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Tema 15: Discursos evangélicos de Jesús

Imagen de Silvia

 

1.- EL SERMÓN DE LA MONTAÑA.-

 

Después de haber llamado a los 12 apóstoles, San Mateo nos narra el Sermón de la Montaña y nos dice: que Jesús se encontraba en una montaña y estaban en torno a Él una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, así como del otro lado del río Jordán.

Ante este numeroso y diverso auditorio, donde hay habitantes de tierras de gentiles, va Jesús a pronunciar la “Carta Magna del Reino de los Cielos”, su mensaje es universal y por eso Jesús desea que llegue a todo el mundo y entrega sus enseñanzas en un estilo breve y directo.

 

El Sermón de la Montaña ofrece un programa de vida virtuosa y de santidad para todos los discípulos del Maestro de Nazaret. Es la Ley nueva del Reino de los Cielos, pero lo que Jesús enseña ahora, Él mismo lo ha practicado antes, por eso Su Palabra convence y entusiasma, porque proclama con el testimonio de su vida, la verdad de lo que enseña.

 

Las Bienaventuranzas son ocho, las cuales tienen una recompensa en el cielo. Son una invitación urgente a una vida espiritual perfecta y constituye el programa de vida de todo discípulo de Jesús.

Las Bienaventuranzas tienen un valor moral universal y permanente, son en labios de Jesús, un llamado ardiente a la santidad.

 

¡Bienaventurado! quiere decir ¡Dichosos! ¡Felices! ¡Afortunados!.

 

1ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los pobres de espíritu!

Porque de ellos es el Reino de los Cielos.

 

¿Quiénes son los pobres de espíritu? Los dóciles a la voluntad de Dios, los que no son soberbios, ni orgullosos, no altaneros, sino que son humildes, sencillos, así como Jesús que nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.( Mt 11, 29).

Son los que aun teniendo bienes materiales, permanecen con un corazón desprendido.

Los que tienen necesidad de Dios, los que por amor al Reino de Dios, se han hecho pobres de sí mismos, que han renunciado a muchos egoísmos.

 

La recompensa a los pobres de espíritu, es el Reino de Dios, tanto en la tierra como en la vida futura. Su recompensa será el mismo Dios.

 

 

2ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los que lloran!

Porque ellos serán consolados.

 

Son los que se ven acosados por el dolor, por el sufrimiento, la cruz, las penas, las angustias, sufridas en la fe, en la esperanza y en la confianza en Dios y unen su dolor al sacrificio de Jesús en la cruz, a favor de la salvación del mundo.

 

Su recompensa será el consuelo que el mismo Dios les dará.

 

 

3ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los mansos!

Porque ellos heredarán la tierra.

 

Los mansos, son los humildes y sencillos, que sienten respeto hacia Dios y lo adoran como se merece.

 

Su recompensa será la Patria futura.

 

 

4ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia!

Porque ellos serán saciados.

 

Ser justo es ser virtuoso, íntegro, bueno, perfecto, todo esto es igual a ser santos.

 

Pues bien, Dios colmará el hambre y sed de aquellos que aspiren a la bondad, a la santidad y a la perfección. Y Jesús dijo: “Yo mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra del Señor” (Am 8, 11)

 

 

 

 

5ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los misericordiosos!

Porque Dios les tendrá misericordia.

 

Dios es misericordioso, Él siempre ama al hombre y a la mujer, con un amor compasivo, comprensivo e indulgente (poco exigente).

 

Ser misericordioso, es parecerse a Dios, que contempla con amor a sus creaturas débiles y necesitadas. “Clemente y compasivo es el Señor, tardo a la cólera y lleno de amor” (Salmo 103, 8).

 

 

6ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los limpios de corazón!

Porque ellos verán a Dios.

 

Los limpios de corazón son los sencillos, transparentes de alma y corazón, en quienes no hay ni engaño, ni mentira, los que tienen una mirada limpia y pura.

 

La recompensa será que ellos verán a Dios, es decir, tendrán en la tierra una gran capacidad para percibir la acción de Dios en todos los acontecimientos y discernir los signos de los tiempos. Y en la vida futura contemplarán a Dios cara a cara. “Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es”.

(1 Jn 3, 2).

 

 

7ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!

Porque ellos serán llamados hijos de Dios.

 

Dios es “El Dios de la paz”, “Cristo es nuestra paz”.

La paz no es solamente que no haya guerra, sino comprensión y amor.

Jesús dijo “La paz os dejo, mi paz os doy, no os la doy como la da el mundo”.

La paz en hebreo se dice <<Shalom>>, que quiere decir restauración, perfección.

 

También nos dice Jesús en el Evangelio “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

 

 

Los pacificadores tendrán un parecido muy singular con Dios-Paz, ellos serán llamados hijos de Dios y es natural que los hijos se parezcan a sus padres.

 

 

8ª. Bienaventuranza.-

¡Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia!

Porque de ellos es el reino de los cielos.

 

Son aquellos que sufren persecución por seguir las enseñanzas de Jesús, que invita y exhorta a vivir una vida de justicia y santidad.

 

Se trata de sufrir por Jesús, del padecer tribulación por el Evangelio, del ser perseguido a causa de Jesús, porque recibirán un recompensa grande en los cielos.

 

 

Estas ocho Bienaventuranzas de Jesús, nos revelan un camino de santificación, presentándonos algunas virtudes características de la vida del cristiano (recordemos que la palabra cristiano quiere decir el que sigue a Cristo).

Si practicamos estas Bienaventuranzas, caminaremos seguros por el camino que conduce a la cumbre de la perfección.

 

La pobreza de espíritu y la mansedumbre, el saber sufrir, la justicia-santidad, la misericordia, la pureza de corazón, la paz y el soportar la persecución a causa del nombre de Jesús, en fin tratar se hacer siempre la voluntad de Dios.

 

Que el Espíritu Santo nos impulse a caminar por la vía de estas virtudes cristianas.

 

Jesús también nos da otros discursos Evangélicos:

 

Jesús nos dice cuál es la misión de un discípulo suyo o de un buen cristiano en medio del mundo, son metáforas que nos hablan muy claramente:

 

1.- “Vosotros sois la sal de la tierra”. (Mt 5, 13). La sal da sabor y además protege de la corrupción. Así el discípulo de Jesús, desempeña una función positiva en la sociedad humana: por una parte comunica el buen sabor a las realidades de este mundo; y por otra, es elemento lleno de bondad y de vida, que impide que el mal cunda y se propague y corrompa a toda la humanidad. Pero hay que tener cuidado para que el cristiano no se canse, sino que permanezca fiel, de otra manera se convertiría en sal insípida, que, al no servir más, es echada fuera y pisoteada por los transeúntes.

 

2.- “Vosotros sois la luz del mundo”. (Mt 5, 14). La luz desaparece las tinieblas de la noche, es símbolo de vida y de verdad, de felicidad y de alegría. Dios es Luz, Jesús es Luz y los cristianos son luz: <<Todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche, ni de las tinieblas>> (1Ts 5, 5; Jn 8, 12; 1 Jn 1, 5).

 

 

3.- “Vosotros sois como una ciudad edificada en la cima de un monte”. (Mt 5, 14). El discípulo de Jesús es como una ciudad edificada sobre una colina, a la manera de numerosos pueblos de Palestina, que no pueden ocultarse a las miradas de la gente, antes bien, sirven de punto de orientación y referencia.

 

4.- “Vosotros sois como una lámpara sobre el candelero”. (Mt 5, 15). El discípulo de Jesús es comparado a una lámpara que ilumina. Una lámpara no se enciende para ponerla debajo de la cama, sino para colocarla sobre un candelero, para que dé luz a todos los que están en la casa.

 

Quiere decir: <<Que brille así vuestra luz delante de los hombres,

para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen

a vuestro Padre que está en los cielos>> (Mt 5, 16).