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¿A quién le estás enseñando a escribir?

¿A quién le estás enseñando a escribir?
por Andrew Pudewa

Buena escritura.  ¿Qué es una buena escritura?  Todos tenemos una opinión, pero éstas opiniones generalmente varían.  Mientras un programa linguístico afirma que simplemente con añadir adjetivos se obtienen oraciones de mejor calidad; expertos como Mark Twain sugieren que los adjetivos y los adverbios se deberían recolectar y eliminar por completo.

Aunque muchos expertos estan de acuerdo en que escribir claramente y al grano es lo óptimo; muy pocos logran mantener un balance entre cómo enseñar concisión y cómo animar a los estudiantes a escribir ideas completas con expresiones sofisticadas.

 

En éste ultimo año, un grupo de reconocídos  periodístas y profesores  se tomaron la tarea de considerar éste tema1 e inclusive citaron algunos de los materiales más populares (entre ellos el nuestro) insistiendo en la necesidad de profesores y padres de familia de ayudar a sus hijos a escribir de manera clara y a no sucumbir al terrible hábito de crear un texto “sobrecargado” de palabras..

 

Aunque periodistas, profesores de inglés, historiadores, escritores técnicos, autores de libros infantiles, poetas, padres de familia y estudiantes universitarios tienen todo el derecho de opinar sobre lo que constituye un “buen” escrito; deben evitar asumir cúal es la mejor manera de desarrollar la habilidad linguística basados en la metodologías que se exigen en sus diferentes campos de trabajo.

 

Es un error suponer que los estudiantes en la primaria deben recibir el mismo tipo de instrucción linguística que los jóvenes ensayistas de la secundaria o los estudiantes universitarios de periodísmo. Los niños no sólo se diferencian  en lo que necesitan aprender sino en la mejor forma en que pueden aprender.

 

Es por esto que la metodología de la enseñanza debe adaptarse al nivel de desarrollo del niño y a los objetivos específicos de cada etapa del aprendizaje.

 

De acuerdo a una interpretación del modelo “clásico”, los niños deberán pasar por tres etapas preparatorias (El trivium) antes de embarcarse en niveles de estudio avanzados (El quadrivium).

 

Estas tres primeras etapas son frecuentemente denominadas: La etapa gramática, La etapa lógica y La etapa retórica.  Un buen número de libros ya se han dedicado a la tarea de explicar más a fondo éstos términos.  En ésta ocasión sólo proveeré una corta descripción:

 

La gramática:

 

Fase durante la cual el estudiante está más interesado en recolectar información.  Es el estudio de los  aspectos elementarios que constituyen un tema. La información misma es de más importancia que las teorías y los razonamientos.  Esta fase es el resultado del período de la “mente absorbente” de la conocida metodología de Montessori, en donde la memorización, la repetición y la recitación adquirieron una gran importancia educacional.

 

Aunque en cada niño se revela de manera diferente, ésta etapa se presenta entre las edades de 6 y 10 años.
 

 

La lógica:

 

Fase en la cual el estudiante siente la necesidad de evaluar y razonar la información que ha adquirido.  El estudiante disfruta el debate, la argumentación, la validación y a menudo repudia la realidad que ha conocido.  En esta fase son de gran interés y valor las teorías, las causas, las razones y las conexiones entre ideas; lo cual es muy común entre los pre-adolescentes y adolescentes.

 

La retórica:

 

Una vez que la información ha sido incorporada y evaluada, se deberá poner en uso.  En ésta fase se resaltan la creatividad, el arte y la ingenuidad en todas las areas del aprendizaje.  La originalidad es el resultado de la combinación y el canje entre la información apropiada y la información relacionada. El pensamiento analítico presente en ésta fase, es posible gracias a los fundamentos construídos durante las fases de la gramática y la lógica.

 

En el  libro Recovering the Lost Tools of Learning de Doug Wilson2, se encuentra una discusión más detallada de éstas etapas y la forma de cómo enseñarlas de manera efectiva.

Como resultado de su trabajo con niños con lesiones cerebrales (en su mayoría atrapados por un largo tiempo en la etapa gramática), Glen Doman3 describió de manera concisa la esencia de la gramática: “si se le enseña a un niño los hechos, el reconocerá las leyes; pero si se le enseñan las leyes, el no podrá intuir los hechos”.

 

Esto explica en gran parte el fracaso de los nuevos programas de matemáticas que enfatizan el entendimiento de las operaciones en lugar del dominio de los factores.  El doctor Arthur Robinson anotó recientemente que inclusive el Examen de Constancia de Graduación (GRE) básicamente examina la velocidad y precisión en la aritmética y el  dominio del vocabulario, los cuales son los pilares sobre los que descansa todo aprendizaje.4

 

Lo que debemos hacer es aplicar estas verdades a la enseñanza de la composición escrita: enfocándonos en el fortalecimiento de la aptitud linguística durante la etapa gramática, refinándola durante la etapa lógica y finalmente usarla durante la etapa retórica.

 

Parece ser que los expertos de la composición literaria han sugerido que deberíamos instruir a los estudiantes de la etapa gramática con material diseñado para la etapa retórica.  Por supuesto que los maestros del aprendizaje estarían de acuerdo en que sería una locura completa.

 

El trabajo del niño consiste basicamente en jugar (no en el frívolo sentido de la palabra) recolectando, manipulando, practicando y experimentando con lo que le rodea.  La mayoría de las veces este juego se basa en la imitación. El método de  Montesori aborda extraordinariamente este enfoque apoyándose en la innata aptitud de descubrir del joven estudiante.

 

De acuerdo con esta metodología, primero se presenta la lección;  generalmente en silencio y de manera muy precisa.  Una vez terminada esta presentación el estudiante es invitado a participar en el proceso de experimentación y a permanecer allí durante el tiempo que quiera y sea necesario.

 

Si el estudiante tiene dificultad en entender la lección, el professor la presentará de nuevo, de manera silenciosa y cuantas veces le sea necesario.   La corrección directa es mínima o completamente ausente.  El estudiante “juega”, es decir que experimenta y practica con la lección hasta que la domina.  El juego, después de todo, es la disposición natural del niño sano y una herramienta supremamente efectiva tanto en la enseñanza como en el aprendizaje.

 

Dorothy Sayers anota en su destacado ensayo The Lost Tools of Learning que aún un carpintero “jugaría” con su herramienta antes de ponerla en uso para su proyecto.5

 

Es por esta razón que si hay estudiantes en niveles avanzados  que no han adquirido la información y las conexiones lógicas en las diferentes áreas de estudio, deberán primero adquirir éste conocimiento y ésta práctica, (con la habilidad de ponerla en uso) antes de exigirles que la usen de manera creativa. La verdad es que nadie puede pasar de largo y de manera satisfactoria, las fases de la gramática y la lógica.

 

¿Pero, y cómo afecta todo ésto la enseñanza de la composición en inglés?  Bueno, primero debemos establecer los fundamentos linguísticos del estudiante saturándole con una alta calidad de lenguaje auditivo y una gran cantidad de memorización.6  De manera adicional, debemos proveer a los estudiantes con la presentación de datos al igual que la oportunidad de usarlos en la práctica.  

 

En teoría, la “gramática incluye el vocabualrio y su uso, modelos de oraciones, herramientas organizacionales (párrafo, cuento, reportaje y ensayo), adornos y mecanismos especiales.  Estos se pueden presentar de manera gradual o rápidamente, de acuerdo a la madurez del estudiante. A este nivel no se le deberá exigir a ninguno de los estudiantes el dominio inmediato de la información.

 

El estudiante debe divertirse con la información.  Al usar los adjetivos, adverbios, verbos, cláusulas, preposiciones, participios  y oraciones cortas, el estudiante ganará confianza y paulatinamente se apropiará de su uso. Al igual que en el  salón de clase de Montesori, la contínua  presentación de la lección deberá ser maximizada y la corrección de manera directa deberá ser minima.

 

Definitivamente deberemos guiar a los estudiantes hacia un mejor uso de éstas herramientas; pero no al costo del desarrollo de la confianza y el entusiasmo de la experiencia de querer usar palabras nuevas en contextos diferentes. Si por ser fiel a una ideología sobre lo que es una “buena” composición, los profesores e instructores comienzan a cortar y a reestructurar el lenguaje del estudiante desde muy  temprana edad (etapa de la gramática); más tarde encontrarán que la habilidad linguística es mucho más baja de lo que debería ser y que el  alto criticísmo se debió haber dejado para mucho más adelante.

 

Durante la etapa lógica, y ciertamente en la retórica, la técnica y el talento se podrán enseñar y desarrrollar con un mayor éxito porque ya se han establecido los fundamentos de la etapa gramática.

 

Adicionalmente debemos considerar al estudiante que ha tenido dificultades durante todo éste proceso y por consiguiente es rehacio a la composición literaria. Si éste estudiante se esfuerza al máximo en el uso de su vocabulario pero se le hace sentir que su experimento con palabras fue todo un fracaso y no produjo una “buena” composción, es  muy possible que  futuros intentos por utilizar adjetivos, adverbios o cualquier otra herramienta que parezca “riesgosa”, ocurran con muy poca frecuencia. Su interés en el uso de palabras irá desapareciendo y de ahí en adelante sólo hará lo necesario por cumplir con los requisitos y evitará escribir algo que se salga de lo “normal” para evitar hacerlo “mal”.  

 

Desafortunadamente, la capacidad creativa de este estudiante se irá marchitando poco a poco. Animémos al estudiante a jugar y a experimentar con palabras, no olvidando que lo que hacen y la forma como aprenden es inmensamente más importante que lo que producen. Los niños que tienen la libertad de jugar con palabras, se enamoran de las palabras. El tiempo, la madurez y en general las circunstancias de la vida, le ayudarán a balancear creatividad, elocuencia y concisión.  

 

Debería ser completamente aceptable que los niños usen las palabras con audacia e incluso intenten alcanzar los extremos. Quién sabe qué llegarán a ser cuando se conviertan en adultos.  Alguno tal vez se convierta en un escritor técnico, o un dramaturgo; mientras que otro tal vez se convierta en un novelista o periodísta.  
Nuestra labor no consiste en decidir entre lo “bueno” o lo “correcto” cinselándolo lo más pronto possible, sino en alimentar, animar, educar y concentrar al estudiante en los  “detalles ” del lenguaje y en el gozo que produce su uso.

Nuestro objetivo es el ayudar al estudiante a formar el mármol linguístico con el cual  construirá su profesión o vocación; mientras que otros les ayudarán a darle una forma más concreta. Para el escultor, es mejor tener suficiente mármol que descubrir que tiene muy poco.

 

Es completamente aceptable y hasta de gran beneficio que los estudiantes exageren con las palabras. ¡Así es como se construyen los fundamentos linguísticos!. Los autores de libros infantiles saben esto muy bien; tome por ejemplo, el libro Alexander And The Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day por Judith Viorst.  Este libro tiene un ránkin de cinco estrellas en todas las areas de distribución y está en el puesto  No. 439 en las ventas de ¡Amazon.com7!  Muy pocos periodístas aceptarían este título, y sin embargo es todo un clásico para los niños.  ¿Por qué ?. Porque les ayuda a construir el mármol linguístico.  Los niños necesitan la repetición, la categorización y el juego de palabras que Judith Viorst usa tan artísticamente en este clásico infantil.

Bien es cierto que si todos creyéramos y siguiéramos el asesoramiento técnico de los profesores de periodísmo y los expertos de la comunicación, los libros del Dr. Seuss no existirían y Judith Viorst nunca hubiese escrito acerca de Alexander de la manera tan atractiva en que lo hizo.

 

Durante la etapa gramática lo que entra a formar parte del conocimiento del niño es mucho más importante que lo que los resultados.  La experiencia del aprendizaje es mucho más infinitamente importante que lo que el niño pueda producir. Ciertamente los resultados son importantes, ya que en gran medida en la construcción de un producto se experimenta aprendizaje.  Sin embargo, no olvidemos poner el énfasis en el proceso y no en el producto.

 

Esta es una tarea difícil porque vivímos en una sociedad orientada hacia el producto y el materialísmo; siempre sobresaltando los resultados, las pruebas, las evidencias y las ganancias. Desafortunadamente en su mayoría de veces en el momento  y el lugar menos apropiados. Mantengámos todo esto en perspectiva.

 

Por otro lado es bueno aclarar que  sí estamos de acuerdo con Twain, Zinsser y Olasky:  un buen escrito es simple, libre, claro y específico.  Estamos también de acuerdo con Lewis, Hemmingway y Marks:  es importante evitar el recargo de palabras y concentrarse en las ideas y la información.

 

Sin embargo, practicar la disciplina de la escritura a una edad adulta (en la etapa pos-retórica) y enseñar a niños en las etapas de gramática y lógica son actividades totalmente diferentes: primero entendamos a quien le estamos enseñando y así evitemos la confusión.