Panier

1 Item MXN$0.00

Reforma o Apostasía - José María Iraburu

S'abonner à flux Reforma o Apostasía - José María Iraburu
b2evolution 2019-05-22T00:18:43Z
Mis à jour : il y a 2 heures 36 min

(548) Asís, marzo 2020 - «Economy of Francesco»

il y a 20 heures 53 min

–El asunto está difícil…

–Así es. El Papa siempre pide que recemos por él… Oremos, oremos, oremos.

Hace unos días el BOLLETTINO de la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el texto íntegro del «Mensaje del Santo Padre para el evento “Economy of Francesco” (Asís, Italia, 26-28 de marzo de 2020), 11/05/2019». Estamos aún distantes de la fecha señalada para ese evento, pero por eso mismo parece conveniente ofrecer a la Santa Iglesia, y especialmente al Santo Padre y a quienes más directamente lo preparan, algunas consideraciones sobre ciertas dificultades previsibles. Publico para comenzar algunos fragmentos delLeer más... »

(547) Cristo glorioso (y 5)- Vivir en Cristo y para Él

mer, 2019-05-15 23:47

 

–¿Esta mini-serie sobre el «Cristo glorioso» la ha escrito porque estamos en el Tiempo Pascual?

–Así es. Y así es «porque de la abundancia del corazón habla la boca».

 

—El Segundo Adán, Jesucristo, es «todo» para nosotros

 Jesucristo inicia y vivifica en los cristianos una raza nueva de «hombres celestiales». «El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente; el último Adán, espíritu vivificante. El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo hombre fue del cielo. Cual es el terreno, tales son los terrenos; cual es el celestial, tales son los celestiales» (Col 15,45.47-48). Jesucristo es, pues, para nosotrosLeer más... »

(546) Cristo glorioso (4)- Salvador del mundo y Sacerdote eterno

lun, 2019-05-13 06:06

–¿Tanto citar textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, de dos mil o más años atrás, no será pecar de arcaísmo?

–Así piensan algunos discapacitados en la fe.

 

–Jesucristo, Salvador del mundo

El Evangelio presenta a Jesucristo con frecuencia como «Salvador del mundo». Al disminuir hoy notablemente en la predicación de la Iglesia la dimensión soteriológica (salvación / condenación), ha disminuido parejamente el uso de la palabra Salvador para designar a Jesús. Pero «al principio no fue así», ni tampoco durante casi veinte siglos de Tradición eclesial. Conviene, pues, que nos gocemos contemplando a Cristo como único y glorioso «Salvador del mundo».Leer más... »

(545) Cristo glorioso (3)- La excelsa epifanía de la Cruz

jeu, 2019-05-09 07:34

–Señor nuestro Jesucristo, te adoramos y te bendecimos …

–pues por tu santa Cruz redimiste al mundo.

 

El Hijo divino se nos da por puro amor en Belén, en la Encarnación. Y consuma su entrega de amor en el Calvario, en la Cruz: «al final, extremadamente los amó» (Jn 13,1). «Tanto amó Dios [Padre] al mundo que le entregó a su Hijo único» (3,16).Leer más... »

(544) Cristo glorioso (2)- Dios verdadero y hombre verdadero

mer, 2019-05-01 04:00

–Todo lo que dice usted en este artículo es ya muy sabido.

–No tan sabido. Lamentablemente se habla muy poco de Cristo y de la santísima Trinidad. Más se habla de la justicia, de la solidaridad, de los inmigrantes, del calentamiento global, de la paz, del diálogo y de tantos otros temas horizontales de moda, todos interesantes. Pero…

 

–Signo de contradicción

El Hijo de Dios no entra por la encarnación en la raza humana en forma prepotente, majestuosa, imperiosa. Al contrario, entra en la humanidad por la puerta de servicio, por una cuadra de animales, y se presenta ante los hombres

humilde y pobre, sin ningún signo de poder, «suave y humilde de corazón» (Mt 11,29), «el hijo del carpintero» (Mt 13,55), menospreciable: lo echan de su tierra los gerasenos (Mc 5,17), los samaritanos (9,53) y tantos otros. Y al mismo tiempo, tiene

gran autoridad, tanto en sus palabras (Mt 24,35) como en sus obras (Lc 4,28-30; Jn 18,6). Esto para unos es una provocación intolerable (Jn 2,18), pero para otros es un gozo inmenso (Mt 7,28-29; Mc 1,22.27). «Yo no he venido a la tierra a sembrar paz, sino espada» (Mt 10,34).

Es odiado por unos hasta el insulto, la calumnia, la persecución y el asesinato. Y es admirado por otros hasta la devoción más entusiasta: las muchedumbres que vienen de todas partes se agolpan en torno a él (Mc 3,7-10; 6,34-44; Lc 12,1), y hacen de él comentarios de sumo elogio (Lc 4,22; Jn 7,46). Es amado por sus discípulos con una amor muy grande, que a veces tiene rasgos de adoración (Mt 14,33).

Es misterioso. 1. En lo que hace (sanar, perdonar, resucitar, etc.); 2. en lo que enseña (felices los pobres, amar a los enemigos, etc. ); 3. y aún es más misterioso en lo que dice de sí mismo: «Yo soy la verdad, el camino, la vida, la resurrección, el agua viva, el pan vivo bajado del cielo, anterior a Abraham, el pastor de todos, el único Maestro… Vosotros sois de abajo, yo vengo de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. El que me ve a mí, ve a Dios [al Padre]».

Es bandera divisoria. Siempre que Jesús se presenta ante los hombres se dividen sobre él las opiniones apasionadamente (Jn 7,12-13, 30-32, 40-43, 46-49; 9,16; 10,19-21; etc.) Realmente es «signo de contradicción», como dice Simeón (Lc 2,34-35). No cabe ante él la indiferencia. O se le recibe o se le rechaza: «El que no está conmigo está contra mí» (Mt 12,30).

 

–«El hombre Cristo Jesús» (1 Tim 2,5)

El Hijo de Dios, por el misterio de la Encarnación, se hizo «en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado» (Hb 4,15; +Flp 2,7). Es Dios y es hombre para siempre.

-Cuerpo.Su cuerpo es en todo semejante al nuestro. Crece ante los hombres. Muestra una fisonomía propia, seguro que muy semejante a la de María, pues de ella recibe toda su herencia genética. Camina, come, duerme, habla… Una vez resucitado, dirá: «Palpadme y ved, que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo» (Lc 24,39).

-Entendimiento. Jesús, nuestro único Maestro (Mt 23,8), tiene un entendimiento totalmente lúcido para la verdad, y por tanto invulnerable al error. Cristo no discurre o argumenta laboriosamente, sino que penetra la verdad inmediatamente, como quien es personalmente la Verdad (Jn 14,6). Deshace fácilmente las trampas dialécticas que le tienden (Mt 22,46). Y con admirable sencillez, enseña con parábolas a cultos e ignorantes, irradiando verdad con la misma facilidad con que la luz ilumina. El es la Luz (Jn 8,12; 9,5; 12,36). El es la Luz que viene de arriba (8,23), del Padre de las luces (Sant 1,17): «el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte» (Lc 1,78-79).

Toda la sabiduría de Jesucristo procede del Padre; él solo enseña lo que oye al Padre (Jn 8,38; 12,49-50; 14,10). Conoce a Dios, y lo conoce con un conocimiento exclusivo (6,46; 8,55), como quien de él procede (7,29); y puede revelarlo a los hombres (Mt 11,27). Conoce a los hombres, a todos, a cada uno, en lo más secreto de sus almas (Jn 1,47; Lc 5,21-22; 7,39s): «los conocía a todos, y no necesitaba informes de nadie, pues él conocía al hombre por dentro» (Jn 2,24-25). Conoce los sucesos futuros que el Padre quiere mostrarle en orden a su misión salvadora. Predice su muerte, su resurrección, su ascensión, la devastación del Templo, y varios otros sucesos contingentes, a veces hasta en sus detalles más nimios (Mc 11,2-6; 14,12-21. 27-30). «Yo os he dicho estas cosas para que, cuando llegue la hora, os acordéis de ellas y de que yo os las he dicho» (Jn 16,4).

 -Voluntad. El hombre Cristo Jesús tiene una voluntad santa y poderosa, perfectamente libre e impecable. Jesús es el único hombre completamente libre: libre ante la tentación (Mt 4,1-10), libre de todo pecado (Jn 8,46; 1Pe 2,22; Heb 4,15), libre totalmente de sí mismo para amar al Padre y a los hombres con un amor total (Jn 14,31; 15,13; Rm 8,35-39). Y esta fuerza, libertad y santidad de la voluntad de Cristo procede totalmente de su absoluta obediencia a la voluntad del Padre (Jn 5,30; 6,38; Lc 22,42).

-Sensibilidad.Los sentimientos de Jesús son profundos e intensos. Vibran en él con maravillosa armonía todas las modalidades de la afectividad humana. Es enérgico, sin dureza; es compasivo, sin ser blando… Ninguna dimensión de su vida afectiva domina en exceso sobre las otras.

Jesús es sensible al hambre, a la sed, al sueño, al cansancio. El Corazón sagrado de Jesucristo sufre con la traición de Judas, con las negaciones de Pedro o con el abandono de los discípulos. Llora la ruina de Jerusalén (Lc 19,41), llora la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11,33-38). Mira con ira (Mc 3,5), mira con amor (10,21), dice palabras terribles, incluso a sus amigos (Mt 23; 17,17), y sabe usar el látigo cuando conviene (Jn 2,14-17). Tiene deseos ardientes (Lc 22,15), se ve triste hasta la muerte (Jn 12,27; Mc 14,33-34), y llega a sentirse abandonado por el Padre (Mt 27,46). Otras veces está radiante en el gozo del Espíritu (Lc 10,21), es amigo cariñoso con los suyos (Jn 13,1. 33-35). Pero quizá la misericordia, la más profunda y delicada compasión, sea el sentimiento de Jesús más frecuentemente reflejado en los evangelios: tiene piedad de enfermos y pobres, de niños y pecadores, de la extranjera que tiene una hija endemoniada (Mc 7,26), de la viuda que perdió su hijo (Lc 7,13), de la muchedumbre hambrienta y sin pastor (Mc 8,2; Mt 9,36).

 

 –El hombre Cristo Jesús es la imagen perfecta de Dios

Cristo revela a Dios, porque «es el esplendor de su gloria, la imagen de su substancia» (Heb 1,3): quien lo ve a él, ve al Padre (Jn 14,9). Y como enseña el concilio Vaticano II, al ser la imagen perfecta de Dios, «él manifiesta plenamente el hombre al propio hombre, y le descubre la sublimidad de su vocación. El, que es “imagen del Dios invisible” (Col 1,15), es también el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado» (Gaudium et Spes 22). Nunca nosotros habíamos conocido, por ejemplo, un hombre realmente libre (Rm 7,15). Solamente habíamos conocido falsificaciones del ser humano. Es decir, nunca habíamos conocido un hombre perfectamente humano. Cristo es quien nos ha revelado qué es de verdad el hombre.

Pues bien, el Padre nos ha destinado a configurarnos a Jesucristo, de modo que él venga a ser «Primogénito de muchos hermanos» (Rm 8,29). Por eso no contemplamos la belleza de Cristo con una admiración distante o impersonal, como si para nosotros fuera totalmente inasequible: la contemplamos como cosa nuestra, como algo a lo que estamos invitados y destinados a participar. Y de este modo, todos participamos de la hermosura y de la bondad de Cristo, «lleno de gracia y de verdad…: de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia» (Jn 1,14.16).

 

–Hizo muchos milagros

Jesús hizo muchos milagros, como se ve en los Evangelios y como atestigua formalmente el apóstol San Juan (Jn 20,30; 21,25). En el más antiguo de los evangelios, el de San Marcos, de 666 versículos, 209 (un 31%) se refieren a milagros; y aumenta la proporción si nos fijamos en los diez primeros capítulos: de 425 versículos, 209 (47%). Los evangelios, de hecho, se componen básicamente de las enseñanzas y milagros del Señor. Si se eliminan del Evangelio los milagros, todos o una buena parte de ellos, causaríamos en él destrozos irreparables; más aún, casi todo él resultaría ininteligible.

En ocasiones hay una unidad inseparable entre enseñanza y milagro, siendo éste una ilustración y garantía de aquélla. Las palabras increíbles de Jesús (soy el Pan vivo bajado del cielo, soy la Luz del mundo, soy la vida, etc.) son hechas creíbles por los hechos: multiplica los panes (Jn 6); da luz y visión al ciego de nacimiento (9), resucita un muerto de cuatro días (11), etc. Su argumento es irrebatible: «Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; creedlo, al menos, por las obras» (Jn 14,11).

Los apóstoles, de hecho, en su predicación atestiguaron con fuerza los milagros de Jesús, para suscitar la fe de los hombres: «Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis»… (Hch 2,22; +10,37-39).

Pero hoy algunos cristianos niegan impunemente la historicidad de los milagros de Cristo, que no son acciones superiores al orden natural, pues Dios, según alegan, nunca altera el orden que dio a la creación. Y en todo caso el hombre no tiene posibilidad real de discernir algo con certeza como «milagro» (Walter Kasper, Jesus der Christus, 1974; Jesús, el Cristo, Sígueme, Salamanca 2002, 11ª ed.: 6º capítulo, Los milagros de Jesús)… Lo contrario se enseña en el Catecismo de la Iglesia Católica (156, 547-550, 1335) o, por ejemplo, en la obra de René Latourelle, Milagros de Jesús y teología del milagro, Sígueme, Salamanca 1990.

 

–Jesucristo es Dios

Después de contemplar la sagrada humanidad de Jesucristo y los milagros que realizó, nos preguntamos acerca de su misteriosa identidad personal. «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mc 4,4). Estamos felizmente obligados a preguntarnos acerca de Jesús: ¿Quién es éste que multiplica los panes, da vista a los ciegos, resucita muertos, atrae a muchedumbres con su presencia y su palabra, perdona los pecados, combate y avergüenza a los fariseos… El mismo Cristo suscita esta pregunta en sus discípulos más íntimos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?… Simón Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo…» (Mt 16,12-19).

Jesús, en palabras del ángel Gabriel, «será reconocido como Hijo del Altísimo, será llamado Santo, Hijo de Dios»  (Lc 1,32.35). También confiesan lo mismo los Apóstoles: Jesús es el Hijo de Dios. Pero ¿qué quieren decir con tales palabras formidables?

 Quieren decir que Jesús es «imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra…; todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. El es también la Cabeza del cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el primogénito de los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos» (Col 1,15-20; +Flp 2,5-9; Heb 1,1-4; Jn 1,1-18).

Quieren decir que «en Cristo habita la plenitud de la divinidad corporalmente» (Col 2,9). La unión existente entre Dios y Jesús no es solamente una unión de mutuo amor, de profunda amistad, una unión de gracia, como la hay en el caso del Bautista o de María, la Llena de gracia. Es mucho más aún: es una unión hipostática, es decir, en la persona. Así lo confiesa el concilio de Calcedonia (a.451): Jesucristo es «el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente y el mismo verdaderamente hombre… Engendrado por el Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María la Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad» (Denz 301).

Cristo Jesús es el hombre celestial (1 Cor 15,47), que se sabe mayor que David (Mt 22,45), anterior a Abraham (Jn 8,58), más sabio que Salomón (Mt 12,42), bajado del cielo (Jn 6,51), para ser entre los hombres el Templo definitivo (2,19), plenamente consciente de que sus palabras son espíritu y vida (Jn 6,3) y que nunca pasarán (Mt 24,35).. Esta condición divina de Jesús, velada y revelada en su humanidad sagrada, se manifiesta en el bautismo (Mt 3,16-17), en la transfiguración (17,1-8), en la autoridad de sus palabras, de sus acciones y de sus milagros.

 

–Jesús es precisamente «el Hijo» de Dios

Toda su fisonomía es netamente filial.

Pensemos en la analogía de la filiación humana. El hijo recibe vida de su padre, recibe en un momento una vida semejante a la de su padre, de la misma naturaleza. Incluso el hijo suele semejarse al padre en ciertos rasgos peculiares psíquicos y somáticos. Pero al paso de los años, el hijo se va emancipando de su padre, hasta hacerse una vida independiente. Y no será raro que el padre anciano pase un día a depender de su hijo.

Ya se comprende que esta analogía de la filiación humana resulta muy pobre para expresar la plenitud de filiación del Unigénito divino respecto de su Padre. Esta filiación divina es infinitamente más real, más profunda y perfecta. El Hijo recibe una vida no solo semejante, sino idéntica a la del Padre. Y él no solo se parece, sino que es idéntico al Padre. Por otra parte, el Hijo es eternamente engendrado por el Padre, recibe siempre todo del Padre, y esa dependencia filial, con todo el amor mutuo que implica, es eterna y no disminuye en modo alguno.

El Padre ama al Hijo (Jn 5,20; 10,17), y el Hijo ama al Padre (14,31): hay entre ellos una perfecta unión de amor (14,10). Jesús nunca está solo, sino con el Padre que le ha enviado (8,16). Nunca dice o hace algo por su cuenta: su pensamiento, su enseñanza, depende siempre del Padre (5,30); y lo mismo su actividad: no hace sino lo que el Padre le da hacer (14,10).

 

–La Madre de Cristo

San Luis Mª Grignion de Monfort:«Creó [Dios] y formó en el seno de Santa Ana a la excelsa María con mayor complacencia que la que había experimentado en la creación del universo… El torrente impetuoso de la bondad de Dios, estancado violentamente por los pecados humanos desde el comienzo del mundo, se explaya con toda su fuerza y plenitud en el corazón de María… ¡Oh María!, obra maestra del Altísimo, milagro de la Sabiduría, prodigio del Omnipotente, abismo de la gracia… Confieso con todos los santos que solamente tu Creador puede comprender la altura, anchura y profundidad de las gracias que te comunicó» (El amor de la Sabiduría eterna 105-106).

La mediación de María en la Encarnación del Verbo viene a ser el centro del Credo apostólico según el Concilio de Nicea (325). Es el único momento del Credo en que la norma litúrgica nos manda: «en las palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan». «Creo en un solo Señor Jesucristo… que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo. (Inclinación:) Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre».

 

–El Hijo divino, por amor, se nos da en Belén

Admirable intercambio, decían los Padres. «Tanto amó Dios [Padre]al mundo que le entregó a su hijo único» (Jn 3,16). Y el Hijo divino eterno ama a los hombres hasta la locura de encarnarse, para hacerse hermano de ellos, próximo, y poder enseñarles, sanarles y salvarles desde dentro de la raza humana. El eterno, omnipotente y omnisciente se hace niño, pequeño, limitado, vulnerable, ignorante, débil, dependiente, sujeto... para darnos sabiduría, vida, fuerza, santidad.

«Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fuéseis ricos por su pobreza» (2Cor 8,9). Es decir: Cristo, siendo Dios, se hizo hombre, para deificarnos por su encarnación.

Amor de Cristo a pecadores, pobres, enfermos y niños

Pecadores. «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia» (Lc 5,31). «Acoge a los pecadores y come con ellos» (Lc 15,2 y ss). La samaritana, la adúltera, los publicanos… «Dios probó su amor hacia nosotros en que, siendo pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8). Nosotros amamos a los buenos, y sentimos aversión hacia los malos.

Pobres. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres» (Lc 4,18). «Pobres, tullidos, ciegos y cojos tráelos aquí» (14,21). Nosotros amamos a los hombres inteligentes, cultos, prósperos, no a los pobres e ignorantes.

Enfermos. «Puesto el sol, todos cuantos tenían enfermos de cualquier enfermedad los llevaban a él, y él, imponiendo a cada uno las manos, los curaba. Los demonios salían también de muchos gritando: “Tú eres el Hijo de Dios”» (Lc 4,40-41; +Mc 1,34; 5,5; 6,55; Lc 4,40). Nosotros frecuentamos a los sanos, mejor que a los enfermos.

Niños. «Dejad que los niños se acerquen a mí» (Mc 10,14). A nosotros nos cargan los niños y la gente ignorante.

 

–Él es el Señor, pero no al modo usual entre los homres.

Humilde. «No gritará, no hablará recio, la caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará» (Is 42,3). «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos» (Mt 20,28).

Perfecto. «Nadie ha hablado nunca como ese hombre» (Jn 7,46). «¡Qué bien lo hace todo!» (Mc 7,37).

Accesible, compasivo. «Soy yo, no tengáis miedo» (Jn 6,20). «Pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él» (Hch 10,38).

Cordial, amistoso. «Hijitos míos… No os dejaré huérfanos… Ya no os llamo siervos, os digo amigos» (Jn 13,33; 14,18; 15,15). Resucitado, les prepara el desayuno: un pez en brasas (21,9)… No solamente nos recibe, sino que nos llama: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy suave y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi carga ligera» (Mt 11,29-30).

 

–El Hijo divino, por amor, se nos da en la Cruz

Esa epianía plena del amor divino merece otro artículo, que será el siguiente, Dios mediante.

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

(543) Cristo glorioso (1): conocerlo y amarlo

jeu, 2019-04-25 04:38

–Alabado sea Jesucristo en el santísimo Sacramento del altar.

–Por siempre sea bendito y alabado.

 * * *

–«En esto está la vida eterna: en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (Jn 17,3)Leer más... »

(542) Dios quiso la cruz de Cristo

mer, 2019-04-17 00:39

–Todos los años salen en Semana Santa «católicos» desviados con la misma argumentación.

–Repiten lo que otros famosos maestros, Olegario, Pagola, etc. vienen diciendo hace años impunemente.

 

–Dios no quiso la cruz de Cristo

Me escribe ayer, Martes Santo, con pena desde Chile una amiga muy apreciada, esposa y madre de familia, cristiana católica y apostólica: «Le mando la carta que el párroco de la Parroquia de Santa Teresita de los Andes de Santiago, publicó esta semana en la web parroquial». 

Habla de este modo un señor Párroco, que por el Orden sacramental, fue potenciado especialmente por obra del Espíritu Santo como ministro de la Palabra divina, para confesar la fe católica en la predicación y catequesis, en sus escritos y en toda ocasión.

«Al entrar nuevamente en las celebraciones de la Semana Santa, es muy apropiado preguntarnos ¿por qué murió Jesús?

«La pregunta no es menor, escuchamos constantemente en los evangelios la bondad de su actuar, los milagros que realiza, su defensa de los más débiles. ¿Cómo es posible que lo quieran matar? Algunos tienden a atribuir la razón de su muerte a una misteriosa voluntad del Padre: para perdonar los pecados de la humanidad necesitaba que corriera sangre de un inocente. Pero esto es absurdo. Pensar que el Padre envió a su Hijo al mundo a morir para salvarnos, pone a nuestro Dios al mismo nivel que otros pueblos, donde los dioses no se contentan con los sacrificios humanos, agregándole la gravedad de la muerte de su propio Hijo. Esto no tiene sentido» […]

«Entonces ¿por qué murió Jesús? Jesús no muere porque su Padre lo envió a morir por nosotros. Son los hombres quienes quisieron terminar con su vida», etc.Leer más... »

(541) Ascesis de la memoria (y 3). «Os doy mi paz. No se turbe vuestro corazón» (Jn 14,27)

jeu, 2019-04-11 16:39

 

–«No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde»…

–Es un mandato y un don de Cristo. No es solamente un consejo.

 

Los cuatro movimientos primarios del alma humana

Para purificar la memoria es necesario «purificar la voluntad de todas sus afecciones desordenadas», de todo lo que llamamos apegos. San Juan de la Cruz: «Estas afecciones o pasiones son cuatro: gozo, esperanza, dolor y temor» (3 Sub 16,2). Gozo del bien presente,esperanza del bien ausente,dolor del mal presente, temor del mal inminente.Leer más... »

(540) Ascesis de la memoria (2). ¡Levantemos el corazón!

lun, 2019-04-08 05:19

 

–Vuelve a repetir lo dicho en el artículo anterior sobre los males de la memoria preocupada (537).

–Pero esta vez doy en positivo la doctrina cristiana que tiene en Cristo poder para vencer las preocupaciones con su gracia.

* * *

–«No os preocupéis»: así lo manda Jesucristo y lo posibilita por su gracia

En el santo Evangelio nos enseña el Maestro que hemos de vivir sin preocupaciones, en un abandono filial que es confianza continua en nuestro Padre celestial, siempre providente. El texto más completo sobre el tema lo hallamos en Mateo 6.Leer más... »

(539) Cuando los medios estiran digitalmente los cuerpos

dim, 2019-03-31 04:43

–Interesante, curioso, pero no a la altura de Reforma o apostasía. Es un articulo vano.

–No tan vano, no es un articulo vanal, perdón, banal: trivial, insustancial (DRAE). Señala uno de los efectos del antropocentrismo soberbio.

* * *

–Las proporciones ideales del cuerpo humano

Leonardo da Vinci (1452-1519), ateniéndose más o menos al hombre descrito por Vitruvio (arquitecto romano, s. I a. Cto.) expresó esas proporciones en un famoso dibujo (El hombre de Vitruvio) que realizó en uno de sus diarios alrededor del año 1490. Representa una figura masculina, inscrita en un circulo y un cuadrado. Y el dibujo va acompañado de algunas notas, en una de las cuales se dice que en un hombre de proporciones normales, la cabeza, desde la barbilla hasta su coronilla, mide la sexta parte de todo el cuerpo.

Durero (1471-1528), su contemporáneo, partiendo también de Vitruvio, entiende que las proporciones ideales del cuerpo humano entero se da en el canon más esbelto de nueve cabezas, como lo expresa en el cuadro de Adán y Eva pintado en 1507, hoy en el museo del Prado.

 

El prestigio social de la altura

En la historia humana puede apreciarse una estima especial por las personas de mayor altura física. «Saúl era todo un buen mozo. No había hijo de Israel más alto que él, y a todos sacaba la cabeza» (1Sam 9,2). «Luego que [el profeta] Samuel vió a Saúl, le dijo Yavé: “Éste reinará sobre mi pueblo”» (9,17)… ¿Por ser el más alto? No. Porque Dios lo eligió como rey de su pueblo.

Las excepciones históricas son innumerables. Un ejemplo –que no sirve– lo tenemos en Napoleón Bonaparte, «el pequeño corso», del que se dice que fue un gran estratega militar, pero hombre de pequeña talla. No sirve el ejemplo porque medía exactamente 1,68 metros, algo más de la media de los varones de su tiempo y nación. Pero se podrían poner otros muchos ejemplos válidos. Messi es uno de los primeros futbolistas de nuestro tiempo, y ciertamente no es de los más altos.

Sin embargo, el prestigio social de la altura podemos comprobarlo hoy mismo ampliamente. No parece mera casualidad que no pocos jefes de partido político sean más altos que sus militantes. ¿Un hombre bajito puede llegar a ser alcalde de su pueblo? Puede, sin duda; pero si llega a serlo, será a pesar de ser bajito.

 

Los medios hoy estiran digitalmente con frecuencia la estatura de los cuerpos

Lo hacen porque actualmente pueden hacerlo. Para eso tenemos el Fotochop y tantos otros medios. Y esos estiramientos gráficos se producen en todos los campos, pero más en política, en artistas, en deportistas… e incluso en hombres principales de Iglesia. Pongo algunos ejemplos. No he tenido tiempo para buscar otros mejores; pero haberlos, hay, y a veces llegan a extremos de comicidad.

 

 

1 –Soberbia antropocéntrica

La apostasía cultural de nuestro tiempo, habiendo rechazado la figura de los santos cristianos, expresa con estos engrandecimientos gráficos el culto al hombre. En la magnificación de su estatura y también en otros aspectos… Hasta hemos podido ver fotos trucadas del Papa en las que notablemente se ha afinado su cintura.

 

2 –Mentira en la información

Es muy posible que el lector se diga: «Si este medio me miente cuando quiere en la información gráfica, seguramente también me mentirá en otras informaciones». Y lo normal es que la reflexión se haga sin indignación… Pero no: debemos rechazar las informaciones gráficas que han sido falseadas, tanto para glorificación del hombre, como también –que las hay– para ridiculizarlo y desprestigiarlo.

La mentira, sea en lo que sea, siempre expulsa la verdad y la falsifica.

Exijamos a los medios la verdad.

Y pidámosla al Rey de todas las naciones, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos. Amén.

José María Iraburu, sacerdote

Post post.- Si algún comentarista me envía una imagen bien ilustrativa de lo que he escrito, no es imposible que la publique.

 

Índice de Reforma o apostasía

(538) San José, custodio santo de Jesús, de María y de la Iglesia

mar, 2019-03-19 10:04

El mayor de los santos

Gran principio verdadero formula San Bernardino de Siena (+1444) cuando dice que

«la norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar» (Sermón 2, sobre San José). Si Yavé elige, consagra, destina y envía a Abraham como padre de la fe, en cuya descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra, ciertamente lo prepara y lo asiste siempre con gracias muy especiales. Lo mismo diremos de Moisés, del profeta Elías, de Juan Bautista, más que de nadie de la Santísima Virgen María.Leer más... »

(537) Ascesis de la memoria. «No os preocupéis» (Mt 6,34) (1)

sam, 2019-03-16 05:28

–En el artículo anterior no nos dejaba estar confusos

–Pues en éste os niego el derecho a estar preocupados, siendo cristianos, hijos de Dios providente.

* * *

—La configuración a Cristo

La vida cristiana, por obra del Espíritu Santo, ha de configurar a Cristo plenamente: es decir, en su entendimiento, por la fe; en su voluntad, por la caridad; y en su memoria, por la esperanza. Incluso hemos de configurarnos a Él también en sus sentimientos: «tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús» (Flp 2,5). Pues bien, la espiritualidad cristiana ha centrado la atención en la transformación del entendimiento y de la voluntad, que son sin duda las dos facultades principales. Pero del sentimiento trata menos, y de la memoria casi nada. Y por eso quiero tratar de ésta ahora, porque son tantos los morbosamente preocupados.Leer más... »

(536) Ningún católico tiene derecho a estar confuso

ven, 2019-03-08 05:33

 

–Estoy hecho un mar de dudas, porque un teólogo dice esto, y el otro lo contrario; un cardenal permite tal acción, y otro la condena como sacrílega…

–No, su confusión no se debe a lo que usted dice. Siga leyendo y lo convenceré… Y alegre esa cara, hombre.

* * *

Un católico fiel permanece en la luz de CristoLeer más... »

(535) Escándalos sexuales. Tomemos medidas ¡y procuremos virtudes!

ven, 2019-03-01 03:51

–La Iglesia se acusa públicamente a sí misma de ciertos escándalos sexuales.

–Y se propone acabar con ellos «tomando medidas» fuertes, concretas, eficaces…

—La impunidad amenaza la vida de la Iglesia

Ciertas normas doctrinales y leyes morales pueden infringirse en buen número de Iglesias locales de modo público y persistente sin que ocasionen sanción alguna. Por ejemplo:Leer más... »

(534) Evangelización de América, 61. Perú. Arzobispo Mogrovejo, santo (y 4)

dim, 2019-02-17 10:13

                                                                   

–Santo Toribio es patrono de todos los obispos de Latinoamérica.

–Ser patrono significa ser especialmente modelo e intercesor.

 

«Esta Iglesia y nueva cristiandad de estas Indias»

El Concilio III de Lima, en sus cinco acciones, logró un texto relativamente breve, muy claro y concreto en sus exhortaciones y apremios canónicos, y sumamente determinado y estimulante en sus decisiones. No se pierde en literaturas ni en largas disquisiciones; va siempre al grano, y apenas da lugar a interpretaciones equívocas.

Se ve siempre en él la mano del Santo Arzobispo, la determinada determinación de su dedicación misionera y pastoral, su apasionado amor a Cristo, a la Iglesia, a los indios. El talante pastoral de Santo Toribio y de su gran Concilio pueden concretarse en varios puntos:

 Leer más... »

(533) Evangelización de América, 60. Perú. Santo Toribio, III Concilio de Lima (3)

ven, 2019-02-08 10:24

–¡Qué hombre, qué Arzobispo!…

–Santo Toribio de Mogrovejo es el patrono del Episcopado hispanoamericano.

Lutero enseña que el cristianismo es sola gratia; y que, por tanto en la Iglesia toda ley o norma implica una judaización falsificadora del Evangelio. La Iglesia católica en cambio, siempre y en todo lugar, ha confesado lo contrario. Unas buenas normas disciplinares facilitan mucho el ejercicio de la caridad: estimulan la caridad de los pastores en su servicio a los fieles, señalándoles deberes y límites; y ayuda la unión de los fieles en la caridad, encauzando sus vidas en las normas comunes, propias de toda sociedad organizada. «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos… y si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Jn 14,15; 15,10).

Leer más... »

(532) Evangelización de América, 59. Perú. Santo Toribio: calumnias; lenguas indígenas (2)

dim, 2019-02-03 04:43

–¿Y por que fue perseguido Santo Toribio siendo tan bueno con todos?

–Precisamente por serlo. Como nuestro Señor Jesucristo.

El proceder de los Santos siempre ha ocasionado la persecución de los mediocres y más aún de los malos. El santo Arzobispo Mogrovejo no fue exceptuado de esta ley mundana.

 

–Protestas, acusaciones y calumnias

A no pocos capitalinos de Lima no les hacían ninguna gracia las interminables ausencias del señor Arzobispo. Muy conscientes de vivir en la Ciudad de los Reyes –éste fue el nombre primero de la capital–, no se conformaban con tener habitualmente un sustituto del Señor Arzobispo, aunque éste fuera el prudentísimo don Antonio de Valcázar, provisor. No debe, pues, extrañarnos que un grupo de canónigos del Cabildo limense, molestos con el Arzobispo por un par de cuestiones, escribieran al rey con amargura:

Leer más... »

Sujets actifs