Vida que se hace alimento y comida.

Dios es así. Nos desborda siempre. La Creación, la Encarnación, la Eucaristía… Todo es una prueba de la misericordia, del amor compasivo, de la bondad de nuestro Dios. Lo más triste, por nuestra parte, sería dejar de admirarnos, “acostumbrarnos” en el mal sentido de la palabra, dar casi por hecho que Dios ha de comportarse con esa magnanimidad. La admiración, en el vocabulario teológico, equivale a la adoración, a la maravilla de una criatura ante su Creador, al reconocimiento de la divinidad de Dios.

Pero, por otra parte, sorprende leer algunos comentarios en diversos portales de la red. Hay quien confunde “fe” con “irracionalidad” o “adoración” con “irresponsabilidad”. Y esa confusión es grave, además de ser teológicamente infundada. No creo que se pueda pensar la relación entre Dios y el hombre con mayor hondura de lo que lo ha hecho el cristianismo, la religión del Verbo encarnado. El concilio de Calcedonia es una referencia más actual que nunca: lo humano y lo divino se enlazan “sin confusión ni separación”.Leer más... »

La Santa Misa: Con menos asistentes, por una responsabilidad ciudadana y una exigencia del amor al prójimo

sex, 2020-03-13 15:54

Nota de los obispos de la Provincia Eclesiástica de Santiago de Compostela sobre las nuevas medidas en los actos religiosos ante la expansión del “coronavirus”

13/03/2020

Ante la situación creada por la expansión del virus Covid19, la responsabilidad por el bien de la salud propia y del prójimo nos lleva a adoptar algunas medidas destinadas a evitar la propagación de la enfermedad con ocasión de nuestras celebraciones litúrgicas y encuentros pastorales. Es una responsabilidad ciudadana y una exigencia del amor al prójimo prevenir el contagio en estos momentos. Estas nuevas medidas se añaden a las ya ofrecidas en la Nota de los Obispos de la Provincia eclesiástica de Santiago de Compostela del pasado 8 de marzo.

Como indicación general, en espera de otras medidas que puedan ser adoptadas por el Ministerio de Sanidad o por la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia, queremos invitar a todos los fieles a seguir las disposiciones dadas por nuestras autoridades sanitarias, y particularmente a aquellos que pertenecen a grupos considerados de riesgo, según los criterios oficiales de las autoridades sanitarias nacionales y autonómicas.

Dadas las advertencias primeras, establecemos:

  1. Celebraciones litúrgicas
  • Se dispensa a los fieles cristianos de las diócesis de la Provincia eclesiástica de Santiago de Compostela de la asistencia a la Eucaristía, los domingos y fiestas de precepto. Se puede seguir la santa Misa por radio o televisión, así como por internet. La comunión espiritual es una práctica tradicional de la Iglesia que hemos de recuperar en estas dolorosas circunstancias, y puede ser ocasión de santificación y de comunión eclesial.
  • Se suspende las celebraciones comunitarias y públicas de la Santa Misa hasta ser superada la actual situación de emergencia.
  • Los sacerdotes continuarán celebrando diariamente la Eucaristía, rezando por el Pueblo de Dios, siendo posible la asistencia de un pequeño grupo de fieles. Aunque no podamos reunirnos físicamente todos, seguimos siendo comunidad, parroquia, Iglesia de Dios.
  • Los funerales pueden celebrarse según la modalidad de “Celebración de las Exequias sin misa”. Las misas exequiales pueden ser celebradas después de esta fase crítica; o en estos momentos sólo con el grupo de los familiares más allegados.
  • Pospónganse las celebraciones de aniversarios hasta después de Semana Santa.
  • Estas indicaciones se aplicarán igualmente para las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa. Aconsejamos igualmente a los responsables de las Cofradías que sigan también las orientaciones de las autoridades sanitarias.
  • Se suspende la celebración de las Confirmaciones.
  • Se ruega que se posponga, igualmente, cualquier otra celebración que no sea urgente.
  • Para el sacramento de la penitencia, úsense espacios que permitan cumplir con las exigencias higiénicas indicadas por las autoridades sanitarias.
  • 2.Catequesis

Se suspenden los encuentros parroquiales, arciprestales y diocesanos de catequesis, en principio hasta después de Semana Santa.

3.Actividades formativas

Se suspenden, hasta nueva indicación, todos los encuentros programados por las distintas Delegaciones o Secretariados diocesanos y por los Arciprestazgos y las Parroquias. Igualmente se aconseja a las diferentes asociaciones y movimientos de nuestras Iglesias diocesanas que suspendan posibles encuentros previstos.

4. Acción caritativa

Por lo que se refiere a la actividad de las Cáritas parroquiales, interparroquiales y diocesanas, no se cerrarán los espacios dedicados a la actividad caritativa. Pero se invita a extremar la prudencia en la atención individualizada.Leer más... »

Para rezar en tiempos de coronavirus

qui, 2020-03-12 06:29

Abandono y confianza bajo la protección divina

Tú que habitas al amparo del Altísimo, / que vives a la sombra del Omnipotente,/di al Señor: “Refugio mío, alcázar mío,/ Dios mío, confío en ti”.

Él te librará de la red del cazador,/ de la peste funesta./ Te cubrirá con sus plumas,/bajo sus alas te refugiarás:/ su verdad es escudo y armadura./ No temerás el espanto nocturno,/ ni la flecha que vuela de día, /ni la peste que se desliza en las tinieblas,/ ni la epidemia que devasta a mediodía” (Salmo 91, 1-6).

 

Súplica ferviente

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo inmortal, ten misericordia de nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.Leer más... »

Transfiguración: La gloria y la cruz

sab, 2020-03-07 05:22

Mateo, en su relato de la transfiguración, vincula la peculiar experiencia vivida en la cumbre de un monte con el camino de la pasión.

Mt 17,1-8 describe la transfiguración propiamente dicha: “Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (Mt 17,2). La voz de Dios ocupa el centro: “Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo” (Mt 17,5).

Jesús es revelado como el Hijo de Dios. Como tal, aparece inmerso en el mundo celeste y, como un presagio de futuro, muestra – incluso en su rostro – el esplendor y el dominio que corresponden a quien Dios ha revelado como su Hijo.

Pero esta luz es inseparable del camino que, como Hijo del hombre, le conduce a la pasión y a la muerte.

Mateo desarrolla este relato, abarcando así a los discípulos (Mt 17,6-8.10-13). Ellos experimentan de un modo singular, en un monte alto, un fragmento anticipado del esplendor de la pascua. Pero no pueden dejarse encadenar por la fugacidad de esa luz. No pueden permanecer en la montaña, caídos en el suelo a causa del contacto con lo divino.Leer más... »

Limpiar el corazón (Miércoles de Ceniza)

ter, 2020-02-25 04:35

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8). “Limpiar el corazón”. He aquí el programa de toda la cuaresma: limpiar el corazón para “ver” a Dios; para alcanzar nuestro auténtico fin. Como escribe san Agustín: “escucha y aprende a desear a Dios; aprende a prepararte para verlo”. O, tal como recoge el profeta: “Convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, llantos, lamentos” (Jl 2,12).

¿Cómo es posible este retorno, esta conversión “de todo corazón”? Es posible por la fuerza la misericordia que brota del corazón mismo de Dios, “un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor” (Jl 2,13). La conversión del corazón es gracia, obra de Dios, y fruto de la fe en su misericordia.

Limpiar el corazón es dejar que la gracia penetre en lo más íntimo de nosotros mismos, en el sagrario de nuestra conciencia, y dejar que lo sacuda dándonos la fuerza de “rasgar el corazón”, permitiendo que el Señor transforme y renueve nuestras intenciones, nuestras acciones y el fondo de nuestro ser.Leer más... »

Un texto muy bien escrito: “Querida Amazonia”, de Francisco

sex, 2020-02-21 17:02

Hablando, en una ocasión, con otro sacerdote pude constatar una impresión compartida. Todos los días los sacerdotes católicos rezamos y leemos el “Oficio de Lectura”, cuyo centro radica en un texto bíblico al que sigue otro texto patrístico, espiritual o magisterial. Mi interlocutor me decía que, a veces, el texto estaba tan bien escrito que le hacía avivar su atención hacia lo leído. A mí me ha pasado lo mismo.

Muchas veces, ese texto que reclama atención, que se niega a ser leído como de pasada, tiene como autor a San Agustín, a la vez un retórico, un clásico de las letras y del discurso persuasivo, y un profundo pensador.

Explicando, San Agustín, que el deseo del corazón tiende hacia Dios nos dice: “Toda la vida del buen cristiano es un santo deseo. Lo que deseas no lo ves todavía, mas por tu deseo te haces capaz de ser saciado cuando llegue el momento de la visión. Supón que quieres llenar una bolsa, y que conoces la abundancia de lo que van a darte; entonces tenderás la bolsa, el saco, el odre o lo que sea; sabes cuán grande es lo que has de meter dentro y ves que la bolsa es estrecha, y por esto ensanchas la boca de la bolsa para aumentar su capacidad. Así Dios, difiriendo su promesa, ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz de sus dones”.

Es muy difícil escapar a la sugestión de esas palabras que suscitan a la vez la actividad de la imaginación y del entendimiento, que recurren a la imagen y a la analogía. Que son palabras espirituales y materiales. Simbólicamente materiales. Como los sacramentos. El Papa dice en “Querida Amazonia” que los sacramentos “son una plenificación de lo creado, donde la naturaleza es elevada para que sea lugar e instrumento de la gracia, para ‘abrazar el mundo en un nivel distinto’”.

En el mundo pagano, Platón poseía ese arte de lo simbólico, de la alianza entre literatura y pensamiento, entre fondo y forma. Y, tras Platón, ya en el universo cristiano, Pascal y Newman. O el mismo Cristo con su Sermón de la Montaña y con sus parábolas. Forma y fondo. Belleza y verdad.Leer más... »

Eutanasia y compasión

sex, 2020-02-21 09:53

Eutanasia y compasión

 

Algunos partidarios de la eutanasia presentan ese hecho – que consiste en provocar, en un entorno médico y de modo intencionado, la muerte de un enfermo - como un acto de amor. En consecuencia, quienes se oponen a la misma serían seres despiadados, intransigentes e incapaces de sentir empatía con las personas que sufren.

Analizando la realidad con mayor detalle se puede llegar a ver que “eutanasia” y “compasión” son conceptos escasamente vinculados entre sí. Una falsa compasión no es compasiva en absoluto; sino que equivale a la negación de la piedad hacia el otro; en particular hacia el más débil.

“Para que no sufra, que deje de vivir con mi ayuda”. Así se expresaría esa compasión falsa, ese señuelo de piedad. Le atribuyen a Stalin la afirmación según la cual “la muerte soluciona todos los problemas”. ¿Qué alguien padece? Se le “ayuda” a morir y se acaba el padecimiento. Y, si universalizamos este recurso mágico, podríamos seguir resolviendo cualquier otro problema: “Si muere, no pasará hambre”, “si muere, no será explotado laboralmente”, “si muere…”.Leer más... »

Muerte y eutanasia

sex, 2020-02-14 15:10

Decía Heidegger que “apenas un hombre viene a la vida ya es bastante viejo para morir”. La muerte está siempre presente en la vida; constituye una dimensión del hombre; lo que podríamos llamar un “existencial”.

Debemos contar con la muerte; es decir, hemos de ser conscientes de nuestra mortalidad. No vale de nada esconder o ignorar ese capítulo de la propia biografía; capítulo que, en su concreción, será paradójico. Como dice un estudioso de la Antropología filosófica, la muerte es lo más diverso y lo más común a todos los mortales, lo más propio del hombre y lo más extraño, lo más universal y lo más personal, lo más cierto y lo más incierto…

Pero no se trata, solo, de reflexionar sobre la muerte, sino asimismo de interrogarnos sobre nuestra responsabilidad ante el momento de la propia muerte y de la muerte de otros.

En esa tesitura, del “yo me muero” o del “tú te mueres”, ¿qué es lo razonable, lo sensato, lo digno del hombre? A mí me parece que lo adecuado es cuidar a cada persona, sea cual sea su situación; lo que implica, concretamente, cuidar al enfermo, al deprimido, al moribundo, al desahuciado. Cuidarle y acompañarle. Proporcionarle cuidados paliativos. Ayudar a que su vida sea vivida dignamente y a que su muerte, esa dimensión que acompaña a la vida, sea asumida también dignamente.

Lo menos adecuado, lo menos razonable, sería, me parece, colaborar con un suicidio o procurar directamente la muerte al más débil; al que ya no cree que merezca la pena pedir otra cosa que conseguir la situación en la que ya no podrá pedir nada más en este mundo. Hacerse cómplice de un suicidio, hacerse culpable de una muerte, equivale a un fracaso rotundo. No estamos para ayudar a que otros se mueran ni para proporcionarles, aunque ellos lo demanden, una especie de piadoso “tiro de gracia”.Leer más... »

Me sumo a lo que dice Bruno sobre Segovia y sobre "400 poemas para explicar la fe"

seg, 2020-02-10 15:06

La ciudad de Segovia la conocí hace ya casi tantos años como tiene su Acueducto. No es preciso que comente, en este momento, la belleza de la misma ni de su espléndida catedral. Bruno lo comenta con enorme acierto.

Está a punto de salir en “Compostellanum” 64 (2019) 769-770, una recensión mía sobre el libro de Yolanda Obregón, ed., “400 poemas para explicar la fe. Selección de poesía religiosa para la catequesis” (Vita Brevis, Maxstadt 2019, 602 páginas).

Comento, en esa recensión: “La teología no tiene nada que perder, sino mucho que ganar, si se pone a la escucha de la literatura y, en particular, de la poesía. Grandes teólogos lo han hecho así. El cristianismo es la religión de la Palabra encarnada, de Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne".Leer más... »

Prejuicios: Lo racional no es, con frecuencia, lo normal

sab, 2020-02-08 07:41

La Real Academia Española define “prejuicio” como la opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.

Nadie escapa al peso y al influjo de los prejuicios. Tienen, estos, un poder inmenso. Suplen las enormes lagunas del propio saber, los océanos cuasi infinitos del no saber. Nos hacemos, previamente, una opinión de las cosas. Y lo previo, lo anticipado, se convierte, con muy alta probabilidad, en definitivo. No somos capaces del conocimiento total de todas las cosas. Somos, nos guste o no, muy limitados.

Y, además, los prejuicios son tenaces, firmes, porfiados. No se van de nuestra mente ni con agua caliente, como se suele decir.

Podríamos poner múltiples ejemplos de estas opiniones previas y tenaces. Voy a limitarme al ámbito del lenguaje de la fe católica (que, por razones evidentes, es muchas veces, también, parte del lenguaje común): “Quien no tiene padrinos, no se bautiza”; “no se puede bautizar en Cuaresma”; “confirmarse es aceptar, de adulto, la fe de Cristo”.

Se trata, en los tres ejemplos propuestos, de juicios previos y tenaces, originados en un mal conocimiento de la realidad.

No es absolutamente necesario tener padrinos para bautizarse. El Código de Derecho Canónico dice: “En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo (c.872)”. Todo el texto del canon comienza con la locución “en la medida de lo posible”.

Nada impide bautizar en Cuaresma, ni en ningún otro día del año: Aunque el bautismo puede celebrarse cualquier día, es sin embargo aconsejable que, de ordinario, se administre el domingo o, si es posible, en la vigilia pascual” (c. 856). Lo “aconsejable” marca una prioridad, no una prohibición. Y los domingos de Cuaresma son, también y ante todo, “domingos”.

“Confirmarse”, o mejor, “recibir el sacramento de la Confirmación”, no es, sustancialmente, aceptar, de adulto, la fe en Cristo. Esto sería un prejuicio absurdo, ya que anularía, casi, el sacramento del Bautismo administrado a los niños y haría ver como incomprensible la situación de los conversos adultos que reciben – también en la Iglesia latina – en una misma celebración los tres sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. El “Catecismo de la Iglesia Católica” dice que la recepción de la Confirmación lleva a plenitud la gracia bautismal, ya que enriquece a los bautizados con una fortaleza especial del Espíritu Santo (cf. n. 1285).Leer más... »

Sabor, antorcha, candelero

sab, 2020-02-08 03:31

El Señor compara a sus discípulos con la sal y con la luz (cf Mt 5,13-16): “Vosotros sois la sal de la tierra”; “vosotros sois la luz del mundo”. ¿Qué significa ser sal y ser luz? La sal da sabor a los alimentos y los conserva. La luz ilumina, haciendo irradiar entre los hombres a Cristo, Luz del mundo (cf Jn 9,5).

Ser sal de la tierra equivale a conservar la alianza con Dios para, de este modo, hacer sabroso el mundo. Un mundo sin Dios es un mundo soso, sin gracia y sin viveza. No basta edificar el mundo solamente contando con la ciencia y con la tecnología; es preciso, asimismo, contar con la apertura a Dios y a los hermanos. Dios existe y es Él quien nos ha dado la vida: “Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el corazón del hombre” (Benedicto XVI).

Abriéndonos a Dios, viviendo en comunión con Él, nos convertimos en “templo de Dios vivo” (2 Co 6,16). De este modo, Dios puede morar entre los hombres y hacer presente en el mundo el amor incondicional y el perdón sin límites. Para ser sal de la tierra, debemos ser dóciles a la acción del Espíritu Santo, dejándonos conformar con Cristo para convertir nuestra existencia en un culto grato al Padre.

La comunión con Dios se traduce en servicio al prójimo: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne” (cf Is 58-7-10). En Dios podemos reencontrarnos con el otro y ver en el otro algo más que un congénere; ver a un hermano. La coherencia entre la fe y la vida sazonará todas nuestras actividades y todas nuestras relaciones con los demás: en la familia, en el trabajo, en el ocio, en nuestros compromisos con la sociedad en su conjunto.Leer más... »

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