Carrito de compras

0 elementos MXN$0.00

Boletín Guadalupano. La corona de adviento

Imagen de Silvia

 

La Corona de Adviento

Lic. Ángel Roa Hernández

El Adviento, como bien sabemos, antecede a la Navidad. Es el tiempo de la Iglesia que nos prepara para recibir con espíritu de reconciliación y esperanza la llegada de Jesús Niño. Esta preparación la vivimos de tres maneras:

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Comprende desde Adán hasta la Encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban en él.

Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy para la venida del Señor. Es un adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre como persona, y a la comunidad humana como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico. Es la preparación para la llegada definitiva del Señor al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador. Para ayudarnos a reflexionar sobre el verdadero sentido de este tiempo, es costumbre en nuestras casas colocar en el centro de nuestra mesa familiar una corona con cuatro velas: es la Corona de Adviento.

Tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos. Su forma circular significa la perfección de Dios, el cual no tiene principio ni fin. Es símbolo de unidad y eternidad. Nos ayuda a pensar en los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos hace conscientes de que de Dios venimos y a Él regresaremos. Lo verde de su follaje (pino, oyamel o hiedra) representan a Cristo vivo entre nosotros. Además, su verde color nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante estas cuatro semanas.

Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento. La primera, segunda y cuarta vela que se encienden son de color morado. El color morado indica el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos observar durante este tiempo especial de gracia.

El tercer domingo, llamado comúnmente de la “alegría”, representa precisamente el gozo que sentimos ante la cercanía del nacimiento de nuestro Señor.

El encendido progresivo de las velas simboliza la luz con que Cristo nos ilumina. Él viene a iluminar a los que estamos en la oscuridad del pecado. Irlas encendiendo una a una cada domingo significa que a medida que se acerca la luz, las tinieblas se van disipando. Así, conforme se acerca la llegada de Cristo, luz para nuestras vidas, se debe ir esfumando de nosotros el reinado del pecado sobre la tierra. Se sugiere que la noche de la Navidad las velas moradas junto con la rosa, se sustituyan por unas de color rojo y una blanca al centro de la Corona. Las rojas indican el espíritu festivo de nuestra reunión, mientras que la vela blanca simboliza a Cristo, luz que vino a iluminar el mundo.

Bendición de la Corona
Se bendice el primer domingo de Adviento. Todos los miembros de la familia, reunidos en torno a la Corona, inician esta breve celebración con un canto apropiado.

Papá o mamá: Bendecir significa decir bien; es pedir la intervención de Dios mediante las palabras y gestos. Como padre de familia o madre según el caso, los invito a invocar la bendición de Dios sobre esta Corona de Adviento; de esta manera estamos subrayando la importancia de ella en nuestra vida. Vale la pena recordar que no es un elemento meramente decorativo.

En voz alta, papá o mamá dice: La tierra, Señor, se alegra en estos días y tu iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que están en las tinieblas del egoísmo, del dolor y del pecado. Llenos de esperanza en su venida hemos preparado con gran cariño esta corona, la, hemos hecho con ramas verdes de nuestra tierra, para que nos acompañe en nuestro hogar en este tiempo de preparación de la venida de tu Hijo. Te pedimos Señor, que al ir encendiendo estas velas nos ilumines con el esplendor de aquel, que con su presencia ilumina nuestras oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Todos responden:
Amén.
El más pequeño de la casa se acerca a la Corona y enciende la primera vela. Mientras todos cantan algún villancico. Si se cree oportuno, se pueden hacer algunas peticiones al Señor.

   Año V, núm. 71. Noviembre de 2006.