Carrito de compras

0 elementos MXN$0.00

Reforma o Apostasía - José María Iraburu

Suscribir a canal de noticias Reforma o Apostasía - José María Iraburu
b2evolution 2017-11-19T02:55:37Z
Actualizado: hace 3 mins 54 segs

(464) Evangelización de América –9. Abusos y denuncias

Mié, 2017-11-15 05:34

–Abusos, quejas, protestas, denuncias…

–Indios y españoles tenían que confesar juntos: «pecador me concibió mi madre» (Sal 50).

 

–Una misión grandiosa, pero muy difícil

Dios encomienda a España el descubrimiento, conquista, civilización y sobre todo evangelización de América. Una misión semejante es una de las obras históricas más buenas, bellas y estimulantes que pueda haber. Pero, como en seguida veremos, es una obra muy difícil y presenta problemas estratégicos, sanitarios, morales, jurídicos, etc. de enorme volumen. Y para los cuales apenas hay precedentes (buenos o malos) de los que aprender o corregir… La obras muy muy difíciles suelen hacerse mal, sobre todo al principio. 

Pero, como también veremos, siempre el Señor providente y misericordioso asiste con su gracia a quienes envía, para que puedan cumplir dignamente su servicio. Está claro –y aún más claro en cuestiones tan complejas y arduas– que sin la ayuda de Dios no podemos nada (Jn 15,5). E igualmente verdadero y cierto es que «todo lo podemos en Aquél que nos conforta» (cf. Flp 4,13). De ambas verdades tuvieron experiencias muy profundas los españoles, portugueses y otros que se entregaron a tan formidable misión.Leer más... »

(463) Evangelización de América –8. Cristóbal Colón

Vie, 2017-11-10 04:52

Plus ultra, Más allá.

   –Según la mitología griega, Hércules puso dos columnas en el estrecho de Gibraltar, señalando así el fin del mundo, más o menos como el Finisterre. Non terrae plus ultra: no hay tierra más allá. España demostró que sí la había, y Plus ultra es desde Carlos I el lema del escudo español.Leer más... »

(462) Oremos por Cataluña con Mosén Verdaguer

Sáb, 2017-11-04 04:34

–Siempre con el «orad, hermanos».

–Es que si no insisto en ello, no me ganaría el sueldo.

La causa principal del nacionalismo independentista, que hoy afecta a una parte de Cataluña, es el abandono de la fe y de la oración: la apostasía. Lo explico brevemente.

El alma es forma del cuerpo, en el sentido filosófico del término forma. Es espiritual, es ella la que mantiene unido y vivo el cuerpo. Si el alma se separa del cuerpo, el cuerpo se divide y muere. Aplicando este principio analógicamente a la vida de una nación: si pierde el alma que históricamente ha sido su principio vital y unificador, las partes se dividen y la nación en cuanto tal muere.

Ahora bien, el cristianismo ha sido y es el alma de España, como tantos historiadores lo han afirmado. Si por la apostasía pierde España su alma, es necesario y previsible que surjan divisiones independentistas. O dicho desde otro ángulo: si se inician fuerzas secesionistas, el pueblo pierde su alma unificadora y, cerrándose en su egocentrismo, se da culto a sí mismo por el nacionalismo, que viene a vivirse como una religión.

Babel es divisora, y tiene detrás al diablo. Pentecostés, la Iglesia, es fuerza de unión, que por obra del Espíritu Santo, hermana durablemente a hombres de toda lengua, raza y nación, guardándolos durante siglos en «la paz y la unidad»: el don que pedimos cada día en la Misa antes de la comunión, y que el mundo no puede dar. Por eso los conflictos independentistas que sufra una nación no pueden ser superados solamente por las fuerzas judiciales, políticas y armadas. El pueblo cuya alma es el cristianismo no se mantiene unido si deja a un lado la religión. Necesita volver a la fe y a la oración.

Oremos, oremos, oremos.

* * *

Jacinto Verdaguer y Santaló (Jacint Verdaguer i Santaló: Folgarolas, provincia de Barcelona, 1845 - Vallvidrera, 1902) fue un buen sacerdote y un gran poeta que escribió sus obras en catalán. También se le conoce como Mossèn Cinto Verdaguer. Él nos va a ayudar a rezar por Cataluña con esta poesía suya, dedicada a La Inmmaculada.

 –Oh Verge Immaculada, - per vostra Concepció, - d´Espanya Reina amada, - salvau vostra nació.

Oh Virgen Inmaculada - por tu santa Concepción - Reina amada de España, - salva a tu nación.

Concebuda sou Maria, - és lo càntic celestial, - que la terra al cel envia - com un himne triomfal. - Concebuda sou Maria, - sens pecat original.

Concebida eres María - es el canto celestial - que la tierra al cielo envía - como un himno triunfal. - Concebida eres María - sin pecado original.

Vós, Maria, sou l´estrella, - que guià Espanya al Nou Món, - la de l´alba hermosa i bella - de la glòria que se´ns pon. - Oh Maria, hermosa estrella - resplendiu d´Espanya al front.

Tú María eres la estrella - que guió a España al Nuevo Mundo, - la del alba hermosa y bella - de la gloria que se nos da. - Oh María, hermosa estrella, - resplandece al frente de España.

Quan sa Reina era Maria, - nostre regne era el més gran: - sa bandera el món cobria - des d´Amèrica a Lepant. - Si a regnar torna Maria, -ses grandeses tornaran.

Cuando reinaba María, - nuestro reino era el más grande: - su enseña cubría el mundo - desde América a Lepanto. - Si a reinar vuelve María, - sus grandezas volverán.

Vós d´Espanya sou la glòria, - Vós lo sol del Principat: - nostra pàtria i nostra història - Vós, oh Verge ens ho heu donat: - tronos són de vostra glòria - Covadonga i Montserrat.

Tú eres la gloria de España - Tú, el sol del Principado: - nuestra patria y nuestra historia -Tú, oh Virgen, nos las has dado: - tronos son de tu gloria - Covadonga y Montserrat.

Patrimoni ets de Maria - Oh d´Espanya hermós país! - Més avui l´error hi nia - que et farà poble infeliç. - Oh ! xafau-li el cap, Maria - que és la serp del paradís.

¡Patrimonio es de María - España, hermoso país! - Pero anida hoy el error - que lo hará un pueblo infeliz. - ¡Aplasta su cabeza, María, - que es la serpiente del paraíso!

* * *

Oración de San Juan Pablo II a la Reina de la Hispanidad (Pilar de Zaragoza, 6-XI-1982)

Virgen Santa del Pilar, aumenta nuestra fe, conforta nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, María, a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así sea.

 

José María Iraburu, sacerdote

 

Índice de Reforma o apostasía

 

 

(461) Evangelización de América –7. La hizo un pueblo con «record» de santos

Mié, 2017-11-01 03:15

Muchos santos son ésos.

–Y sin embargo muchos católicos americanos no veneran  suficientemente a sus padres en la fe, no se alegran en la gloria de sus antepasados. Incluso los afectados por algún virus protestante o modernista, liberacionista o indigenista, reniegan de ellos.

 Leer más... »

(460) Evangelización de América –6. Isabel, reina católica

Sáb, 2017-10-21 05:41

¿Por qué el tapiz destaca más a Don Fernando que a Doña Isabel?

–Porque estamos en Lérida, perteneciente al Reino de Aragón. Me figuro.

Los «Reyes Católicos»

Recibieron ese nombre, con derecho a transmitirlo a sus herederos, después de que Alejandro VI, por la bula Inter caetera (1493), les encomendara la evangelización de América. Don Fernando II de Aragón (1452-1516) y Doña Isabel I de Castilla (1451-1504) se casaron muy jóvenes (1469: 17 y 18 años, respectivamente), cuando no habían llegado todavía a ser reyes. En su matrimonio se alcanzó la unidad de la Monarquía hispánica, que se consumó con la reconquista de Granada (1492). Leer más... »

(459) Fátima –12 (13-X-1917). El Inmaculado Corazón de María

Jue, 2017-10-12 17:29

–Estamos en la 6ª aparición. Hoy, hace cien años.

–Es la última. Termina el mensaje de Fátima con «el milagro del sol» y con la bendición luminosa de María, de San José y del Niño Jesús.

Sor Lucía hace de ella el siguiente relato en su Memoria IV (1941).

* * *Leer más... »

(458) Evangelización de América, 6. –España, misionera de Cristo

Sáb, 2017-10-07 02:55

–Descubrir, civilizar, evangelizar 10.000 kilómetros de tierras y pueblos diversos… Es mucho.

–En una acción muy grande, enorme, como es la evangelización y civilización de América, es importante saber quién actúa, con qué autoridad y con qué fin.

–La Reconquista de España, 1492

    En los años 711-725 los árabes musulmanes ocupan toda la península ibérica, salvo pequeños núcleos cristianos en As­turias y los Pirineos. Y en esos mismos años, Pelayo en Asturias (718-737) –«un rey nuevo que reina sobre un pueblo nuevo», según Ibn Jaldún–, y en seguida Alfonso I (739-757), inician contra el Islam invasor un movimiento poderoso de reconquista que durará ocho siglos, en los que se va a configurar el alma de España.Leer más... »

(457) La Iglesia y la unidad nacional de España

Dom, 2017-10-01 04:07

–En este artículo lo único que hace usted es copiar textos ajenos y pegarlos.

–Exactamente. Un profesor mío decía que quien copia de uno es un plagiario, quien copia de dos un divulgador, y quien copia de tres o más, un investigador. Ya ve, pues, que he hecho un trabajo de investigación.

Vuelvo a publicar mi artículo (193-3 – 30-IX-2012), actualizado en algunos pocos puntos.

* * *

I.- Del diablo vienen la mentira, el odio, el homicidio, la división, la guerra

–La mentira. La falsificación victimista de la historia es una exigencia necesaria para justificar a los nacionalismos secesionistas injustos. Ya señalé en mi anterior artículo que la Iglesia, lo mismo que estima inadmisibles los separatismos sin justificación suficiente, reprueba igualmente las unidades nacionales impuestas por la fuerza o causantes de graves injusticias y agravios, como han podido darse en los Balcanes, en Sudán y en tantos otros lugares.

Hay situaciones tan pésimas que procurar la independencia, incluso con las armas, es un deber patriótico de conciencia. Esta doctrina de la Iglesia, común a cualquier hombre de buen sentido, pone a los secesionistas sin causa en la necesidad de justificar su nacionalismo falsificando la historia e incluso el presente, traduciendo siempre una y otro en clave victimista. Por lo que se refiere a Euskadi, mi hermano Ángel María –a quien tanto debe este artículo, y yo mismo, aunque no en dinero– reunía en un artículo varias citas muy elocuentes (La Razón 24-V-2002):

«Jon Juaristi, ex etarra, euskaldún, catedrático: “Hay que hacer saber a los engañados vascos que jamás hubo una patria vasca ocupada y destruida por España”. El nacionalismo vasco “reclama la reparación de unas ofensas que no existen en nombre de una patria vasca que no existió nunca”. José Andrés-Gallego, catedrático de Historia: “Llevamos los vascos en España entre mil y quinientos años de historia común y pacífica”. Juan Pablo Fusi, donostiarra, catedrático de Historia: “Las ficciones nacionales alumbradas por los nacionalismos del XIX no resisten el examen de la Historia”. Fernando G. de Cortázar, jesuita, catedrático de Historia: “La región en que se manipula la Historia de una manera más escandalosa es el País Vasco”. Gabriel Jackson, historiador e hispanista norteamericano: “No sé de ningún otro caso en que unas falsedades, sinceramente creídas, hayan llevado a cientos de seres humanos, por lo demás decentes, a creer que sirven a una buena causa asesinando a ochocientas personas en unas condiciones de libertad política y con un Gobierno representativo (…) Es sólo entendible desde una nefasta y parcial interpretación de la Historia.”»

Concretamente, añado yo, una buena parte del ejército conducido en 1512 por el Duque de Alba para «convencer» al Reino de Navarra de la conveniencia de integrarse en la unidad de España estaba formada por guipuzcoanos y vizcaínos. Gracias a ellos entra Navarra en la unidad de España, completando el Reino peninsular. En fin, a todos los testimonios de los historiadores citados podrían añadirse otros muchos de Marcelino Menéndez Pelayo, Claudio Sánchez Albornoz, Ramón Menéndez Pidal, Ricardo de la Cierva, etc. Todos dicen lo mismo: coinciden todos porque escriben una historia verdadera, no inventada.

–El odio. El independentismo nacionalista injusto se ve obligado también a fomentar el odio y el desprecio hacia «los otros» para justificar su causa. El diablo le ayuda, «él es el acusador de nuestros hermanos» (Apoc12,10). Pondré sólo un par de ejemplos.

Sabino Arana Goiri (1865-1903), el fundador del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que nunca lo ha repudiado, expresa su odio hacia España y su repugnancia hacia los españoles no vascos en unos términos verdaderamente demenciales. A veces parece que el odio a España es en él aún mayor que el amor a Euskal Herría.

«Nosotros odiamos a España con nuestra alma, mientras tenga oprimida a nuestra Patria con las cadenas de la esclavitud» (Bizkaitarra nº 16). «Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración interna o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas (…) el que España prosperara y se engrandeciera». «Cuando el pueblo español se alzó en armas contra el agareno invasor y regó su suelo con sangre musulmana para expulsarlo, obró con caridad. Pues el nacionalismo bizcaino se funda en la misma caridad» (ib. 28). «Gran número de ellos [los maketos] parece testimonio irrecusable de la teoría de Darwin, pues más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila» (ib. 27). Etcétera. Me limito a citar estas pocas frases suyas, para evitar la morbosidad. Las hay aún más diabólicas y repugnantes.

Jordi Pujol i Soley (1930-), nacionalista catalán independentista, fue 23 años presidente de la Generalidad de Cataluña (1980-2003). Y aunque no en palabras tan extremas, ha manifestado de modo semejante su desprecio por los inmigrantes españoles no catalanes. Concretamente por los andaluces. Por supuesto, no expresa en absoluto el sentir general de los catalanes.

«…el hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) es, generalmente, un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España… Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. E introduciría su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad» (La inmigració, problema i esperança de Catalunya, Edit. Nova Terra, Barcelona 1976, pgs. 65-68).

No existe de ningún modo en España un odio simétrico contra vascos y catalanes. Muy al contrario, suelen ser considerados con aprecio y simpatía. Un ejemplo de ello, trivial, pero significativo, es que en todas las regiones de España hay un gran número de seguidores del Athletic Club de Bilbao y del Fútbol Club Barcelona, como también del Madrid.

–El homicidio, la división, la guerra, proceden de la mentira y del odio. Palabra de Cristo: «el diablo fue homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad. Él es mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44). Si unos piensan y dicen –o al menos dicen, aunque no se lo crean–: «el feto es un ser vivo, pero no es propiamente un ser humano», otros habrá, o ellos mismos, que lo maten, que aborten, y que exijan «el derecho al aborto», subvencionado por los contribuyentes. Si otros piensan y dicen con mentira: «nuestro pueblo está ocupado y oprimido», otros habrá que asesinen, lógicamente, a todos los invasores que puedan, 800 o los que sean: tiro en la nuca, bomba-lapa en el coche. Vale todo.

La palabra griega diábolos, compuesta de diá (a través de) y bállö (arrojar), significa separar, acusar, reprochar, calumniar, rechazar, presentar falsamente, engañar, dividir. Éstas son las especialidades de los partidos políticos nacionalistas que pretenden –sin causas justas y de gravedad suficiente–, sirviéndose de la mentira y del odio, separar los pueblos que Dios ha unido en su providencia para el bien común de todos ellos.

No me detengo a describir en este artículo las terribles consecuencias que el independentismo consumado de Euskadi y Cataluña habrían de producir, previsiblemente, en estas regiones de España y en toda España. Remito sobre este tema a los posts de Enraizados, Bruno Moreno y otros, que al final de este artículo están citados.

Injusticias, abusos y violencias… Españoles vascos y catalanes, arraigados en su tierra quizá desde hace muchas generaciones, que pierden de pronto su nacionalidad y quedan como extranjeros o como ciudadanos de segunda categoría en su propia patria, o que han de exilarse de ella; daños religiosos, culturales y económicos muy graves; división de familias y propiedades, de empresas y entidades; conflictos con la Constitución y las leyes de España y de la Unión Europea, que siendo muy difícilmente superables, pueden degenerar en conflictos violentos.

Ir a la independencia viene a ser como ir a la guerra: ultima ratio. Ir a la independencia sólo es lícito si está justificado por unas causas ciertas y muy graves, que en modo alguno se dan hoy en España. El independentismo sin tales causas es gravemente ilícito, incompatible con la conciencia de los católicos y de cualquier ciudadano.

Leer más... »

(456) Evangelización de América, 5. -Asombrosamente rápida

Mar, 2017-09-26 07:07

–¿Y cómo pudo ser la evangelización de América tan rápida y duradera?

–Por obra del Espíritu Santo, que dio una fe muy profunda a los misioneros, religiosos y laicos; y una gran humildad receptiva a los indios. Un milagro.

–Inmensidad de América y del celo apostólico

Si los misioneros y conquistadores hubieran conocido desde el principio las magnitudes del Nuevo Mundo, es posible que desfallecieran en su intento de evangelizar y civilizar una extensión tan abrumadoramente grande en hombres, tribus, imperios, lenguas y tierras. Pero, obviamente, fueron descubriendo ese mundo inmenso poco a poco.Leer más... »

(455) Evangelización de América, 4. –Luces y sombras en las Indias

Jue, 2017-09-21 04:50

– «Vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados…

–… Pero Dios, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida por Cristo. Por gracia habéis sido salvados» (Ef 2,1.4-5).

—Luces y sombras de las Indias

    A lo largo de nuestra crónica, tendremos ocasión de poner de re­lieve los grandes tesoros de humanidad y de religiosidad que los misioneros hallaron en América. Eran tesoros que, ciertamente, es­taban enterrados en la idolatría, la crueldad y la ignorancia, pero que una vez excavados por la evangeli­zación cristiana, salieron muy pronto a la luz en toda su be­lleza sorprendente.Leer más... »

(454) Evangelización de América, 3. –Descubrimiento, encuentro y conquista

Dom, 2017-09-17 02:42

–«Id al mundo entero…

–… y predicad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16).

—Descubrimiento

    La palabra descubrir, según el Diccionario, significa simplemente «hallar lo que estaba ignorado o escondido», sin ninguna acepción peyorativa. En referencia a América, desde hace cinco siglos, ya desde los primeros cronistas hispanos, venimos hablando de Des­cubrimiento, palabra en la que se expresa una triple verdad.Leer más... »

(453) Evangelización de América, 2. –Bibliografía

Sáb, 2017-09-16 23:41

Éstos son los datos bibliográficos completos de los documentos o autores que cito abreviadamente en los artículos de la serie la «Evangelización de América». Y las Siglas más usadas.

* * *Leer más... »

(452) Fátima –11. (13-IX-1917): vivimos de limosna, pidiendo al Señor

Mar, 2017-09-12 23:45

–Poca cosa es el cristianismo si es pedir, pedir y pedir… ¡Hágalo usted mismo! Menos pedir, y más obrar.

–Ándese con cuidado, que «Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes».

 

El trece de septiembre de 1917 la Virgen María se apareció en Fátima por quinta vez

Hace justamente cien años. Fue la penúltima de sus apariciones. Y Sor Lucía la describe así en su cuarta Memoria, la de 1941:Leer más... »

(451) El dulce nombre de María (12 de septiembre)

Lun, 2017-09-11 13:41

–Si, es un nombre frecuente. Hasta hay unas galletas que se llaman así.

–Qué vasto es usted. Perdón, quería decir qué basto.

–Dulce nombre de María, 12 de septiembre

El nuevo Misal Romano, editado por la Conferencia Episcopal Española (2017), según la tercera edición típica latina, entre otras cosas buenas, nos ha traído para el 12 de septiembre una Misa dedicada a El dulce nombre de María con todas las oraciones propias (al final doy los textos). El anterior Misal tenía sólo la oración colecta. Demos gracias a Dios, porque eso nos ayuda a cumplir la profecía de la Virgen: «todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,48).Leer más... »

(450) Evangelización de América, 1. –Introducción

Mar, 2017-09-05 02:54

–¿Una nueva serie de artículos?… Pidamos al Señor que no sea muy larga.

–Es mejor que no se lo pida, porque, si Dios quiere, va a serlo.

–«De la abundancia del corazón habla la boca»

    Debo confesar desde el principio que llevo en el corazón a la América hispana. Ordenado sacerdote en 1963, allí pasé, enviado por la OCSHA (Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana), los primeros años de mi vida de sacerdote, en la diócesis chilena de Talca (1964-1969).Leer más... »

(449) Amoris lætitia-14. La Iglesia es una, y ha de guardarse unida en doctrina y disciplina

Mar, 2017-08-29 04:14

–¿Y no se cansa de combatir errores?

–No, por gracia de Dios. Y que Él me asista siempre para enseñar la verdad y para reprobar los errores contrarios.

 

«Confesamos en el Credo que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica» (Vat. II, LG 8)

* * *Leer más... »

(392) Santa Rosa de Lima, Patrona de América (23 agosto)

Mié, 2017-08-23 00:10

–¿Santa Rosa, Patrona de América?

–Santa Rosa, sí, Patrona de América y de Filipinas. Y patrona nacional del Perú… Ignorante.

 

Santa Rosa de Lima, terciaria dominica (1586-1617)

El suboficial de arcabuceros Gaspar Flores, español cacereño, desposó a María de Oliva en 1577. La tercera de nueve hijos, nacida ya en Lima (1586), fue bautizada como Isabel, aunque por el aspecto de su rostro fue siempre llamada Rosa. Fue confirmada por Santo Toribio de Mogrovejo en Quives (1597), a unos 70 kilómetros de Lima, donde su padre administraba una mina de plata. Y ya desde muy chica dio indicios claros de su fu­tura santidad.Leer más... »

(448) Fátima (19-VIII-1917) 10: Colaboremos en el misterio de la salvación

Vie, 2017-08-18 20:15

–Perdone, pero el artículo le ha quedado más bien corto, es decir, breve. Sólo escribe Sor Lucía.

–Tranquilo. Ya le he dicho a la Virgen que el artículo tenía que salir precisamente hoy, el 19 de agosto, y que estos días no he tenido tiempo para más. Y Ella me ha contestado: «no problem».

 

Hoy, 19 de agosto, nos toca recordar la aparición de la Virgen en Fátima hace justamente cien años. Ésta es la descripción de la cuarta de las seis apariciones que, según la edición del Secretariado dos Pastorinhos, Fátima 2003, 7ª ed., 177-178), hace Sor Lucía en su Memoria cuarta (1941).

* * *Leer más... »

(447) La Asunción de la Virgen al cielo

Lun, 2017-08-14 23:27

–Perdone, pero el 13 de agosto «tocaba» poner en su blog según la Memoria de Sor Lucía, la sexta aparición de la Virgen en Fátima.

–Pero resulta que fue, por excepción, no el día 13, sino el 19 de agosto de 1917. En cambio hoy celebramos su gloriosa Ascensión en cuerpo y alma a los cielos.

* * *

Constitución apostólica Munificentissimus Deus, del papa Pío XII (1950)

 

«Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.

Y, así, San Juan Damasceno (675-749), el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma con elocuencia vehemente:

«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura corno Madre y esclava de Dios».

Según el punto de vista de San Germán de Constantinopla (636-732), el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:

«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios. Todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta».

Otro antiquísimo escritor afirma:

«La gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que el solo conoce».

Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino.

Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: «Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: “La muerte ha sido absorbida en la victoria”» (1Cor 15,54-55) .

Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos».

* * *

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que, aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Índice de Reforma o apostasía

 

(455) La muerte cristiana, 16: –en Napoleón Bonaparte

Mar, 2017-08-08 09:53

–Como suelen decir algunos conferenciantes al iniciar su perorata, «el señor N. N., no necesita presentación, pues todos ustedes lo conocen».

–Así es. Haré una presentación mínima de Napoleón.

 

Napoleón Bonaparte

Nace en Ajaccio, capital de Córcega (1769) y muere exilado en la isla de Elba (1821). Desde muy niño vivió en Francia, formándose como militar. Ya general, después de notables victorias, fue elegido Primer Cónsul de la república de Francia. En 1804 se auto-coronó en París como emperador de los franceses. Según las ideas de la reciente Revolución Francesa, reformó internamente el antiguo Reino, y consiguió con su potentísimo ejército controlar gran parte del centro y del occidente de Europa, sin conseguir en cambio el dominio de Rusia. En 1813 se formó una gran coalición de seis naciones –Reino Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria, con algunos estados germánicos–, y fue definitivamente vencido en Waterloo en 1815. Desterrado a la isla de Santa Elena, enclave pobre y lejanísimo de soberanía británica, vivió sus últimos seis años en condiciones más bien precarias. Murió, según parece, de cáncer de estómago, a los 51 años (+Émil Ludwig, Napoleón, Juventud, Barcelona 1957, 18 ed.).

 

Un naturalista incrédulo e ilustrado

Las vidas escritas sobre Napoleón, que fueron y son muchas, han dado normalmente de él la fisonomía de un hombre que en lo religioso era un ilustrado, más bien escéptico, que no iba más allá del deismo filosófico.

«De niño, se negaba a ir a misa y nunca aceptó para sí mismo ninguna religión revelada. El hombre que, en su propia vida, no admitía la intervención del milagro y atribuía todo resultado feliz a causas puramente humanas, fuera razón, espíritu de organización, audacia, conocimiento de los hombres o imaginación, no podía, lógicamente, aceptar los milagros de la Biblia […]. La idea del juicio final le es más extraña aún. […] Cinco años antes de su muerte, dice que espera morir sin confesar.

«Se expresaba como un perfecto naturalista, un materialista [… El hombre] no es sino un ser más perfecto que los seres o los árboles y que vive mejor… Pero lo mismo unos que otros no somos más que materia… La planta es el primer eslabón de una cadena en la que el hombre es el último.

«¿Qué es la electricidad, el galvanismo, el magnetismo? He aquí donde reside el gran secreto de la Naturaleza. El galvanismo trabaja en silencio. Yo creo que el hombre es el producto de esos fluidos y de la atmósfera, que el cerebro aspira esos fluidos y da la vida, que el alma está compuesta por esos fluidos y que, después de la muerte, regresan al éter, de donde son aspirados por otros cerebros… Lo repito, creo que el hombre nació de la atmósfera calentada por el sol y que al cabo de cierto tiempo esta facultad dejó de producirse».

Este naturalismo, sin embargo, fue haciéndose en él compatible con un cierto deísmo de resonancias estoicas: «Todos los hombres creen en un Dios, porque todo en la Naturaleza atestigua ante sus ojos su existencia. […] Jamás he dudado de Dios, pues aunque mi razón sea incapaz de comprenderlo, mi intuición me convence de su existencia» (Ludwig 445-447)

Político pragmático en lo religioso

Napoleón «usaba» como político de la religión solamente como de un elemento valioso al servicio de la paz y del recto orden de los pueblos:

«Mi política es gobernar a los hombres como la mayor parte quiere serlo. Ahí está, creo, la manera de reconocer la soberanía del pueblo. Ha sido haciéndome católico como he ganado la guerra de la Vendée, haciéndome musulmán como me he asentado en Egipto, haciéndome ultramontano como he ganado los espíritus en Italia. Si gobernara un pueblo judío, restablecería el templo de Salomón» (Javier Paredes, Pío VII, Diccionario de los Papas y Concilios, Ariel, Barcelona 1998, 407). Él, personalmente, «no ruega al Dios de los Ejércitos en la víspera de las batallas, pero sí impone una presencia religiosa en los actos públicos como garantía suplementaria de orden y sumisión» (Frédéric Masson, Napoléon était-il croyant?, Jadis, París 1910, II).

 

En el retiro forzado de Santa Elena

 Acompañaron a Napoleón en su exilio unas cuarenta personas, entre familiares, oficiales, criados, que en aquellos seis años fue reduciéndose a la mitad.número fue disminuyendo con el tiempo. Tres criados se mantuvieron fielmente: el ayuda de cámara Marchand y dos corsos, Cipriani y Santini. También el conde de Montholon y el general Bertrand lo acompañaron hasta el final. A pesar de que el culto católico estaba prohibido en todo el imperio británico, el papa Pío VII consiguió de las autoridades británicas que un sacerdote católico asistiera a aquel exilado que, por cierto, cuando era Emperador, desterró de Roma en 1799 al papa Pío VI (Florencia, Parma, Turín, Briançon, y Valence sucesivamente, donde murió). Los sacerdotes corsos Antonio Buonavita y Angelo Paulo Vignali, fueron capellanes de Bonaparte a petición expresa suya (Ludwig 457).

Al parecer, viendo Napoleón morir a Cipriani sin asistencia religiosa católica, ya que solo había un ministro anglicano en la isla, tomó conciencia de que su fallecimiento podría ocurrir en circunstancias semejantes. Y 1818 solicitó a su tío el cardenal Fesch un capellán para Santa Elena. Como ya hemos señalado, fueron enviados con él los sacerdotes Buonavita y Vignali.

Conversión al cristianismo

La gracia de Dios llegó al corazón de Napoleón sirviéndose de muchos factores providenciales: el exilio, la soledad, el sufrimiento, el brusco paso de la gloria a la miseria, las lecturas, las conversaciones con los capellanes y con los oficiales que aún le acompañaban, también con el escéptico general Bertrand, que le reprochaba su «debilidad» religiosa. En realidad, a pesar de su adhesión a la filosofía de la Ilustración, nunca rechazó totalmente la fe cristiana de su bautismo. Exilado en Santa Elena, dijo en una ocasión:

«Sin duda estoy lejos de ser ateo, pero no puedo creer en todo lo que se me enseñe en detrimento de mi razón, so pena de ser un falso y un hipócrita. En tiempos del Imperio [el suyo] y, sobre todo, después de mi boda con María Luisa [de Austria], se me quiso llevar, a la usanza de nuestros reyes, a Notre Dame a comulgar con toda solemnidad. Siempre me opuse totalmente. No creía tanto en ello como para que me pudiera resultar beneficioso, y creía demasiado aún como para exponerme fríamente a un sacrilegio» (Conde de Las Cases, Mémorial de Sainte-Hélèna, Bourdin, París 1842, I, 668).

 

Un escritor converso, Robert-Antoine de Beauterne (1803-1846), ateniéndose a los testimonios de quienes habían permanecido con Napoleón hasta su muerte, publicó en Francia la obra Sentiment de Napoléon sur le christianisme (1840). El texto tuvo un gran éxito, y ya en 1912 se hizo de ella la decimosegunda edición. Ha vuelto a estar de actualidad al editarse recientemente en Francia, y también en Italia, con un prólogo del  cardenal Giacomo Biffi. Sin embargo, esta faceta de Napoleón –la más importante de su vida, por supuesto– tiende a ser ignorada, o si se quiere, ocultada, por los medios de comunicación. El propio general Bertrand, en Santa Elena, en sus amistosas discusiones con Napoleón, le aconsejaba resistir a la «tentación» de la fe en Cristo, o al menos a ocultarla. Pero el ex-Emperador rechazaba sus argumentos con firmeza.

«Usted, general Bertrand, habla de Confucio, Zoroastro, Júpiter y Mahoma. Y sin embargo, la diferencia entre ellos y Cristo es que todo lo que tiene que ver con Cristo muestra la naturaleza divina, mientras que todo lo que tiene que ver con todos los demás muestra la naturaleza terrena.

«Conozco a los hombres, y puedo decirles que Jesucristo no es meramente un hombre. Las mentes superficiales ven un parecido entre Cristo y los fundadores de imperios o los dioses de algunas religiones. Éste no es el caso puesto que tal parecido no existe. Entre el cristianismo y cualquier otra filosofía existe una distancia infinita.

«Todo lo referente a Cristo me asombra, su espíritu me anonada, su voluntad me confunde; entre El y cualquier otro personaje de la historia del mundo no hay un solo término posible de comparación. Ciertamente Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios pero… ¿sobre qué descansan las creaciones de nuestro genio?… Sobre la fuerza. Sin embargo Jesucristo fundó su imperio sobre el Amor y estoy seguro de que aun en esta misma hora millones de personas (de todas clases sociales y edades; voluntaria y gustosamente) darían su vida hasta la muerte por El en el día de hoy.

«Solamente Cristo ha llegado a tener tal éxito.., ante las barreras del tiempo y del espacio, a través del intervalo abismal de mil ochocientos años. Jesucristo solicita lo que la filosofía puede a menudo buscar en vano: el corazón del hombre; e incondicionalmente su demanda es satisfecha sin tardanza. Todo aquel que cree sinceramente en El experimenta ese Amor sobrenatural hacia El. Éste fenómeno es indescriptible, pues está más allá de la comprensión del hombre. El tiempo, que es el gran destructor, no puede (no ha podido, ni podrá) agotar su fuerza ni tampoco poner un límite a su alcance.

«La naturaleza de la existencia de Cristo es misteriosa, debo admitirlo, pero este misterio satisface las necesidades más íntimas del hombre. Por lo tanto, si se le rechaza, el mundo es un enigma inexplicable; peto si se le cree, la historia de la raza humana en el mundo es explicada satisfactoriamente.

«El ciertamente es un ser único, sus ideas y sentimientos, la verdad que anuncia y su manera de convencer no pueden ser explicadas por alguna organización humana, ni por la naturaleza de las cosas. Su mensaje es la revelación de una inteligencia que ciertamente no es la de un hombre mortal, y en ninguna otra parte puede uno hallar (excepto en El) tal ejemplo de vida. Escudriño en vano en la historia para hallar alguien parecido a Jesucristo o algo que se pueda aproximar al Evangelio, pero ni la historia, ni la humanidad, ni las edades, ni la naturaleza me ofrecen algo con lo cual yo pueda compararlo o explicarlo. ¡Aquí todo es extraordinario!» (Beauterne, La muerte de un impíos, 164-166).

Y también veía en la Iglesia una realidad que participaba de esa misteriosa condición de su Fundador: «Los pueblos pasan, los tronos se derrumban, pero la Iglesia permanece. Entonces, ¿cuál es la fuerza que mantiene en pie esta Iglesia asaltada por el océano furioso de la cólera y del desprecio del mundo?»  

 

Muerte cristiana del emperador

Aproximándose su muerte, Napoleón pidió y recibió los sacramentos de manos del sacerdote Vignali –Buonavita había regresado a Córcega–, y a él le pidió celebrar la misa en los días de su agonía, así como las exequias y sufragios para después de su muerte. El conde de Montholon, que permaneción con él hasta el final, dió el siguiente testimonio:

«Sí, el emperador era cristiano. La fe era para él un principio natural y fundamental […] Yo lo he visto, sí, yo he presenciado todo eso, y yo, militar, que, lo confieso, había descuidado mi religión y no la practicaba, me admiraba al principio […].He visto al emperador religioso, y me he dicho a mí mismo: ha muerto en la religión, en el santo temor de Dios. No se me oculta que me vuelvo viejo, que la muerte me alcanzará también y quisiera morir como murió el emperador» (Beauterne 56-57).

 

El sepulcro de Les Invalides

Napoleón fue enterrado (1821) en Santa Elena. En 1840 el rey Luis Felipe ordenó trasladar sus restos a la Capilla Real de Los Inválidos, en París, donde años más tarde (1861) se le construyó un gran monumento. El sarcófago, al centro de una especie de capilla circular, está situado sobre un pedestal de granito verde, es de pórfido rojo, y está rodeado por una gran corona de laurel. Diez bajorrelieves evocan las principales gestas del difunto. En el conjunto del lugar no hay signo cristiano alguno. Se oculta que Napoleón Bonaparte murió en el seno de la Santa Iglesia Católica. Dios, que lo venció con la misericordia de su gracia, lo tenga en su gloria.

José María Iraburu, sacerdote  

Índice de Reforma o apostasía

 

 

 

 

 

Páginas