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2012-06-19. Jueves.

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 Jueves 19 de Junio, 2014 
XI Ordinario, Ciclo A, Año Par, Solemnidad: El Cuerpo y la Sangre de Cristo, Lit. de las Horas: Tomo III, III Semana del Salterio, Salmo 147

Primera Lectura 
Deuteronomio 8, 2-3. 14-16 

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afilgirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no.

Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres». 

Meditatio
La fiesta que estamos celebrando nos recuerda que el pan que comemos, como lo dice Jesús, no es como el pan que comieron nuestros antepasados en el desierto, sino es el pan que da la vida eterna. Sin embargo, este pan que es el cuerpo y la sangre de Cristo, también para nosotros, como lo fue para los judíos, es el recuerdo de un evento maravilloso pero que le costó mucho dolor a nuestro Salvador. 

Los judíos recordaban al comer la pascua la salida de la esclavitud; y el maná que recogían cada día era, como lo dice hoy este texto de Deuteronomio, un recuerdo de ese tiempo difícil en el que el dolor y la muerte los acechaba. Nosotros tampoco debemos olvidar al comulgar que para que tuviéramos libertad y ese alimento que nos da la vida, fue necesario que Jesús, el Hijo de Dios, diera la vida por cada uno de nosotros. 

Este recuerdo nos tiene que hacer valorar nuestra relación con Jesús y nuestra vida cristiana, puesto que fue con sangre con la que se pagaron estos regalos. Cuando pensamos que lo que comemos es el cuerpo despedazado de Cristo, no podemos menos que llenarnos de agradecimiento (de donde viene la palabra “eucaristía”). No es, pues, solo un banquete sagrado sino un verdadero memorial de nuestra liberación, liberación que Jesús pagó en su cruz de manera total y definitiva. Te invito a que cada vez que comulgues, te hagas consciente de lo que recibes y aún más, de lo que se tuvo que pagar por ella.

Oratio 
Señor Jesús que has querido darnos tu cuerpo como alimento y tu sanbre como bebida de salvación, te pedimos que dispongas nuestro corazón, para estar dispuestos a servir una mesa similar a la tuya, en la que demos a los demás nuestra propia vida en donación como signo de nuestro amor fraterno.

Operatio 
Dedicaré unos minutos a estar a solas delante de Jesús sacramentado y le daré gracias por ser mi alimento para el camino. 
 

El Evangelio de hoy 
Juan 6,51-58

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre".

Reflexión 
En medio de un mundo inmerso en un hedonismo profundo que sólo ve por el cuidado del cuerpo, es fácil que vayamos perdiendo de vista que somos seres espirituales y que de la misma forma que cuidamos de la salud de nuestro cuerpo, debemos cuidar también de nuestra alma. Jesús hoy nos propone su cuerpo y su sangre como un alimento que "da vida". 

Lo maravilloso de este alimento es que la vida que nos da va más allá de lo que normalmente la comida material nos proporciona, pues esta comida nos hace tener la "vida en abundancia”. Sí hermanos, el comulgar frecuentemente llena nuestra vida de una paz y una alegría que nada ni nadie sobre esta tierra nos puede dar. Es la comida que fortalece el alma y la hace anhelar con ansia el encuentro amoroso con Dios. Por otro lado, este evangelio nos recuerda que el no comerlo conduce nuestra vida hacia la enfermedad espiritual que es el pecado mortal y con ello pone en peligro nuestra vida eterna y arruina nuestra existencia en la tierra. 

Así como se enferma una persona que no come diariamente, así también se enferma quien no comulga con suficiente frecuencia. Es por ello que en nuestra comunidad vemos tanta gente deprimida, triste, angustiada, puesto que estos son algunos de los signos visibles de la vida en pecado. Jesús nos dejó un manjar para disfrutar nuestra vida, no lo tengamos por menos. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

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