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Mera defensa de la fe - Eleuterio Fernández Guzmán

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Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro”- Dios perdona y construye desde nuestra nada

Lun, 2021-08-09 17:29

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) –3 – Dios perdona y construye desde nuestra nada

 

“Eres, Señor, de un azul destacado por estrellas y lo que entre nosotros domina son las piedras, pero Tú no nos desechas, porque de una dureza se pueden hacer unos cimientos, donde levantar un muro y construir una morada. Nuestro solar, Bueno Dios, para que Tú nos hagas esa América que nunca por sí pudiéramos alcanzar.” (Mesa redonda con Dios, p. 215)

 

¡Qué bien conoce Lolo la diferencia existente en Dios, Creador nuestro, y nosotros!

Para Manuel Lozano Garrido el Señor vendría a ser como un cielo azul que es cuando consideramos, y decimos, que hay “buen tiempo”. Dios, pues, es para nosotros ese buen tiempo que llena con su Amor y que con su Amor ama a sus hijos.

Cuando el cielo está azul sabemos que no hay nubes que lo enturbien. Y eso ha de ser Dios para nosotros: un cielo donde nada estropea un tiempo así. Y si, además, hay estrellas que iluminan la noche… en fin, como se diría en la Santa Escritura, es como miel sobre hojuelas o, lo que es lo mismo, lo mejor sobre lo bueno. Y así es Dios, según el Beato de Linares (Jaén, España)

Nos dice Lolo, conociendo la naturaleza del hombre, que en nosotros predominan “las piedras”. Y eso ha querer decir muchas cosas como, por ejemplo,

-que tenemos el corazón demasiado duro, como un piedra,

-que nosotros mismos nos ponemos piedras en el camino,

-que también somos excesivamente duros con nuestro prójimo.

Nosotros, en efecto, somos piedras o, mejor, en nosotros predomina tal forma de ser porque tampoco podemos afirmar que siempre seamos así. Pero sí, una forma generalizada de comportarnos es, eso, siendo “piedras” en el sentido que creemos que eso significa.

A pesar de eso, de que en nosotros domine tal forma de ser, nos dice Lolo que Dios no nos rechaza. Dice a Dios que Él no nos rechaza pues ya sabemos qué haríamos nosotros en caso de que alguien se nos presentara de tal guisa, en forma de “piedra” del corazón…

Es más, no es que no nos rechace Dios (que ya es bastante) sino que aprovecha de lo malo que tenemos, además, para construir algo bueno y/o mejor. Y es que sí, eso duro que muchas veces somos, a partir de eso, el Creador (que todo lo puede) puede servirle al Señor para elevar una casa donde poder morar y sobre tal casa espiritual, en fin, poder ser muy a pesar de cómo somos, de tales “piedras” de las que habla el linarense universal.

Eso sí, debemos tener confianza absoluta de que Dios es capaz de hacer en nosotros lo que sus hijos no somos capaces de hacer. Y es que, como bien dice Lolo, somos como un “solar” o, lo que es lo mismo, como sobre lo que se puede construir y hacerlo, así, mejor que sin la colaboración del Todopoderoso.

Podemos decir que tan necesaria es la confianza que debemos tener en Dios que sin Él, como bien sabemos, no podemos hacer nada y por eso mismo es totalmente necesaria la intervención del Creador que todo lo hizo y mantiene. Así, como dice Lolo, podremos alcanzar el Cielo que, nosotros creemos, es la “América” de la que habla nuestro amigo: siempre confiando en Dios, tal debería ser nuestro lema de vida y serlo para siempre y siempre. 

Es verdad que Dios nos perdona y, aunque eso haya quien no lo crea, prefiere que no volvamos a pecar pero sí, nos perdona no sin olvidar (no puede del todo) que debemos contraponer al pecado una pena y, en efecto, la mayor de todas es sabernos alejados de Dios pues a eso llamamos, también, infierno.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Serie tradición y conservadurismo – Eutanasia: cuando matar sale gratis

Dom, 2021-08-08 17:18

 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Creo que deberíamos empezar con esto que procede del Juramento Hipocrático:

“Aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos, según mi capacidad y buen juicio, y me abstendré de hacerles daño o injusticia. A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno ni a nadie le sugeriré que lo tome. Del mismo modo, nunca proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo”.

Esto lo decimos porque está más que claro lo que eso significa y, luego, está más que claro lo que debería pasar. Sin embargo, ya sabemos qué posibilidades tiene el poder de influenciar en el pensar de las personas y, en este caso, en las que ejercen la medicina.

El caso es que en esta democracia en la que vivimos, nos movemos y existimos, tiene unas cosas muy raras que llaman la atención. Por ejemplo, se tiene la extraña manía de sostener que es por bien de las personas por las que se establecen normas que tienen como resultado la muerte de los seres humanos: unos sin culpa alguna, como es en el caso del aborto; otros también sin culpa alguna, como en la eutanasia a la que llaman, seguramente con ironía, “muerte dulce”.

Nosotros creemos, sin embargo, que esto no está ni medio bien. Y es que aunque diga la zarzuela que las ciencias avanzan que es una barbaridad, nada dice la misma obra musical acerca de que la ciencia se utilice para hacer daño, para fomentar el Mal y para comportarse como verdaderos seres humanos deleznables quienes se sirven de la misma para matar, así dicho sencillamente.

Seguramente lo van a cubrir todo con el velo de la bondad y, lo mismo que hicieron en su día y ahora mismo hacen con el aborto haciendo uso de casos concretos y muy bien buscados, van a manifestar que para el enfermo grave es mejor actuar como quieren los matarifes que se actúe. Y es que es ya preocupante costumbre (mala o desaguisada como se decía siglos atrás donde las cosas, en la cristiandad, se hacían de otra forma…) que siempre se busque una excusa para echar un velo sobre la verdad de las cosas aunque bien sepamos que las cosas no son como dicen que son sino, justamente, todo lo contrario.

Ciertamente, es seguro que hay otros métodos de tratar a quien se encuentra en situación grave en cuanto a su enfermedad y sufrimiento. A lo mejor, se le pueden aplicar cuidados paliativos para que el sufrimiento no sea tan grande.

Sin embargo, hay quien piensa que a grandes males hay que aplicar grandes remedios y que lo mejor es facilitar, imponiendo el final de la vida, el tránsito al otro mundo.

No podemos negar que las personas partidarias de lo que aquí se trae están más que seguras que es lo mejor para el enfermo y, hasta es posible que, partiendo de eso se llegue a la situación según la cual se pueda facilitar la muerte a quien, sencillamente, esté cansado de vivir, esté pasando por una depresión o, en el máximo de los supuestos, simplemente porque le dé la gana terminar con su vida pues ya sabemos que cuando se abre la caja de esa tal Pandora cualquier cosa puede suceder y, claro, acaba sucediendo.Leer más... »

La Palabra para el Domingo - 8 de agosto de 2021

Sab, 2021-08-07 00:54

 

Como es obvio, hoy no es domingo 8 sino sábado, 7 de agosto de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

Jn 6, 41-51

 

“41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: ‘Yo soy el pan que ha bajado del cielo.’ 42  Y decían: ‘¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?’ 43 Jesús les respondió: ‘No murmuréis entre vosotros. 44 ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. 45 Está escrito en los profetas: = Serán todos enseñados por Dios. =Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. 47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. 51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.’”

 

COMENTARIO 

Jesucristo es el alimento para la vida eterna y no hay otro

 

Jesús tenía que cumplir la misión para la que el Padre le había enviado. Ni podía callar acerca de lo que debía hacer ni podía escudarse en ningún tipo de respeto humano para salir bien parado ante el mundo. 

El Hijo de Dios dice cosas muy importantes en este diálogo que mantiene con otros judíos que no le querían bien y que pretendían menospreciarlo. Dicen, por eso mismo, como haciéndolo de menos, que conocían a sus padres y era de esperar, eso creían ellos, que del Mesías no se conocería más que era el enviado de Dios pero no su, digamos, familia. Pero en eso estaban bastante equivocados, como muy bien sabía Jesucristo. 

Jesús era Quien era y, si se daba el caso (y si no, también), no lo ocultada. Como ahora era una ocasión muy buena para dejar claro qué había venido a hacer, no la pierde y hace lo único que podía hacer: decir la verdad. 

A Dios, en efecto, no lo ha visto nadie que pueda atestiguar que lo ha visto cara a cara. Sin embargo, Cristo sí lo ha visto porque es Dios hecho hombre. Por eso, en tal sentido, ha visto el rostro del Padre y, aunque decir eso suponía mucho en su contra, no puede callar lo que es cierto y verdadero. 

Por ejemplo, que hay que creer en Él para tener al Padre consigo. Y esto es una forma convincente de sostener que Cristo y Dios están más cerca de lo que muchos de sus contemporáneos pensaban y estaban en la seguridad de creer. 

Pero Jesús dice mucho más. Y es que siempre aprovecha la oportunidad para predicar y enseñar la Verdad. 

No es sólo el Hijo de Dios, al que ha visto, sino que es el pan. 

El pan es una comida, era entonces seguramente más que ahora, esencial en la vida de una persona (no debía haber tanta preocupación por las dietas alimenticias…) Pero el Pan que es Cristo es mucho más que un alimento que da la vida en esta tierra como, por ejemplo, fue el maná que comieron los antepasados de los que hablan con Él. Cristo es el Pan que da la vida eterna y sin él no hay tal vida. Así se sencillo y de fácil de entender.

 Anticipa, con estas palabras, la creación de la Santa Misa o Acción de gracias y su propio sacrificio. Así, Cristo dice que su carne la da por la vida del mundo y, además, que con ella, se vive para siempre, siempre, siempre. 

Aceptemos, pues, la carne de Cristo y la sangre de Cristo como instrumento espiritual que nos garantiza la vida eterna la cual, por cierto, es anhelada por el ser humano desde que sabe que Dios es Dios. 

 

PRECES

 

Pidamos a Dios por aquellos que no quiere tener a Jesús como el Hijo de Dios. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por aquellos que no aceptan la carne de Cristo como Pan de vida eterna. 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN 

Padre Dios; ayúdanos a tener el convencimiento más absoluto en las palabras de Cristo.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

Ventana a la Tierra Media – Y de la música surgió todo – 1- La batalla del Principio

Mer, 2021-08-04 18:22

Existía donde Ilúvatar y el Vacío exterior. Y Melkor tomó del Vacío la negritud y lo oscuro y lo trasladó junto a los demás Ainur. Y surgió una discordancia que fue el inicio de la existencia del Bien y del Mal, de la Creación y de la destrucción.

La batalla del Principio

Nada ni nadie había antes que Eru, llamado también Ilúvatar, pues todo fue creado por Él. Y empezó por el principio en aquel Principio de todo.

Y Eru creó a los Ainur, espíritus superiores de entre los que vendrían a ser creados por el corazón y la mano de Ilúvatar.

Quiso Eru que aquellos que había creado tomasen parte en la aparición de todo. Y les propuso que elaborasen una música especial con la que todo aparecía porque todo surgió la música. Y por muy extraño que nos parezca a nosotros, los hombres, única raza que queda de las que hubo entonces, ciertamente eso fue lo que pasó según cuentan antiguas historias que incluso podríamos llamar viejas.

Y aquel contador de historias continuó pues todos lo miraban con ansia de conocer, de saber cómo habían sido aquellos primeros tiempos de los que todo vino a ser lo que hoy es, Edades de por medio, por supuesto.

El fuego, reavivado varias y muchas veces, hacía que el ambiente fuera agradable, acogedor, y no había allí nadie dispuesto a marcharse.

- ¿Y qué pasó entonces?, preguntó el hijo pequeño de Hirum.

- Paciencia, paciencia pequeño. Pues fue esto.

Como he dicho antes, Ilúvatar quiso que fuese lo que no había sido hasta entonces y creó a los Ainur. Eran poderosos y obedecían en todo a su Creador. Bueno, pero no todos, no todos, pues había uno, al que llamamos Melkor y luego llamaríamos Morgoth, que no estaba de acuerdo ni con la música propuesta por Eru ni con los acordes que los demás Ainur habían sometido al apreció de Ilúvatar ni con nada de aquello. Él quería improvisar según su gusto que, como sabemos, no era nada diáfano sino todo lo contrario.

Quería ir por libre e hizo su música. La verdad es que a nadie le gusto aquella forma de interpretar la melodía que les había dado Eru para que, con ella, hiciesen su música. Y era discordante porque había tomado del Vacío Exterior lo negro y eso no era buena cosa para lo que debía crearse.

Ciertamente, podemos decir que Melkor era, al fin y al cabo, un pobre Valar porque su ansia de poder lo desgajó de aquel mundo perfecto que estaba naciendo y luego, como todos sabéis, pasó lo que pasó a lo largo de las Edades que han pasado desde aquel primer entonces y ahora, cuando os cuento esto para que nunca olvidéis que es buena cosa mirar para otro lado cuando Erú sostiene una cosa y que no es nada perfecto hacer, justamente, lo contrario…

Sabéis muy bien que Melkor no era un Ainur cualquiera sino que Eru le había dado los dones mejores de los que podía dar Ilúvatar. Y también el mejor conocimiento además de contar, para sí, con algunos de los dones que le habían sido otorgados a sus hermanos. Por eso era a quien más se le podía exigir obediencia a Quien todo lo había hecho, también, por él. Pero no fue así.

Melkor visitó demasiadas veces el Vacío. Y lo hizo porque quería tener para sí la Llama Imperecedera y así poder crear, él también, como lo hacía Eru. Pero no la encontró pues sólo está con Ilúvatar y no estaba al alcance, ni siquiera, de un tan poderoso Valar.

Lo que le pasaba a Melkor es que no quería que el Vacío estuviese, así, vacío. Y lo que consiguió fue que, al estar en tantas ocasiones sin la compañía de los otros Ainur empezó a pensar según su negro pensamiento. Y empezó a tejer en su corazón venganzas y odios.

Y con todo aquello que Melkor llevó del Vacío compuso una música que tanto discordó con la de los demás que sustentó una verdadera batalla en la que la tormenta y el desvarío tomaron el lugar del orden y de lo bien hecho. Y eso impacientó a Eru e hizo cesar, de inmediato, la música. Y lo hizo airado contra Melko porque sabía que había sido él y no otro quien había protagonizado aquel desorden que tanto daño estaba haciendo a los demás Ainur y, por tanto, a la misma creación.

Y entonces Eru dijo algo que daño mucho el orgullo de Melkor y que sería el origen de todo el Mal que luego promoción: todo viene de Ilúvatar y nada de lo que se haga puede hacerse sin ser Él la fuente.

Y Melkor tomó aquello no sólo como una acusación sino, sobre todo, como un reto que nació de la vergüenza que sintió por haber sido descubierto.

- Y por hoy ya es suficiente, niños. El próximo día continuaremos con esto que no es una historia o un cuento para entretener sino lo que, verdaderamente, pasó.

Y no nos despedimos sin decir que hubo una general queja de los pequeños.

(Continuará)

 

Eleuterio Fernández Guzmán- Erkenbrand de Edhellond

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Tierra Media: otra Tierra, esta Tierra. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La Gloria en paracaídas (El Reino) –2 – Ansia de Dios, Padre.

Lun, 2021-08-02 17:32

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) –2 – Ansia de Dios Padre

 

“Y, sin embargo, ¡qué sed, qué sueño y qué felicidad de Ti! No es lo malo morir, que ha de ser un día más o menos lejano, sino vivir sorbidos desde tu felicidad o atronados por tu llamamiento y tener que caminar como las tortuguitas, con su carga a cuestas, con su carga a cuestas y el paso lento y cansino.” (Mesa redonda con Dios, 215)

 

Seguimos con este texto perteneciente al capítulo “Dios al volante” en el que el Todopoderoso está más cerca de sus hijos que nunca porque cae, digamos, como dice el título de esto, “en paracaídas”. 

Como reconoce el Beato de Linares (Jaén, España) es difícil, por según cómo somos, alcanzar el corazón de Dios. Sin embargo, lo que no cabe la menor duda es que sí es posible tener algo que a nadie se nos puede negar: ansia del Padre. 

Como pasa, por lo general, con los santos y personas especialmente fieles y devotas, y sin confundir lo que eso significa de cara a su vida y existencia en el mundo, existe un ansia de Dios que va tan más allá del más acá que se manifiesta en querer estar cerca de Dios, pero cerca y más que cerca. Y ejemplo de esto es el tan conocido “muero porque no muero” aunque, decimos, no hay que equivocarse al querer entender esto como la manifestación de un querer “quitarse de en medio” para estar con Dio pues eso no es ni permitido por el Creador ni debe ser querido por ningún hijo suyo. 

Buenos, pues una vez aclarado esto, digamos que Lolo dice que tiene esto refiriéndose a Dios al ansiar querer su cercanía

 

1. Sed 

2. Sueño 

3. FelicidadLeer más... »

Serie tradición y conservadurismo – Sobre símbolos y creencias cristianas

Dom, 2021-08-01 17:15

 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

El camino de Jesucristo fue uno de enseñanza.

Así, su incansable labor de dar a conocer la Palabra de Dios, el verdadero sentido de la Ley que su Padre dejó dicha para la vida del hombre lo fue para que, al fin y al cabo, aquellos duros y pedregosos, corazones, se transformaran en órganos del espíritu suaves, tiernos, blandos y refractarios a todo lo malo e insidioso del mundo, liberados voluntariamente de las asechanzas de las que, tantas veces, no nos vemos libres. Y, desde entonces, una tradición ha ido transmitiéndose de generación en generación que es, ahora mismo, válida como lo fue entonces o, a lo mejor, más aún por la persecución actual de la misma y hacia la misma por parte del Mal.

Podemos preguntar, a tal respecto, si es que hay algo malo en transformar los corazones. Y lo preguntamos porque no es lo mismo ni es igual tenerlo de una forma o de otra, ser duro o tierno, de piedra o de carne…

Nosotros, desde aquellos primeros nosotros hasta los hoy actuantes en la fe en Cristo, es posible que solamos andar por caminos no muy proclives al apostolado; a ser, por así decirlo, apóstoles modernos y a difundir, cada uno de la forma que pueda o Dios le dé a entender, el mensaje claro que Jesucristo vino a traer: el amor, Ley suprema del Reino de Dios, que ha de reinar en nuestras relaciones de criaturas suyas y, por eso, hemos de cambiar a aquella norma divina; es posible que nos ausentemos de la defensa de los valores cristianos y huyamos, así, de esa obligación que tenemos como discípulos del Maestro de Nazaret y Mesías esperado. Y esa es nuestra cruz y, claro, su Pasión.

¿Qué hay de malo en no cejar en la transmisión de tal testimonio y tal doctrina?

Por otra parte, el camino de Jesús también fue un camino de incomprensiones, trufado con las maledicencias que sobre Él se proferían, rescatando del fondo más oscuro del corazón del hombre acusaciones sin fundamento pero fundadas en la perversión de la Ley de Dios; de interpretaciones insanas de la doctrina que proclamaba porque tenían miedo de lo que podía significar en sus vidas y de la responsabilidad que se derivaba de todo aquello. Fue, por eso mismo, un andar donde muchas de las piedras que en el camino se intentaron tirar contra su persona haciendo, queriendo aniquilar, ¡de la forma que fuera!, el verbo limpio y el claro mensaje, dieron donde querían. Y ante esto no se arrepintió de lo dicho, ni se vino abajo, ni dejó de hacer lo que debía. Y la tradición fue tomando forma, en cada persecución y en cada asechanza.

Pero nosotros, conocedores del mundo, del momento que nos ha tocado vivir, sabedores de los lobos y las serpientes que tenemos alrededor preparadas para asestarnos lo que creen el golpe definitivo, también nos enfrentamos a incomprensiones y toda clase de ausencias de percepción de nuestra existencia y la existencia de nuestra fe; también podemos, somos, acusados de perturbaciones sin cuento y de todo lo malo que, en espíritu y en conciencia, pueda suceder en el mundo: oscurantismo, tenebrismo, ir contra el “progreso”, de ser reaccionarios, etc. Y ante esto también podemos optar, como le sucedió a Jesús, por dos formas de actuar:

-Permanecemos impertérritos ante lo que nos sucede y seguimos adelante contra viento y marea: somos fieles a Dios y a nuestra fe cristiana y cumplimos con nuestra obligación de hijos del Todopoderoso que ama y tiene por buena una Tradición que se inició con su propio Hijo.

-Cedemos a las influencias malsanas del ambiente subjetivista y relativista, además de nihilista y conformista, que nos rodea y nos dejamos vencer por todas esas malformaciones del corazón. Aquello es nuestra cruz y nuestra reacción, a veces, la Pasión de Cristo: somos light, muelles, acomodados al qué dirán y políticamente correctos.Leer más... »

La Palabra para el Domingo - 1 de agosto de 2021

Sab, 2021-07-31 04:01

 

Como es obvio, hoy no es domingo 1 de agosto sino sábado, 31 de julio de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

  

Jn 6, 24-35

 

“24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las  barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’ 26 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. 27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’.

28 Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’ 29 Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado’. 30 Ellos entonces le dijeron: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. 32 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; 33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. 34 Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. 35 Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.’”

 

COMENTARIO

Buscar a Cristo y entenderlo

 

Es bien cierto que muchos buscaban a Jesús. También es cierto que no siempre lo buscaban por espirituales razones. 

El Hijo de Dios los tenía bien calados. Y queremos decir con esto que conocía, humanamente hablando, a los que iban detrás de Él o tras Él. Y no siempre era bueno el resultado de tal conocimiento. 

Cuando aquello del milagro de la multiplicación de los panes y de los peces a muchos se les debió alterar más el estómago que el corazón. Y es que si aquel Maestro hacía eso…  ¡Sería bueno ir tras Él! 

Pero Jesucristo entiende las cosas espirituales como deben ser entendidas. Y no se equivoca con ellas porque conocer más que bien la voluntad de su Padre Dios Todopoderoso. 

La atención la pone Cristo sobre lo que importa y no es, precisamente, lo que es perecedero. 

La vida eterna, aquella que dura para siempre no es, por eso mismo, perecedera. No. Nunca termina. Y es la que se debe buscar. Y lo otro, lo que pasa y muere no tiene tanta importancia como le daban aquellos otros nosotros y, ahora mismo, nosotros mismos. 

Debemos trabajar y obrar para el alimento que nunca muere. 

La pista sobre qué es tal alimento nos lo da el mismo Hijo de Dios. Ni quería entonces ni quiere ahora que hagamos excesivas elucubraciones teológicas. No. Lo dice todo bien claro: el alimento que no perece lo da el Hijo del hombre. Es decir, Él mismo.

Sobre esto puede haber duda alguna. No hay nadie, ni ha habido antes de la llegada del Mesías, ningún otro ser humano que lleve, sobre sí, el sello de Dios ni nadie, por tanto, que pueda ser capaz de hacer lo que en su día hizo su Hijo. Por eso era tan importante escuchar lo que decía y, luego, ponerlo por obra. 

Aquellos querían saber más. A lo mejor, seguramente, no habían acabado de entender aquello del alimento que nunca muere, etc. Y preguntan. 

Creemos que, con franqueza, ellos querían saber para hacer según les decía aquel Maestro al que muchos querían de verdad. 

Lo que debían hacer era sencillo: creer en el Hijo del hombre, en Aquel que les estaba hablando. 

Ellos, sin embargo, aún no acaban de creer. Son duros de corazón. 

Seguramente todos los presentes sabían lo del maná que, como alimento y ante el ruego del pueblo elegido por Dios, salvó la vida a los que no acababan de confiar en Aquel que les había sacado de muy malos momentos. 

Aquel maná, sin embargo, no era cosa de Moisés. Es decir, no fue el profeta quien les procuró el alimento. No. Fue Dios mismo el que, ante la situación por la que pasaba su pueblo, envió la salvación en forma de alimento. 

Ellos, sin embargo, atribuían a quien les llevó por el desierto, aquel milagroso hecho que tantas vidas salvó. 

Pero Jesucristo sabe que no todo es como pueda aparentar ser. Y ellos, quiere comer del pan que les anuncia porque, según entienden, es que les va a traer la salvación. Sin embargo, no acaban de comprender del todo lo que les dice el Hijo de Dios. 

El Mesías no dice nada que no se pueda entender: Él es el pan bajado del Cielo. Por eso, deben acudir a Él y aceptarlo como el Hijo de Dios enviado por el Creador al mundo para que el mundo se salve. 

No tener nunca hambre y no tener nunca sed. Y es que una promesa como esa sólo la puede hacer quien sabe que puede cumplirla. 

 

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que dudan acerca del Pan bajado del Cielo. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no saben ver la salvación que hay en Cristo. 

Roguemos al Señor.

  

ORACIÓN

 

Padre Dios; gracias por haber enviado a tu Hijo para que fuera el pan bajado del Cielo. 

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto. 

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Ventana a la Tierra Media – Eru o Ilúvatar

Mer, 2021-07-28 18:03

En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y estuvieron con él antes que se hiciera alguna otra cosa.

 

Estas son las primeras palabras de “El Silmarillion” y corresponden al capítulo titulado “Ainunlindalë” y subtitulado, explicando muchas cosas, “La Música de los Ainur”. 

Hay, por tanto un principio de toda la subcreación que J.R.R. Tolkien lleva a cabo mediante la intervención del Eterno pues siempre existió, antes, durante y después. 

¿Qué quería hacer Eru? 

¿Cuáles eran sus intenciones? 

¿Dejó que uno de los Ainur se le fuera de las manos? 

Estas preguntas, claro, requieren respuesta pues, de otra forma, todo esto quedaría algo así como huérfano de un qué, de unas razones, de unos motivos, sobre todo de éstos. 

En primer lugar, Ilúvatar debió querer ser generoso y no egoísta. Si existía él y existía solo… en fin, como que no podía, siquiera, conversar con nadie. Y entonces creó a los Ainur para, al menos, tener con quien echar un parrafillo de vez en cuando.

 Y entonces hizo a los Ainur que eran vástagos de su pensamiento. Y cuando el autor del libro nos dice eso está queriéndonos decir que descendían directamente de Quien los creaba y, por tanto, no los había hecho extrasímismo, si se puede decir así. 

Y, entonces, aquellos que brotaban del pensamiento de Ilúvatar, vinieron a ser como los brotes que nacen de una planta que, así, renueva su propio ser. Y fueron otros teniendo en sí la esencia del que habían salido, vástagos de un poderoso ser que existía desde siempre. 

Esto fue así, es así porque lo podemos leer. Pero, de todas formas, Eru debió tener algunas intenciones para que aparecieran los Ainur, aquellos primeros de entre los existentes que luego vinieron a ser y a existir. 

A nosotros se nos ocurren, por ejemplo, éstas: 

-Porque quería que los Ainur fueran instrumento de la subcreación. 

-Porque les iba a otorgar el don de hacer aparecer realidades. 

-Porque quería que su voluntad se recondujese a través de aquellos seres. 

-Porque esperaba el posterior desarrollo armónico de lo que llenó el vacío. 

En realidad, la intención suprema de Ilúvatar al hacer que nacieran aquellos vástagos de su pensamiento fue hacer posible lo que, hasta entonces, no era ni existía. Y así se verificó luego de entonar los temas que les propuso a los Ainur aunque en alguno de ellos hubiera un discordante, origen de todo mal y de todo el Mal posterior y cuyo nombre no vamos a citar, siquiera, aquí. Leer más... »

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – 1- La Gloria en paracaídas (El Reino)

Lun, 2021-07-26 17:33

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino)

 

 

“¿Hay, Padre, algún hombre que de por sí pudiera alcanzar tu corazón y, todavía más, merecerlo? Cada distancia, desde el esfuerzo personal, ¿no es como si cada cual quisiera remontarse por una cuerda de nudos? ¡Ahondar en ti, para verte, como el lugareño para contemplar el gran coto de caza desde la empalizada de su indignidad como los novios que, en la promesa de su dicha, ya muy inmediata, dan a vista un ajuar que sólo ellos han de disfrutar” (Mesa redonda con Dios, 215)

 

Otro capítulo de este especial “Dios al volante”. El título es más que significativo pues nos muestra la Gloria de Dios muy cercana, que cae sobre nosotros, sus hijos y, además, que es el Reino, el de Dios, el definitivo que llamamos Cielo por no tener mejor palabra para definir la Bienaventuranza y la Visión Beatífica. 

En realidad, en las primeras palabras que Lolo nos dice se escucha el eco del Salmo 14 que dice: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo?” Para luego responder: “El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua” Y así sigue un rato este Salmo que tiene como objetivo, en definitiva, conducir el ser de los hijos de Dios para que puedan, eso entrar en Su tienda. 

Por eso decimos que el Beato de Linares (Jaén, España) pregunta lo que pregunta pero lo hace conociendo la naturaleza del ser humano, incluso, creyente. Y dice “algún” porque a lo mejor no hay, siquiera, nadie que pueda alcanzar el corazón de Dios sin limpiar antes el alma… 

El caso es que ni en esto, sobre todo en esto, Dios abandona a su prole. Y es que nos habla Lolo de alguien que, para alcanzar el corazón de Dios hace uso de una “cuerda de nudos”. Y esto ha de querer decir que sería muy diferente, haciendo uso de tal imagen espiritual, querer alcanzarlo utilizando una cuerda “lisa” y sin nudos pues cualquiera sabe que es mucho mejor tener el nudo apoyarse en él y no la escasa ayuda que proporciona una cuerda que no los tiene… Y nosotros creemos que los nudos son las gracias, dones y regalos que Dios ofrece a sus hijos para que sean aceptados y, luego, haga uso de los mismos. Así resulta más fácil tratar de alcanzar el corazón de Quien nos ha creado.

Pero también se nos ofrece otra posibilidad: se ha alcanzado el corazón de Dios pero queremos ahondar en el mismo. Y entonces Lolo nos ofrece dos imágenes. 

En una de ella nos vemos como aquel que se saber indigno de un goce así. Y es algo parecido al publicano que reconocía que lo era ante Dios y así lo decía. Y, entonces, ver al Creador con humildad, desde nuestra obligada humildad pues nada somos ni debemos creernos nada más, ni menos, que hijos suyos. 

Es verdad que eso lastra mucho nuestra visión de Dios. Es decir, por mucho que el Todopoderoso se nos ofrezca como es o, por decirlo pronto, tan bueno y misericordioso como es, no son pocas las ocasiones en las que no queremos sentirnos indignos pues eso afecta mucho a nuestro “ego” y no queremos darnos cuenta, precisamente, de lo indignos que somos…

Pero no podemos dejar de reconocer que la imagen de los novios que pronto dejarán de serlo para contraer matrimonio tiene una fuerza más que especial. 

Esto lo decimos porque en tal relación hay mucho de esperanza y mucha ansia por el porvenir, por el qué será de sus vidas. Y es que ellos se saben dichosos y tal dicha fomenta en sus corazones el don preciado del amor y por el miso se conducen sus existencias. 

En realidad, creemos que Lolo nos está diciendo que el goce de acercarnos a Dios es algo más que personal, muy nuestro y muy particular pues el Creador es uno que lo es Dios personal. Por tanto, alcanzar su corazón no es cualquier cosa sino la forma más directa de sabernos hijos y de creer que todo esto es cierto y es verdad. 

Ciertamente, la Gloria de Dios cae sobre nosotros para fundamentar nuestra existencia con un fondo perfecto de Amor y misericordia. Y es lo que debemos aceptar.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Serie tradición y conservadurismo – Sobre la fe y la razón

Lun, 2021-07-26 09:49

 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

En el albor de la creencia en Dios Único y Todopoderoso, al padre Abraham, que vivía en un mundo politeísta, le movió la fe que tuvo en Aquel que le habló sin esperarlo, le transmitió su voluntad que desconocía y le movió a iniciar un éxodo bastante peculiar por el desierto ignorando muchas realidades ante las cuales, sin embargo, no puso objeción. Por eso podemos decir que fue el primer ser humano que tuvo fe porque creyó sin ver y confió sin saber qué pero sí en Quién y, por tanto, con derecho lo llamamos Padre de nuestra fe.

La razón que hizo que aquel hombre hiciera aquello no debió estar muy alejada de la fe que lo había conquistado y fue, seguramente, la primera persona de la humanidad que comprendió que razón y fe son una realidad que, en común, hace avanzar al mundo.

Sin embargo, se suele argumentar en muchas ocasiones que una y otra, razón y fe, no pueden mantener una relación muy duradera porque resulta inexplicable, con la razón, la fe.

Ante una proposición de tal jaez, que limita una necesaria relación entre razón y fe, podemos decir que este análisis, plantear así las cosas, adolece de un error que, de raíz, falsifica el resultado de éste y lo convierte en torticero y voluntariamente equivocado.

Entre fe y razón existe algo que, en realidad, hace que una presuponga la otra.

Podemos decir que existe una sociedad entre la fe y la razón según la cual cuando a lo largo de la historia la segunda ha actuado sin el acuerdo con la primera, las más grandes aberraciones se han sucedido. Al respecto, muy conocida es aquella expresión procedente de un aguafuerte de Goya que dice “El sueño de la razón produce monstruos”. Cuánto más los sueños…

Al respecto de lo dicho arriba la razón ha de verse matizada por la fe de tal manera que sienta el fuego de purificación que la creencia supone. Así queda limpia de aquello que, como sarmiento podrido, perjudica el normal desenvolvimiento de ser humano llamado hombre.

Al contrario, cuando se ha dado un acuerdo entre fides et ratio podemos decir que no ha habido extralimitación de las posibilidades que la segunda puede llegar a alcanzar.

Ahora bien, esto último no ha sido siempre posible.

A raíz del denominado “siglo de las luces” se fue produciendo una paulatina separación entre lo que lo que no puede haber distancia. Fe y razón parecen haberse distanciado tanto que de la vieja relación entre ellas casi nada queda.

Y es que la soberbia humana puede producir efectos en el corazón del hombre que, queriendo olvidar lo que llaman “sometimiento” a la religión, desvían el correcto caminar por el mundo y, llevados por un relativismo rampante, vierten su voluntad en un hacer equivocado y todo lo que suena o pueda sonar a tradición queda relegado no ya en el vagón de la historia sino, ahora mismo, en el cajón que más escondido pueda estar del presente creyendo, además, que hacen un favor a la humanidad con actuar así cuando, en realidad, lo que se está haciendo es un daño más que grande.

A esto se le ha llamado, con acierto, “tentación racionalista” pues no es más que un intento, a veces conseguido, de evadir la influencia que la fe tiene en la razón y es, sobre todo, un actuar que se impone a fuerza de leyes y reglamentos que puestos en manos de las que lo son perversas y corruptas (moralmente hablando) sólo pueden abocar al hombre y a la sociedad de la que forma parte al abismo del que tanto habla el salmista bíblico.

¿Qué tipo de influencia es ésta?, ¿En realidad, esto tiene solución?Leer más... »

Una ventana a la Tierra Media - ¿Cómo ha de ser la vida de un discípulo del Mal?

Mer, 2021-07-21 17:24

Como es lógico pensar, aunque a lo mejor no todo el mundo está de acuerdo en esto, suele gustar más ser de los buenos que de los malos. Y sí, quizá eso pueda resultar un poco maniqueo pero a nosotros no nos gustan las medias tintas ni estar nadando en dos aguas a la vez o en medio de las mismas… Es decir, como sabemos que hay Bien y hay Mal… pues preferimos al primero y no al segundo. 

Eso vale, digamos, para la vida actual, la real, la que cada uno llevamos pero, para el caso, también nos vale para la propia de la Tierra Media. Y es que, en esto, la realidad puede trasplantarse a la ficción que es lo que muchas veces hizo J.R.R. Tolkien o, en realidad, es lo que hace todo el rato… 

Pues bien, el ser de la parte que no quiere el daño para la otra supone incardinarse en el mejor de los mundos pues es una buena forma y manera de vivir sin agriarse el corazón y sin pretender empuñar algo más que una pluma para escribir, si ustedes nos entienden. 

 

Para esto, podemos imaginar la vida en La Comarca antes de todo lo que sucedería con el tiempo. Y la existencia de sus habitantes, ¡cómo decirlo!, era plácida no sin esfuerzo pero gozosa en sí misma. Y ellos, allí mismo, eran felices en el exacto sentido de la palabra. Y trabajaban, a lo mejor sin saberlo, para el Bien. Leer más... »

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Lo que todo canta

Lun, 2021-07-19 17:50

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Lo que todo canta

 

 

“Santificado seas, Señor

en la ciencia con que el hombre penetra tu misterio

y en la perfección con que redondea la Naturaleza.

‘Santo’ te diga el átomo

que mueve una central de energías

y la mesa de conferencias

que busca una paz.

 

Santificado seas en el bloque de viviendas

que se levanta,

el parque de recreo que se termina,

las industrias que hacen innecesaria la emigración.

 

 

Bendito seas mil veces

cuando se apaga la palabra ‘enemigo’,

nadie murmura de otro,

hasta los pobres pueden entrar en una confitería,

ya las puertas no tienen llave porque

nadie roba,

no hay cárceles ni talonarios de multas,

se echan las gentes el brazo por los hombros

o se nivelan en la mirada a la piel,

el mantel de la masa

el pensamiento y la libertad.

 

 

Santificado, por tu fin, tu nombre,

en el coro con que lo entonan la gratitud filial

de todas las criaturas.” (Mesa redonda con Dios, p. 213)

 

 

 

Cuando abunda lo bueno y cuando se mejora lo malo. Así bendice el Beato de Linares (Jaén, España) a Dios mismo Quien todo eso hace posible. 

Digamos, por cierto, que el texto original que hemos traído hoy aquí no tiene formato de poema sino que lo es en prosa. Sin embargo, desde que lo leímos por primera vez a nosotros nos parecía que ni pintiparado para que fuera expresión poética y así lo hemos puesto. Seguros estamos que Lolo nos perdona esta pequeña licencia. 

De todas formas, creemos que lo que aquí importa está dicho en el propio título de este artículo: “Lo que todo canta”. Y es que el que tiene el pequeño apartado que Lolo escribe en este “Dios al volante” que es el capítulo que estamos trayendo aquí las últimas semanas. 

Lleva, también, un subtítulo y es “Santo” pues no otra es a Quien va dirigido esto que bien parece una oración y un agradecimiento grande pues aquí todo es dar gracias.

 Es verdad que todo lo ha hecho Dios. Sin embargo, es más que bueno darse cuenta de eso para no caer en la tentación de creer que es el hombre quien, con su ciencia, todo lo hace posible. 

Es de agradecer, por tanto, todo lo bueno que pasa al hombre. Y de eso pone ejemplos nuestro linarense universal. Y es que tanto la perfección de la naturaleza (maravillosa y perfecta, podemos decir) como aquello que el ser humano, con su inteligencia (donación de Dios) hace posible y, también, la buena voluntad de buscar la paz en un mundo siempre en conflicto, todo eso, decimos, parte de Dios mismo pues es intención suya la mejor vida de su criatura humana. Y eso es, simplemente, innegable, pues todo lo hizo y mantiene en bien de nosotros, sus hijos. 

Pero hay otro apartado de realidades que tiene mucho que ver con dar las gracias a Quien todo lo hace. Y es que hay muchas cosas que en el mundo pasan que no están bien. Y, sin embargo, también esas pueden ser corregidas. Y ahí Manuel Lozano Garrido pone ejemplos que son, de ordinario, lo más común que existe: cuando no hay murmuraciones, cuando desaparecen los males propiciados por el egoísmo, cuando desaparece todo aquello que supone un daño para el hombre o, en fin, cuando desaparecen las creadas diferencias entre personas en pos de un bien mayor. 

Todo esto que dice Lolo es verdaderamente el meollo de lo que debemos querer como bueno y mejor. Y todo lo agradece a Dios porque sabe muy bien y más que bien que gracias al Padre Eterno lo mejor es posible porque lo ha puesto en nuestros corazones y que lo que queramos como bueno se puede hacer realidad. Y lo llama “Santo”, primero, porque lo es y, luego, además, porque lo parece con su pensar en bien de su descendencia. 

Debemos, por tanto, dar gracias a Dios porque es Santo y porque hace posible lo bueno y mejor que hay en nosotros. Y eso Lolo, se diga lo que se diga, lo hace bien y más que bien.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Serie tradición y conservadurismo – Seguro que Dios tiene un plan

Dom, 2021-07-18 17:04

 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Qué bien me sé los pensamientos que pienso sobre vosotros-oráculo de Yahveh- pensamientos de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza

Jeremías, 29, 11

 

Cuando el ser humano se da cuenta, digamos que por el tiempo en el que empieza a tener uso de razón, de que no es posible que esté en el mundo por casualidad sino que debe haber algo más, Alguien más, que haya procurado que esté ahí, justo en el momento de su vida en el que se encuentra, entonces es posible que empiece a preguntarse eso tan socorrido de quién soy, qué hago aquí y, en fin, todo lo que de eso se deriva.

Es muy cierto que Dios da a sus hijos libertad, la libertad. Y la misma, como bien sabemos, puede utilizarse para lo bueno pero, también, para lo malo. Y ahí estamos, siempre lidiando con una cosa y con la otra, sin saber muchas veces las razones de nuestro apego al mal o, mejor, al Mal, con mayúsculas.

Pues bien, llega un momento en la vida del ser humano en el que las preguntas se van haciendo precisas. Ya no vale una respuesta, así, genérica, que pueda salir de la boca de un padre o de una madre o, incluso, de un amigo más avezado en pensares, digamos, más profundos. No. Entonces, queremos saber, de verdad, quiénes somos, qué hacemos aquí y en fin, todo lo de eso se deriva…

El caso es que lo que se deriva de todo eso es, nada más y nada menos, que la propia existencia del hombre o, lo que es lo mismo, su ser en acto y ya no en potencia. Hace mucho tiempo que ha venido a ser y no puede, qué menos, sino preguntarse eso y mucho más.

Aquí hay dos posiciones que suelen ser las más habituales y que son, a saber:

1. La de aquellas personas que no tienen fe y creen que están aquí, en esencia, porque sí.

2. La de aquellas personas que tienen fe y eso lo tienen más que claro, con todo lo que de eso se deriva.

Para el primer grupo de personas, nada de lo que podamos decir que tenga que ver con Dios tiene sentido para ellas. No son capaces de aceptar que hay Alguien, muy superior a sus propias vidas, que es quien todo lo ha creado y mantiene. Por eso no pueden creer que sus realidades tengan nada que ver con tal “Alguien” (al que otros llaman Dios y otros, de otras muchas formas…) y que, al fin y al cabo, ellos se las van a componer por sí solos y que, aquí paz y allí… no dirían gloria sino, más bien, lo que sea que, para tales personas, será siempre nada o, en concreto, la nada más absoluta: después de la muerte…¡se acabó!, ni hay nada ni nadie que pueda sustentar que hay algo.

Es cierto y verdad que tal forma de pensar no ha sido extraña a lo largo de la historia de la humanidad desde que la misma se dio cuenta (pongamos con Abraham) de que no andaba sola por el mundo y que había Alguien que lo estaba acompañando y que lo podía guiar porque, al parecer, sabía lo que hacía…

Esto lo decimos porque seguros estamos que siempre ha habido personas escépticas hacia la existencia misma de Dios y que, al parecer, poca importancia le daban a eso y, también, que siempre ha habido ateos… en fin, que cierto es como que al día le sigue la noche o al revés…

Entonces, para tales personas, el Plan de Dios poca importancia ha tenido, o tiene hoy día, hoy mismo, sino que se aplican el que creen que les conviene con los resultados que, a veces, podemos imaginar sin un sustento espiritual de tanta importancia como es nuestro Creador y Todopoderoso Eterno porque, al fin y al cabo, el Plan al que nos referimos no puede parecer malo y nunca lo puede ser aunque tales personas lo crean innecesario, para su desgracia.

Hay, sin embargo, muchas personas que sí creemos que existe Dios y que el mismo tiene un Plan, así con mayúsculas, para cada uno de nosotros. Y creemos que, por ejemplo, quiere

- Que cumplamos con su santa Voluntad,

- Que no procuremos el alejamiento de su corazón,

- Que estemos siempre a la realidad de ser semilla y ser sal y levadura,

- Que lo tengamos siempre en el centro de nuestra vida,

- Que miremos siempre al Cielo sabiéndolo ahí,

- Que no dilapidemos la libertad que nos ha dado,

- Que tengamos en la oración el centro de nuestra vida,

- Que no pongamos el corazón en aquello que nos sobra,

- Que atesoremos no para el mundo sino para la vida eterna,

- Que seamos, en el buen sentido de la palabra, buenos,

- Que respetemos aquello que se estableció como bueno y mejor,

- Que echemos algo más que un ojo a sus Mandamientos,

- Que tengamos en cuenta las Bienaventuranzas,

- Que hagamos de su Palabra el eje de nuestra vida,

- Que sigamos Su Luz para llegar a su definitivo Reino, llamado Cielo,

- Que…

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La Palabra para el Domingo – 18 de julio de 2021

Sab, 2021-07-17 00:22

  

Como es obvio, hoy no es domingo 18 sino sábado, 17 de julio de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

 

Mc 6,30-34

 

“30 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que  habían hecho y lo que habían enseñado. 31     Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.’ Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. 32 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. 33 Pero los vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. 34 Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”

 

 

COMENTARIO

 

Estar como oveja sin pastor

 

Podemos imaginar que, en un mundo donde el pastoreo era una actividad muy importante, que el Hijo de Dios haga uso de determinadas palabras, era cuestión principal y que sostenía su predicación.

Lo que pasa en este texto bíblico es síntoma de necesitar mucho más que alguien a quien escuchar. Muchos buscaban porque, en realidad, no habían encontrado a quien pudiera iluminar sus caminos.

También es más que cierto que el pueblo judío se sentía oveja de un Pastor grande que era Dios. Y a él debían seguirlo. Y eso es lo que quieren hacer bastantes con aquel hombre que enseñaba con autoridad y que muchos conocían, ya, en su casa de Nazaret.

Muchos de ellos, por tanto, no encontraban el camino para llegar al definitivo Reino de Dios. Y seguían a Jesucristo porque veían, en aquel hombre sabio, a un verdadero Mesías, al Mesías. Y eso, como bien sabemos, no le venía nada bien a Quien todo lo iba a dar por sus hermanos y, sobre todo, por los más pobres y necesitados.

También es fácil imaginar que aquel mundo, aquellas tierras de oriente, no eran, en territorio, demasiado extensas. Todos se conocían y no es nada extraño que supiera dónde podía estar Cristo e, incluso, dónde se podía dirigir cuando quería estar a solas con sus Apóstoles para ensañarles. Pero había muchos otros que querían aprender y no podían dejar la oportunidad de escuchar al hijo de María y del carpintero José.

¡Qué dedicación no tendría Cristo que, como se nos dice aquí, no tenía tiempo ni para comer! Y es más que seguro que no hacían remilgos cuando alguien le pedía alguna merced o veía que se necesitaban sus manos y su corazón.

Al parecer no había forma. Y es que fueran donde fueran siempre había gente esperando al Hijo de Dios. Seguramente serían de los más sencillos de entre los del pueblo elegido, aunque no podemos descartar que también estuvieran allí gentes notables y de importancia no pequeña.

Dice el Hijo de Dios que creían que aquellos que allí estaban parecían como ovejas sin pastor. Y eso era más que importante.

Jesucristo conocía y reconocía la situación por la que muchos de aquellos que querían escucharlo no era buena. Muchos eran de los sencillos, de los que lloraban, de los que querían justicia o, en fin, de aquellos a los que se dirigía con un amor más que importante aquel Maestro bueno.

Ellos eran como ovejas, pero no tenían quien las dirigiese. Y querían que fuese Jesucristo quien las condujese a su redil y, también, quien les enseñara a orar y a buscar mejor camino para llegar a Dios. 

Ante aquella situación… ¿qué hacer?

Más de uno de aquellos Apóstoles debió pensar que tampoco iban a descansar en aquella ocasión. ¡Y ellos eran hombres como otros que también necesitaban el reposo! Pero aquel Maestro parecía que nunca se cansaba y no dejaba de enseñar. En realidad, era para lo que había venido al mundo. Y lo cumplía de forma más que eficaz. 

 

PRECES 

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren seguir a Cristo.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que están perdidos en el mundo.

Roguemos al Señor.

  

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a querer siempre a tu Hijo.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  

Eleuterio Fernández Guzmán 

  

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán   

 

 

Ventana a la Tierra Media – Una imagen y mil palabras

Mer, 2021-07-14 17:49

Conocido es el dicho que habla sobre imágenes y palabras: “Una imagen vale más que mil palabras”. Pero también es cierto que a una imagen se le pueden sacar, al menos, mil palabras para que las mismas hagan comprender mejor la imagen. 

El que esto escribe no siempre está a favor de tal cosa pues es cierto, sí, que una imagen ahorra las palabras (que, digamos, la sustituyen) pero no es poco cierto que mil palabras, para según qué imágenes, pueden decir mucho (a lo mejor todo si pensamos, por ejemplo, en una pintura abstracta) acerca de la imagen. 

Es verdad que la imagen que hemos traído aquí es bien sencilla. Y es que encontramos a J.R.R. Tolkien echando mano de un libro, suponemos que de su biblioteca personal, que, al parecer, es uno de unos cuantos (parece que cuatro) titulado “Gnomo”. Nada, por cierto, más apropiado para el su caso particular… 

Pues bien, toda esta pequeña introducción es para decir que el que esto escribe va a tratar de decir, al menos, mil palabras sobre esto y la imagen supracitada. Y si no explican nada mejor que la misma lo sentiré más que mucho pero, al menos, habrá sido tema de escritura sobre el profesor de Oxford a quien, como vemos con esto, se le puede sacar algo de lo que parece nada… 

Aquí vemos a nuestro amigo (creemos que podemos así llamarle y formar parte de su Compañía…) llevando un libro a sus manos. Y decimos llevando pues también podría sostenerse que lo está dejando. Sin embargo, a nosotros nos gusta pensar que lo coge para leerlo pues eso supone que va a abrir su corazón a su contenido y, además, tal forma de coger el libro indica que lo saca de su sitio pues es comprobable por cualquiera de nosotros que tal forma es la de coger y no la de dejarlo en la estantería donde suele ser la acción ordinaria dejarlo, digamos, vertical y no tocando el borde de la estantería de tal forma… 

Bueno, pues después de esta pequeña digresión sobre el cómo del dejar libros en su sitio, vayamos al meollo de la cosa porque, aunque parezca imposible, lo tiene. 

Pues sí. Aquí vemos que Tolkien padre coge un libro pero podemos imaginar que no somos capaces de identificar el título del mismo aunque hoy día se pueda hacer eso. Pero nosotros, al contrario de la técnica, no la vamos a utilizar y vamos a ver que coge un libro pero no sabemos cuál. 

Existen muchas posibilidades de que haga eso el autor de tantas maravillosas obras. 

Así, por ejemplo, podía hacerlo con alguno de sus preferidos entre los que se habían de contar los referidos a las sagas nórdicas pues es bien sabido (y seguro que lo reconoció en vida) que fueron una fuente interesantísima de inspiración para quien creó El Hobbit. Y en ellas encontraría el buen hombre las emocionantes aventuras que tanto amó y, luego, subcreó. 

Así, por ejemplo, podía hacerlo con uno que tratara de lenguas antiguas, más que antiguas o antiquísimas pues desde bien niño entendió que tal sería su camino (¡Ay aquellos trenes de Gales!) que, como sabemos, en este aspecto (también en éste) fue tan verdaderamente fructífero que llegó a inventar más de unas cuantas…

Así, por ejemplo, podía hacerlo con uno cuyo contenido fuese, en esencia, el mapa, los mapas. Y es que sabemos que también tenía dotes de cartógrafo o, al menos, que gozaba con los mapas y, seguramente por eso, el propio de la Tierra Media es, así dicho, tan bueno o mejor para comprender bien las aventuras de sus personajes. Leer más... »

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Dios, refugio

Lun, 2021-07-12 17:02

Presentación

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Dios, refugio

  

“Padre, Tú, caliente sobre nosotros, como una inmensa clueca de alas azules que le diese la vuelta al Universo, Vida nuestra, que estás en el cielo de las estrellas y haciendo estrellas en el cielo de nuestro barro y nuestra piedra. “ (Mesa redonda con Dios, p. 211)

   

Protección,

Auxilio,

Providencia,

Compañía

Consuelo,

Refugio,

Mano tendida,

Corazón dispuesto,

Pasos juntos,

Mismo camino.

 

A nosotros nos sugiere este texto del Beato de Linares (Jaén, España) este pequeño listado con el que queremos tratar de acercar a nuestro corazón lo escrito por Lolo. Y es que, en realidad, es eso y seguramente mucho más pero, eso, eso sí es, por lo menos. 

En este capítulo de su “Mesa redonda con Dios” dijimos que refiérese a que el Padre está al teléfono, por así decirlo, y escucha nuestra llamada. Pero también significa mucho más, como podemos imaginar y como podemos leer en este texto. 

Lolo nos dice, dirigiéndose a Dios directamente, que nuestro Padre del Cielo no está lejos de nosotros sino cerca y más que cerca. Por eso hace uso nuestro amigo de una imagen que es tenida por buena y mejor: Dios es como el ave que, en sus plumas, recoge a sus crías para protegerlas, a lo mejor, de la inclemencia del tiempo pero, también, ante algún posible peligro. Ella siempre está dispuesta a hacer eso porque es madre, la madre. Y algo así pasa con Dios al respecto de nosotros, sus hijos. 

En realidad, habría que ir analizando expresión a expresión y frase a frase aunque aquí, en realidad, sólo haya una. Sin embargo, la misma engendra, en sí misma, muchas formas de entender la relación que Dios tiene con nosotros, sus hijos. 

Así, por ejemplo, nos dice el linarense universal que Dios está “sobre nosotros” con lo cual nos está diciendo que está más que cerca y eso debería hacernos pensar, primero, en la especial protección que recae sobre nuestro corazón pero luego también debería hacernos pensar que como Dios es así y está así… bueno, que deberíamos tener muy en cuenta qué es lo que hacemos en nuestra vida ordinaria y con ella… 

Lo de las “alas azules” al que esto escribe le sugiere como un cielo, como el cielo que está sobre nosotros, que siempre está sobre nosotros porque ha sido puesto ahí por Dios para que esté y nos cobije, en fin, del mundo espacial exterior. Dios, así, primero se preocupó de su descendencia y de su propia supervivencia. 

Así está Dios: sobre nosotros protegiéndonos y, claro, nada alejado de aquellos a los que creó y mantiene. 

Pero hay algo que a nosotros nos parece lo mejor. Dios, que está siempre con nosotros lo está de dos maneras

En primer lugar, en el mismo cielo que creó, allá arriba como imagen que solemos representar como real aunque haya quien diga que eso, el cielo, no es más que un estado espiritual. 

En segundo lugar, Dios no está sólo ahí sino que está perpetuando la existencia del ser humano procurándonos aquello que nos conviene. Por eso dice Lolo que Dios está “haciendo estrellas en el cielo de nuestro barro y nuestra piedra”. Y es que, en efecto, a veces somos barro, moldeable por el corazón del Padre y, a veces, lo que somos es piedra, dura cerviz, incapaz de darse cuenta de lo que nos conviene. 

La imagen que Manuel Lozano Garrido refleja en este texto y que es la de la santa Providencia de Dios, su Amor sobre sus hijos, es aquella que nos permite decir que, en efecto, somos sus hijos pues, como tales, nos protege y todo hace en nuestro bien. 

Dios, refugio. Algo así como saber dónde debemos fijar nuestra atención y no sólo en la adversidad sino, sobre todo, en el bienestar de nuestro corazón. Y es que a eso se le llama dar gracias: por todo y por el Todo.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

Serie tradición y conservadurismo – Relativismo

Dom, 2021-07-11 17:06

 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Dices que todo es más o menos lo mismo y que estás listo para cualquier compromiso.

Entonces ¿por qué ruta vas a caminar?

¿Te vas a unir a varias Iglesias?

¿Te vas a acomodar a todas las morales y vas a ajustarte a todas las conciencias?

 

Cardenal Francisco Xavier Nguyen Van Thuan

Mil y un pasos en el Camino de la Esperanza

 

Estas palabras del Cardenal Van Thuan, que partió a la Casa del Padre el 16 de septiembre de 2002, muestran bien a las claras el problema ante el que nos encontramos y que, a lo mejor, se tiene por algo de poca importancia o, en fin, algo que bien podemos obviar en pro de una vida, digamos, tranquila en el mundo y sin las persecuciones que, como sabemos, vamos a recibir pues es lo que le pasó al Maestro y, en eso, tampoco vamos a ser más que Él…

No es poca cosa, de todas formas, que quien se dice cristiano deambule de aquí para allá sin fijarse en su propia fe ni bueno puede ser que su alma se pierda con tanta facilidad por los recovecos del presente que no se dé ni cuenta.

En la Misa Pro Eligendo Pontífice, celebrada allá por el 18 de abril de 2005, como Decano del Colegio Cardenalicio, Joseph Ratzinger dijo algo que resultaría, de todo punto, importante no olvidar: “Mientras que el relativismo, es decir, dejarse ‘llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina’, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos”.

Al parecer, estamos sometidos a tal dictadura que, además, es sostenida no sólo por personas que se dicen contrarias a la religión sino también por los mismos cristianos que, sometidos al mundo y a su mundanidad, no son capaces de obviar las llamadas de la Bestia.

Pero no sólo dijo eso el entonces cardenal Ratzinger sino que aportó, para defensa de la situación actual, una verdad bastante notable: frente a lo que el mundo entiende por medida de las cosas, “nosotros tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre. Él es la medida del verdadero humanismo”. Define, además, lo que debería ser, para los cristianos, una fe “Adulta”. No es aquella que, aparentemente cumple con los preceptos establecidos en las Sagradas Escrituras pero, en verdad, no siente eso que hace porque se deja llevar por cualquier novedad o sigue “las olas de la moda”.

Bien sabemos que los valores cristianos no son volanderos ni se dejan someter a lo que, en cualquier momento, pueda entenderse por conveniente. La Fe, en esto, no es relativa sino que se asienta sobre unas bases supra humanas, divinas, de Dios, que la amparan y la constituyen como instrumento de amor y de paz.

Por eso, como cordura, prudencia y moderación podemos definir lo que el ya emérito Santo Padre denominó “medida perfecta”: supone cordura porque nos muestra el camino recto y perfecto para alcanzar la salvación eterna; es prudente porque nos indica cómo no debemos actuar, hacia qué no debemos ir y, sobre todo, por qué es necesario actuar como nos dice; y, por último, es moderada porque sólo presenta como extremo la entrega total al otro y, en último término, amor total, dar la propia vida como hizo el Maestro, Hijo de Dios y hermano nuestro.

Esa media que, al fin y al cabo, es la que Dios nos proporcionó para que fuéramos capaces de sobrellevar el andar por este mundo ha de hacernos fácil la decisión de no abandonar al Creador porque nos corresponda ser mundanos para estar a bien con el mundo que además, de ninguna de las maneras va a aceptar nuestra tibieza como algo a premiar sino, además, como síntoma de debilidad que, sin duda, sabrá aprovechar en detrimento de la fe cristiana.

Por eso, si nos dejamos llevar por lo que, de relativo, hay en la ideología básica del hoy caeremos en eso que para Luigi Giussani (fundador de Comunión y Liberación) es el mayor de los problemas. Él lo plasma perfectamente cuando dice que “El hombre como medida de todas las cosas: este es el enemigo, el único enemigo de Cristo”.

Pero, entonces, ¿Cómo nos puede servir reconocer a Cristo como la medida perfecta del humanismo?

Para nosotros ha de sernos útil en multitud de aspectos. Por ejemplo, en nuestra relación con los demás, la medida de servicio de Jesús nos ha de servir para darnos plenamente en ese valor. No sustituiremos, en eso, la voluntad de Dios, ni llenaremos el lugar que dejaría vacío su amor por otros bienes que lo sean materiales; la medida de humildad del Maestro nos ha de proporcionar instrumentos para prevenir la soberbia y otros excesos de nuestro yo; la medida de misericordia de Jesús nos ha de demostrar que la bondad ha de sobreponerse a la tentación de respuesta a la ofensa.

En esto no podremos sustituir a Dios por lo banal porque nuestra existencia depende del respeto y la confirmación de su voluntad en nuestras vidas y de la forma que tengamos de ser fieles a sus mandatos y a sus bienaventurados consejos de Padre.

El caso es que todo esto dicho hasta ahora tiene mucho que ver con los valores y principios que nosotros, cristianos que estamos en el mundo pero que sabemos no somos del mundo, debemos defender porque, de lo contrario, ya sabemos qué van a hacer con ellos: exacto, tirarlo en el cubo de la basura de la historia muy a pesar de que sepamos que los mismos no pueden morir del todo porque son defendidos por Dios y por su Hijo, Jesucristo.

El relativismo hace mucho daño. Y no lo hace porque sea, digamos, una ideología contraria a lo que se pueda defender desde un pensamiento llamado tradicional. No. No es por eso porque de ser así bien que podría terminarse con el mismo con el simple juego de las elecciones. Y bien sabemos que la cosa no va por ahí sino que se mete bien dentro.

Esto lo decimos porque es algo que acecha nuestra vida espiritual y, así, la misma material, desde nuestro propio corazón: se adentra en el mismo y lo corrompe todo: nuestra visión del mundo y, en fin, lo que acabamos llevando a cabo.

Ser relativista es, al fin y al cabo, no aceptar nada como válido, no tener valores fuertes que encaucen una vida y, sobre todo, no dar nada por verdad, ni la Verdad misma porque con eso cualquier cosa es admisible lo que termina por hacer que nada valga nada.

Aquí, con el relativismo, todo está perdido. Bueno, está perdido lo que debe ser fundamento de ser creado por Dios a su imagen y semejanza. Y ahí radica el peligro en el que podemos caer si nos sometemos, de pies a cabeza pero, sobre todo, de corazón, a esa forma de pensar que establece que tanto vale una cosa como la otra o, mejor, que tanto vale lo bueno como lo malo y que, según convenga, así debemos hacer. Y ahí nada hay seguro salvo la falta de seguridad más absoluta.

De todas formas, según son las formas del mundo, del siglo, ser relativista puede venir la mar de bien para según qué espíritus de hoy. Así, por ejemplo, se evita cualquier tipo de discusión con un contrario que, pro propia definición, deja de serlo porque nada es cierto y verdad; por ejemplo, se fomenta una paz que, en el fondo, es falsa porque puede venirse abajo en cuanto convenga que se venga abajo según las necesidades de los fuertes y, desde abajo, de la masa social llamada pueblo con ánimo manipulador.

Ser relativista, hoy día, no es algo que abunde poco. No. Al contrario es la verdad: hay superabundancia de personas que creen que lo mejor es no mojarse ni con agua y, mucho menos, en discusiones sobre valores o principios que vaya usted a saber qué valor tienen…

Al contrario debemos hacer aquellos que creemos en unos valores que tenemos por buenos y que, por tanto, son los que dirigen nuestras vidas y haciendas. Y es hacer otra cosa es hacernos un flaco favor a nosotros mismos porque no siempre se puede vivir en la ficción de que todo es importante aunque así nada lo sea y, además, fomenta eso en nosotros una inseguridad tan grande que nada bueno vamos a obtener de un ser así, de un comportarse así o de un vivir así.

Resulta, de todas formas, curioso que no debamos alejarnos, esta vez tampoco, de lo que dicen nuestras Sagradas Escrituras. Y es que ya dijo Jesucristo algo que, de ser seguido a rajatabla, haría que muchas cosas cambiasen para bien. Y es que ya sabemos que alguna predicación tuvo que decir, según veía las cosas, que donde era sí, debía seguir siendo sí y donde es no, no debía ser. Y ahí es donde radica lo que creemos aceptable.

Ahora bien, debemos saber que lo que es sí tiene que ver con nuestros valores tradicionales y una cultura que denominamos judeocristiana porque es ahí donde están nuestras raíces. Y es que de otra forma, seguro que nos equivocamos, erramos y terminamos andando por mal camino.

 

Artículo publicado en The Traditional Post. 

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

 

Sólo lo bien hecho ha valido y vale la pena.

 

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

La Palabra para el Domingo - 11 de julio de 2021

Sab, 2021-07-10 08:23

  

Como es obvio, hoy no es domingo 11 sino sábado, 10 de julio de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

   

Mc 6, 7-13

  

“7 Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; 9 sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.’ 10    Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. 11 Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.’ 12 Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; 13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.”

      

 

COMENTARIO

 

Para cumplir una santa misión enviados

 

No puede decirse que Jesús no se preocupase por lo que había venido a llevar a cabo en el mundo. Sabía que su labor debía ser continuada por aquellos que había elegido como sus discípulos más cercanos, sus apóstoles. 

Los envía de dos en dos. Y lo hace no de una forma cualquiera sino que les otorga un poder grande. Ellos podrán tener preeminencia sobre los espíritus inmundos, sobre los demonios que, por orden del Maligno, dominan a muchas personas y las hacen ir por el camino de la perdición. Por eso, al final de este texto del evangelio de san Marcos nos dice su autor que “expulsaban muchos demonios” porque tan tipo de exorcismo era muy necesario para limpiar el alma de muchos sometidos. 

Pero Jesús, al enviarlos, les de unas instrucciones que tienen mucho que ver con lo que supone ser discípulo suyo. Así, a saber: 

-Les impone una pobreza material porque sabe que Dios, su Padre, siempre proveerá para los trabajadores de su mies. La confianza, pues, de Cristo, en la santa Providencia del Creador es absoluta. Y es que resulta curioso que sólo les permita lleva un bastón porque les ha de servir de apoyo en su caminar. Todo lo demás será proporcionado por el Todopoderoso. 

-Ofrecer la fe. Cuando Jesús los envía no les dice, por ejemplo, “debéis obligar a que crean y se conviertan”. Tal proceder está muy lejos de lo que es la bondad y la misericordia de Dios. No. Lo que ellos deben hacer es, simplemente, ofrecer la Buena Noticia, poner sobre la mesa de aquellos corazones que los reciben, que el Reino de Dios ha llegado al mundo, que es Jesucristo y que, por tanto, les conviene muy mucho seguirlo, convertir el corazón y seguir al Maestro. 

Pudiera parecer que Jesús establece una especie de castigo para aquellos que no acepten a sus enviados. No es así la cosa porque lo único que les dice Jesús es que dejen en evidencia su falta de fe. Y es que es a Dios a quien le corresponde juzgar la falta de vista espiritual que tendrán aquellos que no quieran acoger, entre ellos, a los enviados de su Hijo. 

El caso es que aquellos apóstoles, aquellos Doce no parece que se opongan a lo que les dice el Maestro. Ni dicen que no a tal mandato ni, tampoco, a las especiales y específicas condiciones que les impone Jesús. Tal es la confianza que tienen en el Mesías que, ni cortos ni perezosos se lanzan a los caminos del mundo conocido y cercano para predicar que lo que tanto había estado esperando el pueblo elegido por Dios había llegado a hacerse efectivo: había sido enviado el Hijo para que el mundo se salvase. Es más, cumplen a rajatabla todas las indicaciones que les ha dado Jesús antes de partir. Por eso consiguen convertir a muchos y curar a los que estaban necesitados de curación. 

Y es que la confianza, la fe, tiene tal tipo de poder.

 

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren ser apóstoles de Cristo en el mundo de hoy. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no aceptan el mensaje de Cristo. 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN 

Padre Dios; ayúdanos a aceptar aquello que tu Hijo nos dice a lo largo de nuestra vida.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto. 

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán 

 

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán   

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