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2014-06-09. Lunes.

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 Lunes 09 de Junio, 2014 

X Ordinario, Ciclo A, Año Par, Memoria: San Efrén, Lit. de las Horas: Tomo III, II Semana del Salterio, Salmo 120

Primera Lectura 
1 Reyes 17, 1-6 

Por aquel tiempo, el profeta Elías, del pueblo de Tisbé, en Galaad le dijo al rey Ajab: "Juro por Dios, el Señor de Israel, a quien yo sirvo, que en estos años no habrá rocío ni lluvias, si yo no lo mando". 

Luego el Señor le dijo a Elías: "Vete de aquí; dirígete hacia el oriente y escóndete en el torrente de Kerit, que queda al este del Jordán. Bebe del torrente y yo les encargaré a los cuervos que te lleven de comer". 

Elías hizo lo que le mandó el Señor y se fue a vivir en el torrente de Kerit, que queda al este del Jordán. Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y por la tarde, y bebía del torrente.

Meditatio
Ser profeta nunca ha sido fácil, como nos lo muestra el pasaje que hoy meditamos. Para buscar la conversión del pueblo, Elías invoca al Señor para que no llueva y ver sin con el hambre se dan cuenta de su error y se conviertan de nuevo al Señor. 

Para protegerlo de tan terrible amenaza, Dios lo lleva a un lugar apartado y esto hace que el profeta tenga que confiar plenamente en el Señor, pues serán los cuervos quienes lo alimentarán durante todo el tiempo de la prueba. Jesús nos habló en el Evangelio de esta confianza plena en la providencia, cuando nos hacia ver que nosotros valíamos más que las flores y que los pájaros del campo y que si Dios se acuerda de ellos con mucha más razón lo hará de nosotros. 

Esta es la fe que necesitamos tener hoy en día los profetas del Señor, es decir, todos los bautizados. Es necesario que cada uno tome su papel en este ministerio profético y no estemos atemorizados por nuestro sustento o por nuestra misma vida, pues Dios está siempre al pendiente nuestro y de manera milagrosa nos dará todo lo que necesitamos preservando nuestra vida para que como dice el Señor: “Ni uno de nuestros cabellos se pierda”.

Oratio 
Señor, tu eres mi proveedor, y por eso me siento confiado pues sé que nada me faltará en mi vida ya que tu estás siempre atento a mis necesidades. Hoy te consagro cada cosa que me hace falta, mis deudas, mi economía y todas aquellas cosas que sabes bien que necesito. Me abandono del todo a ti.

Operatio 
Hoy haré una ofrenda en la Iglesia, como signo de que no confío en mi capacidad de proveer, sino en el Señor que es providente. 

 
El Evangelio de hoy 
Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".

Reflexión 
San Mateo ha querido presentar esta enseñanza de Jesús en una gran catequesis, para que ésta sea para los cristianos, lo que fue para los judíos la ley: norma de vida.

Por ello nos presenta a Jesús que, como Moisés, sube al "monte" y desde ahí instruye al pueblo. La catequesis empieza con la palabra "Bienaventurados" que puede ser también traducida como "Feliz" o "Dichoso" o quizás como las tres juntas. La palabra en griego "macario" significa una alegría profunda e interior que está relacionada con la paz y el gozo. Con esta interpretación resulta paradójico, de acuerdo a los criterios humanos decir: "felices los que lloran, felices los pobres, felices los mansos, felices los perseguidos por ser cristianos”, sin embargo, esta es una realidad auténtica, pues la verdadera felicidad, el gozo, la alegría, no están donde el mundo nos las propone, sino en donde Jesús nos lo dice: "Sólo en él", llevando una vida auténticamente cristiana. 

La felicidad que encontramos en el mundo es pasajera, la que nos ofrece Jesús y su Evangelio es total, duradera y definitiva. Si verdaderamente quieres ser un "macario", un lleno de la alegría, la paz y el gozo de Dios, esfuérzate todos los días por vivir de acuerdo al Evangelio. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro
 
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