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Mera defensa de la fe - Eleuterio Fernández Guzmán

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b2evolution 2018-12-18T19:23:50Z
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Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: el Niño; aquel Niño

Lun, 2018-12-17 17:15

 

Camino a Nochebuena y Navidad –  Personajes de Adviento: el Niño; aquel Niño

 

 Mucho se ha meditado, pensado, escrito y alabado sobre los personajes a los que se considera importantes en este tiempo de Adviento: los profetas, Juan el Bautista o, por ejemplo, la Virgen María. 

Todo eso es más que cierto y no podemos decir que no esté bien hacer tal cosa porque merecen estar, digamos, en la meta a la que se llega cuando en Nochebuena sabemos que el día siguiente será Navidad y todo lo que eso supone. 

Y, precisamente, lo que todo eso supone es que va a venir al mundo una criatura, un ser humano que, por Voluntad de Dios, es el Salvador del mundo. 

El Niño, pues, el Niño es aquí el protagonista principal de todo esto. Y, aunque es bien cierto que sin la labor de todos los arriba citados a lo mejor este episodio habría sido de otra forma… el caso es que fue como fue y el Niño, aquel Niño sobresale por encima de toda circunstancia y personas y es el protagonista por excelencia. 

¿Se dan cuenta ustedes de que se dice, por ejemplo, voy a poner “un nacimiento” o “un Belén”? 

En realidad, lo que se está diciendo, sin decirlo es Quién y dónde es importante. No se dice, por ejemplo, “voy a poner  unas figuras con pastores, la Virgen y San José”. No, se dice voy a poner un nacimiento porque lo que verdaderamente es un echo relevante es el nacer y, sobre todo, Quien nace. 

Sabemos que todo esto es un misterio para cuya comprensión, sencillamente, no estamos preparados. Sí, nosotros sabemos que vino al mundo el Hijo de Dios y que, luego, nos salvó con su muerte pero no podemos negar que todo esto nos sobrepasa y que nos basta, debe bastarnos, con dar gracias a Dios por un don tan grande como es la entrega de su Único Hijo engendrado y no creado, como nosotros lo hemos sido. Y por cumplir su promesa de enviar al Mesías. 

El Niño, pues, aquel Niño. Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: el Ángel Gabriel

Dom, 2018-12-16 17:03

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: el Ángel Gabriel

  

Alguien pensará que este personaje no encaja aquí pero, si bien lo miramos y más de cerca, veremos que al contrario es la verdad…. 

Dios, que ha tenido, tiene y tendrá un objetivo para la vida de la criatura creada a su imagen y semejanza no suele aparecerse a ninguno de ellos para decirle esto o lo otro o, en fin, proponerle determinada actuación. No. Lo que hace Dios es hacer uso de enviados. Incluso su propio Hijo era un enviado suyo y, además, era Él mismo que se hizo hombre. Era, pues, el requeteenviado, el más allá del Enviado, el que era… 

Con esto queremos decir que, a lo largo de la historia de la salvación el Todopoderoso se ha servido de seres humanos para que llevasen a sus hijos el mensaje de un tal Padre. Así, por ejemplo, los muchos profetas que a lo largo del tiempo han sido han cumplido con una tal labor. 

Pero Dios ha tenido y tiene unos mensajeros, digamos, “especiales”. Y es que, en determinadas ocasiones, a su inspiración, siempre tan especial y tan directa, se le acompaña con la intervención, así lo entendemos, de alguien concreto. Y eso pasa con el Ángel Gabriel llamado, también, Ángel del Señor.

 

EXCURSUS

 

Hacemos  un parón en el artículo para decir que en una película en la que intervienen el Ángel Gabriel y el Ángel Rafael, en un momento determinado y vista la situación que se está produciendo en la Tierra, y por la intervención de fuerzas malignas, Gabriel le dice algo así a Rafael:

 

“Tú le das (se refiere a Dios) lo que quiere pero yo le doy lo que le conviene”.

 

Y se refería a que la intervención del Ángel Rafael había venido a ser una, digamos, violenta, con el uso de la espada (que tanto relacionamos con este Arcángel) pero la de Gabriel había sido la del amor. Y eso era lo que él le aportaba a Dios que era, a su entender, lo que le convenía al Padre… 

Y esto vendría a ser como decir que Dios prefiere el Amor aunque, a veces, utilice la vara porque es bueno pero también es justo y eso requiere ciertos castigos. Eso no lo podemos negar porque siempre ha sido, y es, así. 

Aquí, pues, vale el Amor de Dios y todo lo que eso significa y puede llegar a ser.

 

FIN DEL EXCURSUSLeer más... »

La Palabra del domingo - 16 de diciembre de 2018

Sáb, 2018-12-15 18:23

 

Lucas 3, 10-18

Tercer domingo de Adviento 

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: —‘¿Entonces, qué hacemos?’ Él contestó: —‘El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo’.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: 

—‘Maestro, ¿qué hacemos nosotros?’ Él les contestó: —‘No exijáis más de lo establecido.’ Unos militares le preguntaron: —‘¿Qué hacemos nosotros?’ 

Él les contestó: —‘No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.’ El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: —‘Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.’ 

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

MEDITACIÓN

El anuncio que hace el Bautista

 Como el Mal nunca descansa y como culminación de las maldades de Herodes, tetrarca de Galilea, éste, ante la acusación de Juan, hijo de Zacarías y de Isabel, sobre su ilícito matrimonio con Herodías, manda que lo prendan y sea encarcelado. Y lo hace porque, seguramente, no quería que u “honestidad” se viera comprometida por aquel hombre pobre y vestido con piel de camello que predicaba en el desierto. 

Juan, antes de este terrible momento, como decimos, predica. Su predicación, continuación de su presentación al mundo, a su siglo, con ese “enderezad sus sendas” (se refiere a las del Señor) y la dura acusación a los hipócritas, a los que llama raza de víboras (Lc 3,7) tiene un sentido, que en este texto del evangelista médico de Pablo, doble, porque dos cosas nos quiere decir.Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: María, siempre María

Vie, 2018-12-14 17:14

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Personajes de Adviento: María, siempre María

 

  

A lo largo de los días que llevamos de Adviento (la mitad, más o menos…) la Madre de Dios ha aparecido en muchos momentos de los pasos que estamos dando. Y eso se debe a que, como es fácil de imaginar, tiene una importancia algo más que vital en este, como suele decirse, episodio de la historia de la salvación. 

Cualquiera podría decir, a este respecto, que podría haber sido otra joven la escogida por Dios para que fuera su Madre. Sin embargo, si nos atenemos a lo que entonces sucedió, no fue otra sino aquella que era hija de Ana y de Joaquín y tampoco fue otra joven la que dijo sí a lo que le decía aquel Ángel, de nombre Gabriel, que tan ocupado andaba por aquellos días. 

A este respecto tanto tradicionalmente como litúrgicamente se ha dedicado el último domingo de Adviento, el 4º, a la persona que, dando su sí ante Gabriel, supo manifestar una humildad y un amor digno de su propia causa. 

No extraña que así se haga porque, ciertamente, a las puertas de recordar el nacimiento del Hijo de Dios, que la Madre del Creador sea a quien se dedique el recuerdo, entra dentro del más puro sentimiento humano. Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Recapitulemos: en mitad de Adviento, más o menos

Jue, 2018-12-13 18:15

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Recapitulemos: en mitad de Adviento, más o menos

 

A día de hoy estamos, más o menos, a mitad del tiempo de Adviento. Y eso requiere una pausa, un descanso para ver el qué y/o el cómo o, en fin, para encontrar bien el camino si lo hemos perdido por cualquier causa. 

Cuando decimos “más o menos” no lo hacemos por hacer alguna gracia o por resultar ocurrentes. No. Lo decimos porque es posible que nos hayamos pasado de largo o, al contrario, que no hayamos llegado a la comprensión de lo que supone esto que hacemos. Y nos explicamos porque, como es lógico, aún estamos a tiempo de rectificar lo que tengamos que cambiar… 

A lo mejor nos hemos pasado de largo

Sí, es bien cierto que se puede decir que en materia espiritual no se puede dar el caso de que nos pasemos de largo en hacer las cosas bien. Pero sí, se puede y eso tampoco nos hace mucho bien. 

En esto pasa como en el entrenamiento deportivo que, al preparar determinada prueba no es bueno, no lo es, pasarse de preparación porque nuestro cuerpo se puede resentir. Y eso mismo nos pasa cuando hablamos de algo tan especial como es nuestra alma. 

Tenemos ansia. Es cierto. Tenemos ansia, decimos, porque llegue un tiempo tan gozoso como es la Nochebuena y la Navidad. Damos, como sabemos, determinados pasos hacia tales gloriosos días. Y, sin embargo, debemos dar paso a paso porque, de lo contrario, podemos agobiar en exceso el alma. Y sí, es cierto que eso no nos va a pasar muchas veces porque somos como somos y, al contrario, nos puede pasar lo que, justamente, decimos ahora mismo. Y nadie se extrañe de lo que ahora viene.

 

A lo mejor no hemos llegado

 

“Bueno, aún queda mucho para Nochebuena y también mucho para Navidad. Para qué vamos a dar paso a paso, así, tan despacio…”

 

Tal forma de expresarse no es propia de quien crea una fase o varias haciendo uso de lo que Santa Teresa llamaba la “loca de la casa” refiriéndose a la imaginación. No. Por desgracia para muchos creyentes en Dios Todopoderoso y en su Hijo Jesucristo y, para ceñirnos a lo nuestro, hijos de la Iglesia Católica, tal forma de ver las cosas suele ser demasiado común. Claro, hay excepciones y, a lo mejor, muchas, que hacen las cosas como se deben hacer pero… 

Veamos lo que, a este respecto, pasa. 

No siempre estamos dispuestos a calibrar cómo está nuestro corazón porque, de lo contrario, veríamos que no está, a lo mejor, demasiado bien… Y aquí olemos renquear y, en esto, aún no hemos llegado a esta mitad del Adviento demasiado bien… 

Pero es que tampoco solemos tener en cuenta lo que supone que el Hijo de Dios va a volver a nacer y que eso ha de suponer mucho para nosotros. Y, en realidad, es algo que, por “repetido” lo solemos olvidar. En esto, tampoco, mostramos un acercamiento al Adviento demasiado aceptable… 

Sabemos, por otra parte, que Dios quiere de nosotros que seamos capaces de comprender lo que supone el Adviento. Pero, como tantas veces pasa, es posible que no acabemos de tener muy claro esto y, si lo tenemos, no lo llevamos a la práctica. Y, claro, en esto nuestro nivel de pasos dados en el Adviento no es el adecuado… 

Pero, en esto, ¿qué es lo que nosotros queremos? 

Decimos, siempre al menos lo solemos pensar, que lo tenemos todo más que claro: nosotros queremos llegar a Nochebuena con el alma limpia. Pero no siempre lo conseguimos. Y eso que ya hemos vivimos muchas Nochebuenas y muchas Navidades. Y es bien cierto, entonces, que no damos el nivel espiritual que nos corresponde… 

¿Nosotros, por otra parte, ansiamos los bienes espirituales que otros ansiaron? Sí, respondemos. Pero no nos ha de salir, como suele decirse, “gratis” espiritualmente hablando sino que eso requiere que pongamos por nuestra parte, por ejemplo, perseverancia en pedirlos a Dios, intención de quererlos. En fin… que no siempre queremos, en el fondo eso. Y, entonces, en tal caso, tampoco estamos donde debemos estar y, claro, no hemos llegado a esta mitad del Adviento como deberíamos haber llegado. 

Y sobre la esperanza. En nosotros ¿siempre está intacta o la solemos perder? 

Responder a esta pregunta de forma franca (o, lo que es lo mismo, diciendo toda la verdad aunque nos perjudique…) es esencial en esto. Y es que si está intacta del todo… entonces, iremos por buen camino pero si ha decaído en algo o en mucho entonces… al contrario de lo dicho antes no iremos por el buen camino que nos lleva a la Nochebuena y a la Navidad. 

Vemos, de todas formas y con esto apenas dicho, que la cosa no es tan fácil. Bueno, no es fácil para quien quiere entrar por la puerta estrecha porque, para quien quiera hacerlo por la ancha… en tal caso es más que seguro que lo dicho aquí se tenga por cosa de poca importancia cuando, al contrario, es tan importante que de no entenderlo así nuestros pasos estarán algo más que equivocados. 

Eso sí. No podemos negar que aún estamos a tiempo de rectificar porque, en todo caso, aún estamos a mitad del Adviento.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

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Camino a Nochebuena y Navidad – Octavo paso – Somos avariciosos espirituales (lo queremos todo)

Mié, 2018-12-12 17:06

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Octavo paso – Somos avariciosos espirituales (lo queremos todo)

  

No podemos negarlo: somos así. Y sí, la avaricia, en este caso, no rompe el saco (porque no es una que lo sea mundana) sino que llena el corazón. 

Podemos decir que estos pasos que estamos dando hacia/hasta Nochebuena y Navidad están suponiendo una revisión de nuestras ansias. Y es que queremos que todo quede claramente plasmado en nuestro camino y no quisiéramos equivocarnos lo más mínimo en el que estamos recorriendo. 

Debemos, por eso, romper con lo que, tradicionalmente, y como decimos arriba, supone un dicho popular muy conocido. 

Sí. Ya sabemos: “La avaricia rompe el saco”. 

Cuando alguien habla así quiere decir, como todos sabemos, que alguien (supongamos que nosotros mismos) ansía tanto, tanto, tanto, que siempre acaba perdiendo mucho, mucho, mucho. Y eso, que es un comportamiento puramente mundano, no podemos decir que sea poco común… 

En materia espiritual, como tantas veces sucede, pasa justamente lo contrario. 

Nosotros, en realidad, en este Adviento lo queremos todo, pero todo, todo y más que todo. Y nos quedamos tan anchos al decir esto, claro está. 

El caso es que, a diferencia de las cosas del mundo, aquí, en esto, hay para todos y nunca se agota lo que queremos y ansiamos. 

Cristo, bueno, aquel Niño-Dios lo trajo a espuertas y no podemos negar que si aquellos que, entonces, lo vieron no sabían mucho (algunos, muy pocos, 2, sí) de lo que suponían Quien nacía, nosotros, al contrario, estamos al cabo de la calle de eso y de mucho más. Y por eso lo queremos todo.Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Séptimo paso: tener la esperanza como ellos la tuvieron

Mar, 2018-12-11 18:20

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Séptimo paso: tener la esperanza como ellos la tuvieron

 

Esto es, sí, por consideración a nuestra propia realidad espiritual, un paso más que damos hacia Nochebuena y Navidad pero debemos tener en cuenta que es, más bien, el mismo camino que siempre debemos realizar hacia el definitivo Reino de Dios. Y nos referimos a la esperanza que, como virtud teologal que es, ni nunca debemos perderla ni debemos caer, claro está por eso mismo, en lo contrario: la desazón. 

Nosotros tenemos el inmenso gozo de contar, a lo largo de la historia de la salvación, con ejemplos elocuentes y más que suficientes como para satisfacer el nivel más alto que queramos poner de espiritualidad esperanzada. Y a ellos nos acogemos porque siempre bien muy bien tener en cuenta lo que se debe tener en cuenta. 

No es poca cosa la esperanza. Sustenta la existencia de muchos seres humanos (deberían ser todos) en los malos momentos pero, sobre todo, alienta el ser y la vida de todo aquel que quiera, de verdad, alcanzar la vida eterna. Y es que no hay, además, otra forma para nosotros, hijos de Dios, de ver las cosas del alma. Ni hay ni, sobre todo, podemos buscar sustitutos a la misma. 

Unos tuvieron esperanza de que llegara el Mesías; otros, nosotros, y hasta que vuelva, los demás, esperanzados estamos de que, como decimos, retorne al mundo el Hijo de Dios en su Parusía. Y es que ya llegó encarnándose y siendo un buen Hijo en el seno de una más que buena Madre. 

Pues bien, nosotros debemos ser, por así decirlo o, mejor, tener el corazón, como aquellos que mantuvieron siempre la esperanza aunque, no podemos negar que, a lo mejor, alguno de ellos pudiera tener alguna duda. Todos no, claro. Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Sexto paso: ansiar las promesas mesiánicas

Lun, 2018-12-10 17:11

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Sexto paso: ansiar las promesas mesiánicas

 

Demos un paso más en este tiempo de Adviento: ansiemos, ansiemos, ansiemos lo que Dios quiere para nosotros. 

Suele decirse, a este respecto y porque es verdad, que el Antiguo Testamento no es un libro, digamos, propio del pueblo judío y ya está. No. En realidad, como forma parte de la historia de la salvación del ser humano tiene mucho que ver con el ahora mismo. Y, claro está, tiene que ver mucho con la venida del Mesías a quien el pueblo elegido por Dios estuvo esperando durante muchos siglos (era promesa del Todopoderoso enviarlo). 

Decimos estuvo esperando porque ahora, precisamente ahora, en estos días que van desde que el Primer domingo del tiempo de Adviento hasta la Nochebuena y la Navidad, recordamos que sí, que vino el Enviado de Dios y que vuelve a nacer. 

En realidad, lo que dejaron escritos muchos autores inspirados por el Espíritu Santo en aquellos antiguos libros no es, sino, la fijación por escrito de que, en efecto, la promesa de Dios iba a cumplirse. Y eso lo vemos, más que bien, en el profeta Isaías cuando describiría a la perfección el sufrimiento del Cordero de Dios. 

Eso, claro está, ocurriría mucho más tarde de lo que ahora vamos a celebrar. Pero valga este ejemplo para decir eso tan sabido según lo cual en el Antiguo Testamento está Cristo entre las líneas de tan sagrado y amado texto. 

Pues bien, es de esperar que, como eso es así, lo que ansiaba el pueblo escogido por Dios sea, también, esperado por nosotros. Y, por decirlo de una forma que sea fácil de entender ahora, en este tiempo de Adviento, nosotros también debemos ansiar las promesas mesiánicas que no han pasado ni de moda ni de tiempo. Y es que nada de aquellas ansias quedaron ancladas en siglos tan antiguos sino que son realidad tan presente porque, a veces por desgracia, la segunda venida del Hijo de Dios ha necesidad de que ansiemos determinadas realidades aunque, claro está, la necesidad no es por parte de Cristo sino de nosotros mismos.Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Quinto paso: nuestra actitud en Adviento

Dom, 2018-12-09 17:17

 

Camino a Nochebuena y Navidad – Quinto paso: nuestra actitud en Adviento

 

Damos comienzo, en este lunes del mes de diciembre, el 10, la segunda semana de Adviento. Y hasta ahora hemos ido dando los primeros pasos hacia una noche tan especial como es Nochebuena y a un día no menos importante como es el de Navidad. Todo, digámoslo así, está hecho. Eso lo sabemos. Pero, de todas formas, no por eso vamos a mostrar un corazón, digamos, aburrido o un, como, no querer saber nada de eso. No. Nosotros debemos hacerlo como si fuera, al menos, la segunda Nochebuena porque, como es de imaginar, para la primera no hubo preparación  alguna salvo para María, aquella joven que, sabiendo que iba a venir al mundo Alguien muy especial tuvo preparado su corazón.

 

Nosotros, por ejemplo:

 

Debemos tener un corazón abierto, 

debemos mirar sabiendo Quien viene, Leer más... »

La Palabra del domingo - 9 de diciembre de 2018

Sáb, 2018-12-08 17:10

 

Lc 3,1-6

Segundo Domingo de Adviento

 

“1 En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de  Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; 2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; 5 todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. 6 Y todos verán la salvación de Dios.”

 

 

COMENTARIO

 

Lo que dice el Bautista, Juan

 

Los datos lo dicen con toda claridad. En un momento determinado de la historia de la humanidad en el imperio romano a una persona muy concreta, un hijo, el hijo, de Zacarías e Isabel, Dios le dirigió la Palabra, Su Palabra. Había llegado el momento de que se manifestase, otra vez, al mundo, el Creador. Y Juan, aquel profeta que vivía el desierto, había sido la persona elegida para que, a través de su labor predicadora, se fuesen allanando los caminos del Señor. 

Juan, como sabemos, era pariente muy cercano de Jesús. Primos carnales, para más señas. Y por sus venas corría sangre divina: en el caso de Jesús, por ser María su Madre y en el caso de Juan por haber querido Dios que naciese, de aquella mujer a la que llamaban estéril, el último profeta del Antiguo Testamento. Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Inmaculada María

Vie, 2018-12-07 18:37

Camino a Nochebuena y Navidad –  Inmaculada María 

No hay nada mejor, para terminar esta primera semana del tiempo de Adviento, que hacerlo con una realidad espiritual que es, por misteriosa y grande, muy importante para un fiel católico. Y nos referimos, como sin duda ya se habrá adivinado, a la Inmaculada Concepción de María, María de Dios y Madre nuestra

¿Qué podríamos decir que no se haya dicho ya acerca de este día, tan gozoso, para quien ama a la Madre de Dios y Madre suya? Pues, seguramente, nada, al menos por quien esto escribe pues hay quien puede hacerlo mucho mejor y, con toda seguridad, con más agudeza espiritual y profundidad de luz para quien se lo lleve al corazón… 

En fin. Cada cual hace lo que puede al respecto de lo que, a esto, corresponde. 

De todas formas, tampoco por eso podemos quedarnos callados aunque, claro está, otorguemos nuestro favor a todo aquello que se ha dicho y se dice sobre la Madre de Dios y su concepción Inmaculada. 

Hoy, sí, es 8 de diciembre

En este tiempo de Adviento dedicamos un momento (muchos van a ser, seguro) a nuestra Madre María. Y lo hacemos porque, como diría San Josemaría al respecto de otras cosas del alma, nos da la santa gana. Y lo hacemos acerca de que es Inmaculada. Vamos, que no tiene, ni siquiera, la mancha del pecado original. 

A muchos el tal pecado pareciera que les resbala y se les escapa del alma. Y hacen como si nada tuviera que ver con ellos sin darse cuenta de que el mismo lo llevan adherido al corazón antes de venir al mundo y que sólo se borra con su bautismo donde se limpia el mismo por la infusión del Espíritu Santo. 

Otra vez. Sí. Otra vez se nos infunde el Espíritu Santo porque la primera es cuando somos creados por Dios. Y sí, es cierto que eso no podemos entenderlo ahora (ya lo haremos, ¡Ay!, si vamos al Cielo) pero lo tenemos por verdad porque sólo puede ser así. 

Eso no pasó con María, aquella joven que iba a nacer cuando la naturaleza determinara que lo hiciera. Pero antes ya se había obrado el misterio y el milagro. Mucho antes. 

Digamos que no vale aquí hablar de tiempo. Es decir, que la Virgen María (sería siempre Virgen pero aún no había nacido) no fue librada del pecado original un día antes o dos días antes, etc. No. Ella fue librada del pecado  de Adán y Eva desde la misma Eternidad que es lo mismo que decir que desde siempre. 

Aquí, con casi toda seguridad, no puede haber quien pueda decir que eso lo tiene por cierto porque lo entiende. Eso no es posible ni lo será nunca. Y no es ni lo será porque su naturaleza de misterio espera otro mejor momento (mucho mejor será la vida eterna) No. Eso lo tiene por cierto porque tiene fe y confía en que Dios, como dijo aquel, podía hacerlo, quiso hacerlo y lo hizo. Y basta con eso. 

No deberíamos, por tanto, darle más vuelta al hecho de que nuestra Madre es Inmaculada. Y es que, además, es muy bueno que así sea. 

El caso es que venir al mundo sin mancha es un regalo de Dios, una gracia del Todopoderoso (¿No la llamó Gabriel la “llena de gracia”?) o, en fin, la manifestación explícita del poder de Aquel que pudiendo hacer lo que quiera hacer… ¡va y lo hace! ¿Qué hay de imposible en eso? O es que acaso ¿quién puede lo más no va a poder lo menos? 

Dios, que es Todopoderoso, como decimos y podemos ver con cierta facilidad, no iba a querer para sí, por Madre, a quien hubiera nacido con aquel misterium iniquitatis absurdo en que cayeron los primeros nacidos de su Amor y Voluntad. Y como aquello pasó a cada uno de los hombres nacidos desde entonces, era de esperar que pasara lo mismo con quien iba a ser Madre suya y, claro, con quien iba  a ser su Hijo, llamado Jesús, el Cristo. Y eso, como es fácil de entender, ni podía ser ni fue. 

Hay quien se toma a chufla (a guasa, a risa) lo de que la Madre de Dios sea Inmaculada y, simplemente, no cree en tal posibilidad. Lo que pasa es que cuando algo no se comprende lo mejor es decir (lo más fácil, queremos decir) es hacer mofa y escarnio de lo mismo. Es, digamos, una especie de barrera que nos ponemos ante lo que ignoramos o, simplemente, no comprendemos. 

Nosotros, de todas formas, los fieles católicos que formamos parte de la Esposa de Cristo, sabemos que nuestra Madre es Inmaculada y, por tanto, caminamos hacia el nacimiento de su hijo con la naturalidad de quien está seguro de algo y no le da ni miedo ni vergüenza asegurarlo. 

Exclamemos, por tanto, nuestro gozo por eso y, sobre todo, porque Dios haya querido hacer lo que ha podido hacer.

 

Dios, Padre Todopoderoso,

quisiste que tu Madre

al mundo viniera

sin sombra de pecado

y sin mancha de deshonra.

 

Quisiste, Oh Creador nuestro,

que María, que luego así sería llamada,

pudiese caminar sin tal pesada carga.

 

Y nosotros, que ahora miramos

al Cielo sabiéndola intercesora

te damos las gracias

por ser Bueno,

por ser Padre

por ser Eterno y, además,

por poder hacer lo que hiciste

y saber, muy bien, hacerlo.

 

Alabado sea Dios que tiene una Madre sin mancha ni pecado.

 

Amén.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

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Camino a Nochebuena y Navidad – Cuarto paso: Dios quiere que...

Jue, 2018-12-06 18:12

 

Cuarto paso: Dios quiere que…

 

Casi a punto de terminar la primera semana de este gozoso   y nuevo Adviento; antes, justo, de que María, aquella joven de Nazaret que diría sí al Ángel enviado por Dios, nos recuerde que nació Inmaculada porque su Padre del Cielo sólo podía querer eso para su Madre; justo antes de que lo misterioso se adueñe de nuestro corazón y nos haga decir “Amén”, así sea y, en fin, justo antes de que el Hijo de Dios nos prevenga, en el primer domingo de Adviento, de qué será lo que pasará cuando vuelva el Hijo del hombre… es, decimos, justamente ahora, cuando nos preguntamos qué es lo que puede querer Dios de sus hijos. 

En primer lugar: quiere lo mejor para nosotros. De eso no puede caber duda alguna porque, a lo largo de los siglos lo ha ido demostrando desde que Abrahán comenzara su camino por el desierto y desde que Moisés guiara a su pueblo elegido. En fin que, no ha habido momento alguno de la historia de la salvación que no se pueda demostrar que Dios ha estado ahí. 

Ahora, sin embargo, es un tiempo especial. Litúrgicamente se destaca por la espera del Hijo de Dios. Pero es que, por eso mismo, nuestro Creador, Padre Nuestro como decimos tantas veces en la oración que nos enseñó el Maestro, ha de querer algo de nosotros. Vamos, que ahora también exige ciertos qués y ciertos cómos (si se puede decir así) 

En segundo lugar, quiere de nosotros la esperanza. Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Tercer paso: ¿Por qué Cristo vuelve siempre?

Mié, 2018-12-05 17:00

Camino a Nochebuena y Navidad –  Tercer paso: ¿Por qué Cristo vuelve siempre?

  

En efecto. Cada Nochebuena y, luego, cada Navidad, el Hijo de Dios vuelve, en un sentido más que cierto y atemporal, a nacer. Y es esto un gran misterio sostenido por la fe y por seguridad de que es la Voluntad de Dios que eso así sea y suceda. 

Damos un paso más. Ahora no nos referimos a nosotros. Es decir, ni ahora se trata de cómo vamos a tener el corazón de, tampoco, a dónde queremos llegar. No. Ahora se trata de Alguien, así, con mayúscula, porque es mayúsculo el ser divino al que nos referimos. 

Cualquiera ha adivinado que hablamos del que nacerá el día que celebramos que nació. Sí. Jesús, llamado así porque Dios quiso que fuera Él entre nosotros, nacerá de nuevo, como decimos arriba. Y, como Dios no da puntada sin hilo ni su Hijo ha de venir al mundo sin razón alguna… entonces es que, al contrario de esto, ha de haber una razón y un hilo que todo lo una. 

En cuanto a la razón, podemos llamar causa y, en cuanto a la voluntad de Quien eso permite, verdadero motivo muy personal, el Hijo de Dios vuelve cada año, seguramente, por muchas causas y razones. Aquí, seguramente, no podremos dar sólo una porque sería acotar demasiado la Verdad y eso, ni puede ser cierto ni, además, nos conviene nada de nada. 

Podemos decir, por ejemplo, que Cristo vuelve otra vez (y decimos siempre porque será siempre hasta que venga por segunda vez en su Parusía) porque, al parecer, no acabamos de comprender que vino la primera vez porque quería que nos salváramos. Pero fueron, y somos, duros de mollera… Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad – Segundo paso - ¿Hacia dónde queremos ir?

Mar, 2018-12-04 18:22

 

Hemos revisado, como dijimos ayer, nuestro corazón. Queremos que el mismo esté limpio porque ansiamos que el encuentro con el Hijo de Dios sea fructífero y lo será más en cuanto demos aquel primer paso conscientemente de lo que supone con Quién nos vamos a encontrar y cómo queremos que eso acaezca. 

El caso es que, como es fácil deducir de todo esto, lo que está bien siempre está bien y eso, tener el alma limpia es de lo que mejor que nos pueda pasar entonces y, claro está, siempre. 

Hay, de todas formas algo que va más allá de un día concreto o de dos, si tenemos en cuenta la Nochebuena y la Navidad. Y es, por decirlo así, que, más allá de eso, de los momentos concretos, nosotros debemos tener muy claro cuál es nuestro destino. Ahora, ahora mismo, sin solución de continuidad, debemos manifestar, pensar para nuestro corazón o, en fin, siquiera plantear, hacia dónde queremos ir. Así de simple pero, ¡Ay!, así de difícil. 

Es simple, sí, porque la cosa no es nada elevada: debemos saber, precisamente, cuál es nuestro destino espiritual; es difícil en cuanto, a lo mejor, nosotros lo que ansiamos no es, tanto, el encuentro, sino el cumplimiento pero en el sentido de cumplo y miento… 

En fin, no se trata de ponernos pesimistas pero sí de ver todos los puntos de vista que tiene este camino que realizamos y del que, hasta ahora, apenas hemos dados un par de pasos. 

Nosotros queremos lo mejor para nosotros. De eso, además, en una sociedad hedonista como la que nos ha tocado vivir, no es nada extraño… Pero, aquí no se trata de eso, de lo material, de lo pragmático sino, yendo mucho más acá de nuestro corazón, de algo más íntimo, más nuestro, más de nosotros mismos. Sí, se trata de un “mejor”, un saberse bien, que tiene relación con una persona. Y es aquí, como se dice muchas veces, ansiamos y anhelamos el encuentro con “Alguien”. 

“Dónde” tiene acento, lleva la tilde que le ponemos, porque tiene un sentido muy distinto a cuando no hacemos eso, cuando no puntuamos. Queremos preguntar porque queremos una respuesta. Y la misma ha de salir de nuestro corazón. No esperamos, por tanto, que nadie nos responda a la misma porque sería poner la esperanza en otro que no es el Otro. Y creemos que nos explicamos, claro está. 

La esperanza, sobre todas las cosas, está en el Hijo. Y el Hijo, de Dios, tiene todo que ver con la pregunta del “Dónde”. 

El caso es que lo tenemos muy claro. Es decir, la teoría la sabemos muy bien porque llevamos algo así como dos mil años sabiéndola. Sobre eso no hay duda alguna: nosotros queremos ir al Cielo. Ya está dicho. Así se fácil es responder a esto. 

Pero, para eso, tenemos que dar pasos que van más allá de los que nos llevan al nacimiento del Hijo de Dios.

Y, sin embargo, sin tal venida al mundo, nada de lo demás tendría sentido ni lo tendrá si no caminamos de forma adecuada y si no damos los pasos conforme quiere Dios que los den sus hijos del mundo. 

Lo tenemos, pues, más que claro: queremos ir hasta el mismo momento en el que una nueva criatura abre los ojos y sabe que ha nacido. Entonces nosotros, y los que entonces vieron aquello en directo, en persona, sin los intermediarios de los siglos pasados desde entonces, nos daremos cuenta de que hemos sabido caminar bien y de que, a pesar de todos los pesares que nos aquejan y de todas las asechanzas del Maligno para que nos salgamos del camino y nos quedemos, como poco, mirando, lo que supone el nacimiento del Mesías (cuando no haciendo risa de la misma repetición…), hemos puesto, primer, un pie (con la limpieza del alma) y, luego, otro pie, sabiendo a dónde vamos 

Es bien cierto que todo esto no es más que la teoría y que el meollo de nuestra vida nos ha de dar la señal de si hacemos bien las cosas o si no las hacemos como debemos hacerlas. Pero, al fin y al cabo, nosotros somos hijos de Dios que conocemos qué va a pasar. Ni, por tanto, nos puede coger desprevenidos ni podemos hacer como si no fuera más que una nueva celebración del inicio festivo de nuestra fe. 

Nosotros queremos ir al encuentro con el Niño-Dios porque sabemos, además lo sabemos, que nos espera con los ojos, los brazos y el corazón abiertos. Y no podemos hacer otra cosa que dar gracias a Dios por tanta gracia dada, a sus hijos, de forma gratuita aunque, no por eso, no pidiendo nada de su semejanza. 

Y es que Dios, a quien nadie gana en generosidad, no se le puede escapar el cómo de nuestro camino y, en fin, el cómo de nuestra voluntad y corazón. 

Eleuterio Fernández Guzmán

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Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Caminar sabiendo que Quien viene es el Hijo de Dios da alas a nuestro corazón, para que camine, sabiendo lo que supone la Venida.

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Camino a Nochebuena y Navidad – Primer paso: miremos nuestro corazón

Lun, 2018-12-03 17:32

Camino a Nochebuena y Navidad – Primer paso: miremos nuestro corazón

  

Hemos querido hacer como si (porque así es) el tiempo que va desde ahora mismo, en este día de diciembre, a primeros del último mes del año, fuera un camino que nos lleva a un destino bien determinado. El camino son los días que transcurren, uno a uno, hasta que lleguemos a la meta, querida y ansiada meta, del nacimiento del Hijo de Dios. 

Cada día, por tanto, tiene su afán, como dijo el mismo Cristo y, seguramente, nos baste con atender a cada uno de ellos aunque bien sabemos que esto se trata de un caminar continuo y que, por tanto, no podemos quedarnos parados, siquiera, a reposar en el camino. No. El Cristo viene y, por tanto, quien no llegue a tal día con el corazón preparado a lo mejor no recibe de la mejor manera y hasta le hace cara rara: ¿Otra vez Nochebuena; otra Navidad?, es posible, pueda decir algún que otro desavisado y más que despistado “discípulo” del Maestro. 

Nosotros, al contrario, ansiamos otra Nochebuena y otra buena Navidad. Y lo ansiamos porque estamos seguros de que recordamos aquello que pasó entonces pero con visión de futuro: lo traemos al presente (al hoy de entonces, 24 y 25 de diciembre) porque estamos preparando la segunda venida del mismo Hijo de Dios. Lo llamamos Parusía porque vendrá en la Suya, para juzgar a vivos y a muertos. Y eso lo tenemos por gran verdad de fe y eso nos sostiene, es una roca fuerte sobre la que construir una existencia y una forma de ver las cosas y situarnos ante las circunstancias de nuestra vida.

Pues bien, estamos aquí, en este segundo día de este Adviento de un año concreto y bien determinado. Y es  un nuevo tiempo de esperanza y de gozo como es esta espera ansiosa. Y no está nada mal empezar por un lugar que, sí, es físico pero que también tiene un sentido espiritual más que especial y crucial. Y hablamos del corazón, de ese órgano que no sólo bombea sangre para que nuestro cuerpo pueda existir y ser sino que, sobre todo, es el templo del Espíritu Santo y eso es, por eso mismo, algo más que especial. Y ha de estar más que bien tenerlo bien preparado porque no esperamos a cualquiera sino al mismísimo Enviado de Dios, al Emmanuel, al Dios entre nosotros. Y eso no es poca cosa sino mucha y más que mucha realidad para nuestra alma. Y no vale todo, aquí no vale todo sino sólo lo que vale. 

Pero, en realidad, ¿qué es lo que vale para este menester? Leer más... »

Camino a Nochebuena y Navidad –Lo que pasaría por el corazón de María

Dom, 2018-12-02 17:19

A lo largo de estas semanas vamos a ir dando pasos hacia Nochebuena y hacia Navidad. Cada uno de ellos supone una avance en nuestra comprensión de qué suponen estos días al acercanos a unos tan importantes como son el 24 y el 25 de diciembre, fechas en las que, tradicionalmente, celebramos el nacimiento del Hijo de Dios. 

Que nos sean de provecho es lo que, desde aquí, pedimos a Dios. 

Lo que pasaría por el corazón de María

 

Nosotros, tantos siglos después de que viniera al mundo el Enviado de Dios y Mesías, el Cristo, el Hijo del Todopoderoso, sabemos mucho acerca de lo que pasó entonces. Tenemos, por eso mismo, mucho a nuestro favor. Y eso, antes que nada, supone que no podemos hacer como si no tuviéramos tales pruebas de la bondad del Creador. Pero de eso no corresponde ahora decir nada sino de algo más importante. 

Es fácil imaginar, sin embargo, que nadie de los que serían entonces sus discípulos sabía nada de nada. Seguían con su vida como si cualquier cosa y, es más, más de uno ni siquiera habría nacido cuando lo hizo el hijo de María (Juan, que sería apóstol, por ejemplo) 

Con esto queremos decir que, una cosa es lo que nosotros podamos pensar ahora mismo, en pleno siglo XXI y otra, muy distinta, lo que estuviera pasando por el corazón de los de entonces a los que, bien podemos llamar, los otros nosotros pues allí estaban los que serían nuestros antepasados en la fe. 

Pues bien. Hay una persona, había entonces queremos decir, que tampoco sabía lo que iba a ocurrir pero que, sin embargo, estaba pasando por el momento de esperanza que supone siempre saber que un hijo va a ser traído al mundo. Leer más... »

La Palabra del domingo - 2 de diciembre de 2018

Sáb, 2018-12-01 17:13

 

Lc 21, 25-28. 34-36

Primer Domingo de Adviento

 

“25 ‘Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, 26 muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. 27 Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. 28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrar ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.”

 

 

34 Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, 35 como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. 36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.”

COMENTARIO

Un claro aviso de Cristo y un consejo

Dar comienzo un nuevo tiempo de Adviento ha de suponer, para los hijos de Dios, algo así como un saber dónde nos encontramos en el camino que nos lleva al definitivo Reino de Dios. Y, para eso, ya tenemos a nuestro hermano Jesús que nos dice, exactamente, qué va a pasar. 

Sin embargo, no nos deja así, digamos, con el corazón en un puño o con un miedo inconmensurable sino que pone sobre la mesa lo que debemos hacer. Y es que el Hijo de Dios sólo quiere, para nosotros, lo mejor. 

En primer lugar, podemos decir que el panorama que nos muestra Jesucristo no es nada alentador, así en principio. 

Nosotros sabemos, adelantándonos al final del grupo de versículos del Evangelio se San Lucas que el Calendario Litúrgico nos pone como los propios del día, que está hablando Cristo de su segunda venida al mundo, en su Parusía. 

Lo que aquí pasa es que nos advierte, clara pero misteriosamente, de lo que va a pasar entonces. 

Todo lo que anuncia Jesucristo está dicho. Por tanto, como la Palabra de Dios nunca va a pasar y siempre es cierta y verdadera, no podemos hacer con esto como si no tuviera importancia o, peor aún, no nos concerniese a nosotros. Al contrario de la verdad: tiene mucha importancia y estamos totalmente dentro de la eficacia de tales palabras, de la Palabra de Dios. Leer más... »

Serie “Al hilo de la Biblia" - A la vida eterna por la Cruz

Vie, 2018-11-30 17:02

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

A la vida eterna por la Cruz

 

 

Jn 3, 14-15

 

“Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él tenga vida eterna.”

 

Conocido es el episodio en el que Moisés, avisado así por Dios, hizo (o mandó hacer) una imagen de una serpiente para que cuando un hijo de Israel fuese atacado (mordido o de la forma que fuera el ataque) por tales animales, al mirar la imagen, quedara curado y, así salvado.

El Hijo de Dios hace un paralelismo con aquella situación aunque, claro está, hay mucha diferencia entre la suya y la otra.

 

Qué y Quién

 

Está más que claro que no es lo mismo una cosa que la otra. Es decir, no podemos establecer una relación directa entre la serpiente de Moisés y Jesucristo, así, sin mas. Sin embargo, lo que quería decir el Hijo de Dios era que iba a ser levantado como lo fue aquella serpiente que utilizó el salvador del pueblo egipcio ante aquella difícil situación por la que pasaban. Y lo hacía para  que lo escuchaban entendiesen de qué hablaba.Leer más... »

Serie "De Resurrección a Pentecostés"- II - Los que se esconden de la verdad -1. Pedro y Juan

Jue, 2018-11-29 18:12

 Antes de dar comienzo a la reproducción del libro de título “De Resurrección a Pentecostés”, expliquemos esto.

Como es más que conocido por cualquiera que tenga alguna noción de fe católica, cuando Cristo resucitó no se dedicó a no hacer nada sino, justamente, a todo lo contrario. Estuvo unas cuantas semanas acabando de instruir a sus Apóstoles para, en Pentecostés, enviarlos a que su Iglesia se hiciera realidad. Y eso, el tiempo que va desde que resucitó el Hijo de Dios hasta aquel de Pentecostés, es lo que recoge este libro del que ahora ponemos, aquí mismo, la Introducción del mismo que es, digamos, la continuación de “De Ramos a Resurrección” y que, al contrario de lo que suele decirse, aquí segundas partes sí fueron buenas. Y no por lo escrito, claro está, sino por lo que pasó y supusieron para la historia de la humanidad aquellos cincuenta días.

 

 

Cuando Jesucristo murió, a sus discípulos más allegados se les cayó el mundo encima. Todo lo que se habían propuesto llevar a cabo se les vino abajo en el mismo momento en el que Judas besó al Maestro.

Nadie podía negar que pudieran tener miedo. Y es que conocían las costumbres de aquellos sus mayores espirituales y a la situación a la que habían llevado al pueblo. Por eso son consecuentes con sus creencias y, por decirlo así, dar la cara en ese momento era la forma más directa para que se la rompieran. Y Jesús les había dicho en alguna ocasión que había que ser astutos como serpientes. Es más, había tratado de librarlos de ser apresados cuando, en Getsemaní, se identificó como Jesús y dijo a sus perseguidores que dejaran al resto marcharse.

Por eso, en tal sentido, lo que hicieron entonces sus apóstoles era lo mejor.

Aquella Pascua había sido muy especial para todos. Jesús se había entregado para hacerse cordero, el Cordero Pascual que iba a ser sacrificado para la salvación del mundo. Pero aquel sacrificio les iba a servir para mucho porque el mismo había sido precedido por la instauración de la Santa Misa (“haced esto en memoria mía”, les dijo el Maestro) y, también, la del sacerdocio a través del Sacramento del Orden. Jesús, pues, el Maestro y el Señor, les había hecho mucho bien tan sólo con arremangarse y lavarles los pies antes de empezar a celebrar la Pascua judía. Luego, todo cambió y cuando salieron Pedro, Santiago y Juan de aquella sala, en la que se había preparado la cena, acompañando a Jesús hacia el Huerto de los Olivos algo así como un gran cambio se había producido en sus corazones.Leer más... »

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Saber aceptar la Cruz

Mié, 2018-11-28 17:09

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” – Saber aceptar la Cruz

 

“Aceptemos la Cruz y saltemos de gozo, por la dicha inmerecida de tenerla. En eso nos distinguimos los amadores de Cristo. Bendita Cruz que a Él nos aproxima.”

 

Es seguro que muchas veces expresa esto el hermano Rafael. Sin embargo, al parecer, no es suficiente con que se diga una, dos o tres veces sino que se debe insistir, debe insistir San Rafael Arnáiz Barón, en algo que, de por sí, deberíamos tener más que claro y, así, asumido en nuestro corazón. Pero… es que somos como somos los creyentes católicos. Al menos el que esto escribe; los demás, ellos mismo dirán.

Bueno. La Cruz de Cristo es un símbolo pero, sobre todo, es una realidad que llevamos algo más que colgada en el cuello. Y que es el quicio sobre el que apoyar, sobre el que construir algo que no se caiga y alto tan crucial como es nuestra propia fe. Por eso es tan importante para nosotros, los discípulos de Cristo.

Es bien cierto, por otra parte, que la Cruz de Cristo prefigura la nuestra o las nuestras. Es decir, que nos sirve de modelo, de ejemplo, de cómo hacer las cosas. Y ahí la cosa cambia tanto, tanto, que a veces no somos consecuentes ni con la misma ni con lo que la misma significa. 

Tenemos, pues, dos cruces: la Cruz de Cristo y la nuestra (más si son más, claro está). Pero aquí nos habla el hermano Rafael de la del Hijo de Dios. Y lo hace porque, asumiéndola nosotros… lo demás será más fácil (aún sin serlo) y aún más sencillo (aunque no lo pueda parecer)

¿Aceptar la Cruz?Leer más... »

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