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La Puerta de Damasco - Guillermo Juan Morado

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b2evolution 2020-07-08T19:54:33Z
Updated: 4 hours 51 min ago

Una celebración muy digna: el funeral por los fallecidos por la pandemia

Mon, 2020-07-06 15:01

Lo he seguido – el funeral - a través del móvil y me ha gustado; es decir, me ha ayudado a rezar, a pensar, a ponerme en el lugar de los familiares de los fallecidos.

Muchos, católicos. Otros, no. Pero la Iglesia Católica ora por todos. Y yo, como católico, agradecería también que otras personas religiosas orasen por mí o por los míos, aunque no compartiesen mi fe.

La liturgia de difuntos, en todos sus componentes, eleva el alma. Las lecturas, con todo su realismo divino y humano. Los cantos, que en esta celebración han sido sobrios y bellos. La homilía del cardenal Osoro, muy adecuada y basada en los textos bíblicos.

No solo estaba el cardenal Osoro, sino asimismo el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Obispo Secretario, el Nuncio de Su Santidad y un nutrido grupo de cardenales, arzobispos y obispos. Son representantes jerárquicos de la Iglesia en España y han estado donde debían estar: rezando por los difuntos y por sus familiares.Leer más... »

El santo y la concejala. Sobre san Junípero Serra

Tue, 2020-06-23 08:15

Me cuentan que una concejala de cierto partido y de cierto lugar ha animado a tirar, a derribar, una estatua de san Junípero Serra, un franciscano mallorquín evangelizador de California en el siglo XVIII.

Uno estaría casi dispuesto a conceder que no es lo propio de una concejala, de un miembro de una corporación municipal, animar al vandalismo de alta o de baja intensidad. Y menos animar al vandalismo contra una figura egregia de la propia tierra, lamentablemente degradada – la tierra – hasta el punto de contar con ediles de semejante miseria moral (porque parece que el portento “cívico” es también de Mallorca).

La concejala no merece ni una línea más. Solo se esperaría de ella la dimisión, si tuviese vergüenza, un bien escaso. Ayer mismo pude fijarme en un cartelito. Delante de una casa, en una calle de la ciudad donde vivo, estaban muy bien alineadas, en macetas, unas bonitas hortensias – me gusta mucho esa planta - , con un cartel que exhortaba: “Cacos, no robéis ni las macetas ni las flores. Tened vergüenza”. Me encantó ese gesto, quizá imposible, de apelar a la dignidad y a la ética. Es verdad que se dirigía a los posibles cacos, muchos de ellos a años luz de las (imposibles) concejalas, o de los (imposibles) concejales. Y sé que hay concejales, y concejalas, muy buenos.

San Junípero Serra está por encima de todo eso. Ha llegado al cielo. Que se le reconozca o no, desde la miseria moral, su grandeza es casi lo de menos. Pero nosotros, que no hemos llegado al cielo, sí que podemos reivindicar que el “menos” tienda – en lo moral – a ser “más". No se puede mentir tanto, ni injuriar tanto, ni reconstruir de modo tan caprichoso el pasado.Leer más... »

El Sagrado Corazón en Vigo

Sun, 2020-06-21 09:10

Muchas de las más destacadas ciudades del mundo cuentan con un monumento al Sagrado Corazón de Jesús. Pensemos en París: la basílica del Sagrado Corazón (Sacré-Coeur) de Montmartre es un lugar de visita obligatoria desde donde se divisa la belleza de la capital de Francia.

O, más cerca de nosotros, en Almada (Portugal), el Santuario Nacional de Cristo Rey - dedicado al Sagrado Corazón - con la estatua del Redentor, desde donde se puede contemplar la espléndida Lisboa. También en España encontramos muchos ejemplos de reconocimiento al Corazón de Cristo: En el Cerro de los Ángeles, en Madrid, o en el templo del “Tibi dabo”, en Barcelona.

No hace falta ser experto en Teología para comprender el significado del Sagrado Corazón de Jesús. Si esta devoción ha arraigado tanto en la mente y en la piedad de los fieles se debe, casi con seguridad, a su claro y profundo simbolismo. El corazón indica lo más profundo del ser; la última verdad de cada uno. Que Dios tenga un corazón – el de Cristo – nos ayuda a comprender la esencia de lo divino y su inaudita cercanía. Dios no se ha confinado en su privilegiado y dichoso olimpo; no, se ha acercado a nosotros. Nos ha enviado a su Hijo. Ha asumido, hecho propio, un corazón semejante al nuestro, aunque mejor que el nuestro.

Para cualquier persona de bien el corazón simboliza el amor; el amor concreto, el amor que no pasa de largo, sino que se ocupa de las necesidades del otro. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es el buen samaritano, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos, que – también hoy – se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza, dice la liturgia de la Iglesia.

Un hombre y un mundo sin corazón serían peores que una selva despiadada. Y no necesitamos imaginar mucho para hacernos una idea de ello. Lamentablemente, la realidad nos pone delante de los ojos casos y escenarios en los que parece que el corazón de carne se ha convertido en corazón de piedra; en los que se ha hecho insensible e indiferente.Leer más... »

Corpus Christi

Sat, 2020-06-13 10:01

La Iglesia se admira ante el Sacramento en el que Cristo nos dejó el memorial de su pasión y pide al Señor que nos conceda venerar de tal modo los sagrados misterios de su Cuerpo y de su Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de su redención.

La solemnidad del Corpus Christi tiene como finalidad esta veneración; es decir, el sumo respeto y el culto reverente al Santísimo Sacramento del Altar, no solo durante la celebración de la Santa Misa sino también en la reserva eucarística en el sagrario, en la exposición solemne o en la bendición y en las procesiones eucarísticas.

El motivo de esta veneración es la presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas: En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por consiguiente, Cristo entero”, enseña el Concilio de Trento.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es una presencia real por excelencia, por ser substancial: “por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre”, dice también el Concilio de Trento.

Las apariencias no cambian: lo que parecía pan y vino sigue pareciendo pan y vino, pero la realidad última que sustenta estas apariencias sí se transforma en virtud de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. San Ambrosio comenta: “La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía? Porque no es menos dar a las cosas su naturaleza primera que cambiársela”.Leer más... »

La Santísima Trinidad

Sat, 2020-06-06 16:55

“Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unigénito, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros”, proclama la liturgia. Celebrando la fe, reconocemos y adoramos al Padre como “la fuente y el fin de todas las bendiciones de la creación y de la salvación: en su Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones y por él derrama en nuestros corazones el don que contiene todos los dones: el Espíritu Santo” (Catecismo 1082).

Dios se revela a Moisés como “compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” (Ex 34, 6). En la misericordia “se expresa la naturaleza del todo peculiar de Dios: su santidad, el poder de la verdad y del amor”, enseña Benedicto XVI. Dios se manifiesta como misericordioso porque Él es, en sí mismo, Amor eterno e infinito. Por medio de su Iglesia hace posible la comunión entre los hombres porque Él es la comunión perfecta, “comunión de luz y de amor, vida dada y recibida en un diálogo eterno entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo”, explica también el papa.

La naturaleza divina es única. No hay tres dioses, sino un solo Dios. Cada una de las personas divinas es enteramente el único Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza”, dice el XI Concilio de Toledo. Siendo por esencia lo mismo, Amor, cada persona divina se diferencia por la relación que la vincula a las otras personas; por un modo de amar propio, podríamos decir. Como afirmaba Ricardo de San Víctor, cada persona es lo mismo que su amor.

El Padre es la primera persona. Ama como Padre, dándose a sí mismo en un acto eterno y profundo de conocimiento y de amor. De este modo genera al Hijo y espira el Espíritu Santo. La segunda persona es el Hijo, que recibe del Padre la vida y, con el Padre, la comunica al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la tercera persona, que recibe y acepta el amor divino del Padre y del Hijo.Leer más... »

Fiesta de besos y abrazos

Tue, 2020-06-02 16:16

Los medios de comunicación nos informan de que se ha promocionado alguna “fiesta de besos y abrazos”, despreciando las restricciones destinadas a evitar la propagación de la infección por el coronavirus.

El promotor de la fiesta parece que es, eso dicen los medios, un conocido cantamañanas, un notorio irresponsable, que defiende, frente a las terapias y a las medidas adoptadas por todo el mundo, “terapias naturales”, cuya eficacia y rigor no le consta a nadie, más que a quien las promueve.

La vida es así. Hasta la historia de la ciencia lo es, aunque este episodio concreto no tenga nada que ver con la ciencia. No se puede, no obstante, idolatrar la ciencia, cayendo en el cientificismo, en la reducción de todo el saber humano al saber matemática y experimentalmente respaldado.

Todo reduccionismo es parcial, es rebajar el alcance del saber. Pero tampoco se puede despreciar el saber científico, que es muy limitado y muy preciso. Si me hablan de “virus”, yo me confío a lo poco que, en cada momento, me diga la ciencia.

No va a ser la panacea. Es más, los científicos pueden decirnos hoy una cosa y mañana otra. No pretenden dar una explicación global, sino una respuesta muy contextualizada y respaldada por razones que se puedan contrastar, en teoría, universalmente aquí y ahora.

Valorar la ciencia, que es uno de los modos de ejercitar la razón humana, no equivale a convertirse en positivista o en cientificista. El mundo es mucho más que peso y medida, más que física y matemáticas, más que todo eso. Pero el mundo no es sin todo eso.

Queda un camino abierto, y necesario, para la filosofía, para la metafísica y para la teología. No se trata de acortar nada, sino de agrandar, de ver las cosas con mayor distancia y profundidad.Leer más... »

New York, New York

Sat, 2020-05-30 15:48

Solamente estuve una vez en los EEUU; en concreto en la ciudad de Nueva York, especialmente, aunque no exclusivamente, en Manhattan. Quien no haya ido y desee hacerlo, que vaya. Merece mucho la pena. No hace falta que detalle aquí los motivos que hacen de Nueva York una ciudad completamente singular, una de las grandes capitales del mundo.

EEUU ha sido golpeado por el coronavirus. Muchos muertos, demasiados, sobre todo en Nueva York. Pero tampoco debemos perder el sentido de la proporción: EEUU tiene más de 300 millones de habitantes. Es uno de los países más poblados del mundo y uno de los más urbanizados.

El Congreso y el presidente, Donald Trump, aprobaron muy pronto un paquete de medidas para hacer frente a las necesidades de los afectados por el coronavirus

Por si fuese poco lo de la pandemia, se ha extendido por EEUU una ola de indignación y de protesta por la muerte de George Floyd. Si lo que ha sucedido se parece a lo que hemos visto en los medios, no tiene pase. Es un homicidio, un abuso, algo intolerable.

Parece que todo ese inmenso país se ha conmovido. Esta misma tarde me han enviado unas imágenes de unos “Amish” con pancartas. No es para menos. Las fuerzas del orden tienen, en una democracia, el monopolio de la violencia, pero no para ejercerla de cualquier modo, sino en conformidad con la ley.Leer más... »

Pentecostés

Sat, 2020-05-30 03:41

“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”, les dice el Señor a los discípulos. Y añade: “Recibid el Espíritu Santo” (cf Jn 20,21-22). El Señor vivo, crucificado y resucitado, se hace presente en medio de los suyos para comunicarles el Espíritu Santo, que los capacita para la misión; una misión que continúa la misión de Cristo y que tiene su origen último en el Padre.

Como enseña el Catecismo: “El día de Pentecostés (al término de las siete semanas pascuales), la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina: desde su plenitud, Cristo, el Señor, derrama profusamente el Espíritu” (n. 731).

De este modo, la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud y se inició la difusión del Evangelio entre los pueblos mediante la predicación, hablando de “las maravillas de Dios” (cf Hch 2,1-11). Para realizar su misión, el Espíritu Santo construye la Iglesia y la dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos: “Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos” (1 Cor 12,4-6).

Es decir, la Iglesia no es una construcción humana, sino divina. No somos nosotros quienes hacemos la Iglesia; es Dios quien la edifica. Si nos dejamos moldear por la gracia, seremos colaboradores de Dios; miembros del Cuerpo místico de Cristo y piedras vivas del Templo del Espíritu Santo que es la Iglesia. Solo Dios puede abrir a los hombres el acceso a Él; solo Dios puede insertarnos en su comunión de amor, en la intimidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia es sacramento, signo e instrumento, del que Dios se sirve para realizar este proyecto de hacer de cada uno de nosotros familiares y amigos suyos.

En una alocución, el papa Benedicto XVI explicaba la finalidad del envío del Espíritu Santo. Con la Pascua de Cristo, el Espíritu de Dios “se derramó de modo sobreabundante, como una cascada capaz de purificar todos los corazones, de apagar el incendio del mal y de encender en el mundo el fuego del amor divino”.Leer más... »

Con prudencia, las cosas vuelven a su ser

Fri, 2020-05-29 15:55

Hemos vivido, y seguimos viviendo, circunstancias infrecuentes. ¿Inéditas? Quizá. ¿Infrecuentes? Seguro.

Ha habido un confinamiento largo que, aunque no ha prohibido celebrar la Santa Misa, que sí se ha celebrado, ha hecho muchas veces – no siempre - inviable que esta celebración tuviese lugar, de modo habitual, con las puertas abiertas y con la asistencia de fieles (ha sido este punto, la posibilidad de asistir, lo que ha quedado menos claro. Los tribunales dirán algo sobre ello, espero).

Esta fase extrema se ha superado. Ya las iglesias están abiertas – teóricamente, siempre han podido estarlo – y ya se celebra la Santa Misa - siempre se ha celebrado – con más fieles, no obligatoriamente ya con un pequeño grupo de ellos.

¿Y qué ha pasado con los fieles? Pues ha pasado lo que razonablemente cabía esperar. Los más concienciados se han ofrecido a hacer posible la celebración de la Misa con más fieles. No han protestado ni exigido, no, se han ofrecido, que no es exactamente lo mismo.

Y hemos empezado, poco a poco, combinando la fe y la responsabilidad. Y yo me pregunto si es posible que creer y ser responsables sean cosas distintas. No lo son. Ni derecho ni de hecho lo son.

Los fieles de nuestras parroquias, al menos de la mía, que no será ni la mejor ni la peor del mundo, están dando unas muestras de sensatez, de madurez, de confianza, de fe; en definitiva, ya eran lo que hoy se ve, pero que hoy se ve, lo que eran, con mayor evidencia.

No hay histerismos, no hay prisas. Sí hay el ofrecimiento de venir a la Misa y de posibilitar, ayudando a desinfectar el templo, que otros vengan a la Santa Misa. Y todo se andará, paulatinamente.

¿Un creyente va dejar de serlo porque, durante una pandemia, se haya cerrado su templo de referencia? No lo creo. Dejará de ser creyente si casi no lo era antes. Lo excepcional puede reforzar la increencia o la creencia. Puede servir para ratificarse en la propia opción o para sentirse interpelado por Dios.Leer más... »

Joseph Ratzinger, 43 años de obispo

Thu, 2020-05-28 15:32

En el día de hoy, 28 de mayo de 2020, el papa emérito Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, ha cumplido 43 años de obispo. El 28 de mayo de 1977, a los cincuenta años de edad, el teólogo Ratzinger, nombrado por el papa Pablo VI arzobispo de Munich y Frisinga, fue ordenado obispo. Ese mismo año fue creado cardenal.

No hace mucho visité algunos lugares bávaros, “ratzingerianos”, como Munich, Frisinga y Ratisbona, en cuya Universidad, entre otras, Ratzinger enseñó Teología. Baviera es, a mi modo de ver, como una Galicia próspera. Los bávaros tienen un gran sentido de identidad – ha sido un reino hasta hace no mucho – y es un territorio rico.

Muy católico, ese reino, en su historia y muy rico en su realidad actual, como para, al menos, cuestionar la fácil ecuación, atribuida a Max Weber, según la cual prosperidad y protestantismo van unidos.

Ya sabemos que los pensadores son sutiles. No así la divulgación que, por imposibilidad de leer el original, por ignorancia o por otros intereses, simplifica. Como si catolicismo fuese lo mismo que miseria y protestantismo lo mismo que riqueza. No es verdad. Ahí está Baviera, o Austria, como señales que obligan a pensar un poco más a fondo las cosas.

Pero se trata de hablar de Ratzinger. En algún lugar de ese inmenso archivo de la memoria que es Internet se pueden recuperar imágenes y palabras de su ordenación episcopal en la casi monástica catedral de Munich. Eligió como lema un texto de San Juan. “Cooperadores de la verdad”. Y habló de lo que era un obispo y de lo que no era. De su servicio a la verdad y a Cristo, que es la verdad en persona.Leer más... »

Lutero y los papistas

Mon, 2020-05-25 17:19

¿Le habría gustado a Lutero ser muy elogiado por los “papistas”? Lo dudo mucho. Dudo que Lutero anhelase el aplauso de los que hoy somos católicos y estoy casi convencido de que deseaba todavía menos la aprobación de aquellos a quienes él combatía en el siglo XVI. Lutero sería lo que fuese. Tonto no era, ni los católicos que no le siguieron en su momento tampoco eran tontos.

Que ahora los cristianos, ante el avance del secularismo, sumemos fuerzas no significa que todo sea igual, que todo dé lo mismo. Una religión en la que todo diese lo mismo no valdría para nada. Si Dios, que es lo máximo, da lo mismo, las demás realidades orbitarían en la esfera de la suma indiferencia. ¡Hasta Lutero se opondría a esta reducción!

Si algo no es Lutero es fácil de comprender. Es muy complicado, en su teoría y en su práctica. Estaba como obsesionado por sentirse “justo” ante Dios. No tan preocupado por lo que fuese justo en sí mismo, sino por lo que, para él, le hiciese sentirse justo.

Pensó que san Pablo daba una respuesta a su inquietud: Lo importante es la fe, no las obras de la ley. Cristo nos ha justificado, abracemos esa justicia. Lo demás, no importa. Nosotros no somos santos ni lo seremos. Solo Cristo lo es. Confiemos en su salvación. Y basta.Leer más... »

La Ascensión, paciencia y esperanza

Fri, 2020-05-22 16:02

Cuarenta días después de la Resurrección, durante los cuales “come y bebe familiarmente con sus discípulos y les instruye sobre el Reino” (Catecismo 659), el Señor entra de modo irreversible con su humanidad en la gloria de Dios. El acontecimiento histórico y trascendente de la Ascensión supone la exaltación de Cristo a la derecha del Padre, obteniendo el señorío sobre todas las fuerzas creadas: “Y todo lo puso bajo sus pies”, escribe San Pablo (Ef 1,22).

La Ascensión del Señor no equivale a su ausencia, sino a un modo nuevo de presencia. Él, que tiene “pleno poder en el cielo y en la tierra”, les dice a los discípulos: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (cf Mt 28,16-20). Jesús, que por su Encarnación se hizo el “Emmanuel”, sigue siendo el “Dios con nosotros”. Su presencia es, a la vez, un consuelo – ya que nunca estaremos solos – y un desafío, que nos tiene que mover a descubrirlo continuamente en los hambrientos, en los pequeños y en los marginados (cf Mt 25, 31-46).

La presencia de Jesús es incondicional: “Yo estoy con vosotros”. Nada ni nadie puede destruir esta presencia, ni siquiera la muerte o nuestra imperfección. Él siempre está y, por consiguiente, siempre podemos estar con Él o retornar a Él si nos hemos alejado del Señor por nuestro pecado. Igualmente, a pesar de las crisis que le toque padecer a la Iglesia en su caminar por la historia, tenemos la certeza de que el Señor sigue estando en ella y con ella.

San Mateo, en el final de su Evangelio, recoge esta promesa de Jesús; una promesa que va acompañada de un encargo: “Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20). A unos discípulos que no son perfectos - al menos, no todos, ya que, aunque “se postraron” reconociendo a Cristo, “algunos vacilaban” – el Señor les confía la misión de hacer nuevos discípulos.Leer más... »

Las comunicaciones sociales: Los tejidos y los textos

Wed, 2020-05-20 16:03

Un amigo que tiene el don de hablar bien, y de escribir aun mejor, me ha hecho llegar el mensaje del papa Francisco para la 54 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales – jornada que se celebrará el domingo, 24 de mayo – titulado “Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,12). La vida se hace historia”.

Una cita de uno de los libros más narrativos de la Biblia, el “Éxodo”, se une a la constatación de los vínculos que conectan la vida a la historia. Empezando por la propia biografía. Recuerdo, y seguro que los lectores también, que de niño mi imaginación y mi capacidad de abrirme al mundo, inmenso y extraño, se ampliaba al escuchar relatos.

En mi infancia tuve la enorme fortuna, la providencia, de tener cerca a una persona muy querida por mí que me contaba cuentos e historias. Poseía, esta segunda madre, esta querida abuela, que no era abuela pero que ejercía como tal, el don del relato. Situaba las escenas, adelantaba los acontecimientos, sembraba de pistas el surco narrativo haciendo que el oyente, en este caso yo, estuviese deseando conocer el final; saber, definitivamente, qué había pasado.

Este aprendizaje me inició en la lectura de textos. Sobre todo, de novelas. Algo de este “gen” le ha llegado a mis hermanos, porque son buenos lectores y hasta aceptables escritores. Mejores que yo, seguro.

“Los tejidos y los textos”. Me ha gustado esa analogía que el papa establece entre tejidos y textos: “El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita ‘revestirse’ de historias para custodiar su propia vida. No tejemos solo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de ‘tejer’ implica tanto a los tejidos como a los textos”.

No creo que se pueda decir mejor. Y he leído no sé dónde que el papa Francisco ha sido, en el pasado, profesor de Literatura. Bien sea que él haya tejido este texto o que lo haya aprobado, se ve que tiene buen gusto. Lo importante es lo que el papa llama una “buena historia”; aquella que “es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo”. A distancia de siglos, añade, “sigue siendo actual, porque alimenta la vida”.Leer más... »

Poco a poco los católicos regresamos

Mon, 2020-05-18 16:09

Me refiero a que regresamos, los católicos, a la celebración de la Santa Misa con más fieles físicamente presentes. Es muy comprensible que esta reincorporación sea progresiva. No se contaba con “avalanchas”. Nunca las hay, más allá de celebraciones puntuales de un santo, de un patrón, de una fiesta. No hay “aludes”. No. Tampoco los había.

Cada domingo, en general, caben en nuestros templos más personas de las que realmente vienen. Vienen los que vienen, que son muchos, si se hace la suma de todos los templos. Pero son menos de los que han sido bautizados. Una situación que debe cambiar, porque el Bautismo es sacramento de fe, no de apostasía.

Toda esa (sobredimensionada) dramática, o tragedia, de “por favor, la Santa Misa” no se cumple en general. Sí se verifica en la paciente parcela, en el paciente “rebaño” que está ahí cada día y que ayuda siempre. En esa paciente parcela hay jóvenes, adultos, ancianos y, sin duda, algún sacerdote. Esa paciente parcela sostiene, hoy por hoy, la presencia de la Iglesia en nuestros pueblos, barrios y ciudades.Leer más... »

Una ridícula campaña contra las mitras

Sun, 2020-05-17 15:00

Se ve que, con el confinamiento, mucha gente se aburre. Y surgen campañas, “campañitas” diría yo, más que barrocas, rococó, pero de un rococó del malo, de una vulgarización extrema y de una simplificación no menos excesiva.

Tomo como un divertimento que algunas personas – muy poquitas – hayan emprendido una especie de cruzada contra las mitras de los obispos. Es pintoresco. Entre las preocupaciones existenciales que pueden asediarnos a los seres humanos, la urgencia de abolir el uso de la mitra debe de ser de las últimas.

Todo depende, “de según como se mire todo depende”, que cantaba “Jarabe de Palo”. ¿Que la mitra es esencial al episcopado? ¿Que si no se usa es ya el fin del mundo, con virus o sin él? Tampoco.

Pero un mundo ceñido a lo de primerísima necesidad material sería un mundo muy plano, muy aburrido. Por desgracia, lo estamos comprobando en cierto modo. Un mundo reducido a un espacio aséptico, a un quirófano y, si pasamos de fase, a un hospital.

Yo no conozco a nadie normal que desee vivir eternamente en una sala de operaciones o en un sanatorio. Si es necesario, mientras lo sea, se soporta. Pero de ahí a erigirlo como ideal va un trecho.

Con lo de las mitras sucede algo análogo. Eliminar toda la riqueza de lo simbólico y crear un universo unidimensional, meramente funcional, aburre. Suena a campo de concentración, a hospicio de posguerra, a edificios de viviendas soviéticos o fascistas donde no había nada de belleza, sino mera funcionalidad no funcional.

Conviene leer, aunque solo sea por curiosidad, lo que el Ritual de la Ordenación de Obispos dice cuando se unge la cabeza del ordenado: “Dios, que te ha hecho partícipe del sumo sacerdocio de Cristo, derrame sobre ti el bálsamo de la unción, y con sus bendiciones te haga abundar en frutos”.Leer más... »

La comunión con Cristo, conocer y amar

Sat, 2020-05-16 15:49

La fe es la adhesión personal de cada uno de nosotros a Jesucristo, el Señor. Creer supone conocer y amar, sin que podamos establecer una separación tajante entre ambas dimensiones. En la medida en que amemos más a Jesucristo, mejor lo conoceremos y, a su vez, cuanto más lo conozcamos más lo amaremos.

En este proceso de identificación con el Señor se hace concreta la vocación fundamental de todo hombre, que no es otra que participar en la plenitud de la vida divina: “Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada” (Catecismo 1).

La adhesión a Jesucristo comporta querer lo que Él quiere y hacer lo que Él hace. Como ha explicado Benedicto XVI: “Idem velleidem nolle, querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear común” (Deus caritas est 17). Este pensar y desear común se expresa, para el seguidor de Cristo, en el cumplimiento de los mandamientos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”, dice el Señor (Jn 14,15).

Esta observancia de los mandatos de Jesús no es una imposición externa, una carga pesada, sino que se trata de una exigencia que brota del amor. San Agustín decía que “el amor debe demostrarse con obras, para que su nombre no sea infructuoso”: “Quien los tiene presentes [los mandamientos] en la memoria y los guarda en la vida; quien los tiene en sus palabras, y los practica en sus obras; quien los tiene en sus oídos, y los practica haciendo; quien los tiene obrando y perseverando, ‘Ese es el que me ama’ ”.Leer más... »

El papa magno y el doctor de la Iglesia

Fri, 2020-05-15 16:46

El 18 de mayo se cumplirán 100 años del nacimiento del papa Juan Pablo II en Wadowice (Polonia). Para mí ha sido, sin ninguna duda, el papa que más me ha impactado; la personalidad, en general, que más me ha cautivado. Sobre Juan Pablo II escribí un pequeño librito “Juan Pablo II, el papa universal” (CPL, Barcelona 2012).

Poco después de ser ordenado sacerdote, pude concelebrar la Santa Misa con Juan Pablo II y con muchos obispos y presbíteros en Ceztokowa, el santuario mariano más querido de los polacos. Pero ya había visto al Papa antes, en Portugal (Sameiro), en Roma, en Santiago de Compostela. Y después, muchas veces, en Roma, durante mi etapa de estudios en la Universidad Gregoriana. Hasta tres veces pude concelebrar la Santa Misa con él en su oratorio privado. No habido un papa más accesible nunca, que se sepa.

Creo recordar – y la memoria no es lo más riguroso históricamente hablando – que al cardenal Newman, san Juan Enrique Newman, le preguntaron en su día, cuando él fue creado cardenal, qué era lo más importante, si ser cardenal o ser santo. Y él respondió, eso creo, que ser santo. Ser cardenal, decía, es algo del mundo. Ser santo, es algo de Dios.

Obviamente no se oponen, necesariamente, Dios y el mundo, pero sí existe una jerarquía. Primero, Dios. Luego, el mundo. Un mundo que ha sido creado por Dios y para Dios, aunque a veces nos empeñemos en que el mundo – que podría ser un jardín – se convierta, por nuestro egoísmo, en una selva.

El papa emérito Benedicto XVI ha escrito un precioso texto con este motivo, el centenario del nacimiento de su predecesor, Juan Pablo II. Es un texto breve, pero espléndido. Benedicto XVI tiene el don de saber combinar profundidad y claridad. No creo que muchos, en la época reciente, superen esta virtud. Tantas veces se disfraza de sublime lo que, simplemente, es confuso.

¿Dios y/o el mundo? Benedicto XVI, evocando a san Juan Pablo II, reflexiona sobre lo que significa ser “santo” y sobre lo que quiere decir ser “magno”: “La palabra «santo» indica la esfera de Dios y la palabra «magno» la dimensión humana”. Ambas son importantes para un cristiano, que es la religión de la Encarnación, del Hijo de Dios hecho hombre.Leer más... »

Un artículo en la "Revista Española de Teología": La significatividad de la Transfiguración

Thu, 2020-05-14 16:45

La “Revista Española de Teología"  LXXX (2020) 33-60 publica un artículo mío titulado “La significatividad de la transfiguración de Jesús".

Creo que puede resultar de interés compartir con los lectores de este blog la conclusión de este ensayo, “La signfificatividad de la transfiguración para nuestra época":

Nos preguntábamos, al comienzo de este trabajo, en qué medida la transfiguración, considerada desde la perspectiva de la Teología fundamental, puede ser especialmente significativa e iluminadora para nuestra época. Creemos que, tras haber considerado las dimensiones histórica, teológica y antropológica de la credibilidad de la transfiguración, este acontecimiento se muestra como enormemente significativo en nuestro contexto vital.

En el cuerpo concreto, histórico, del Señor se refleja la gloria de Dios que le corresponde como Hijo e Imagen del Padre. Esta gloria ha impresionado los sentidos de sus discípulos –de Pedro, Santiago y Juan– y ha supuesto, para ellos y para los demás seguidores de Jesús, un estímulo y un consuelo para que, escuchando y obedeciendo al Maestro, no perdiesen la esperanza ante la aparente desfiguración del Calvario mientras aguardaban, en medio de la zozobra, la claridad nueva de la pascua.

La revelación expresa con singular evidencia en este acontecimiento su carácter sacramental, en el que se unen los gestos y las palabras. La referencia al cuerpo de Jesús como medio de revelación y signo que la confirma, así como el papel de la imagen de Jesús como reflejo de la gloria divina, constituyen elementos que merecen ser considerados en orden a ahondar en la estructura sacramental, concreta, de la fe.

El acontecimiento de la transfiguración de Jesús nos ayuda, pues, a comprender mejor la estructura sacramental de la fe y la sacramentalidad misma como elemento fundamental de todo lo cristiano. En el cuerpo terreno de Jesús se hace visible la gloria de lo eterno para revelar que su muerte es el paso que conduce a la resurrección.

Él es el Hijo, el Verbo encarnado, tanto en el Tabor como en el Calvario. Solo escuchándolo a él la obediencia de la fe será capaz de seguirle en ese peculiar éxodo, sin ceder al desaliento de la desconfianza, sin sucumbir a la tentación de la incredulidad.

Los evangelistas, y también Pedro, han dado fiel testimonio de este acontecimiento. Los apóstoles y discípulos han visto y oído, han palpado con sus manos, al Verbo de la vida. Ellos han creído, a pesar de la desfiguración de la cruz, y han podido reconocer al Resucitado, portador de una luz que fugazmente habían experimentado Pedro, Santiago y Juan en la cumbre de la montaña.

En el cuerpo de Jesús, en su carne, habían visto estos tres apóstoles, alumbrados por un fulgor como de un relámpago, al nuevo Adán, al rey mesías, a aquel que puede quedarse solo, pero que nunca los dejará solos. A aquel cuya luz se hace camino, éxodo. A aquel que es el lugar de la gloria, el auténtico tabernáculo.

En la transfiguración lo divino se revela en lo visible. En la visibilidad de un cuerpo, en la evidencia de la carne de Jesús. Esa carne concreta y ese cuerpo histórico, vulnerable, es la Imagen de Dios y es, asimismo, por ello, la imagen del hombre. Ni Dios está tan lejos ni el hombre está tan perdido en un laberinto del pasado o en las quimeras de un futuro imposible.

Su cuerpo es el espacio perfecto para la manifestación de Dios; es el ámbito de la comunión y de la apertura, de la cercanía que respeta la trascendencia.Leer más... »

El consuelo de Nuestra Señora de Fátima

Thu, 2020-05-14 02:07

La vida resurge paulatinamente. Si de algo tenemos certeza acerca del famoso virus es la convicción de que se sabe muy poco sobre él. Un virus que nos convierte, querámoslo o no, en socráticos, en humildes. No sabemos nada. Los que saben, no saben. Los que no sabemos, lo ignoramos casi todo. Mucho más de lo que nuestra soberbia nos hace creer.

Si no podemos “aprehender”, comprender plenamente, un virus, un simple virus, ¿cómo vamos a aprehender el misterio de Dios? San Anselmo de Aosta – los ingleses dicen de Canterbury – lo supo formular de un modo genial en su “Proslogion”. Dios es “aquel mayor del cual nada puede ser pensado”. Pero no todo era teología negativa, también había teología positiva: “Dios es lo mayor que puede ser pensado”.

Dios nos sitúa ante la nada y el todo. Nos da la medida existencial de las cosas. Nos pone en nuestro sitio. A todos. A la humanidad y a la Iglesia – que es, también,  parte de la humanidad, aunque sea una porción muy singular de la misma - . El misterio de Dios no es solo lo inaccesible para nuestras pretensiones de dominio. No, es también lo que sobrepasa nuestra capacidad de comprensión.Leer más... »

Rigor y modestia

Tue, 2020-05-12 16:50

Esta tarde he podido conversar con un amigo especialista en Biología. Él sabe mucho más que yo de virus, moneras y protistas. Mucho más que yo, sobre ese tema, sabe casi todo el mundo.

En la carrera de Filosofía, en la UNED, cuando yo la cursé, se notaba el peso de las corrientes positivistas, digámoslo así, y también el de las tendencias menos positivistas.

El resultado era una amalgama de estudios “científicos” y de estudios “humanistas”. Entre los primeros: Lógica, Filosofía de la Lógica, Filosofía de la Ciencia, Historia de la Ciencia… Y, por si eso fuera poco, había que superar el rito de iniciación de una disciplina “científica”.

En mi caso, dentro de las alternativas disponibles, opté por “Introducción a la Biología”. No me arrepiento de ello. También estaban, como pidiendo perdón, las disciplinas humanísticas que, a mi juicio, eran las más filosóficas.

La Lógica, la Epistemología, la Historia de la Ciencia, la Filosofía de la Ciencia… ayudan mucho. Un buen científico es, trata de serlo, humilde y preciso, riguroso y modesto. Y esa actitud me gusta. Hoy parece que, por arte de magia, todos sabemos sobre todo.

Los científicos de verdad contestan, más o menos, con las siguientes cautelas: “Es bastante pronto. Tenemos que analizarlo”. “No tenemos ningún estudio que demuestre que los tratamientos que usamos son los más eficaces, pero es lo que tenemos”.

Veo en esa actitud rigor y modestia. Los que no somos científicos deberíamos intentar movernos dentro de la lógica y de la ética del rigor y de la modestia.Leer más... »

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