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Reforma o Apostasía - José María Iraburu

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b2evolution 2020-01-29T17:09:35Z
Updated: 2 hours 50 min ago

(579) Evangelización de América, 85. –Brasil, 2. –Sur, Centro, Nordeste y Amazonia

Sun, 2020-01-26 01:35

–Después de leer esto, repito: «La evangelización del Brasil parece un milagro».

–Y yo también repito: «Hubiera sido imposible sin muchas intervenciones de Dios extraordinarias».

 

–El sur

Las primeras poblaciones brasileñas meridionales fueron, en la misma costa, San Vicente y, no lejos de ella, sobre una colina, Sao Paulo. Esta pequeña población, situada en la frontera, que sólo a fines del XVI llegó a los 2.000 habitantes blancos, dio origen a innumerables expediciones de exploración y conquista, unas veces buscando piedras y metales preciosos, otras para ganar tierras, pero casi siempre y principalmente para captu­rar esclavos indios.Leer más... »

(578) Evangelización de América, 84. Brasil, 1- Portugal, nación misionera

Wed, 2020-01-22 04:47

 

–La evangelización del Brasil parece un milagro.

–Y lo fue. Hubiera sido imposible sin muchas intervenciones de Dios extraordinarias.

–Portugal, potencia misionera

Bastante antes que España, Portugal había concluido la reconquista de sus territorios ocupados por los árabes. Y, antes también que los españo­les, logró formar un gran imperio, extendido a lo largo de diversos mares por «la ruta de las especias».Leer más... »

(577) Evangelización de América, 83 –Río de la Plata, 9 –Las Reducciones misionales, y 4. –Llanto por su destrucción

Sun, 2020-01-12 23:48

 

–Destruyeron lo realizaciones más perfectas de los cristianos católicos.

–Normal. Es la especialidad de los protestantes masónicos e ilustrados.

 

–Llanto sobre las reducciones arruinadas

Los mayores sufrimientos, sin embargo, fueron los de los indios, que por esa causa quedaron abandonados sin pastor. De momento, continuaron las reducciones una vida precaria bajo diversas fórmulas sustitutivas: con clero secular o con otros religiosos, menos numerosos y preparados. Pero su decadencia fue inevitable, hasta que desaparecieron en las guerras de la independencia.Leer más... »

(576) Epifanía creciente

Mon, 2020-01-06 11:16

–Bueno, parece que esto se anima un poco.

–Todo lo que voy tratando, sea lo que sea, es siempre «causa nostræ letitiæ» porque se funda en la palabra de Dios.

«Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo». Así rezamos cada día en la Misa. Están perdidos aquellos que viven «sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2,12). Y la esperanza ha de ser incondicional, porque no se apoya en la situación presente del mundo, de Israel, el del A.T., ni de la Iglesia: se apoya en Dios, en su bondad, en su misericordia, en sus promesas.

 

Abraham

«Dijo Yavé a Abraham: “Salte de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré. Yo te haré un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre, que será bendición… Y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra». Partió Abraham conforme Dios le había dicho… Al salir de Jarán tenía Abraham setenta y cinco años» (Gén 12,1-4), y ningún hijo.

Increíble: dejarlo todo, salir de su tierra y de su tribu familiar, hacia una tierra desconocida, esperar contra toda esperanza, a los setenta y cinco años, sin hijos, llegar a ser padre de un gran pueblo, esperar que en él, en su descendencia, serán bendecidas por Dios, salvadas, todas las naciones de la tierra… Fantasía, locura, quizá lenguaje simbólico. La fe de Abraham.

 

Los profetas de Israel

«Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, y bendecirán tu Nombre: “Grande eres tú, y haces maravillas. Tú eres el único Dios”» (Sal 85,10; cf. Tob 13,13; Is 60; Jer 16,19; Dan 7,27; Os 11,10-11; Sof 2,11; Zac 8,22-23; Mt 8,11; 12,21; Lc 13,29; Rm 15,12; etc.).

El pueblo judío, sostenido por la Palabra de Dios que patriarcas y profetas le transmiten, siendo una nación de segunda categoría, siempre sujeta a otras naciones más poderosas, que sufre exilios prolongados –Egipto, Babilonia–, desde lo más profundo de su humildad y de su humillación, cree y espera que de él saldrá un Salvador del mundo: el Mesías Salvador, que atraerá finalmente la adoración de todos los reyes y naciones.

 

Nace Jesús, el Salvador, en la plenitud de los tiempos

En Belén, María, desposada con José, «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre» (Lc 2,7). «Le fue impuesto el nombre de Jesús» (2,21). Obedecieron así al Señor, que por el ángel Gabriel les había mandado: «le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21).

El Verbo divino eterno, hecho hombre en María por obra del Espíritu santo, entra en el mundo del modo más humilde, por la puerta de servicio. María no se duele ni se avergüenza por eso, sino que se alegra de esa pobreza con un gozo inefable, como lo manifiesta en el Magnificat. Y comienza la Epifanía…

 

Los pastores y los ángeles

«Unos pastores, acampados al raso, velaban por su rebaño. Un ángel se presentó ante ellos y la gloria del Señor los envolvió en su resplandor. Y  temieron mucho. Pero el ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría… Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Cristo Señor, en la ciudad de David”… Y de pronto aparición con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios» (Lc 2,8-13).

Primera Epifanía modestísima, a unos pastores que más sabrían de sus animales que de las Escrituras. Pero que fueron «con prisa» a donde estaba Jesús, y lo adoraron bien ciertos de que era el Salvador del mundo prometido ya a Abraham. Una epifanía, sin embargo, grandiosa por la aparición esplendorosa de los ángeles.

 

Simeón y Ana

A los pastores se añaden dos ancianos. Se amplía un poquito la Epifanía del Unigénito divino. Presentado Jesús en el Templo, es reconocido por Simeón, avisado por el Espiritu Santo. Era Simeón un anciano «justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel» (Lc 2,25). Le fue dado tener en sus brazos al Niño, y alabando lleno de gozo al Señor,  podía ya morirse en paz. Y también Ana, anciana de 84 años, que «no abandonaba el templo, sirviendo día y noche, en oración y ayunos», conoció y reconoció al Mesías: «glorificaba a Dios, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención de Israel» (Lc 2,36-38).

Unos pastores y dos ancianos… Algo es algo… La llama de la fe y de la esperanza ardía en el corazón de algunos judíos piadosos, que no apagaban esa llama a pesar de estar humillados en la servidumbre del Imperio romano. Movidos por el Espíritu Santo, se acercaban a Jesús y lo adoraban como Mesías Salvador.

 

Los Magos venidos del Oriente

«Después que nació Jesús en Belén de Judea», llegaron a Jerusalén unos sabios el Oriente. Traídos por el Espíritu Santo, que los guió por medio de una estrella, llegaron con gran alegría a Belén, «y vieron al niño con María, su madre. Y postrados lo adoraron. Abrieron sus tesoros y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra» (Mt 2,1-11).

Esta Epifanía implica un crecimiento cualitativo, y es la que como tal se celebra en el Año litúrgico de la Iglesia. San León Magno la contempla en un sermón sobre la Epifanía: «Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido no ya sólo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel… Celebremos, pues, con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquél en que comenzó la salvación de los paganos… Abraham vió este día, y se llenó de alegría, cuando supo que sus hijos según la fe serían benditos en su descendencia, a saber, en Cristo, y él se vio a sí mismo, por su fe, como futuro padre de todos los pueblos… También David anunciaba este día en los salmos cuando decía: “Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, y bendecirán tu nombre”».

 

El bautismo de Jesús

En el río Jordán bautiza a Jesús su precursor Juan Bautista. Pasados unos treinta años de vida oculta en Nazaret, inicia Cristo su ministerio público evangelizador del Reino con una formidable Epifanía de la Santísima Trinidad. La voz del Padre, la presencia visible del Hijo, y el Espíritu Santo en figura de paloma, revelan por vez primera en ese momento inefable el misterio de la Santísima Trinidad (Mt 3,13-17; + Mc y Lc).

Todo el ministerio público de Jesús es una revelación del Padre («quien me ve a mí, ve al Padre»; Jn 14,9) y del Espíritu Santo («el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre» Jn 14,26).

 

La vida pública de Jesús

La vida de Cristo, toda ella, es una Epifanía siempre creciente: su oración, su predicación, sus milagros, su pasión, su resurrección, su ascensión a los cielos, el envío del Espíritu Santo en Pentecostés… Jesucristo es la Epifanía de la Santísima Trinidad. Por el misterio de su encarnación, «la luz de su gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible» (Pref. I Navidad).

 

La vida de la Iglesia

En medio del mundo la Iglesia es revelación de Cristo, Epifanía por tanto de la Santísima Trinidad. Ella, como Esposa de Cristo, como Cuerpo de Cristo, como «sacramento universal de salvación» (Vat. II, LG 48; AG 1), por la predicación y los sacramentos, revela y comunica al Verbo encarnado. Y realiza misteriosamente, a pesar de los errores y pecados de sus miembros, la promesa de Jesús: «el Espíritu de la verdad os guiará hacia la verdad completa» (Jn 16,13).

 

La Parusía será la Epifanía total

La segunda venida de Cristo al fin de los tiempos en gloria y majestad, acompañado de sus ángeles y santos, será la Epifanía del Señor plena y definitiva. Nadie podrá negarla, tampoco los incrédulos. Ya quedaron vencidos el Anticristo y la Apostasía de tantos.

Y será al mismo tiempo la Epifanía de los cristianos, que somos su Cuerpo: «Ahora somos hijos de Dios, aunque aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando [Cristo] aparezca, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es» (1Jn 3,2). «Somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo, que reformará el cuerpo de nuestra miseria conforme a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas» (Flp 3,20-21).

 Finalmente, como enseñó Cristo, «habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10,16). Y resonará grandioso entre los pueblos el clamor litúrgico de la Iglesia: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios, soberano de todo; justos y verdaderos tus designios, Rey de las naciones. ¿Quién no te respetará? ¿quién no dará gloria a tu Nombre, si sólo tú eres santo? Todas las naciones vendrán a postrarse en tu presencia» (Ap 15,3-4).

 

Libres del mundo

Siendo ésta la altísima esperanza de los cristianos, no tenemos ante el mundo ningún complejo de inferioridad, no nos asustan sus persecuciones, ni nos fascinan sus halagos, y tampoco se nos pasa por la mente la idea de que la Iglesia viva retrasada dos siglos en relación al mundo presente. No nos atemorizan los zarpazos de la Bestia, azuzada y potenciada por el Diablo, que «sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12,12). Los cristianos sabemos con toda certeza que el Príncipe de este mundo ha sido vencido por Cristo, y por eso mismo no tenemos ni siquiera la tentación de establecer complicidades oscuras con su mundo de pecado.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

 

(575) Evangelización de América 82 -Río de la Plata VIII. -Las Reducciones jesuitas 3: niños, cura, mártires

Mon, 2019-12-30 11:19

 –Vamos conociendo las banderas de las naciones.

–Algo es algo.

 

–Los niños, ante todo

Lo principal de las reducciones fue siempre la formación integral de un pueblo cristiano nuevo. El padre Cardiel decía: «en la crianza de los muchachos de uno y otro sexo,se pone mucho cuidado. Hay escuelas de leer y escribir, de música y de danzas», y a ellas asisten los hijos de los caciques, mayordomos, cabildantes y principales del pueblo. «También vienen otros si lo piden sus padres. Tienen sus maestros indios; aprenden algunos a leer con notable destreza, y leen la lengua extraña mejor que nosotros. Debe de consistir en la vista, que la tienen muy perspicaz, y la memoria, que la tienen muy buena: ojalá fuera así el entendimiento. También hacen la letra harto buena» (115).

Especial cuidado se ponía en la educación cristiana de los niños. El Ca­tecismo empleado era el dispuesto por el III Concilio Limense (1582-1583), y según las disposiciones conciliares que ya conocemos (342-344, 348) era enseñado en guaraní. Por cierto que las orientaciones de este sagrado Concilio influyeron en las reducciones más de lo que suele recordarse. En efecto, ya en este Concilio –como en el anterior de 1567– los Padres con­ciliares dieron a la evangelización de los indios una versión acentuada­mente civilizadora: «que se enseñe a los indios vivir con orden y policía y tener limpieza y honestidad y buena crianza» (347), etc.

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(574) Alegraos en el Señor – en Navidad y siempre

Mon, 2019-12-23 23:23

–El Niño divino recibe la adoración de su mamá…

–Sí, pero también quiere recibir su contacto, y por eso alarga su pie izquierdo.

 

Tanto amó Dios a los hombres, que les entregó a su propio Hijo: en Belén, en la Cruz, en la Eucaristía. Y el misterio de la Encarnación del Hijo eterno es el que da inmenso valor de salvación a todos los demás misterios. De nada nos hubiera valido la Evangelización si el Maestro no fuera Dios y hombre. Tampoco la Cruz, si quien diera en ella su vida en sacrificio de expiación y reconciliación con Dios fuera sólo un hombre. En la Navidad celebramos, pues, el primer gran misterio de la fe, el que da a todos los otros fuerza perfecta glorificación de Dios y de salvación humana. Por tanto, vayan las cosas en el mundo y en la Iglesia como vayan, Dios nos manda por el Apóstol: «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4).Leer más... »

(573) Evangelización de América 81 -Río de la Plata VII. -Las Reducciones jesuitas 2 -orden comunitario, artes y oficios

Sun, 2019-12-15 03:32

 

–Impresionante.

–Es un ejemplo muy notable de cómo la gracia sobrenatural perfecciona la naturaleza.

 

–Gobierno interior

En la comunidad reduccional los caciques, que en cada poblado eran 20 o 30, tuvieron al comienzo bastantes atribuciones, pero poco a poco fueron relegados a la condición decorativa de nobles, en tanto que se desarrolló una organización electiva de todos los cargos y ministerios. Los cargos en general solían ser anuales, de modo que se veían frecuentemente renova­dos. El indio Corregidor, en cambio, era autoridad constituida por cinco años, y sólo el Superior general de la federación de reducciones, jesuita, por graves causas, podía de­ponerle. Con él, venía en importancia el Cabildo o consejo elegido, com­puesto de alcaldes, fiscales y otros ministros. El Cura, jesuita, asistía, ha­cía observaciones, que normalmente eran acogidas, y tenía en ciertas cues­tiones un poder que podríamos llamar de veto; pero en general su mayor trabajo era asistir a los indios para que asumieran sus responsabilidades y las ejercitaran.Leer más... »

(572) Evangelización de América 80 -Río de la Plata VI. -Las Reducciones jesuitas 1

Wed, 2019-12-11 00:04

 

 –Construcciones impresionantes…

–Las iglesias, el sonido del órgano, la solemnidad de las celebraciones, las imágenes, los coros, todo era para los indios una revelación de la grandeza de Jesucristo, Dios y hombre, y de la veracidad grandiosa de la Iglesia Católica.

 

Los jesuitas en el Río de la Plata

Las Constituciones de San Ignacio prohíben terminantemente a la Com­pañía hacerse cargo de parroquias (IV,2; VI,4). Y eso en América ataba las manos de los misioneros jesuitas para trabajar con los indios. Así se lo es­cribía a San Francisco de Borja, entonces General, el provincial Ruiz Por­tillo: «me avise V. P. cómo nos habremos, pues en todas estas Indias es éste el modo que se tiene para convertirlos». A todo esto, el virrey don Francisco de Toledo apremiaba cada vez con mayor fuerza el proceso re­duccionístico.Leer más... »

(571) Evangelización de América, 79 -Río de la Plata, 111 - La Reducciones misionales, 1

Sun, 2019-12-01 04:26

  –Las reducciones misionales jesuitas…

–Y de otras congregaciones religiosas. Las iniciaron los franciscanos y otros, y los jesuitas las perfeccionaron. 

–Primeros cien años de la evangelización de América

Antes de estudiar las Reducciones misionales, conviene recordar brevemente la situación de España en el siglo XVI y las líneas principales de la evangelización de América hispana en ese mismo período. Escribe Manuel Lucena Salmoral (La América… 432-433).    Leer más... »

(570) Cristo Rey y los ídolos. Comentario de San Agustín al salmo 95

Sat, 2019-11-23 12:29

–Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

–Amén. Le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Son no pocos y grandiosos los salmos reales (p. ej. 2, 32, 46, 74, 92, 95, 96, 97, 98). Y todos son como vestidos sagrados hechos justamente a la medida de Cristo, siglos antes de su venida. Celebremos, pues, la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, ayudándonos con el salmo 95, Cantad al Señor un cántico nuevo, breve y grandioso. Seguiremos el Sermón que sobre ese Salmo hizo San Agustín, y que fue guardado como palabra viva gracias a la taquigrafía. Eso explica su carácter coloquial, ciertas repeticiones, etc. que no se dan en sus obras escritas.

La traducción del comentario agustiniano al salmo 95 la he tomado del P. Miguel Fuertes Lanero, OSA, que sitúa el texto en Cartago (412 o bien 407). Y para facilitar su lectura, me permito omitir algunos fragmentos, subrayar en ocasiones el texto, subtitularlo y dividirlo a veces con punto-y-aparte, que el P. Fuertes no usa por fidelidad al original latino.

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(569) Evang. Amér (78). Río de la Plata (IV). Venerable Vicente Bernedo, O. P. (y II)

Mon, 2019-11-18 11:26

 

–Lo que no entiendo es que no esté ya canonizado.

–Yo tampoco.

 

–Doctrinero en la parroquia india de San Pedro

Se acabaron, por fin, los años de vida recoleta. Por los años 1603 a 1606, fue fray Vicente doctrinero de la parroquia de San Pedro, la más importante parroquia de naturales que en la zona del rancherío tenía el convento potosino de Santo Domingo. Hubo de aprender el quechua para poder asumir ese ministerio pastoral, según las disposiciones del Capítulo provincial dominicano de 1553 y las normas de los Concilios limenses (1552, 1567 y 1583). Y es sorprendente comprobar, ateniéndonos a los testimonios que se conservan de estos años parroquiales, cómo el padre Bernedo en este tiempo continuaba sus oraciones y penitencias con la misma dedicación que en sus años de recogimiento.Leer más... »

(568) Evangelización de América (77). Río de la Plata (III). Venerable Vicente Bernedo, O. P. (I)

Wed, 2019-11-13 05:01

–Nunca había oído su nombre.

–Me consta que su ignorancia es enciclopédica.

 

–Un muchacho navarro

En Navarra, las rutas del Camino de Santiago que vienen de Francia, una por Roncesvalles, y otra por Aragón, se unen en un pueblo de un millar de habitantes, Puente la Reina, que debe su nombre al hermoso puente por el que pasan los peregrinos jacobeos. Allí, junto a la iglesia de San Pedro, en el hogar de Juan de Bernedo y de Isabel de Albistur y Urreta, nace en 1562 un niño, bautizado con el nombre de Martín, que vendría a llamarse Vicente, ya dominico. Son seis hermanos, y uno de ellos, fray Agustín, le ha precedido en la Orden de Predicadores.Leer más... »

(567) Evangelización de América (76). Río de la Plata. Difícil conquista y evangelización (II)

Mon, 2019-11-04 11:04

 

–Muy bella la iglesia.

–Bellísima. La hicieron en 1587 los franciscanos, fray Luis de Bolaños y compañeros, con los guaraníes que venían adiestrados en las Reducciones franciscanas. Es una muestra admirable del arte hispano-guaraní. Fíjese más abajo en el retablo.

 

–Comienzos fracasados

Las primeras aproximaciones a la zona del Río de la Plata fueron realizadas por Magallanes, en 1520, entrando en el gran estuario, y por Frey García Jofre de Loayza, en 1525, pero no dejaron consecuencias.

La primera entrada considerable se produjo en 1527, cuando el veneciano Sebastián Caboto, Piloto Mayor del Rey hispano, infringiendo las instrucciones recibidas de ir al Oriente por el estrecho de Magallanes, se adentró por el río Paraná, pues había oído que conducía a la Sierra de la Plata. Bastante arriba del río encontró, al regresar, la expedición de Diego García de Moguer, ésta sí autorizada. Pero el hambre, la ignorada geografía y la hostilidad de los indios les obligó, tras graves pérdidas humanas, a regresar a España en 1529.

 

–Primer Adelantado don Pedro de Mendoza

Mendoza partió en 1535 de España con una buena flota, compuesta por catorce naves y unos dos mil hombres, que llegaron al Mar Dulce, estuario del Río de la Plata, a comienzos de 1536. Rodrigo de Cepeda, de Avila, aquél que cuando era chico se escapó de casa con su hermanita Teresa hacia tierras de moros «pidiendo por amor de Dios que allí nos descabezasen», iba en la expedición. Y en febrero de 1536 establecieron una precaria fundación, el puerto de Nuestra Señora del Buen Aire, en zona habitada por indios charrúas, guaraníes y de otras tribus. Estos hombres de Mendoza tuvieron muy graves dificultades para sembrar, para cazar, para edificar, y el peor de los obstáculos fue sin duda para ellos la hostilidad de los indios querandíes, bartenis, charrúas, timbúes.

En los Relatos de Ulrico Schmidel hallamos una crónica impresionante de todo lo que allí pasaron (cp.8-11). A todo esto, el adelantado Mendoza, gravemente enfermo de sífilis, quiso volver a morir en España. Dejó a Ruiz Galán de gobernador de Buenos Aires, embarcó en 1537, y murió en la navegación. En 1541 se tomó la decisión de despoblar Buenos Aires. Entre tanto, los principales capitanes de Mendoza, el vergarés Domingo Martínez de Irala, y los burgaleses Juan de Ayolas y Juan Salazar de Espinosa, habían partido en diversas misiones de exploración o conquista. En 1537 Salazar fundó, con 57 hombres, el fuerte de la Asunción, bien arriba del río Paraná, y allí fueron a recogerse los sobrevivientes del Buenos Aires despoblado. Y más tarde llegó noticia de que Ayolas había sido matado, con todos sus hombres, por los indios naperus y payaguáes. De todos estos sucesos da también referencia detallada Ruy Díaz de Guzmán, nieto de Irala, en una crónica escrita en 1612 (La Argentina).

 

En 1539 se dió el mando al vasco Irala, y cuando éste pasó revista en la Asunción, cuenta Ruy Díaz de Guzmán, halló que de los 2.400 que habían entrado en la conquista, sólo tenía ya 600. Un desastre. Asunción era entonces una mínima isla de españoles perdida en un mosaico de tribus indias, unas veces aliadas, otras hostiles. Para colmo de males, era una ciudad en buena medida podrida de vicios. La costumbre indígena daba el trabajo del campo a las indias, de modo que los españoles tenían que adquirir un buen número de ellas para cultivar sus tierras.

En 1545, el capellán Francisco González Paniagua, sin exagerar nada, le escribía al Rey: «acá tienen algunos setenta [mujeres]; si no es algún pobre, no hay quien baje de cinco o seis; la mayor parte de quince y de veinte, de treinta y cuarenta» (+Morales Padrón, Historia 639). Se hablaba por esos años de la Asunción como del Paraíso de Mahoma.

Y cuenta Schmidel: «Entre estos indios el padre vende a la hija, item el marido a la mujer, si ésta no le gusta; también el hermano vende o permuta a la hermana; una mujer cuesta una camisa, o un cuchillo de cortar pan, o un anzuelo o cualquier otra baratija por el estilo».

 

–Segundo Adelantado, don Alvar Núñez Cabeza de Vaca

En 1542 llegó el segundo Adelantado,y Asunción aumenta en cuatrocientos habitantes. Pero al año siguiente un terrible incendio destruye la ciudad de paja y madera. Alvar Núñez era hombre experimentado: más arriba recordamos, siguiendo su misma crónica Naufragios, lo que hubo de pasar, como sobreviviente, en su interminable travesía solitaria desde La Florida al sur de México. Hombre enérgico y atractivo, emprendió pronto la reconstrucción de la ciudad, esta vez en adobes, y sobre todo intentó poner límite a la inmoralidad de sus pobladores poligámicos, sumamente pobres.

 

La pobreza paraguaya era ya cosa famosa entre los españoles de las Indias. Vestidos de cueros o algodón, en chozas pobres, sin oro ni plata, malvivían de la ganadería y del trabajo agrícola de las indias. Tuvo Alvar Núñez buena política con los indios, y con la ayuda de los guaraníes, redujo a los guaycurúes, que eran tenidos por invencibles. Él mismo hizo crónica de sus aventuras, con gran viveza, en sus Comentarios. Pero una parte de los españoles, resentidos de su autoridad y deseosos de un caudillo más audaz, que les llevara a los reinos fantásticos –a la Sierra de Plata, al Reino de las Amazonas, al Imperio del Rey Blanco…–, lo apresó y lo envió a España, donde su proceso duró ocho años.

 

–Domingo Martínez de Irala

Hubo, por cierto, muchos vascos en los comienzos del Plata. Y en 1544 llegó Irala otra vez al poder. Una entrada penosísima por el Chaco, en 1547, permitió que llegara con sus hombres hasta Charcas, donde los indios macasíes, cuenta Schmidel, «nos recibieron muy bien, y empezaron a hablar en español, lo que nos asustó mucho» (Relatos cp.48). Se enteraron así de que estaban, con inmensa decepción, en el Perú hispano. Otra entrada por el Chaco en 1553 fue también un desastre. Y cuando muere el gobernador Irala en 1556, se han apagado ya las ansias de Reinos fabulosos, y la gente quiere «poblar y no conquistar».

Gonzalo de Mendoza, yerno de Irala, tomó entonces el mando, pero murió pronto, en 1558. El Cabildo de Asunción eligió gobernador a Ortiz de Vergara, que sometió a los indios guayrá, y sujetó también a los guaraníes, alzados en 1563. Pronto Vergara sufre un proceso, y cuando se le restituye en el cargo, en 1567, ya la Audiencia limeña ha nombrado gobernador a Juan Ortiz de Zárate.

En estos años, el hidalgo vizcaíno Juan de Garay, partiendo de Asunción, funda Santa Fe (1573) con ochenta soldados, «todos los más hijos de la tierra», según Ruy Díaz (Argentina III,19); y vuelve a fundar Buenos Aires (1580) con sesenta y cuatro vecinos, diez de ellos españoles, los demás «mancebos de la tierra», es decir, mestizos de español e india.

 

–Difícil evangelización

A los comienzos en el Plata, los españoles se aliaron principalmente con los guaraníes y con los guaycurúes, sobre todo con los primeros, en un mestizaje de guerra y también de sangre, del que nacieron los llamados en las antiguas crónicas «mancebos de la tierra». Y los misioneros pronto se dieron cuenta de que los guaraníes del Paraguay, así como sus parientes los carijó y los tape del Brasil meridional, también de habla guaraní, eran con bastante diferencia los indios que mejor recibían la acción evangelizadora y civilizadora. Además la lengua guaraní, de gran belleza, era sin duda entre las cien lenguas de la zona, la de mayor extensión.

De todos modos, la evangelización del Plata se presentó desde el principio como una tarea sumamente ardua y difícil, que parecía estrellarse con lo imposible. Aparte del mosaico inextricable de pueblos hostiles entre sí, apenas conocidos, y difíciles de conocer por su agresividad, se daba otra dificultad complementaria, y grave. Al carecer la tierra de riquezas mineras, el flujo inmigratorio de españoles era muy escaso, menor en cantidad y calidad que en otras zonas privilegiadas, como Perú o México. Aquí los españoles que llegaban habían de limitarse al cultivo de la tierra y a la ganadería con la ayuda, muchas veces difícil de conseguir, de los –o más bien de las– indígenas.

 

Tardía evangelización

Todo eso explica que, a finales del siglo XVI, cuando ya en los grandes virreinatos de Perú y México había notables ciudades, universidades y catedrales, en el cono Sur de América apenas se había logrado una organización aceptable de lo cívico y lo religioso. El obispado de Asunción es relativamente antiguo, de 1547, pero el de Buenos Aires es de 1620, y el de Montevideo data de 1878, pues hasta entonces Uruguay había sido un vicariato apostólico.

Los trámites civiles y religiosos eran por aquella región indeciblemente lentos… Sólo un ejemplo: La fundación de una Universidad en San Miguel de Tucumán (1763) costó a los jesuitas 13 años de memoriales, expedientes y gastos… Como veremos, sólo con las Reducciones de indios, desde finales del siglo XVI, y sobre todo desde comienzos del XVII, comenzará a arraigar allí el Evangelio de Cristo. El convento dominico de Montevideo es de 1810.

 

–Los Borbones de la Ilustración

Todo había ido muy lento en el Plata durante los siglos XVI y XVII, por las dificultades aludidas, pero ya más tarde las dificultades iban a ser las propias del XVIII y XIX. En efecto, «los ministros del despotismo borbónico, que llevaban por bandera el programa de la Ilustración, se oponían a la fundación de colegios y universidades, aun sin gastos para el real erario» (Esponera Cerdán, Los dominicos y la evangelización del Uruguay 273).

Ya había quedado atrás la época en que la Corona hispana apoyaba con fuerza la evangelización, y ahora el Plata hallaba para el Evangelio las mismas dificultades que en el XVIII halló en México el franciacano San Junípero Serra, o en el XIX en Colombia el agustino San Ezequiel Moreno.

En este mundo del Plata, tan heterogéneo, con tantos aspectos negativos, tan revuelto y desorganizado por parte de los indios y también de los españoles, ¿qué podían hacer los misioneros?… Con la fuerza de Dios omnipotente y misericordioso, lograron plantar la Iglesia de Cristo en aquellas extensas y heterogéneas regiones, que habrían de florecer como naciones verdaderamente cristianas.

Laus Deo!

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

(566) No, no me callo

Wed, 2019-10-30 05:03

–Perdone, pero el tema me parece prescindible, por ser muy personal.

–Pienso lo mismo que usted. Sin que sienta precedente.

La imagen puede interpretarse:  «A los 84, en invierno, imposible sin boina».

.

Bruno M.: «¿Por qué calláis, padres, cuando vuestras ovejas somos maltratadas, se ataca nuestra fe y se pisotea la enseñanza de la Iglesia?»… Es una certera pregunta que hace Bruno en su impresionante artículo Tienen otra religión (InfoCatolica, 19.X.2019).

Feri del Carpio Marek le responde en un comentario:

«Tal vez la respuesta la puedes encontrar aquí mismo, si le preguntas al Padre Iraburu, a quien respeto mucho y tengo sincero cariño, por qué ya no nos da palabras de luz y de verdad como acostumbraba hacer en otros tiempos. A la respuesta que él te dé, haciendo algún evidente mutatis mutandis, se la puede aplicar a los obispos que invocas».

Bruno. «El P. Iraburu es el editor de InfoCatólica y sería muy difícil encontrar otro medio en el que se hayan combatido más (y sigan combatiéndose) los errores contrarios a la fe que en este portal, siempre manteniendo el respeto debido a los sucesores de los apóstoles. Todos esos errores que menciono en el post se han refutado aquí multitud de veces. Y este mismo post lo he escrito yo, pero como parte de InfoCatólica [y consultados Editor y varios consejeros] y, por lo tanto, bajo la guía y dirección del P. Iraburu.

«Eso no es silencio, es exactamente lo contrario. Ojalá hicieran lo mismo los obispos».

Feri replica:

«Bueno, Bruno, pero reconocerás que no es lo mismo un artículo firmado por un laico, en este caso tú, por muy editor que sea el P. Iraburu, que un artículo con su propia firma, que como sacerdote de Cristo tiene la autoridad docente que no tiene un laico».

Bruno responde: «Que dos cosas sean diferentes no es un argumento sobre su idoneidad. Un chocolate con churros y unos huevos con chorizo no son lo mismo, pero ambas cosas están muy buenas y son muy apropiadas cada una en su momento.

«Si un obispo editase una publicación, con su nombre en la portada, en la que se denuncian expresamente los errores que se están extendiendo por toda la Iglesia mediante artículos de diversos autores, nunca se me ocurriría criticarle por guardar silencio en público, porque no lo estaría haciendo. Simplemente estaría usando la herramienta más apropiada a su entender, pero sin dejar de dar la cara públicamente por la verdad. Lo que importa, una vez más, es cumplir el deber episcopal objetivo de defender públicamente la fe que es atacada públicamente, incluso por otros obispos.

«Por otra parte, el padre Iraburu, que no tiene ese deber específico episcopal, ha escrito multitud de artículos sobre buen número de los errores citados. Nosecuantísimos solo sobre Amoris Laetitia, por ejemplo. Sobre otros temas, según  lo que den de sí sus conocimientos del tema en particular, su tiempo y sus fuerzas (porque tiene ochenta y cuatro años, si no recuerdo mal). Creo que es evidente que el P. Iraburu ha cumplido más que de sobre su deber de defender publicamente la fe sin miedo a las consecuencias. Es más, es conocido precisamente por eso. Ojalá los obispos siguieran su ejemplo».

Feri muestra su acuerdo:

«Entendido, Bruno, y además de acuerdo con lo que dices. Es simplemente que como vi un silencio notorio del P. Iraburu en comparación con otros tiempos en los que escribió, como dices “nosecuantísimos” artículos denunciando errores y aclarando la verdad, pensé que podría haber algún motivo particular desconocido por mí que podría también aclarar el silencio de muchos buenos obispos; pero por lo que dices no es el caso, y lo dejo ahí. Lejos de mis intenciones sugerir siquiera una crítica al P. Iraburu, que como dices, todo lo que ya ha escrito lo constituye en un gran profeta de Dios para nuestros tiempos».

* * *

José María Iraburu, por alusiones.

Feri del Carpio encarga en su primer comentario a Bruno que pregunte al P. Iraburu «¿por qué no da ahora palabras de luz y de verdad, como acostumbraba antes». Y sugiere –sin afirmarlo– que pudiera yo «callarme» por las mismas razones que asisten a los buenos y callados «obispos que invoca» Bruno…

La pregunta tiene bemoles. Lo normal sería que yo la ignorase. Pero trataré de responderla por ser quien es Feri –fiel comentador de InfoCatólica desde hace años– y porque otros habrá que se hagan la misma pregunta.

* * *

Un autor puede disminuir o modificar el campo más o menos frecuente de sus publicaciones  por innumerables razones: familia, salud, carga de nuevos trabajos, obediencia, cansancio, etc.  Y no es discreto pedirle que «justifique» sus decisiones comunicándolas a los lectores. Si lo estima prudente, de él saldrá hacerlo. Si no lo hace, él sabrá por qué. Santo Tomás, en la Summa, trata de la vana curiositas con gran severidad (II-II, 167).

Llevo publicados 556 artículos en mi blog desde 2009. Cuando llegué al (450), el 5 de septiembre de 2017, cumplidos los 82 años, vi que tenía demasiado trabajo encima, y que estando yo con menos fuerzas y más trabajos, me resultaba imposible mantener mi artículo semanal. Inicié entonces la serie Evangelización de América, que me costaba menos porque versaba sobre temas que ya había investigado y publicado; y que por tratar de cuestiones históricas, hacían lógico que llevaran los comentarios cerrados. Los datos históricos son con frecuencia discutibles, y no estaba ya para discutirlos, pues para hacerlo era necesario muchas veces reinvestigar un dato.

Pero también quise escribir sobre la Evangelización de América porque estaba, y estoy, convencido de que la serie podía hacer mucho bien a nuestros lectores infocatólicos, que son el 63% de nuestros visitantes. La Leyenda negra sobre el descubrimiento y la evangelización de América –la obra misionera más grande de la historia de la Iglesia, después de le primera de los Apóstoles– hace hoy estragos en la América hispana, incluso entre Obispos y buenos cristianos. Estima con razón la profesora Elvira Roca, en su Imperiofobia, que donde hoy es más creída esa pestífera Leyenda es en España y más aún en Hispanoamérica, «gracias» a la teología de la liberación y a su derivada teología indigenista.

Por otro lado, si se revisa el Índice de «Reforma o apostasía» en sus números (450-556), podrá comprobarse que de los 106 posts publicados hasta hoy, 75 tratan de la serie América, pero los otros 31 son puramente «palabras de luz y de verdad», como las añoradas por Feri del Carpio. Más aún: toda la serie Evangelización de América pretende iluminar los gloriosos principios de la fe en el Nuevo Mundo, la fuerza sobrehumana de la Iglesia para, por obra del Espíritu Santo, evangelizar y transformar en cristianas inmensas regiones e innumerables etnias. Son también «palabras de luz y de verdad», urgentemente necesarias para todos los católicos, especialmente los americanos, que tantas veces ignoran el milagro de sus orígenes, lo que tiene consecuencias muy negativas. Vean, por ejemplo, en relación al Sínodo del Amazonas –aunque no lo nombro– el (565) de mi blog, Así estaban, que hace el número 75 de la serie americana. Creo, con perdón, que da muchas «luces y verdades» que con gran frecuencia están ausentes o incluso negadas.

* * *

El P. Fortea, en su blog personal, publicaba hace poco el artículo «Señor, enséñame a guardar las cosas en mi corazón» (27.X.2019). Y en él, manifestando su aprecio por mí –lo que mucho le agradezco–, alude a mi «silencio» en ciertos temas. (Subrayados míos):

«Para mí el rito amazónico en los jardines vaticanos marca un antes y un después. Por supuesto que no es solo ese rito. Callar es lo mejor que puedo decir. ¿Qué es lo que puedo decir? Callar.

«Un sacerdote al que respeto profundamente, el padre Iraburu, es lo que lleva haciendo desde hace tiempo: callar. Su silencio habla.

«No critico a nadie, debo dedicarme a edificar».

Entiende el Pater que mi silencio –que, como ya hemos visto, no es tan silencioso– es elocuente. Pero si lee mi respuesta a Feri del Carpio, verá que la interpretación que él hace de su causa y de su significado no es exacta.

…………………

Gracias, Bruno.

A Feri y al P. Fortea les envío un cordial saludo en Cristo.

Y a los lectores les ruego que me perdonen por este post de tema tan personal.

Ni trata de América, ni difunde «palabras de luz y de verdad».

 

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía.

 

 

(565) Evangelización de América (75). Río de la Plata. –Así estaban (I)

Thu, 2019-10-17 03:32

–¿Así estaban?…

–Sí. Conviene saber cómo estaban los pobladores de lo que hoy es Argentina y Bolivia, Uruguay y Paraguay, para poder valorar la obra de su evangelización y civilización a partir del siglo XVI.

 

–Un mundo complejo y fragmentado

Sólo en México y en Perú encontró España en América grandes socieda­des organizadas. Y por eso en ambos imperios la conquista y la evangeli­zación fueron allí muy rápidas. Pero en el resto de la inmensa América, con excepción de los chibchas de Colombia, los exploradores y conquistadores sólo fueron hallando un mosaico de innumerables tribus muy primitivas, sin organización alguna, sin ciudades ni comunicaciones establecidas, y casi siempre hostiles entre sí.Leer más... »

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