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Reforma o Apostasía - José María Iraburu

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b2evolution 2018-01-20T21:34:16Z
Actualizado: hace 59 mins 24 segs

(474) Evangalización de América –17. Pedro de Valdivia, fundador de Chile

Vie, 2018-01-19 19:42

 –Terrible la muerte de Valdivia.

–Todo su intento fue fundar un Reino cristiano. Y como Cristo, murió sellando su obra con su sangre.

 

–Pedro de Valdivia (1497-1554)

A diferencia de no pocos descubridores y conquistadores de América, el extremeño Valdivia (La Serena 1497 – Santiago de Chile 1553) fue un militar de profesión. Y con larga lista de servicios: batalla de Pavía (1525), Saco de Roma (1527), etc. A los 40 años de edad pasó a América, a Venezuela, y después a Perú, en donde se unió a Francisco Pizarro como maestre de campo. En 1538 portaba su bandera en la batalla de Salinas, en la que fue derrotado Diego de Almagro, rival de Pizarro.Leer más... »

(473 Evangelización de América –16. Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico

Mar, 2018-01-16 05:09

–Algo malo habría hecho, si acabó sentenciado a muerte.

–Ese principio es falso. Mire a Cristo en la Cruz.

 

–Vasco Núñez de Balboa (1475-1519)

Fue Vasco Núñez de Balboa un hidalgo extremeño de familia modesta, nacido en la población de Jerez de los Caballeros en 1475, que pertenecía a la Orden de Santiago. Aprendió a leer y escribir, y también el arte de la esgrima. En 1501 se embarcó en la expedición de Rodrigo de Bastida, que había participado en el segundo viaje de Colón (1500). Conoció así, algo al menos, Panamá, Venezuela y Colombia, hasta que el viaje terminó en La Española. Con lo ganado en esa expedición, adquirió allí una finca, en la que durante varios años trabajó como agricultor y ganadero. Pero por diversas circunstancias no le fue bien, y huyendo de sus deudas, se embarcó de nuevo.Leer más... »

(472) Evangelización de América –15. Alonso de Ojeda, descubridor de Venezuela

Mié, 2018-01-10 05:27

–¿Pero no quedamos en que se prohibió la palabra conquista y conquistadores?

–En (454) recordé que ya a mediados del XVI se va abandonando el término, y que la Recopilación de las leyes de Indias (1680, ley 6ª), suprime la palabra «conquista», sustituyéndola por las de «pacificación» y «población». Pero hablar hoy –alguna vez– de conquista y conquistadores no es pecado.

 

–Estamos aquí para recordar los Hechos de los Apósto­les de América, es decir las grandes gestas misioneras que deben ser conocidas, especialmente por los cristianos iberoamericanos. Pero antes de entrar a con­templar con más detenimiento la figura de los santos apóstoles de las Indias, en su gran mayoría religiosos, debemos recordar tam­bién, aunque sea brevemente, a los cris­tianos laicos que, sin ser propiamente misio­neros, colaboraron positiva­mente en la evangelización.Leer más... »

(471) Evangelización de América –14. Muy buenas las Leyes de Indias; ¿pero se cumplían?

Lun, 2018-01-01 05:03

–En la América hispana el poder lo tenían los españoles. Y quienes tienen el poder –es una ley inexorable– oprimen a sus súbditos.

–Le recuerdo otra ley inexorable. Quienes no conocen la historia verdadera, piensan y hablan expresando sólo su ideología, no las realidades del pasado. Y hablando de lo que ignoran, mienten, aunque no se den cuenta.

 

–Leyes indianas muy buenas, ¿pero se cumplían?

    Es indudable que la Corona española, asistida por los misioneros, teólogos y juristas más valiosos, procuró desde el principio con gran empeño leyes justas, que fueran favorables a los indios. El historiador norteamericano Lewis Hanke, en su obra sobre La lucha por la justicia en la conquista de América (1949, 17), declara en su prólogo que «la conquista de América por los españoles… fue uno de los mayores intentos que el mundo haya visto de hacer pre­valecer la justicia y las normas cristianas en una época brutal y sanguinaria». Efectivamente, puede decirse que la Corona es­pañola fue siempre en América, con los misioneros, con las leyes y con las autoridades civiles, la principal pro­tectora de los indios.Leer más... »

(470) Evangelización de América –13. La organización del Nuevo Mundo

Vie, 2017-12-22 03:38

 

–A ver cuándo comienza usted a tratar de la «Evangelización de América», porque hasta ahora…

–Hasta ahora voy exponiendo sobre todo el marco histórico y civil en el que se realizó la misión evangelizadora. Tranquilo.

Un enorme Mundo nuevo… La grandeza de sus montañas y campos, de sus árboles y ríos, de las distancias entre unas y otras poblaciones, es lo primero que impresiona hoy al que viaja a América hispana. Pero el asombro se queda sin respuesta cuando se pregunta: ¿cómo pudieron  los primeros descubridores occidentales organizarla, civilizarla y evangelizarla, siendo pocos, entre cientos de etnias, ignorando sus lenguas, sin mapas ni carreteras, sin telégrafo ni vehículos, incluso sin luz eléctrica?…  Fue un milagro, una realidad inexplicable.

 

–La administración civil de las Indias inmensas

España, a distancia y de presente, hubo de organizar la administración de inmensos territorios –cerca de los 10.000 kilómetros de norte a sur–, sin tener los medios de comunicación y de viaje que hoy se considerarían imprescindibles. Sobre esta cuestión afirma Manuel Lucena Salmoral (1933-): «mucho se ha ponderado la ineficacia administrativa española; sin embargo ya es hora de afirmar que resultó extraordinariamente funcional para dirigir aquel enorme complejo mundial; difícilmente podría haberse organizado mejor con otro sistema.

«La prueba es su funcionamiento durante siglos. La fórmula consistió en sostener las administraciones regionales y en crear las generales absolutamente imprescindibles. La llave maestra fueron los Consejos, que teóricamente eran órganos consultivos de la monarquía y que en la práctica eran resolutivos, ya que el Rey se limitaba las más de las veces a estampar su firma en los documentos que le presentaban» (AV, Iberoamérica 431).

La hacienda pública, concretamente, en aquel continente enorme, apenas conocido, logró organizarse desde el principio en formas sumamente eficaces. Quien visite el Archivo de Indias en Sevilla no podrá menos de quedar asombrado del orden administrativo que durante tres siglos estuvo realmente vigente en la presencia de España en América. Allí constan hasta los alfileres que iban o venían entre España y las Indias. Sobre esta cuestión escribe Ismael Sánchez Bella (1922-), mi antiguo y querido profesor, especialista en derecho indiano:

«Visto a distancia , el juicio sobre el sistema es favorable, porque permitió un alto rendimiento y la rápida adaptación a la marcha de la conquista y colonización de inmensos territorios. Al éxito indudable del sistema contribuyó sin duda el respeto profundo que sentían entonces hacia todo lo relacionado con la institución real» (La organización 328).

 

–Organización municipal y administrativa

El municipio, en la primera organización de las Indias hispanas, tuvo una importancia particular. Para comprender el origen de este fenómeno singular es preciso recordar que, mientras que el feudo fue en el medioevo europeo la institución política básica, en España casi no se conoció, pues los reconquistadores hispanos, se asentaban en las tierras ganadas al moro, y obtenían de los reyes fueros y libertades, privilegios y exenciones, organizándose en seguida en municipios, concejos y cabildos. Esto originó, sobre todo en las tierras del norte del Duero, las más difíciles de conquistar, un pueblo profundamente democrático, con fuertes instituciones comunales, en las que una directa representatividad popular se expresaba en una democracia orgánica, como diríamos hoy, ajena a todo pluralismo partidista.

Así pues, a las Indias llegó un pueblo con una gran experiencia de lucha, de repoblación y de organización política y administrativa, en la que no podía faltar el fraile, pero tampoco el escribano. Lo primero, por ejemplo, que hizo Cortés en Nueva España fue fundar en Veracruz un municipio, y amparándose en las leyes y tradiciones castellanas, recibir del cabildo municipal toda clase de autorizaciones, de las que no andaba sobrado.

 

–Organización política

Tras unos primeros años en que adelantados, gobernadores y auditores, apenas lograban establecer un orden político, entre vacíos legales y conflictos de autoridad, muy pronto la Corona fue dando a las Indias españolas una organización política suficiente. En la península, junto al Consejo de Castilla y al de Aragón, en 1526 se estableció el Consejo de Indias, operante en las cuestiones prácticas mediante la Casa de Contratación y el Archivo de Indias, situados ambos en Sevilla.

En América la autoridad política española se organizó en Virreinatos, Audiencias y Capitanías generales o presidencias-gobernaciones. Y en su primera configuración histórica tuvieron particular importancia hombres de gran categoría personal, como en México don Antonio de Mendoza y don Luis de Velasco, o en el Perú don Pedro de la Gasca y don Francisco de Toledo. Cuando terminó la autoridad de España en América, a principios del siglo XIX, Hispanoamérica estaba organizada en los Virreinatos de Nueva España (México), de Nueva Granada (Colombia), del Perú y del Río de la Plata (Argentina, Paraguay y Uruguay), y en las Capitanías Generales de Cuba, Guatemala, Venezuela y Chile.

A todo lo cual hay que añadir que en América las Audiencias tuvieron una gran importancia, pues no sólo centraban, como en la península, todo el sistema judicial, sino que tenían también funciones de gobierno y hacienda. El arraigo efectivo y real de todas estas organizaciones políticas se pone de manifiesto, por ejemplo, en el momento de la Independencia. De hecho «las Audiencias –dice Morales Padrón (+2010)– fueron el elemento básico o solar donde se alzaron los actuales Estados soberanos de Hispanoamérica. En efecto, todas, salvo la de Guadalajara en México, han cumplido tal fin. Paraguay y Uruguay, junto con cuatro de los seis Estados centroamericanos, se asientan sobre gobernaciones. Cuba, Venezuela y Chile se apoyan en sendas capitanías generales. El resto de las nciones se levantan donde antes existían Audiencias» (La Cierva, +2015: Gran Hª 1382-1383).

 

–Organización jurídica

El protagonismo de Castilla en el descubrimiento y otras circunstancias políticas de la península hispana explican, como dice Ots Capdequi (+1975), que los territorios de las «Indias Occidentales quedaran incorporados políticamente a la Corona de Castilla y que fuera el derecho castellano –y no los otros derechos españoles peninsulares– el que se proyectase desde España sobre estas comarcas del Nuevo Mundo» (El Estado 9).

Según el mismo autor, los rasgos característicos de este nuevo derecho indiano son éstos: «Un casuismo acentuado», más bien que amplias construcciones jurídicas. «Una tendencia asimiladora y uniformista», acentuada en la época borbónica. «Una gran minuciosidad reglamentista», por la que se pretendía llegar hasta la cuestiones más pequeñas. «Un hondo sentido religioso y espiritual. La conversión de los indios a la fe en Cristo y la defensa de la religión católica en estos territorios fue una de las preocupaciones primordiales en la política colonizadora de los monarcas españoles. Esta actitud se reflejó ampliamente en las llamadas Leyes de Indias. En buen parte fueron dictadas estas Leyes, más que por juristas y hombres de gobierno, por moralistas y teólogos» (12-14).

Los Reyes españoles decretaron «que se respetase la vigencia de las primitivas costumbres jurídicas» de los indios, en tanto no fueran inconciliables con la legislación hispana, con lo cual los derechos tradicionales de los indios «dejaron huella considerable en orden a la regulación del trabajo, clases sociales, régimen de la tierra, etc., instituciones tan representativas como los cacicazgos, la mita y otras» (11,15). Por otra parte, «frente al derecho propiamente indiano, el derecho de Castilla sólo tuvo en estos territorios un carácter supletorio» (15), es decir, sólo se aplicaba cuando en las leyes de Indias había algún vacío legal.

Finalmente, otro rasgo muy peculiar del derecho indiano fue que las autoridades locales, «frente a Cédulas Reales de cumplimiento difícil, o en su concepto peligroso, apelaron con frecuencia a la socorrida fórmula de declarar que se acata pero no se cumple», explícitamente reconocida, en determinadas condiciones, como opción legítima en la Recopilación de 1680 (Leyes XXII y XXIV, tit.I, lib.II).

En efecto, «recibida la Real Cédula cuya ejecución no se consideraba pertinente, el virrey, presidente o gobernador, la colocaba solemnemente sobre su cabeza, en señal de acatamiento y reverancia, al propio tiempo que declaraba que su cumplimiento quedaba en suspenso. No implicaba esta medida acto alguno de desobediencia, porque en definitiva se daba cuenta al Rey de lo acordado para que éste, en última instancia y a la vista de la nueva información recibida, resolviese» (14).

–Clases sociales

Una gran diferencia que nos distancia de los hombres del XVI, y de la que debemos ser conscientes, se da en que tanto los euro­peos, como en mayor grado los indios, estaban habi­tuados a cier­tas modalidades de servi­dumbre, y la consi­deraban, como Aristóteles, natural.  Puede incluso decirse que, allí donde era normal que los in­dios presos en la guerra fueran muer­tos, comidos o sacrifica­dos a los dioses, permitirles la supervivencia en es­clavitud podía ser in­terpretada a veces como signo de la benigni­dad del vencedor.

Por otra parte, el respeto sincero, interiorizado, del infe­rior al su­perior o del vencido al vencedor era en las Indias re­lativamente frecuente. El escritor hispano-inca Garcilaso de la Vega (1519-1616), por ejemplo, en la Historia General del Perú, hace notar que los indios venera­ban y guardaban leal servi­dumbre hacia quienes veían en algo como superiores:

«Cada vez que los españoles sacan una cosa nueva que ellos no han visto… dicen que merecen los españoles que los indios los sirvan». Esta actitud de docilidad sincera era aún mayor en los indios cuando habían sido vencidos en gue­rra abierta: «El indio rendido y preso en la guerra, se tenía por más sujeto que un esclavo, entendiendo, que aquel hom­bre era su dios y su ídolo, pues le había vencido, y que como tal le debía respetar, obedecer, servir y serle fiel hasta la muerte, y no le negar ni por la patria, ni por los parientes, ni por los propios padres, hijos y mujer. Con esta creencia pos­ponía a todos los su­yos por la salud del Español su amo; y si era necesario, mandán­dolo su señor, los vendía sirviendo a los Españoles de espía, escu­cha y atalaya» (citado por Salvador de Madariaga, +1978: Auge 74).

Esta sumisión de los indios a aquellos hombres, que en el desa­rrollo cultural iban miles de años por delante, era sin­cera en mu­chos casos. Y sobre todo, cuando habiendo sido derrotados en guerra, se les respetaba la vida. Cuenta, por ejemplo, en sus Comen­tarios (cp.30) el descubridor y escritor Núñez Cabeza de Vaca (1488-1559)  que, una vez vencidos al norte de La Plata los indios guaycu­rúes, se produjo esta escena:

«Hasta veinte hombres de su nación vinieron ante el Gobernador, y en su presencia se sentaron sobre un pie como es cos­tumbre entre ellos, y dijeron por su lengua que ellos eran principales de su nación de guaycurúes, y que ellos y sus antepasados habían tenido guerras con todas las generaciones de aquella tierra, así de los guara­níes como de los imperúes y agaces y guatataes y naperúes y mayaes, y otras muchas genera­ciones, y que siempre les habían vencido y maltra­tado, y ellos no habían sido vencidos de ninguna generación ni lo pensaron ser; y que pues habían hallado [en los españoles] otros más valientes que ellos, que se venían a poner en su poder y a ser sus esclavos».

    La gran mayoría de los indios de Hispanoamérica fueron siempre fieles a la autoridad de la Corona española, también –y más– en los tiempos de la Independencia, no sólo porque estaban habituados a encontrar defensa en ella y en sus represen­tantes, sino por respeto leal a una autoridad que interna­mente reconocían.

 

–Crímenes no vistos como tales

    La sujeción servil de los indígenas era una prác­tica considerada en el siglo XVI más o menos como en el si­glo XX son considerados el aborto, el divorcio o la práctica de la homosexua­lidad; es decir, como algo que, sin ser ideal –ni tampoco prac­ti­cado por la mayoría–, debe ser tolerado, pues de su even­tual eli­minación se seguirían males peores.

    Entre aquella situación moral y ésta actual nuestra hay, sin embargo, una dife­rencia importante. En el XVI hispano se al­zaba contra aquellos males un clamor continuo de protestascomo ya vimos (464)–, que modificaba con frecuencia las conciencias y conductas, y que llegaba a configurar las leyes civiles. En cambio, en los siglos XX y XXI, las denuncias morales de los males aludidos son muy escasas, afectan menos las conciencias y conductas, y desde luego no tienen fuerza para mode­lar las leyes. Hoy se establecen leyes criminales, como «el derecho al aborto», «el derecho al matrimonio [sic] homosexual», etc. Aquellos eran otros tiempos, sin duda.

La primera época de España en las Indias era un tiempo muy diverso del nuestro actual, y no podría­mos juzgar rectamente la obra de aquellos hombres sin colocarnos mental­mente en su cuadro histórico cultural y circunstancial. Por lo demás, si hiciéramos una comparación entre la moralidad de los encomen­deros o de los represen­tantes de la Corona en las Indias, y el grado actual de honradez de los empresarios o políticos españoles e his­panoamericanos, probablemente saldrían ganando aquéllos. Y de los solda­dos, funcionarios, artesanos y comerciantes, habría que de­cir lo mismo.

    Será mejor, pues, que no juzguemos a aque­llos hombres con excesiva dureza, ya que nuestro presente no nos permite hacer duras acusaciones a nuestro pasado. Y menos aún deben hacerlas quienes durante muchos años no han tenido nada que denunciar en los paí­ses esclavizados por el comunismo; ni tampoco denuncian los crímenes del liberalismo: aborto libre y gratuito, aplicación de ideologías liberales obligada por ley, explotación de los países pobres, expropiación de los hijos por leyes antinaturales y anticristianas, normativas en la educación, etc.

 

Lenguas indígenas

El cuidado de las lenguas indígenas fue desde el principio una preocupación muy importante. Muchos misioneros aprendieron las lenguas indígenas, compusieron diccionarios y cantos, tradujeron textos sagrados, catecismos y obras espirituales o de artes prácticas. No pocas leyes civiles y eclesiásticas fomentaron el bilingüismo.

Hemos de estudiar más este punto al tratar de la misión directamente evangelizadora. Pero ya ahora he de consignar una realidad actual indudable: es muy notable la pervivencia de numerosas lenguas indígenas en las naciones de Hispanoamérica. El fenómeno se da en un grado incomparablemente mayor que en América del Norte, lo mismo que en otros Continentes colonizados por otras naciones de Occidente.

Lenguas indígenas, como el guaraní, el quéchua, el nahuátl, el maya y el aymará, se conservan perfectamente vivas. En Paraguay conviven el español y el guaraní, y también el yopará, mezcla de ambas lenguas. La Constitución de Bolivia (1993) reconoce cuatro idiomas oficiales: español, quéchua, aymará y guaraní. La del Perú (1993) define al país como plurilingüe, expresando la realidad social, aunque elija el español para el lenguaje de la administración. Son numerosas las lenguas indígenas que se mantienen vivas en regiones más o menos amplias de las naciones de Iberoamérica. En Ecuador, por ejemplo, el 45% habla en lenguas indígenas, predominando el quechua; en Guatemala un 65% se expresa en lenguas de origen maya. 

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

Bibliografía de la serie Evangelización de América

 

(469) Evangelización de América –12. ¿Con qué derecho, en el XVI, actuaba España en América?

Mar, 2017-12-12 09:39

 

–¿Y qué nos importan ahora estas cuestiones?

–Esa pregunta nos demuestra su notable cortedad intelectual. Nada hay más práctico que la doctrina teórica.

La justificación de la presencia y acción de España en las Indias fue objeto de importantes discusiones ya desde el principio, en la primera mitad del siglo XVI. Y en esas polémicas gravísimas tuvieron, junto al Padre Las Casas, máximo protagonismo el padre Vitoria y don Ginés de Sepúlveda.Leer más... »

(467) El Adviento en el Apocalipsis

Sáb, 2017-12-02 07:56

 

–Mucha falta hace recordar lo que hoy nos dice.

–El P. Castellani veía en el olvido de la Parusía una de las causas principales de la descristianización. Apenas se predica nunca del Adviento definitivo de Cristo que esperamos.

 

–Estamos en una gran Guerra invisible

El Apocalipsis es realmente el quinto Evangelio, que tantos cristianos de hoy ignoran. En esta Revelación de Jesucristo, entre el fulgor de liturgias cósmicas y celestiales, y el ale­gre anuncio de las victorias de Dios omnipotente, al  mismo tiempo se nos manifiesta e interpreta esa «dura batalla contra los poderes de las tinieblas que atra­viesa toda la historia humana, y que, ini­ciada ya desde el origen del mundo, durará hasta el último día, según dice el Señor» (Vat.II, GS 37b; +Catecismo 409). En contra de esto leí en un buen teólogo hace unos años:Leer más... »

(467) Evangelización de América –11. La encomienda indiana

Mié, 2017-11-29 23:48

–Los españoles expropiaban a los indios sus tierras por medio de las encomiendas.

–No está usted bien informado. Es decir, está mal informado. Lea, por favor, lo que sigue.

La grave cuestión de la «encomienda» fue en la primera mitad del XVI una de las más discutidas por teólogos, juristas y gobernantes.

 

–La encomienda

Cuando los espa­ñoles llegaron a las Indias, aquel inmenso continente, de posibili­dades formidables en la agricultura, ganadería y minería, estaba prácticamente sin explotar. Muchos de los indios eran selváti­cos y a veces nómadas. Pero los mismos indígenas más desarrollados, como aztecas e incas, tenían muy reducidas sus áreas de cultivo, pues carecían de los conocimientos y de los medios que hacen posibles los amplios trabajos agropecuarios. Ignoraban sobre todo las formidables posibili­dades creativas de un trabajo humano fijo y diario, organizado y sistemático.Leer más... »

(466) Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo

Sáb, 2017-11-25 10:01

«Todos los pueblos, Señor, vendrán a postrarse en tu presencia». El corazón de la Iglesia en este domingo, fiándose de esa profecía, está pleno de una esperanza absolutamente cierta… ¿Pero está verdaderamente viva la fe de esta esperanza en la mayoría de los cristianos de hoy?… Son muchos los que dan por derrotada a la Iglesia en la historia del mundo. 

Sin embargo, nuestras esperanzas son las mismas promesas de Dios en las Sagradas Escrituras. En ellas los autores inspirados nos aseguran una y otra vez que «todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, y bendecirán tu Nombre» (Sal 85,9; cf. Tob 13,13; Is 60 y otros profetas; Mt 8,11; 12,21; Lc 13,29; etc.). El mismo Cristo nos asegura que «habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10,16). Y que, finalmente, resonará grandioso entre los pueblos el clamor litúrgico de la Iglesia:

«Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios, soberano de todo; justos y verdaderos tus designios, Rey de las naciones. ¿Quién no te respetará? ¿quién no dará gloria a tu Nombre, si sólo tú eres santo? Todas las naciones vendrán a postrarse en tu presencia» (Ap 15,3-4).

Siendo ésta la ciertísima esperanza de los cristianos, no tenemos ante el mundo ningún complejo de inferioridad, sino que lo vemos con inmensa compasión. No nos asustan sus persecuciones, ni nos fascinan sus halagos, y tampoco nos atemorizan los ataques de la Bestia, potenciada por el Diablo, que «sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12,12). Los cristianos sabemos con toda certeza que el Príncipe de este mundo ha sido definitivamente vencido por Cristo. Por eso no queremos ser cómplices del mundo. «Nosotros somos de Dios, mientras que el mundo entero está bajo el Maligno» (1Jn 5,19). Que la Iglesia, «sacramento universal de salvación» (Vat. II, LG 48; AG 1), con la fuerza salvadora de Cristo, evangelice a todos los que hoy dicen: «no queremos que Él reine sobre nosotros» (Lc 19,14). Que todos busquemos la salvación en el único Salvador que Dios ha dado al mundo: «venga a nosoros tu Reino» (Lc 11,2); «ven, Señor Jesús» (Ap 22,20).

* * *

Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera. Cada día confesamos en la liturgia –quizá sin enterarnos de ello– que Cristo «vive y reina por los siglos de los siglos. Amén». No sabemos cuándo ni cómo será la victoria final del Reino de Cristo. Pero habiéndosele dado a Cristo resucitado, en su ascensión a los cielos, «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18); siendo el Rey del universo, el Rey de todas las naciones; teniendo, pues, sobre la historia humana una Providencia omnipotente y misericordiosa, estamos bien seguros de la victoria final de Cristo, que todo lo sujetará a su imperio benéfico.

Reafirmemos nuestra fe y nuestra esperanza. La secularización, la mundanización, es decir, la complicidad con el mundo, el horizontalismo inmanentista, la debilitación y la falsificación del cristianismo proceden hoy del silenciamiento y olvido de Cristo Rey hoy, y mañana Rey en la Parusía. Sin la esperanza viva en la segunda Venida gloriosa de Jesucristo, único Rey y Salvador del mundo, los cristianos malviven defraudados, y caen en la apostasía. Para evitar la persecución del mundo esconden su identidad cristiana, y acaban por renegar de ella.

* * *

Acto de consagración del género humano a Jesucristo Rey

Enchiridion Indulgentiarum, nº 27. La versión española que sigue es la publicada en 1995, hoy vigente, y traduce el texto original latino de 1986.

 «Jesús dulcísimo, Redentor del género humano, míranos arrodillados humildemente en tu presencia. Tuyos somos y tuyos queremos ser; y para estar más firmemente unidos a ti, hoy cada uno de nosotros se consagra voluntariamente a tu Sagrado Corazón. Muchos nunca te han conocido; muchos te han rechazado, despreciando tus mandamientos. Compadécete de unos y de otros, benignísimo Jesús, y atráelos a todos a tu Sagrado Corazón.

«Reina, Señor, no sólo sobre los que nunca se han separado de ti, sino también sobre los hijos pródigos que te han abandonado. Haz que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no mueran de miseria y de hambre. Reina sobre aquellos que están extraviados por el error o separados por la discordia, y haz que vuelvan al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que pronto no haya más que un solo rebaño y un solo pastor.

«Concede, Señor, a tu Iglesia una plena libertad y seguridad. Concede a todo el mundo la tranquilidad del orden. Haz que desde un extremo al otro de la tierra no se oiga más que una sola voz : Alabado sea el Divino Corazón, por quien nos ha venido la salvación. A él la gloria y el honor por los siglos. Amén.

«Al fiel cristiano que rece piadosamente el precedente acto de consagración del género humano a Jesucristo Rey se le concede indulgencia parcial. La indulgencia será plenaria si este acto se reza públicamente en la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey».

Atención, párrocos.

 

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

(465) Evangelización de América –10. Bartolomé de las Casas y la leyenda negra

Mar, 2017-11-21 05:47

–Las Casas llegó muy pronto a América, recién descubierta.

–En años muy difíciles, en los que la inexperiencia hacía frecuentes los abusos y desgobiernos.

* * *

Fray Bartolomé de Las Casas, OP(1484-1566)

Contra indios

Bartolomé de Las Casas nació en Sevilla hacia 1484, y ha tenido múltiples biógrafos, entre los cuales destaca últimamente Pedro Borges [+2008]. Tuvo Las Casas una instrucción elemental, y después de ser en 1500 auxiliar de las milicias que sofocaron la insurrección morisca en Granada, pasó muy joven a las Indias, a La Española (1502), en la escuadra de Ovando. Fracasó buscando oro en el Haina, y tam­poco le fue bien en las minas de Cibao, al frente de una cua­drilla de indios que le habían entregado. Participó en campañas contra los in­dios en 1503 y 1505, y con los esclavos que recibió en premio ex­plotó una estancia junto al río Janique de Cibao, extrayendo también oro.Leer más... »

(464) Evangelización de América –9. Abusos y denuncias

Mié, 2017-11-15 05:34

–Abusos, quejas, protestas, denuncias…

–Indios y españoles tenían que confesar juntos: «pecador me concibió mi madre» (Sal 50).

 

–Una misión grandiosa, pero muy difícil

Dios encomienda a España el descubrimiento, conquista, civilización y sobre todo evangelización de América. Una misión semejante es una de las obras históricas más buenas, bellas y estimulantes que pueda haber. Pero, como en seguida veremos, es una obra muy difícil y presenta problemas estratégicos, sanitarios, morales, jurídicos, etc. de enorme volumen. Y para los cuales apenas hay precedentes (buenos o malos) de los que aprender o corregir… La obras muy muy difíciles suelen hacerse mal, sobre todo al principio. 

Pero, como también veremos, siempre el Señor providente y misericordioso asiste con su gracia a quienes envía, para que puedan cumplir dignamente su servicio. Está claro –y aún más claro en cuestiones tan complejas y arduas– que sin la ayuda de Dios no podemos nada (Jn 15,5). E igualmente verdadero y cierto es que «todo lo podemos en Aquél que nos conforta» (cf. Flp 4,13). De ambas verdades tuvieron experiencias muy profundas los españoles, portugueses y otros que se entregaron a tan formidable misión.Leer más... »

(463) Evangelización de América –8. Cristóbal Colón

Vie, 2017-11-10 04:52

Plus ultra, Más allá.

   –Según la mitología griega, Hércules puso dos columnas en el estrecho de Gibraltar, señalando así el fin del mundo, más o menos como el Finisterre. Non terrae plus ultra: no hay tierra más allá. España demostró que sí la había, y Plus ultra es desde Carlos I el lema del escudo español.Leer más... »

(462) Oremos por Cataluña con Mosén Verdaguer

Sáb, 2017-11-04 04:34

–Siempre con el «orad, hermanos».

–Es que si no insisto en ello, no me ganaría el sueldo.

La causa principal del nacionalismo independentista, que hoy afecta a una parte de Cataluña, es el abandono de la fe y de la oración: la apostasía. Lo explico brevemente.

El alma es forma del cuerpo, en el sentido filosófico del término forma. Es espiritual, es ella la que mantiene unido y vivo el cuerpo. Si el alma se separa del cuerpo, el cuerpo se divide y muere. Aplicando este principio analógicamente a la vida de una nación: si pierde el alma que históricamente ha sido su principio vital y unificador, las partes se dividen y la nación en cuanto tal muere.

Ahora bien, el cristianismo ha sido y es el alma de España, como tantos historiadores lo han afirmado. Si por la apostasía pierde España su alma, es necesario y previsible que surjan divisiones independentistas. O dicho desde otro ángulo: si se inician fuerzas secesionistas, el pueblo pierde su alma unificadora y, cerrándose en su egocentrismo, se da culto a sí mismo por el nacionalismo, que viene a vivirse como una religión.

Babel es divisora, y tiene detrás al diablo. Pentecostés, la Iglesia, es fuerza de unión, que por obra del Espíritu Santo, hermana durablemente a hombres de toda lengua, raza y nación, guardándolos durante siglos en «la paz y la unidad»: el don que pedimos cada día en la Misa antes de la comunión, y que el mundo no puede dar. Por eso los conflictos independentistas que sufra una nación no pueden ser superados solamente por las fuerzas judiciales, políticas y armadas. El pueblo cuya alma es el cristianismo no se mantiene unido si deja a un lado la religión. Necesita volver a la fe y a la oración.

Oremos, oremos, oremos.

* * *

Jacinto Verdaguer y Santaló (Jacint Verdaguer i Santaló: Folgarolas, provincia de Barcelona, 1845 - Vallvidrera, 1902) fue un buen sacerdote y un gran poeta que escribió sus obras en catalán. También se le conoce como Mossèn Cinto Verdaguer. Él nos va a ayudar a rezar por Cataluña con esta poesía suya, dedicada a La Inmmaculada.

 –Oh Verge Immaculada, - per vostra Concepció, - d´Espanya Reina amada, - salvau vostra nació.

Oh Virgen Inmaculada - por tu santa Concepción - Reina amada de España, - salva a tu nación.

Concebuda sou Maria, - és lo càntic celestial, - que la terra al cel envia - com un himne triomfal. - Concebuda sou Maria, - sens pecat original.

Concebida eres María - es el canto celestial - que la tierra al cielo envía - como un himno triunfal. - Concebida eres María - sin pecado original.

Vós, Maria, sou l´estrella, - que guià Espanya al Nou Món, - la de l´alba hermosa i bella - de la glòria que se´ns pon. - Oh Maria, hermosa estrella - resplendiu d´Espanya al front.

Tú María eres la estrella - que guió a España al Nuevo Mundo, - la del alba hermosa y bella - de la gloria que se nos da. - Oh María, hermosa estrella, - resplandece al frente de España.

Quan sa Reina era Maria, - nostre regne era el més gran: - sa bandera el món cobria - des d´Amèrica a Lepant. - Si a regnar torna Maria, -ses grandeses tornaran.

Cuando reinaba María, - nuestro reino era el más grande: - su enseña cubría el mundo - desde América a Lepanto. - Si a reinar vuelve María, - sus grandezas volverán.

Vós d´Espanya sou la glòria, - Vós lo sol del Principat: - nostra pàtria i nostra història - Vós, oh Verge ens ho heu donat: - tronos són de vostra glòria - Covadonga i Montserrat.

Tú eres la gloria de España - Tú, el sol del Principado: - nuestra patria y nuestra historia -Tú, oh Virgen, nos las has dado: - tronos son de tu gloria - Covadonga y Montserrat.

Patrimoni ets de Maria - Oh d´Espanya hermós país! - Més avui l´error hi nia - que et farà poble infeliç. - Oh ! xafau-li el cap, Maria - que és la serp del paradís.

¡Patrimonio es de María - España, hermoso país! - Pero anida hoy el error - que lo hará un pueblo infeliz. - ¡Aplasta su cabeza, María, - que es la serpiente del paraíso!

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Oración de San Juan Pablo II a la Reina de la Hispanidad (Pilar de Zaragoza, 6-XI-1982)

Virgen Santa del Pilar, aumenta nuestra fe, conforta nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, María, a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así sea.

 

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

 

(461) Evangelización de América –7. La hizo un pueblo con «record» de santos

Mié, 2017-11-01 03:15

Muchos santos son ésos.

–Y sin embargo muchos católicos americanos no veneran  suficientemente a sus padres en la fe, no se alegran en la gloria de sus antepasados. Incluso los afectados por algún virus protestante o modernista, liberacionista o indigenista, reniegan de ellos.

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(460) Evangelización de América –6. Isabel, reina católica

Sáb, 2017-10-21 05:41

¿Por qué el tapiz destaca más a Don Fernando que a Doña Isabel?

–Porque estamos en Lérida, perteneciente al Reino de Aragón. Me figuro.

Los «Reyes Católicos»

Recibieron ese nombre, con derecho a transmitirlo a sus herederos, después de que Alejandro VI, por la bula Inter caetera (1493), les encomendara la evangelización de América. Don Fernando II de Aragón (1452-1516) y Doña Isabel I de Castilla (1451-1504) se casaron muy jóvenes (1469: 17 y 18 años, respectivamente), cuando no habían llegado todavía a ser reyes. En su matrimonio se alcanzó la unidad de la Monarquía hispánica, que se consumó con la reconquista de Granada (1492). Leer más... »

(459) Fátima –12 (13-X-1917). El Inmaculado Corazón de María

Jue, 2017-10-12 17:29

–Estamos en la 6ª aparición. Hoy, hace cien años.

–Es la última. Termina el mensaje de Fátima con «el milagro del sol» y con la bendición luminosa de María, de San José y del Niño Jesús.

Sor Lucía hace de ella el siguiente relato en su Memoria IV (1941).

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(458) Evangelización de América, 6. –España, misionera de Cristo

Sáb, 2017-10-07 02:55

–Descubrir, civilizar, evangelizar 10.000 kilómetros de tierras y pueblos diversos… Es mucho.

–En una acción muy grande, enorme, como es la evangelización y civilización de América, es importante saber quién actúa, con qué autoridad y con qué fin.

–La Reconquista de España, 1492

    En los años 711-725 los árabes musulmanes ocupan toda la península ibérica, salvo pequeños núcleos cristianos en As­turias y los Pirineos. Y en esos mismos años, Pelayo en Asturias (718-737) –«un rey nuevo que reina sobre un pueblo nuevo», según Ibn Jaldún–, y en seguida Alfonso I (739-757), inician contra el Islam invasor un movimiento poderoso de reconquista que durará ocho siglos, en los que se va a configurar el alma de España.Leer más... »

(457) La Iglesia y la unidad nacional de España

Dom, 2017-10-01 04:07

–En este artículo lo único que hace usted es copiar textos ajenos y pegarlos.

–Exactamente. Un profesor mío decía que quien copia de uno es un plagiario, quien copia de dos un divulgador, y quien copia de tres o más, un investigador. Ya ve, pues, que he hecho un trabajo de investigación.

Vuelvo a publicar mi artículo (193-3 – 30-IX-2012), actualizado en algunos pocos puntos.

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I.- Del diablo vienen la mentira, el odio, el homicidio, la división, la guerra

–La mentira. La falsificación victimista de la historia es una exigencia necesaria para justificar a los nacionalismos secesionistas injustos. Ya señalé en mi anterior artículo que la Iglesia, lo mismo que estima inadmisibles los separatismos sin justificación suficiente, reprueba igualmente las unidades nacionales impuestas por la fuerza o causantes de graves injusticias y agravios, como han podido darse en los Balcanes, en Sudán y en tantos otros lugares.

Hay situaciones tan pésimas que procurar la independencia, incluso con las armas, es un deber patriótico de conciencia. Esta doctrina de la Iglesia, común a cualquier hombre de buen sentido, pone a los secesionistas sin causa en la necesidad de justificar su nacionalismo falsificando la historia e incluso el presente, traduciendo siempre una y otro en clave victimista. Por lo que se refiere a Euskadi, mi hermano Ángel María –a quien tanto debe este artículo, y yo mismo, aunque no en dinero– reunía en un artículo varias citas muy elocuentes (La Razón 24-V-2002):

«Jon Juaristi, ex etarra, euskaldún, catedrático: “Hay que hacer saber a los engañados vascos que jamás hubo una patria vasca ocupada y destruida por España”. El nacionalismo vasco “reclama la reparación de unas ofensas que no existen en nombre de una patria vasca que no existió nunca”. José Andrés-Gallego, catedrático de Historia: “Llevamos los vascos en España entre mil y quinientos años de historia común y pacífica”. Juan Pablo Fusi, donostiarra, catedrático de Historia: “Las ficciones nacionales alumbradas por los nacionalismos del XIX no resisten el examen de la Historia”. Fernando G. de Cortázar, jesuita, catedrático de Historia: “La región en que se manipula la Historia de una manera más escandalosa es el País Vasco”. Gabriel Jackson, historiador e hispanista norteamericano: “No sé de ningún otro caso en que unas falsedades, sinceramente creídas, hayan llevado a cientos de seres humanos, por lo demás decentes, a creer que sirven a una buena causa asesinando a ochocientas personas en unas condiciones de libertad política y con un Gobierno representativo (…) Es sólo entendible desde una nefasta y parcial interpretación de la Historia.”»

Concretamente, añado yo, una buena parte del ejército conducido en 1512 por el Duque de Alba para «convencer» al Reino de Navarra de la conveniencia de integrarse en la unidad de España estaba formada por guipuzcoanos y vizcaínos. Gracias a ellos entra Navarra en la unidad de España, completando el Reino peninsular. En fin, a todos los testimonios de los historiadores citados podrían añadirse otros muchos de Marcelino Menéndez Pelayo, Claudio Sánchez Albornoz, Ramón Menéndez Pidal, Ricardo de la Cierva, etc. Todos dicen lo mismo: coinciden todos porque escriben una historia verdadera, no inventada.

–El odio. El independentismo nacionalista injusto se ve obligado también a fomentar el odio y el desprecio hacia «los otros» para justificar su causa. El diablo le ayuda, «él es el acusador de nuestros hermanos» (Apoc12,10). Pondré sólo un par de ejemplos.

Sabino Arana Goiri (1865-1903), el fundador del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que nunca lo ha repudiado, expresa su odio hacia España y su repugnancia hacia los españoles no vascos en unos términos verdaderamente demenciales. A veces parece que el odio a España es en él aún mayor que el amor a Euskal Herría.

«Nosotros odiamos a España con nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de la esclavitud» (Bizkaitarra nº 16). «Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración interna o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas (…) el que España prosperara y se engrandeciera». «Cuando el pueblo español se alzó en armas contra el agareno invasor y regó su suelo con sangre musulmana para expulsarlo, obró con caridad. Pues el nacionalismo bizcaino se funda en la misma caridad» (ib. 28). «Gran número de ellos [los maketos] parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila» (ib. 27). Etcétera. Me limito a citar estas pocas frases suyas, para evitar la morbosidad. Las hay aún más diabólicas y repugnantes.

Jordi Pujol i Soley (1930-), nacionalista catalán independentista, fue 23 años presidente de la Generalidad de Cataluña (1980-2003). Y aunque no en palabras tan extremas, ha manifestado de modo semejante su desprecio por los inmigrantes españoles no catalanes. Concretamente por los andaluces. Por supuesto, no expresa en absoluto el sentir general de los catalanes.

«…el hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España… Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. E introduciría su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad» (La inmigració, problema i esperança de Catalunya, Edit. Nova Terra, Barcelona 1976, pgs. 65-68).

No existe de ningún modo en España un odio simétrico contra vascos y catalanes. Muy al contrario, suelen ser considerados con aprecio y simpatía. Un ejemplo de ello, trivial, pero significativo, es que en todas las regiones de España hay un gran número de seguidores del Athletic Club de Bilbao y del Fútbol Club Barcelona, como también del Madrid.

–El homicidio, la división, la guerra, proceden de la mentira y del odio. Palabra de Cristo: «el diablo fue homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad. Él es mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44). Si unos piensan y dicen –o al menos dicen, aunque no se lo crean–: «el feto es un ser vivo, pero no es propiamente un ser humano», otros habrá, o ellos mismos, que lo maten, que aborten, y que exijan «el derecho al aborto», subvencionado por los contribuyentes. Si otros piensan y dicen con mentira: «nuestro pueblo está ocupado y oprimido», otros habrá que asesinen, lógicamente, a todos los invasores que puedan, 800 o los que sean: tiro en la nuca, bomba-lapa en el coche. Vale todo.

La palabra griega diábolos, compuesta de diá (a través de) y bállö (arrojar), significa separar, acusar, reprochar, calumniar, rechazar, presentar falsamente, engañar, dividir. Éstas son las especialidades de los partidos políticos nacionalistas que pretenden –sin causas justas y de gravedad suficiente–, sirviéndose de la mentira y del odio, separar los pueblos que Dios ha unido en su providencia para el bien común de todos ellos.

No me detengo a describir en este artículo las terribles consecuencias que el independentismo consumado de Euskadi y Cataluña habrían de producir, previsiblemente, en estas regiones de España y en toda España. Remito sobre este tema a los posts de Enraizados, Bruno Moreno y otros, que al final de este artículo están citados.

Injusticias, abusos y violencias… Españoles vascos y catalanes, arraigados en su tierra quizá desde hace muchas generaciones, que pierden de pronto su nacionalidad y quedan como extranjeros o como ciudadanos de segunda categoría en su propia patria, o que han de exilarse de ella; daños religiosos, culturales y económicos muy graves; división de familias y propiedades, de empresas y entidades; conflictos con la Constitución y las leyes de España y de la Unión Europea, que siendo muy difícilmente superables, pueden degenerar en conflictos violentos.

Ir a la independencia viene a ser como ir a la guerra: ultima ratio. Ir a la independencia sólo es lícito si está justificado por unas causas ciertas y muy graves, que en modo alguno se dan hoy en España. El independentismo sin tales causas es gravemente ilícito, incompatible con la conciencia de los católicos y de cualquier ciudadano.

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