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Mitos y supersticiones de la educación en casa.

Imagen de Linda

Mitos y supersticiones...sobre la educación en casa 

Tomado del Homeschooling Bilingual.

Mito 1: los niños educados en casa son superdotados, o retrasados. 
Es decir, si les va mal en el cole por dislexia, discalculia, ADHD, ADD, y las siglas que sean en castellano (como a mí me presentaron al Sr. Déficit de atención en Houston, no conozco su abreviatura en otro idioma). Tanto es así que una vez la bella de Greisi que se maneja por la biosfera mejor que mi madre en metro, me mandó una información sobre el sida y yo comenté que me había encantado el vídeo del VHS...pero volviendo al tema, 
¿será cierto eso de que muchos que optamos por esto es porque tenemos niños por debajo o por encima del niño promedio? Pues sí y no (respuesta políticamente correcta, ¿verdad?) Entrando en polémica diré que sí es cierto que muchos niños que comienzan a venir con daños emocionales y vitales del colegio hacen a los padres plantearse la cuestión de si no estarían mejor en casa siendo educados y atendidos por ellos. Y si bien intimida mucho a ciertos padres el no saberse especialistas en los diferentes retos y (auch) discapacidades (estas palabras me suenan tan mal, que me encuentro con dificultad a menudo cuando escribo del tema), hay varios padres que terminan decidiendo informarse ellos y recurrir a especialistas pero desde el hogar.

Los que los educan en casa desde siempre, puede que por dentro estemos buscando el que sean superiores a los niños de "colegio", y que muchas veces, defendiendo nuestra postura y las ventajas que tiene la educación en casa, atropellemos un poco a todos los demás porque nos pueda este sentimiento de superioridad que se nos pega al de inferioridad en este sube y baja en el que vivimos, y que nos lleve a parecer que gritáramos calladamente algo como que mis hijos son mejores que los tuyos, porque los tuyos van al, puaj, colegio, y los míos no, y mi biblioteca es la más grande, lero lero lero.

Qué hay de cierto en las estadísticas que muestran mejores notas o calificaciones que se atribuyen a los niños educados en casa. Como ya he utilizado el chiste de que no todos nuestros hijos están destinados a Harvard, os cuento el de una madre de muchos hijos todos educados en su hogar, a la que el marido le dijo con una sonrisilla en los labios si pensaba que estaba educando a nada menos que George Washingtons, y a la que ella, sin broma alguna, le contestó que por supuesto. Y al cabo de quince años cuenta con ternura y gracia cómo llegó a la conclusión de que sus hijos son normales, si es que se puede decir que alguien lo sea.

Y ese es precisamente mi argumento. Los niños en los colegios sufren o muestran estas características en la misma proporción que los educados en casa. La diferencia es que esta jerga es invención del sistema educativo. Una de las mayores recompensas leyendo a John Taylor Gatto es cuando comenta que él nunca ha visto a un niño con problemas de lectura, o a un niño "gifted and talented" o avanzado, talentoso, en sus décadas de profesor en New York, en grupos de latinos, de negros, de niños de barrios pobres. Según él esto es un fenómeno de invención reciente. Al complicar las habilidades como la lectura y la aritmética y exigir que los niños demuestren habilidades a edades más tempranas, la enfermedad se creó y con ella vinieron los especialistas. Y en todo esto no olvidemos el dinero malgastado en esta nueva casta de personal para remediar estos problemas, así como los billones tirados a la basura en materiales para ayudar al que está "retrasado en la lectura o matemáticas". A mí me duele el alma el que en el distrito escolar donde vivimos las clases tengan "smart boards" que se tire material como el que deja un grifo correr, y que se gaste tanto recurso y tiempo en niños que, por favor, no tienen ni ocho años cumplidos. De nuevo a la carga con mi crítica, pero leedla como crítica al sistema educativo, no a mis muchas amigas maestras, ni a las familias que no educan en casa, ni mucho menos a los estudiantes de colegios privados o públicos.

No hay nada como que los doctores descubran una enfermedad para darse uno cuenta de que la padece. Y si bien todo esto son comportamientos reales (no estoy negando que haya niños a quienes les cueste escribir los números en su orden correcto, o que no despeguen en la lectura porque tienen dificultades al leer palabras comunes para otros, o que desplieguen una capacidad que parece incluso innata para las matemáticas, la escritura, las ciencias, el dibujo...), el hecho de que esto sea un problema o una cualidad es muchas veces un juicio de valor y una catalogación con la que uno puede estar en desacuerdo. Mi mayor problema es que este juicio de valor (a modo de pulgar en el teatro romano, hacia arriba, superdotado, sí señor, o hacia abajo, zoquete, no hay esperanza) se emite demasiado temprano, (véanse las numerosas páginas que venden materiales para enseñar a los bebés a leer). Queremos que los bebés lean y hagan cuentas, pero no nos damos cuenta del problema de adolescentes y adultos jóvenes que tienen pánico a vivir su propia vida y que como dice Andrea sufren el síndrome del infantilismo.

Volviendo a las estadísticas que muestran mejores resultados en los exámenes en los niños educados en casa, eso no muestra más inteligencia, simplemente más inteligencia para tomar exámenes pero en principio no se puede inferir que indique mejor educación o más conocimientos. Muchos de quienes educamos en casa no nos guiamos en exceso por el referente del colegio para juzgar si nuestros hijos están aprendiendo, si van bien en sus estudios o no, aunque el esqueleto que tratamos de enterrar siempre aparece en lugares insospechados. Cuando estamos comiendo con familiares nos visita el macabro porque el tío Fernando le hace unas preguntitas sin malicia a los niños que demuestran su ignorancia supina, en la compra cuando te miran de reojo mientras tus hijos dan el numerito gritando y sin zapatos delante de los que piensan que por qué no están en una guardería o en el cole. Este esqueleto es alguien con quien hay que vivir, así que yo lo invito a un té todas las noches cuando me queda claro que estas niñas no irán a Harvard, que no las veo yo ni un pelo de Einstein en sus cabecitas, pero a las que siento que son muy apañadas, y no, yo no estoy educando mini George Washington, pero quizá pequeñas Marie Curies... 

Como sociedad tenemos la noción de que cuanto más pronto y más lea un niño más listo, también sufrimos la idolatría de las matemáticas, que cuanto antes un niño parezca estar resolviendo ecuaciones y contestando preguntas sobre las tablas de multiplicar, más dotado. Y esto es porque somos deudores del pensamiento racional y tradicional de papel y lápiz, lengua y números. Si un niño es muy listo como dice Zinnia y muy capaz físicamente más que intelectualmente, o tiene talento con la naturaleza, cocina, artes, manualidades, dibujo, solemos decir, "ay, que mono, que bonito", pero si no es que toque el piano y de conciertos de violín a los 10 meses no nos convence de que sea superdotado o no le prestamos mucha atención.

Muchas personas y niños superdotados, que a propósito son aquellos que sobre salen en un área sin estudio de la misma, de repente, y con una capacidad muy superior a la del resto, a veces son superdotados en algo a costa de muchas otras deficiencias en otras cosas a veces bien sencillas. Otros van corriendo contra el reloj, siempre tarde como el conejo de Alicia, siempre detrás del pelotón, todo porque sus talentos no residen en el espectro de visión de la mayoría, y en medio está el saco donde entramos todos, con nuestro OCD (obsesive compulsive disorder) el que tiene Monk (y del que comparto la neura de no soportar que un calcetín no tenga pareja), ADD, QSQ (quién sabe qué) y otros bichos.

Entonces son nuestros hijos educados en casa superdotados o retrasados, y yo digo que AMBAS COSAS, y como dicen en mi pueblo, ¿y tú, de quién eres?